NN86, obrero del trap y más que un repost de Álvaro Díaz: “A veces me despierto underground y a veces digo que no”
En estas páginas una de las voces que se le debe dar oportunidad del amplio universo urbano.
El camino de la música no siempre es glamoroso. En las portadas, tops y noticias muchas veces se ve solo la punta del iceberg de las personas que se la juegan por el empedrado mundo musical.
Una de estas tantas historias es la de NN86, uno de esos exponentes del mundo urbano que expone nuevamente lo amplio y diverso de una escena que, a estas alturas, ya representa un ecosistema bastante variado.
“Quizás más que ser conocido por el público masivo del underground, siento que soy más reconocido por la gente que está dentro del circuito”, señala de entrada Rodrigo Díaz al micrófono de Diario Popular.
Díaz, oriundo de Mirasol, Puerto Montt, reconoce que tal vez es más reconocido por sus pares que por el mismo público.
“Más que fanáticos, creo que he recibido varias muestras de respeto de colegas que yo admiro también, gente que mueve más personas que yo”, dice.
El nombre artístico nació por un malentendido en referencia al fallecido Víctor Jara.
“En la media nos pasaron un libro que decía que el número del cuerpo de Víctor Jara era el 86. Entonces era el NN. En ese tiempo no hacía música, me lo puse como nombre en Instagram”, recuerda.
Aunque después se daría cuenta de que el número era otro, pero bueno, ya está.
Rodrigo, quien ganó más de algún concurso literario en la media, comenzó a grabarse en su casa en cuarto medio, en 2017. Una historia calcada de varios músicos urbanos contemporáneos.
“En un momento me vi con 17 años rodeado de pura gente de la literatura, gente que en ese tiempo tenía 30 o 35 años, y dije: ‘Puta, quiero hacer algo más mío, más de mi generación’. Siempre escuché mucho trap. Desde que tenía como 12 años escuchaba Lil Wayne y ese tipo de cosas. Entonces empecé a interesarme más por lo que estaba pasando acá en Chile. Empecé a escuchar a Pablo Chill-E y todas esas cosas, y me di cuenta de que se podía hacer una versión chilenizada de eso”, recuerda sobre el llamado que lo llevó a la música.
También formó junto a sus compañeros de liceo el colectivo Amnesia. Un movimiento que fue formado más en internet, pues los espacios en la capital de Los Lagos estaban más dedicados al rap. Ellos eran los “hueones raros” con su trap, explica NN86.
“Todavía teníamos que estar justificándonos con los raperos de por qué usábamos autotune al cantar. Era una cuestión muy así”, señala.
Una época donde tuvo el privilegio de ver el primer show de Pablo Chill-E fuera de la capital. Incluso hicieron buenas migas con el Shishiboss y, cómo será, que en 2018 el mismo Shishigang le hizo la paleteada para que conociera a Yung Beef, cuando el español vino a Club Subterráneo en Santiago.
-¿Y hablaste con Fernandito un rato?
-Poco, poco. En realidad, Yung Beef una vez compartió la primera canción que yo subí. La compartió en Twitter, pero no me dio la pana para decirle: “Bueno, yo soy ese”. Él estaba en otra igual.
-Es un personajazo. Siento que es una de las estrellas de la música urbana latina. Yung Beef está en el Hall of Fame.
-Yo diría incluso que hago música por él. No sé si fue el principal motivo, pero sí fue de esos momentos en que empecé a escucharlo harto y decir: “Brígido el sonido al que se puede llegar cantando desde esta acera lingüística”.
-Yung Beef, para mí, es como la bandera de los underground. Él siempre apoya el under, tiene muchas cosas muy under, con un sonido que después es bien innovador. Siempre lo he encontrado contracorriente.
-Sí. Al final el loco no sé si le ganó, pero tuvo la última palabra en ese debate que tuvo con C. Tangana. A mí me gusta caleta C. Tangana y su propuesta, con relación a lo que habla sobre los ídolos y el negocio en la música.
Pero claro, Yung Beef en esa entrevista parecía como un punky disparando al aire, y al final con esa misma lógica está en el momento más popular de su carrera. No sé si había tenido momentos tan globales como ahora.
-“Cuando no era cantante” fue golazo. Siempre he sentido que C. Tangana es como un reformista y Yung Beef es más revolucionario.
-Sí, sí. Quizás eso tienen los europeos. Como son de allá, tienen esa raíz más académica. Igual Yung Beef tenía motivos súper filosóficos, porque no era como: “Te tengo mala”, era un “yo creo en esto, tú crees en esto”.
-¿Por qué te fuiste? ¿Por estudio también?
-Sí, me vine a estudiar a Santiago en 2019. Igual vine con ganas de buscar este sueño incipiente de la música, pero fue más que nada para escapar de Puerto Montt.
Puertomontino en la capital
-Pueblo chico, infierno grande.
-No hubiese podido hacer nada de lo que he hecho ahora si me hubiese quedado ahí. Primero estudié Literatura. Ahí hubo paros, después vino el estallido, después vino la pandemia. Parecía que Dios o algo me estaba diciendo que no tenía que estudiar esa carrera. Me devolví un tiempo a Puerto Montt y después, en 2022, me vine a vivir acá. Desde 2022 vivo todo el año en Santiago.
-Tu música también tiene algo de Puerto Montt. A veces siento que es como un rap más outsider, medio triste. Y Puerto Montt igual es medio gótico y triste.
-Siempre trato, de manera consciente o inconsciente, de mencionar la ciudad, de dar a entender que soy de ahí, porque vengo de otro lado. En un mundo, en un ecosistema donde de repente se parecen tanto los mensajes e incluso la forma de entregarlos, tener ese tipo de herramientas o lugares narrativos hay que utilizarlo.
Siento que muchas veces la gente, sobre todo en el sur, es más apocada. Hay veces en que se siente una especie de vergüenza al expresar esas emociones. Porque lo urbano es andar por la Costanera en un Mercedes.
-Es demasiado para afuera. El sureño es más conservador en lo social, en lo religioso, en la personalidad, en toda la cuestión.
-Entonces, no sé si me pongo la capa de puertomontino, pero sí quiero que quien me escuche sepa que vengo de un lado, que tengo una identidad y una sangre que no sé si es distinta, pero sí tiene una frecuencia distinta a lo de acá.
Yo creo que el puertomontino promedio es una persona bien amable, pero también bien confrontacional. La gente del sur igual es medio reacia a lo nuevo. La mayoría de mis amigos del liceo ya están con vidas bien seteadas, bien armadas. Son personas a las que en general no les gustan tanto los sobresaltos ni los contratiempos. Por eso creo que para mí fue mejor irme.
-Ser artista en Santiago cambia la cosa, imagino.
-Sí, por las conexiones y más tocatas.
-Más visibilidad, medios también.
-Acá en un carrete puedo hacer más pega que en dos años trabajando en Puerto Montt. En Chile recién se está armando una industria, pero en Puerto Montt ni siquiera hay eso. Yo creo que ahora sí hay más, hablo desde el desconocimiento porque no estoy tan pendiente de lo que pasa ahora. Pero no había un ecosistema creativo que te blindara de algunas cosas. No había lineamientos de cómo hacer las cosas, cómo hablar con la gente, con quién hablar, quién hace esto.
En Santiago eso ya existe un poco. Uno lo va aprendiendo también, porque sigue siendo algo muy precario, pero existe. Si quieres hacer un evento, hay 10 locales que te pueden ayudar. Hay ciertas esferas mínimas de control a las que uno puede irse firmando.
-El underground santiaguino es grande. Hay distintas microescenas.
-Hay como seis undergrounds.
-¿Por qué crees que la música urbana produce eso, tantas microescenas? Siento que muchos artistas de la escena grande son artistas de internet. Tal vez no tocan mucho en vivo, pero tienen sus seguidores en internet. No serán millones, pero tienen sus 500 fieles.
-Creo que pasa por todo el tema de la democratización del arte que trajo internet y que bajaran los precios de grabarse. Eso hizo que todos tuvieran la posibilidad de opinar, como pasó con las redes sociales, pero a nivel artístico.
Eso hace que haya mucha gente queriendo decir cosas, y esas cosas se van aglutinando en grupos cada vez más específicos de mercado. En Chile, como somos un país tan chico, muchas veces no alcanza para poder vivir de esos grupos pequeños. Los gringos tienen miles de escenas, pero siempre pueden vivir de eso porque hay una industria del espectáculo que los cimenta.
-¿Y cómo vive un artista del underground? Primero, tú te sientes parte del underground, ¿cierto? ¿Te gusta que te tachen de artista under o te da lo mismo?
-Es una etiqueta que creo que no puedo usar en cierta forma. Es como la etiqueta del indie. Al final, el underground no es un género, es una especie de posición con respecto a expectativas. A veces me despierto underground y a veces digo que no.
-¿Qué no te gusta de ese término?
-Es lo mismo que lo del indie. Esas configuraciones se transforman en caricaturas de las que después no se puede escapar. También pasa con “artista urbano”. ¿Qué es urbano? El reggaetón, el rap, igual es urbano. Es raro.
-Porque el rap igual es urbano, aunque a los raperos más cuadrados no les gustaría que los pusieran ahí. Pero todo nace de una mata parecida, si nos vamos por la historia.
-Son etiquetas que pone la industria para poder armar sus organigramas.
-Y la misma gente rotula, arma sus playlists. Tal vez es una culpa conjunta entre industria, periodistas, artistas y público.
-Creo que a los artistas urbanos, hablo por mí nomás, quizás no nos gusta tanto la etiqueta de artista urbano, pero si voy a TVN y me dicen que soy artista urbano, no me voy a poner a explicar en todas las entrevistas que no soy eso. Uso esa etiqueta.
-Aparte, en este último tiempo ser artista urbano da más promoción. Hay géneros que han quedado medio desplazados por la música urbana.
-Es mejor decir soy artista urbano que artista de dancehall, por ejemplo.
“Yo y mis sangres”
-Volviendo a tu música, uno de tus últimos hits, “Yo y mis sangres”, salió hasta con Álvaro Díaz que lo compartió en su Instagram. ¿Cómo se dio eso?
-Fue súper random. Venía para mi casa después de la U, al lado de dos señoras, súper apretado en la micro, y de repente me llega una solicitud de mensajes. Alguien me mandó una foto y veo que salía Álvaro Díaz, pero no era su cuenta principal.
Pensé que era una de esas páginas que suben fotos icónicas de la cultura y que había usado mi tema. Dije: “Bacán”. Pero de repente veo la cuenta, veo que tiene hartos seguidores, que la sigue Álvaro, que la sigue gente conocida. Le pregunto a la persona que me envió el mensaje: “Hermano, ¿quién es esta persona?”. Y me dice: “Es la cuenta de Alvarito Díaz, hermano, es su cuenta secundaria”. Ahí me cayó la teja.
Iba en la micro mirando a la señora de al lado como: “Me publicó Álvaro Díaz”. Y la señora no cachaba quién era Álvaro Díaz. Fue un momento bacán, porque te das cuenta de hasta dónde pueden llegar las cosas cuando agarran vuelo.
-¿Y cómo te cachó?
-No tengo idea. Yo le mandé un mensaje y no me respondió. Eso para mí es más entretenido, porque significa que le gustó el tema. Creo que fue por las vicisitudes de internet.
-El algoritmo.
-Creo que sí. Me meto a Spotify y lo escuchan en muchos países. No mucha gente, pero lo escuchan en hartos países.
-¿Y cómo nació esa canción? Es con artistas con los que sueles colaborar.
-El tema es de EsDeeKid, de “LV Sandals”. Nació un día que estaba acá en la casa escuchando el tema, porque se me pegó un rato. De repente se me salió el “yo y mi sangre” y armé esa línea en 10 segundos.
Les dije a los cabros en un grupo que tenemos: “Hermano, se me ocurrió esta cuestión”. Les mandé un audio rapeando con el beat y les dije: “Pensé en ustedes”. Dijeron: “Ya”. Fui un día a la casa del Slum y grabamos con Los Misfits, con el Roska.
El tema lo grabamos muy cagados de la risa, como cuando grabábamos de más chicos. No tanto con intención artística, sino jugando.
El video se dio de la misma manera. Yo no tenía pensado hacer video, pero se fue sumando gente. “Yo quiero hacer el video”, “yo apaño a salir”, “yo tomo fotos”, “yo tengo una locación”. Todo fue muy orgánico. Eso es lo rico. El éxito de esa cuestión no lo esperaba para nada. No esperaba que tuviera algún tipo de resonancia. Lo hice solo por divertirme.
-¿Y te cambia un poco la vida? ¿Qué sensación te produce todo lo que provocó la canción?
-Es entretenido. De repente digo: “Oh, esta cuestión la va a ver mi mamá”. Pero ya estoy acostumbrado a esas cosas. La gente que me conoce ya sabe quién soy en realidad. Es brígido. Ahora mismo quizás me está escuchando hasta mi vecino de al lado. El otro día fui a comprar carne a la carnicería y el carnicero me dijo: “¿Cómo va la música?”. Fue como: “¿Qué?”. Igual ha sido brígido eso, en el sentido de sentirse reconocido.
-¿Actualmente es pura música? ¿Estás trabajando? ¿Cómo lo haces?
-Estoy cesante de pega. Pero en general, como tengo estudio y hago música, estas cosas las tomo con la seriedad que corresponde. Las horas que tengo para hacer plata, hago plata como puedo y voy buscando pegas en lo que pueda.
Fuera del artista underground con ropa extraña, soy un joven cesante enfrentándose a las vicisitudes del sistema laboral chileno todos los días.
Un artista de cora
-¿Qué mantiene a NN86 en la música?
-Me mantiene que es lo que me sale hacer, hermano. No puedo no hacerlo, porque el corazón se me desgarra si no me expreso. El último tema que saqué lo promocioné súper mal, lo han escuchado menos de 100 personas, en comparación al penúltimo, que lo han escuchado casi 20 mil.
El otro día pensaba eso. No sé si me da lo mismo, pero no es algo que me coma la cabeza. Estos últimos años he ido cambiando un poco mi visión. Cuando empecé era como: “Quiero ser millonario”. Después fui reflexionando y transmutando mis visiones. Hoy pienso que voy a hacer las cosas lo mejor que pueda. Siempre voy a tratar de ser fiel a lo que creo, a lo que pienso y a lo que intento mostrar en lo que hago.
Mi objetivo vital con la música es que me dé de comer. Poder cuidar una familia, por ejemplo, con eso. Si logro hacerlo con 5 mil personas escuchándome, está bien. Si lo logro con 10 millones, también está bien. Será bienvenido quien quiera llegar. Pero el alcance no es algo que me coma la cabeza.
Si en algún momento no hago más música o no publico más música por X motivo, la voy a seguir haciendo. Voy a seguir escribiendo poemas, voy a seguir dibujando. Soy alguien que necesita soltar esas cosas desde adentro.
-Escuchando tus temas, es un rap distinto también. ¿Cuáles son tus referencias? ¿Tienes algún productor o artista que digas que te influye?
-Mira, yo soy bien copión. Copio los artistas que me gustan, pero trato de hacer ingeniería inversa. Veo lo que me gusta de alguien y trato de integrarlo.
De las personas que más me han influido a la hora de lo que hago ahora, estoy escuchando caleta a Young Thug. Siempre escuchaba mucho a Yung Beef. De artistas de otro estilo también he escuchado mucho a Cerati. De repente me salgo del 808 y del hi-hat, y puedo escuchar puras cosas distintas. He estado escuchando tango, bolero, Agustín Lara, ese tipo de cosas.
-¿Cómo ha sido el tema de los proyectos nuevos? ¿Qué nos puedes contar de lo que se viene? ¿Van a ser más sencillos?
-Estoy en una etapa en la que estoy trabajando para ir sacando música de manera más constante. Estoy trabajando en sencillos específicos, como en bloques. También tengo un proyecto con un amigo, el productor Nottyourkiddo.
Es un trabajo que estamos haciendo desde principios de año. Es un EP de como seis temas. Todavía le falta un poco de amasamiento, más por el lado de mezcla y máster. Teniendo eso listo, espero tenerlo para el segundo semestre. Hasta entonces voy a ir tirando singles.
También tengo cosas con mi hermano Slum que se vienen. Tengo varias cosas armadas.
-¿Eres parte del universo de los Misfitz?
-Sí, de No Olvides Tu Sur, que es el piño más grande de los cabros de Los Misfitz. En la banda siempre estoy metido, pero ahí nomás.
-¿Eres parte de ellos, de No Olvides Tu Sur, o eres como invitado?
-Soy como un invitado de la familia, pero no tengo la clave del Instagram.
-Por último, me dijiste que quieres vivir de la música, pero ¿cuál es un hito que buscas ahora con lo que se viene? ¿Qué deseas para estos meses, este año?
-Espero seguir sacando música. Como meta más grande, poder vivir sin complicaciones de ella. También hay dos cosas que no tengo tan exploradas y que me gustaría hacer más: tocar más en vivo, viajar por el país haciendo shows, y trabajar más mi lado de compositor.
Eso me gusta hacer. Siempre estoy dispuesto a eso. Ayudo a varios amigos a componer cosas. Hay hartas cosas que están ahí afuera y no he dicho que yo también hice.
-¿Te gusta harto eso de ghostwriter?
-Me gusta harto trabajar poniéndome en la posición de otra persona. He compuesto para mujeres también. Me gusta despersonalizarme. Eso viene de la literatura, de poder escribirte desde la posición de otra persona.
-Siempre le pregunto a los artistas cuáles son sus tres canciones esenciales. En tu caso, ¿cuáles crees que son tus top 3 canciones esenciales o las que más te gustan tuyas?
-La primera sería “Yo y mis sangres”, porque es la última, es una canción entretenida y cumple con ese requisito de sentirte power.
Otra que me gusta mucho es “Santiago Centro”, que saqué por 2023 o 2024. Habla de estar ahí, de venir de afuera, de perderse en Santiago.
Otra que me gusta, de ese mismo disco, es “Se arrepintieron”, que habla de eso de una manera más explícita. Habla de estar fuera, de volver a la ciudad, de encontrarse con la gente que estaba ahí de antes, de cómo una ciudad tan grande como Santiago te puede cambiar, de qué queda de uno cuando se va.
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