Dejemos de aparentar que todo es bueno
“Me volví crítico por pasar demasiadas horas prestándole atención a esto. Pero no lo hice por resentimiento, sino por afecto, porque al final un crítico sueña lo mismo que sueñan los artistas: que la música importe, que se valore y que deje huella”.
La cosa es así. Los medios de comunicación dependen de las visitas. Si tienes un medio y publicas una nota sobre equis artista, lo que más te conviene es llegar a su fanbase, para que así tu nota sea visitada y compartida por los fans de dicho artista. A la inversa, entonces, el peor negocio que puedes hacer es antagonizar con quienes podrían darte números. Por eso ahora casi todo el contenido sobre artistas parece promo encubierta.
Este panorama tiene a la crítica musical herida de muerte. Súmale que en Chile tampoco somos tan frontales. Aquí la discrepancia se vive de forma casi clandestina, como si fuera un tabú, porque mantener la armonía superficial importa más que decirse las verdades incómodas. De hecho, hay todo un repertorio de argumentos de sobremesa para acallar a los que se atreven a ser críticos y hacerlos sentir como si fueran unos haters.
En el caso de la música, existe la caricatura de que los críticos somos artistas frustrados y movidos por la envidia. Sin ir más lejos, cada vez que critico a un artista, alguien me acusa de envidioso. Hace nada, una fan de Katteyes me dijo que yo envidiaba su plata, y lo mismo me han dicho desde los fandoms de Cris MJ, Kidd Voodoo y Gino Mella. Yo los leo nomás, pensando que criticar música es lo último que haría en esta vida si la plata fuese mi fin.
La caricatura de la envidia implica que los críticos deseamos el lugar del artista, cosa que no es así. En lo que a mí respecta, yo soy un nerd musical con estudios de periodismo y la suerte de tener tribuna. Me volví crítico por pasar demasiadas horas prestándole atención a esto. Pero no lo hice por resentimiento, sino por afecto, porque al final un crítico sueña lo mismo que sueñan los artistas: que la música importe, que se valore y que deje huella.
Pese al cariño que se vierte en este oficio, toca defenderlo seguido. Algunos lo consideran tan destructivo que llegan al extremo de usar crítica y chaqueteo como sinónimos, sin advertir que así se destruyen las raíces del pensamiento original. Y es que pobre de ti si se te ocurre discrepar con la mayoría, porque eso al tiro te vuelve un chaquetero. Más te vale callar. Sigamos consumiendo sin que nadie sospeche que los cambios son posibles.
Al sistema le conviene que todo el mundo vea a los críticos como unos amargados. Así, cualquiera que se atreva a criticar queda descartado. Pero déjame decirte una cosa: cuando yo era chico y soñaba con ser periodista musical, no fantaseaba con masacrar carreras. Yo solo quería escuchar discos todo el día y encontrar a más gente que sintiera esas ganas. Hasta el día de hoy, todo lo que hago es una extensión de ese impulso.
Las críticas no son un arma, sino un mapa. Sirven para navegar mejor, para separar el oro de las imitaciones, lo efímero de lo duradero, lo interesante de lo intercambiable. Porque cuando todo es bacán, entonces nada lo es. Además, la crítica muestra respeto. Si te critico es porque te tomo en serio, y si critico tu obra es porque confío en que puede soportar la presión. De lo contrario, si te trato como si fueras de porcelana, te estaría infantilizando.
Por cierto, las críticas generan comunidad. Las escenas musicales más vitales de la historia crecieron entre desacuerdos y discusiones feroces, no entre consensos. Contrario a las posturas más miedosas y disciplinantes, los conflictos no destruyen las escenas, sino que las vuelven mucho más apasionantes porque obligan a tomar postura, a argumentar, a refinar ideas. Sin fricción, no hay movimiento, y sin movimiento se hace imposible el avance.
La música y los artistas no necesitan que nadie los proteja de las críticas. Tenerle miedo a la crítica es empobrecer la música y acelerar un proceso nefasto que ya está en marcha: su transformación en un ruido optimizado para que suene de fondo sin molestar a nadie. Las críticas, en cambio, sí cuidan la música. Son una forma de decir que esto importa y que las cosas pueden ser mejores. El día en que deje de criticar será el día en ya no ame más esto.
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