Fire Emblem Fortune’s Weave es el juego que te hará no soltar jamás tu Nintendo Switch 2
La última entrega de la serie de rol y combates estratégicos es una aventura ambiciosa, masiva y adictiva que muestra el estilo de Nintendo sobre como hacer juegos maduros.
Para ser justos con el comentario de un videojuego, creo que al menos uno debe llegar al punto de haber visto los créditos de la aventura. Es lo mínimo que uno pide sobre ver una película o llegar al último capítulo de una serie.
Lamentablemente no pude hacerlo en esta ocasión, pero creo que es por los motivos felices. Y es que después de unas 30 intensas horas de juego, siento que no he raspado ni la superficie de lo que esta obra exclusiva de la Nintendo Switch 2 tiene para ofrecer. Y eso es algo tremendamente interesante.
Sé que muchos esperan que a fin de año llegue GTA VI para perderse en un mundo que promete horas y horas de diversión en una tremenda historia, con libertad de acción y jugabilidad adictiva y personalizada. Bueno, para los que tenemos Nintendo Switch 2 podemos decir que, al menos en lo que respecta a calidad de contenido, Fire Emblem: Fortune’s Weave es el juego de la compañía que más pegado te va a dejar a la consola durante este año y, si tienes una agenda como la mía, probablemente del próximo.
Es el juego que querrás jugar en portátil para avanzar cada vez que puedas, en el televisor para quizás ver las batallas y momentos más grandes e, independiente de si es digital o físico, no va a salir nunca de tu equipo. Fire Emblem: Fortune’s Weave es entretención, progreso y misterio en cada sesión que logres, sea de 10, 30, 60 minutos o una maratón de fin de semana. Y gran parte de ello se debe a su estructura narrativa que mezcla historias lineales paralelas con una gran libertad de acción.
En esencia, Fire Emblem: Fortune’s Weave sigue siendo lo que siempre ha sido: un juego de combates estratégicos, similares a lo que podría ser un ajedrez moderno, en el cual tu escuadra de héroes se enfrenta a una escuadra rival en un territorio dividido en cuadrículas. En tu turno podrás mover cada una de tus tropas y concluir la acción de la unidad con un ataque, un ítem, un hechizo o simplemente descansar; cuando termina tu turno, el enemigo hace lo mismo. Generalmente quien logra derrotar a todas las unidades del rival —o a veces solo a algunas claves— es quien gana.
Pero alrededor de este combate hay, como pocas veces ocurre en los juegos de Nintendo, una narrativa interesante que en este caso involucra viajes en el tiempo, líneas temporales, dioses en la Tierra, venganzas, romances y prácticamente todo lo que imagines.
Fire Emblem: Fortune’s Weave comienza como una extraña mezcla de mundos místicos con ciencia ficción y viajes en el tiempo, donde crearemos a nuestro personaje principal, llamado por defecto Eschel, quien ha despertado con la misión de salvar al mundo de una calamidad que vemos en marcha. Lamentablemente todo parece inevitable, ya que los cuatro héroes de la lejana tierra de Dagda han sido infectados por un poder oscuro.
¿Cuál es la solución? Por supuesto que viajar en el tiempo con la ayuda de la diosa Fortuna, quien nos permitirá participar de manera indirecta en la recapitulación de cuatro líderes cuyos destinos se cruzaron en los llamados Juegos Heroicos: Cai, Dietrich, Theodora y Leda, cuyas historias tendremos que revivir para ver si podemos encaminarlos hacia el camino de la luz.
Todos ellos, de alguna manera, han sido tocados por unos instrumentos “malditos”, y a través de sus relatos veremos cómo estas armas afectan su alma y su cuerpo a pesar de entregarles poderes imposibles.
Esto hace que, en esencia, Fire Emblem: Fortune’s Weave sea una especie de cuatro juegos en uno —bueno, cinco si consideramos que todo esto es para solucionar el problema de la línea temporal original—, con cuatro historias que, si bien comparten prácticamente la misma jugabilidad, son muy distintas en tono y personalidad.
Bueno, al menos en teoría, porque en la práctica es la historia de Leda la que me tiene pegado y que aún no logro concluir. Esto ocurre aun cuando el juego tiene un sistema que te permite intercambiar libremente entre cada una de las historias por si quieres jugarlas en paralelo —que es lo que quizás alguien que revisa un juego debería hacer—.
Pero tampoco quise imponerme un estilo de juego que no recomiendo solo para escribir un punto; hace rato que esto no es una reseña. La historia de Leda, por ejemplo, es una clásica trama de venganza, conspiraciones, giros sobrenaturales y grandes actuaciones que, si bien no son nada que no se haya visto, logran convencer y de alguna manera agarrarle cariño a los personajes de la forma en que uno lo hace al ver una serie.
Independiente de la o las historias que quieras seguir, la estructura del juego es la misma: tu líder entra a los Juegos Heroicos y cada cierto tiempo —que pueden ser semanas o a veces meses— tendrá un encuentro o un momento clave para su historia. Allí comienza a vivirse el denominado “tiempo libre”, con el que puedes realizar todo tipo de acciones hasta que se acabe tu tiempo. El juego te dará una serie de turnos para utilizar —digamos, por ejemplo, 100 turnos—. Cada día está dividido en 4 turnos, y gastados esos turnos, se avanzará en el calendario.
Esto es muy importante porque el juego también se rige con un sistema de calendario con el cual debes intentar hacer calzar tus actividades. Por ejemplo, los domingos en la ciudad central las comidas y los entrenamientos están a mitad de precio, cada día de la semana está destinado a un dios diferente, hay personajes que tienen cumpleaños, festividades que mejoran tus posibilidades de sacar recursos y más.
Lo que harás con los turnos será, principalmente, navegar por el mapa de Dagda a través de un sistema que usa esos turnos para viajar. Mientras viajas y desbloqueas el mapa, encontrarás otras ciudades para descansar, oír rumores y comprar ítems, espacios para extraer recursos, misiones para ganar experiencia y dinero, y por supuesto, sostener combates con animales, bichos, criaturas extrañas y bandidos contra los que tendrás que probar las estrategias y poderes de tu equipo antes de llegar a las peleas cruciales.
Y si bien el juego no lo explicita, históricamente Fire Emblem ha sido una suerte de Excel encubierto, en donde gran parte del éxito se da en poder entrenar a tus unidades no solo para hacerlas subir de nivel, sino también para hacerlas cambiar de clase, aprender habilidades y subir sus estadísticas de la forma más óptima.
En ese sentido, dentro de la aparente libertad que ofrece Fire Emblem: Fortune’s Weave, sí existe una ruta más eficiente que otras (por ejemplo, forzarme a volver todos los domingos a la capital para hacer rendir más mi dinero fue una estrategia que siempre quise cumplir), pero eso no significa que sea, necesariamente, la única vía.
Fire Emblem te entrega flexibilidad en la forma de las tropas que puedes reclutar para armar tu equipo, ya sea que quieras enfocarlo en magia, en arcos, en un grupo de pegasos voladores o en una mezcla general de todo.
Pero lograrlo requerirá tiempo, porque muchas de las acciones tienen un límite semanal dentro del mismo juego. Por ejemplo, en la capital puedes invitar a unidades de tu equipo —pero también a potenciales reclutas— a comer para subir tu vínculo, uno de los recursos clave para que se unan a tu escuadra. En cada almuerzo pueden ir tres unidades y solo puedes comer tres platos por semana, teniendo que esperar hasta un nuevo domingo para que se renueve el cupo.
Lo mismo ocurre con los regalos, otra forma de subir tu vínculo: cada unidad solo puede recibir un regalo a la semana, lo que hace que reclutar sea algo más lento de lo que uno quisiera, pero tiene sentido dentro del mundo y la propuesta de Fire Emblem: Fortune’s Weave.
Por otro lado, en un ecosistema donde prácticamente todo es un progreso demasiado lineal, Fire Emblem: Fortune’s Weave entrega un nuevo tipo de satisfacción: uno que se da precisamente cuando logras hacer calzar todos los requerimientos del juego con el calendario que tú mismo te vas armando.
Más allá de eso, los combates en sí son de dos tipos: los clásicos enfrentamientos estratégicos en cuadrícula, con posicionamiento de tropas, ataques y apoyos; y también combates por turnos tipo RPG, que son parte de las nuevas zonas de exploración que puedes encontrar en el mundo. Ambos sistemas son muy satisfactorios y van a requerir que estés constantemente ajustando las habilidades de tus tropas, sus equipamientos y sus sinergias.
A todo esto hay que sumarle una presentación realmente impecable: la música y las actuaciones de voz están a otro nivel, los personajes son coloridos y muy distintos entre sí, y el mundo de Dagda, con su mezcla de inspiraciones en Medio Oriente, España y el Mediterráneo, logra una estética única y visualmente rica.
Las únicas críticas que he podido encontrar hasta ahora es que el juego, sin verse demasiado exigente, no corre a 60 cuadros por segundo a pesar de estar en la Switch 2; aunque, para el tipo de juego que es, importa poco. Por su parte, la capacidad de retroceder el tiempo en las peleas es una buena opción que respeta tu tiempo, pero también hace que la consecuencia de perder una tropa para siempre no sea tan dura (aunque claro, antes uno cometía la locura de reiniciar toda la pelea, así que esto es una mejora considerable).
También hay que decir que, si bien el diseño de personajes está increíble, los ambientes —y sobre todo cuando recorres las mazmorras— se ven bastante atrasados incluso respecto a lo que la misma Nintendo ha logrado en otros de sus títulos. Es más un juego de la primera Switch corriendo en 4K que una obra que saque a relucir la potencia de la Switch 2.
Finalmente, hay demasiado secretismo en algunos de sus sistemas. Por ejemplo, hay festividades y eventos que aparecen en el calendario sin que el juego explique su significado ni sus efectos en el gameplay. Ocurre igual con eventos como los Anexos, que se activan en momentos específicos y, si no sabes cuándo terminan o calculaste mal el calendario, puedes perdértelos. Es algo que se soluciona fácil con las decenas de guías que hay en línea, pero a veces se agradece que sea el propio juego el que entregue toda la información.
Es cierto, aún no he terminado Fire Emblem: Fortune’s Weave y quizás encuentre tiempo para hacerlo antes de fin de año entre todos los lanzamientos igual o más potentes que se vienen. Pero aun así, sabiendo que he visto bastante de lo que tiene para ofrecer, sé que es un juego hecho para hacerte sentir increíble y, sobre todo, para divertirte, que a la larga es lo que todos buscamos.
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