«Ignoró la situación de las policías»: Carlos Pinto devela los errores del fiscal Ortiz en el caso Tomás

Autor: LaCuarta.com

El rostro de "Mea Culpa" se refirió a la acusación del persecutor en contra del tío abuelo del pequeño. "Si él no hubiese entregado esa información, todo sería mucho más tranquilo y serio", sostuvo.


Luego de confirmarse que la familia de Tomás Bravo solicitó remover del caso al fiscal jefe de Arauco, José Ortiz, la fiscal regional del Biobío, Marcela Cartagena, aclaró que «él no ha intervenido desde que yo me hice cargo de la investigación».

El persecutor lideró la investigación hasta el miércoles 3 de marzo, luego que el Juzgado de Arauco rechazara la prisión preventiva contra Jorge Escobar, tío abuelo del niño.

En aquella instancia, se descartó que las pruebas expuestas por Ortiz permitieran incriminar al acusado.

A través de un comunicado, la Fiscalía explicó que la designación de Cartagena se debió «a la gravedad y complejidad de la investigación, así como también a nuevos antecedentes incorporados a la causa».

Fue en este contexto que el periodista Carlos Pinto reveló un antiguo error del fiscal Ortiz. El 5 de marzo, el rostro de Mea Culpa entregó detalles sobre el revés de Ortiz en el denominado caso del «Chacal de Curanilahue».

Caso Tomás

En diálogo con La Cuarta, el escritor y guionista Carlos Pinto profundiza en el crimen de Tomás Bravo.

«Nos encontramos con un caso que, dada las particularidades que tiene, causó mucha conmoción», reconoce.

«Yo conocí el lugar, hay una casa cada 100 metros y la otra está a un kilómetro, es un camino pavimentado, pero de acceso rural. En definitiva, habita muy poca gente», confirma, sobre su visita a la localidad rural de Caripilún.

Respecto a la infructuosa ruta hacia la verdad, Pinto sostiene que «siempre hay una lógica para explicar esto. Y la lógica decía que bastaban las 200, 300 o 600 personas que acudieron esa noche a buscar a Tomás, y lamentablemente lo que se veía como simple, rastrear, llamarlo a solo horas de haberse perdido, entonces uno pensaba que lo encontrarían. Pero esto empezó a crecer».

Fiscal Ortiz

Sobre el cuestionado fiscal de Arauco, el comunicador recuerda que «cuando yo lo escuché hablar a José Ortiz yo creo que él empieza a obrar bien».

«En el sentido de que trata de ir manteniendo informada a la opinión pública y ese es un antídoto muy eficaz para aplacar los rumores, que son siempre tan perversos y dañinos», agrega.

«Él se encontró informando y entendió que cada vez que hablaba había avance. Y cuando ya tuvo esto encima, él dijo ‘lo cerramos’. Yo creo que ahí estuvo el apetito de decir ‘ok, cerramos esto porque ya no hay por dónde’. Y claro, todo pensamos (que el responsable era) ‘el tío abuelo’. Bueno, si él no hubiese entregado esa información, todo sería mucho más tranquilo y serio. Él debió haber esperado la confirmación de todo eso y recién ahí darlo como sospechoso. Fue prematuro y lo prematuro atenta contra lo científico, contra la verdad».

En relación al historial del persecutor, Pinto recuerda que «hace 16 años, le corresponde llevar el caso de Curanilahue, que es la historia de un campesino que tiene dos hijas y que vive en la casa su hermano, con su cuñada. Se da cuenta un día que, al llegar a casa, la cuñada le dice que su hija se cayó a una acequia y que hay que sacarla. La sacaron, esta chica estaba moribunda; lograron salvarla. Él fue a su trabajo como obrero. Cuando estaba trabajando, la cuñada le informa que hay un problema, que llevaron a la chica a emergencia y habría llegado muerta».

«Ponen a un fiscal y coincidentemente es José Ortiz, mucho más joven, a lo mejor inexperto y con afán de gloria. Toma este caso y hace eco de un análisis realizado por el médico que toma a esta chica cuando llega, y dice que, al parecer, había sido estrangulada y había sufrido un abuso sexual. Él (Ortiz) determina rápidamente que el padre lo había violado. Lo consigna como virtual sospechoso y lo mete a la cárcel. Es exactamente lo que pasó con el tío abuelo de Tomás», afirma.

Continúa su relato: «En esa ocasión, el caso resuelto -también en forma exprés- le dio los méritos al entonces fiscal del caso Curanilahue. Denominan a este obrero como «El Chacal de Curanilahue» y comienza un verdadero cadalso para él porque tiene que vivir en prisión, sin poder decir nada, porque él es un imputado que está siendo investigado con privación de libertad. Pasaron cuatro meses y los exámenes del SML determinan que no hubo señales de violación. En definitiva, la justicia no tiene más que reconocer el error».

En la misma línea, Carlos Pinto plantea que «para ser fiscal hay que tener una calma, frialdad, cautela. Para asegurarse que todas las piezas calcen. No sé si yo pueda tener un cargo como ese, porque uno también tiene lo que tiene un ser humano: ganas de demostrar que sabe, ganas de demostrar que es más otros, en fin… pero eso se obtiene con resultados, no con presunciones. Las presunciones no pueden estar a cargo de un fiscal cuyo diagnóstico, de cualquier crimen, causa o caso, tiene que ser muy preciso. Él está a cargo de la investigación, guía a la policía y tiene que tener la paciencia para escuchar todas las voces de quienes lo están secundando».

«Me consta que él ignoró muchas veces la situación de las policías, porque ‘era obvio’. ‘Si algo le pasó a este chico y todos los exámenes indican que sí, entonces qué más vamos a esperar’. ‘Cerrémoslo’. Y ahí comienza todo un drama, terrible, porque lo encierran (al tío abuelo)», añade.

«No saben quién es»

Sobre el caso Tomás Bravo, el autor de «El silencio de los malditos» revela que «conozco algunas expresiones aparecidas en los primeros análisis que se han hecho al pequeño y hablan claramente de la interferencia de otras personas. Hay una suerte de lógica en todo lo que acontece. Yo estuve en el lugar, la cantidad de metros que debió haber viajado hacia el lugar donde lo encontraron, sin zapatillas, perderla en el camino. En fin, hay muchas situaciones».

De igual manera recalca que «yo estoy hablando desde la lógica, pero toda la lógica la mata la ciencia policial. Y en eso hay que ser tremendamente exigente».

A modo de conclusión, Pinto asegura que la Fiscalía «no sabe quién es (el responsable del crimen). Y habría sido distinto, o más serio, decir ante la opinión pública no saber quién es. Aunque se hayan demorado, porque ni el fiscal ni la policía pueden hacer milagros. Pero lo que sí perjudica son los apetitos personales de decir ‘lo tengo y apuesto todo que es él y me la juego’. Se la jugó. Y aquí es donde aparece la historia; los cuerpos hablan, pero las historias de las personas también hablan».

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