Cómo es Colonia Dignidad, la cinta sobre Paul Schäfer que protagoniza Emma Watson
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Es la matrícula de un Mercedes color blanco almendra en el que se encoge un militar chileno. A su lado, un centenar de banderitas alemanas y chilenas bailan en el aire. Animan a Augusto Pinochet, que sonríe efusivo mientras estrecha la mano de Paul Schäfer, el líder alemán de Colonia Dignidad, el enclave germano en medio de la Región del Maule en el que se encuentran.
Es octubre de 2014 en Haute-Martelange, al oeste de Luxemburgo, rozando la frontera con Bélgica. Alrededor de esa escena pululan cámaras, micrófonos, maquilladores y asistentes a los que les faltan extremidades para sujetar abrigos. Todo es silencio. De repente, un grito: “¡Corten!”. El rodaje de Colonia Dignidad, el nuevo trabajo del alemán Florian Gallenberger, ha despertado el eco de un infierno que ha pasado de soslayo por la historia reciente. El director lleva cinco años leyendo, estudiando, “digiriendo, escribiendo y reescribiendo” un texto lo más fiel posible a la realidad. “Conocí Colonia Dignidad en el colegio y creo que nunca lo olvidé del todo”, dice.
Torturaba y esclavizaba. Sometía. Segregaba. Violaba a niños. Ese era Paul Schäfer, un médico del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial que se marchó a Chile a principios de 1960 para huir de la justicia, acusado de abusos sexuales a menores. A 340 kilómetros al sur de la capital, y como predicador laico, creó un lugar de antagónico nombre que fue campo de concentración y tortura.
“Me siento como un idiota”, asegura el sueco Michael Nyqvist cuando por quinta vez repiten la secuencia en la que él, como Paul Schäfer, recibe al dictador chileno. Los tenues rayos de sol que se colaban entre los pinos se marchan. Nyqvist se pone un chaquetón azul. Desde hace meses, se levanta cada mañana para adentrarse en la mente de Schäfer. “Tienes que pervertirla para intentar ser lo que él fue. Una bestia. Y, para ser honesto, es un poco aterrador”, confiesa mientras se frota las manos por el intenso y húmedo frío luxemburgués. “Puedo llegar a entender una creencia, pero no a él, tendría un problema si lo hiciera”, dice el actor, una de las estrellas del cine sueco y protagonista de la trilogía Millennium basada en las novelas de Stieg Larsson y villano en Misión; Imposible, Protocolo Fantasma -LEA LA COMPLETA EN LA TERCERA. AQUI-.
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