“Seguramente uno de ellos dispararía... Y yo iba a poder estar con Asia, jugando en el cielo”: el conmovedor relato de Adriana Barrientos tras asalto a mano armada

“Seguramente uno de ellos dispararía y, en el minuto en que disparara, yo iba a poder abrazar a la gorda... Iba a estar con ella, jugando con las palomas en el cielo”.
Adriana Barrientos reapareció entre lágrimas este viernes en Zona de Estrellas, su programa, el mejor espacio de farándula de este 2026, a días de sufrir un asalto a mano armada mientras salía en su Porsche de su condominio en Las Condes.
Una manada de delincuentes de no más de 20 años, todos con pistola, le robaron su cartera de lujo y un Rolex de muchos millones. La figura del espectáculo, que antes de entrar al modelaje estaba en la Escuela Militar, peleó con uno de los malhechores. Lo redujo y le quitó el arama que resultó ser de juguete.
Luego, se rindió. Pero igual la tiraron al pavimento y le pegaron.
Hoy, “la leona” dejó de rugir. Al contrario, se mostró como una mujer llena de pena y melacolía por su perrita Asia, la mascota de sus ojos, que murió hace ocho meses. “Adri” no ha superado ni un poco la ausencia de su mascota. Por eso, dice, no midió consecuencias durante su contraataque. Por útltimo, si la mataban de un tiro, iba poder estar en el cielo con su hija:
“El viernes yo vi esa foto de la gordita y se me fue el corazón por la boca. El sábado fui a Valle Nevado, no pude esquiar porque lo único que hacía era ver la imagen de Asia. Los zapatos que traía el domingo cuando salí, a sabiendas, eran los mismos que tengo en la imagen con Asia.
“Esos son los zapatos que llevaba en el minuto del portonazo y los llevaba puestos porque tenía en la cabeza a mi perrita.
“Cuando se acercan los tipos, yo lo único que me acuerdo es de ella; y dije ‘aquí, si pasa algo, es porque la gordita me va a…’. Perdón, me carga llorar.
“Llevo ocho meses y todavía no concibo una vida sin ella. La gente dirá ‘esta niña está loca, está enferma’... Sí, estoy yendo al psiquiatra, al psicólogo.
“Pero yo no sé vivir sin ella. Tampoco quiero tener otro perrito. Y cuando pasó esto, dije ‘pase lo que pase, voy a ganar; porque si yo me voy, voy a estar con ella... Seguramente uno de ellos dispara y, en el minuto en que dispara, yo iba a poder abrazar a la gorda. Iba a estar con ella jugando con las palomas en el cielo.
“Entonces no me importó, porque de verdad que en ese minuto, si había que tomar una decisión, yo prefería irme con ella a quedarme”.
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