De las cenizas a la esperanza: las dos mujeres de El Pino que buscan empezar de nuevo tras perder todo en los incendios
Una ama de casa, una dirigenta social. Sus historias de vida se alejan en varios aspectos, pero las cruza el fuego que arrasó con todo. Aquí, ellas hablarán de los incendios y de la segunda oportunidad que les brinda Techo Chile.
Dicen que el fuego no avisa y que, en cambio, sólo llega para arrasar con lo puesto, modificar para siempre la vida tal como se presentaba. En los incendios que tumbaron a Ñuble y al Biobío, El Pino fue herido quizás como nunca antes. Pero de entre las cenizas, hay dos mujeres que no se permiten caer y, unidas por la misma pérdida, prometen levantarse.
Una es María Angélica Riquelme, de cuarenta y cuatro años, cuyo mundo hasta hace unas tres semanas se dividía entre su pareja, José Matus, y su hijo Efraín en una casa modesta, sencilla. Todo lo hacían ahí: sus vecinos, a estas alturas, ya no eran vecinos sino una extensión de su familia. Pero cuando el fuego se propagó, no hubo distinciones de ningún tipo: la vivienda, su vivienda, fue completamente destruida. El fuego se llevó sus recuerdos y los de sus vecinos, también sus rutinas y certezas.
Ahora María Angélica pasa el tiempo dentro de una carpa instalada justo donde antes estaba su casa. Ahí intenta retomar lo de antes, lo de siempre, y aunque a veces su voz se quiebra quizás preguntándose por qué a ellos, agradece. Agradece, porque el pasado domingo recibió una vivienda de emergencia construida por Techo Chile —gracias al trabajo de sus voluntarias y voluntarios— y ese gesto, para ella, supone la posibilidad de resguardar al pequeño Efraín, recuperar una porción de seguridad y reconstruir sus vidas.
“Gracias a su ayuda, mi familia hoy tiene un lugar seguro donde dormir y resguardarnos del frío. Estoy completamente agradecida de cada persona, voluntarios que se dieron el tiempo de ayudarnos en los momentos más difíciles”, comentó.
La directora social de Techo Chile, Isidora García, expresó en tanto: “Frente a los devastadores incendios que han afectado a Ñuble y Biobío, la construcción de viviendas de emergencia es clave para que las familias puedan volver a ponerse de pie con dignidad. Estamos levantando soluciones habitacionales de alto estándar: viviendas de veintisiete metros cuadrados más baño, construidas con paneles SIP, con aislación térmica completa en piso, muros y techo, y un kit eléctrico totalmente equipado con conexiones interiores. No se trata sólo de un techo, sino de entregar un espacio seguro, digno y preparado para enfrentar condiciones complejas como la lluvia y las altas temperaturas”.
Algunos metros más allá, descansa la historia de Gladys Muñoz, dirigenta social de El Pino. Y como dirigenta social, sabe que su pérdida —el incendio arrasó también con lo suyo— es tan importante como la del resto. De ahí su alegría al enterarse que su vecino, Pedro Coloma, recibió una vivienda de emergencia construida, al igual que María Angélica.
Y por eso, además, le agradece a los voluntarios de Techo: “Deberían estar de vacaciones, sin embargo están acá, dándolo todo por quienes hoy sufren”.
Cuentan desde Techo Chile, de un primer vistazo no es mucho lo que comparten María Angélica y Gladys, una habla desde la emoción, temblorosa, mientras la otra con una dureza que, más que dureza, es convicción. Son las dos caras de una tragedia, pero al final del día su sufrimiento es el mismo.
Allá, en El Pino, el fuego dejó cicatrices profundas, difíciles de atenuar. Pero, por otro lado, dejó claro que organizaciones como Techo Chile, con voluntarios dispuestos a construir la historia, no termina en las cenizas.
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