Se hizo pasar por millonaria: la verdadera historia de Anna Delvey, la joven que inspiró a la nueva serie de Netflix

Anna Sorokin logró que todo su alrededor creyera que era hija de un poderoso millonario alemán.
Anna Sorokin logró que todo su alrededor creyera que era hija de un poderoso millonario alemán.

A lo largo de un año, la mujer llamada realmente Anna Sorokin, estafó a artistas y banqueros de Nueva York, con la idea ficticia de abrir un gran club privado que traería ganancias aseguradas.

Algo grande debes hacer para que los sucesos de tu vida se vean retratados en una serie o película y Anna Sorokin lo comprendió a la perfección cuando durante cuatro años hizo creer a artistas de la moda y a banqueros que era la heredera de un gran monto que podría ser retirado apenas cumpliera 25 años.

La historia ficticia parte cuando una joven de 22 años, presentada como Anna Delvey, llega desde París a Nueva York a hacer su práctica profesional en la revista francesa de arte y moda, Purple, en donde cubriría la Semana de la Moda.

Su trabajo, que en verdad era una beca, le daba un ingreso mensual de apenas 400 euros ($363.000 pesos aproximadamente), pero la importancia de la revista Purple y el contacto que consiguió con los periodistas le permitió adentrarse de a poco en el mundo de las más importantes figuras de la moda y el arte. De a poco comenzó a acceder a desfiles y cócteles, eventos que le abrían la puerta para entablar relaciones humanas. Debido a que las cosas avanzaban de gran manera, la joven decidió quedarse en la ciudad estadounidense.

El entrar en un mundo de celebridades y lujos, le permitió empezar a inventar un personaje alrededor de ella misma. A sus nuevos contactos les contaba que era hija de un millonario alemán, el cual le daría 60 millones de dólares apenas cumpliese los 25 años de edad.

Y que con esa inversión iba a crear un club exclusivo de arte contemporáneo, gastronomía y hotelería que llamaría Fundación Anna Delvey. Para que la historia sonara fidedigna, incluso ya tenía supuestamente escogido el lugar para llevar a cabo su sueño empresarial. Seis pisos de la emblemática Church Missions House, un edificio ubicado en la intersección entre Park Avenida y 22.

Aún faltaban tres años para recibir el dinero de su poderoso padre y Anna no estaba dispuesta a esperar. Para conseguir su sueño necesitaba 40 millones de dólares que conseguiría a través de préstamos e inversiones.

En este momento de la historia, es probable que pienses, pero ¿Cómo conseguía engañar a todos? El mostrar una vida acorde a sus palabras era clave para avanzar con su fraude.

Una vida de lujos:

Anna siempre vestía las mejores marcas de la moda, tales como Prada, Balenciaga y Alïa, llevaba carteras de Chanel y adornaba su cuello y muñecas con joyas de diseño. Comía en los restaurantes más caros de la ciudad en donde siempre pagaba con efectivo.

Viajaba en aviones privados y vivía en los mejores hoteles cinco estrellas de Nueva York, en donde incluso daba propina de 100 dólares si quedaba a gusto con el servicio recibido. Organizaba e invitaba a sus amigos a cenas en restaurantes de gran nivel, iba a los clubes adecuados y siempre estaba en las inauguraciones de moda más destacadas.

Obviamente, todo esto no serviría si es que no es visto por otras personas. Es por eso que la joven publicaba constantemente en redes sociales situaciones de su acomodado estilo de vida, lo cual generó que la gente indicada creyera plenamente en quien ella aparentaba ser.

Pese a lo que mostraba la joven en redes sociales, empezaron a ver situaciones extrañas que sus cercanos, que la ayudaban económicamente, se demoraron mucho en darse cuenta. Por ejemplo, Anna pasaba de un hotel cinco estrellas a otro con demasiada frecuencia. Nadie sabía que esto lo hacía porque no pagaba las cuentas, les decía a los hoteles que recibirían un depósito desde Alemania, pero este jamás llegaba.

Encontró la manera de hacer esto en hoteles como The Standard, (donde debía aproximadamente $30.000 dólares), el 11 Howard ($30.000), The Beekman ($11.000) y The Mercer ($10.000).

Una de las personas estafadas por Anna Sorokin, aseguró que: “Cuando eres súper rico puedes ser olvidadizo de esta manera. Tal vez por eso nadie pensó mucho en los casos en los que Anna hizo cosas que parecían extrañas para una persona rica: llamar a un amigo para que le pagara un taxi desde el aeropuerto con su tarjeta de crédito, o pedir dormir en el sofá de alguien, o mudarse al departamento de alguien con el acuerdo tácito de pagar el alquiler, y luego no hacerlo. Tal vez tenía tanto dinero que simplemente se olvidaba”.

Fraude a los bancos:

Además de estafar a hoteles, Anna Sorokin engañó a amigos que tuvieron que pagar miles de dólares por viajes que supuestamente iban a ser patrocinados por ella, pero que al momento de cancelar, las tarjetas de crédito no funcionaban y la transacción desde Alemania tenía demoras. Siempre les prometía que el dinero sería devuelto pero hasta el día de hoy siguen esperando.

Más impresionante aún es la facilidad que tuvo para poder engañar a los principales bancos de Nueva York. De hecho, la periodista Jessica Pressler que investigó a fondo el caso y la vida de Anna, asevera que es impresionante la facilidad con la que conseguía las cosas: “Eso es parte de la fascinación con ella y con todas las historias de estafadores. Todos admiramos su confianza. Pueden entrar en cualquier situación y decir o hacer cosas que nosotros nunca haríamos. No sé si es problemático admirar eso. Creo que se puede admirar una buena calidad. Las personas tienen buenas y malas cualidades, y puedes admirar lo bueno siendo consciente de que alguien lo está llevando demasiado lejos”.

Nuevamente la forma en la que vestía y su estilo de vida fueron fundamentales para conseguir engañar a los principales bancos de la ciudad de los rascacielos. Sumado a esto, aportó un agente falso en Berlín con lo que los inversores hablaban solo a través de llamada telefónica y correo electrónico.

El agente alemán se llamaba Hennecke y tras estafar a Andy Lance, un prestigioso agente inmobiliario, Anna aseguró que su representante había fallecido. Con el pasar del tiempo y el destape de su fraudulenta historia, se supo que realmente Hennecke nunca existió, que era la misma Anna hablando a través de un teléfono con chip europeo y un deformador de voz.

¿Quién realmente es Anna?

Anna Sorokin realmente no era alemana, sino que era proveniente de Rusia, su padre no era un poderoso millonario, sino que se dedicaba a reparar refrigeradores y vivía junto a su esposa e hijo menor en un pequeño pueblo alemán.

La joven que logró engañar a cientos de personas, nació en 1991 y es la primera hija de una familia sin recursos que emigró en 2007 a Eschweiler, Alemania. Ahí su papá trabajó como camionero y luego como ejecutivo en una empresa de transportes hasta que las deudas lo colapsaron y se declaró en quiebra en el año 2013.

Anna no terminaba de encajar en el nuevo país, tenía grandes dificultades con el idioma y era víctima de bullying por pertenecer a una familia de bajos recursos. Para poder ayudarla, sus padres con un gran esfuerzo, le pagaron un viaje a Londres para que estudiara la carrera de Arte, pero la abandonó. Luego de esto se trasladó a París donde comenzó una pasantía para la revista de moda Purple. Desde ahí nació la millonaria Anna Delvey.

El peso de la ley:

Las estafas que logró perpetuar Anna durante cuatro años, tuvieron su fin en agosto de 2017 cuando fue acusada de robo y fraude por un total de 275.000 dólares. Es por esto, que fue arrestada en Malibú el 3 de octubre de ese mismo año y fue condenada a pagar entre 4 a 12 años de cárcel por el delito de estafa.

Luego de tres años y su buen comportamiento, obtuvo la libertad condicional en febrero de 2021. Pero meses después fue detenida por el Servicio de Inmigración por estar más tiempo en el país de lo que su visa permitía. Hasta este momento se encuentra en un proceso de deportación.

Curiosamente, gracias a su enorme fraude, la joven rusa ganó 350.000 dólares de adelanto por permitir recrear su historia en la serie de Netflix, Inventando a Anna. Gran parte de ese dinero fue requisado automáticamente para pagar las deudas y a los abogados, pero aun así, le quedó una parte. Además, Anna goza de una parte de los derechos de la serie, lo que le traerá ganancias aseguradas.

Mira el tráiler de la Inventando a Anna a Continuación:

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