El primer crimen del «Chacal de Queilen»: las mentiras y engaños de un asesino en serie

Foto: Lugar donde se hallaron los cadáveres / Mea Culpa (TVN)

Autor: D.R.

Tras matar de un hachazo a su padre y ocultar el cuerpo bajo una leñera, Rubén Millatureo logró evadir las sospechas y asesinar a otras dos personas. Luego de 20 años en prisión, salió en libertad en 2018.


Fue el 24 de septiembre de 1997 cuando Rubén Millatureo Vargas mostró su lado más oscuro. Hasta ese momento, debido a su afable personalidad, el hombre de 35 años era conocido como «Rubencito» entre los habitantes de Queilen, en Chiloé.

Quien por entonces se desempañaba como trabajador de una pesquera local, cambió sus formas y posturas de la noche a la mañana. Tras la muerte de su madre -con quien mantenía una estrecha relación- una sombra triste y misteriosa comenzó a seguirlo.

En aquella jornada, luego de discutir con su padre en el comedor, el joven decidió atacarlo con un hacha por la espalda. Acto seguido, lo descuartizó y enterró bajo el piso de una leñera cubierta de ajos. Así, en cosa de segundos, se inició la historia de un asesino en serie.

Aunque nada lo justifique, este irracional ataque estuvo precedido de años tormentosos. La relación entre Rubén y su progenitor, Isidro Millatureo (73), estuvo marcada por los maltratos de este último a su esposa.

Como era de esperar, la «desaparición» del adulto mayor generó dudas entre sus conocidos. Particularmente de su querida sobrina Eliana, prima de «Rubencito».

Mentiras y engaños

Las sospechas de esta mujer se acrecentaron tras enterarse del supuesto viaje a Punta Arenas que habría hecho su tío por razones laborales. Así, al menos, lo aseguraba Millatureo Vargas.

Convencida de su intuición, Eliana fue hasta la casa de su primo con personal de Carabineros. Luego de una completa revisión en el inmueble, nada se pudo encontrar.

Armando Silva, cabo de la comisaría de Queilen que participó en este procedimiento, contó detalles de la inspección a Mea Culpa, en uno de los capítulos más vistos del programa conducido por Carlos Pinto y que fue emitido en la séptima temporada (1999).

«De la manera que se dirigía a nosotros, cada vez que efectuamos una diligencia, convencía con su relato de que era inminente la llegada de su señor padre, que lo echaba mucho de menos y lo que más hacía era ‘encargarlo’, que por favor se lo buscaran. Entonces era muy difícil poder determinar algún tipo de responsabilidad hacia su persona», reconoció el uniformado, develando rasgos de un psicópata.

«Este hombre, después que planificaba las muertes, utilizaba cortinas y sábanas para envolver los cadáveres, les tiraba cal y abundante ajo de la zona, lo que hacía que, una vez que el cuerpo comenzaba a descomponerse, el ajo quedaba verde y emanaba un fuerte olor. Luego ponía los cuerpos bajo tierra, ponía las tablas del piso de la bodega y encima ponía leña y sacos con harto ajo. Al llegar la PDI o Carabineros no había ninguna señal para poder indagar en ese lugar», agregó el cabo.

Foto: cabo Armando Silva, quien finalmente detuvo al asesino.

Más crímenes

El 13 de diciembre de 1997 repitió el modus operandi para asesinar y enterrar el cuerpo del vendedor viajero Claudio Reyes Sandoval (36).

Proveniente de Temuco, el hombre llegó hasta la casa de Millatureo para cobrarle unos cuadros que le había vendido. Solo eran 6 mil pesos los que le pedía por adelantado, pero el instinto asesino reflotó a solo tres meses del primer crimen. La víctima terminó bajo la misma leñera.

Y continuó. El 5 marzo de 1998, el «chacal» dio muerte a la secretaria María Formantel Macías (26).

Se trataba de una mujer que conocía desde la infancia, que trabajaba en su misma empresa y que esa mañana portaba una abultada suma de dinero que correspondía a los sueldos de los trabajadores.

Enterado de esta información, Millatauro la interceptó antes de que realizara el trámite con la plata y la invitó a tomar un tacita de té a su casa. Fue en este contexto que procedió a asesinarla y violarla. Eso sí, a diferencia de los crímenes anteriores, esta vez dejó el cadáver de su «amiga» sobre la cama. Al menos de forma momentánea.

Al percatarse que se hacía tarde, Rubén partió rumbo al trabajo y luego a Castro. En esta localidad de la isla -y valiéndose del dinero robado- comenzó a pagar diversas deudas en efectivo. Tanto suyas como de Eufemia, su casada vecina y amante.

Foto: Rubén estuvo encarcelado durante 20 años en Osorno.

Un «chacal» en libertad

La madre de Gabriela y su hermano menor comenzaron iniciaron su propia búsqueda. Sabiendo que Rubén la conocía e incluso la acompañaba al trabajo en algunas ocasiones, decidieron visitar su casa para preguntarle. Al percatarse que unas sábanas cubrían una de las ventanas, el hermano de la joven se decidió a entrar y encontró el cadáver. La detención de Millatauro fue cuestión de horas.

Por estos asesinatos, «Rubencito» fue arrestado y condenado a la pena de muerte por el juez de letras de Castro, Francisco Javier del Campo. Sin embargo, la Corte de Apelaciones de Puerto Montt rebajó la pena a presidio perpetuo, lo que fue confirmado por la Corte Suprema.

Luego de pasar 20 años tras las rejas, el 2 de mayo de 2018 obtuvo la libertad condicional. Pese al temor generado en Queilen, el temido «vecino» se habría radicado en la región de Los Lagos.

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