El macabro asesinato y descuartizamiento de Hans Pozo: un crimen casi perfecto

Autor: La Cuarta

Hace quince años fue encontrada la primera parte troceada del cuerpo de Hans Pozo. Fue el origen de la historia del también llamado “Descuartizado de Puente Alto”, uno de los puzles más escalofriantes y crueles de la crónica roja chilena.


Desde un comienzo fue el misterio de un pie. Un 27 de marzo de 2006, un perro de Puente Alto apareció con aquella parte humana en su hocico.

Era la primera pista de Hans Pozo, un joven que vivía en la calle y apareció descuartizado y sus restos fueron esparcidos por Santiago.

Pocas veces se ha visto tanta crueldad y sangre fría en un homicidio.

Durante la investigación, justo cuando iba a ser detenido, el presunto homicida se disparó en la cabeza.

En su carta suicida contó que estaba siendo extorsionado por el joven.

Pero la policía estableció que el móvil fue un crimen homosexual.

¿Cómo fue resuelto uno de los casos más escalofriantes de la crónica policial chilena?

Primera parte

Apareció cerca de un sitio eriazo en la población Marta Brunet.

Allí, en Bajos de Mena, comuna de Puente Alto, un perro llamado Rocky llevaba en su hocico un trozo humano. Comenzaba así la historia de Hans Pozo.

Así al menos lo recuerda el fiscal a cargo de la investigación, Pablo Sabaj, en una entrevista concedida a 24 Hora:

-Me acuerdo de la denuncia de un vecino, que había visto a su perro con un pie humano en las fauces.

Tras la alarma, Investigaciones y Carabineros peinaron inmediatamente el lugar.

Ese día de marzo, hace quince años, el hallazgo fue sorpresivo y escalofriante.

El propio fiscal nunca dimensionó lo que vendría.

Pensó que podría ser algún desecho hospitalario, pero no imaginó que estaba a punto de enfrentar uno de los casos más complejos de su carrera.

Sin embargo, otro resto humano fue encontrado en las cercanías de Bajos de Mena.

Esa extremidad sería la siguiente pista clave del fiscal Sabaj:

-Cuando apareció una mano, la forense me dijo que había medido la temperatura y era inferior a la ambiental.

Era la primera certeza del caso: una persona estaba repartiendo partes de un cuerpo que tenía almacenado en algún frigorífico.

Alguien estaba esparciendo restos humanos minuciosamente cortados y, además, refrigerados.

La prensa de la época habló de un hábil asesino que se había preocupado de lavar cada una de las partes cercenadas para no dejar rastro.

Además, el sujeto las había enfriado para evitar su temprana descomposición.

Borrado

La ciencia determinó que ambas partes pertenecían a la misma persona.

Se trataba de un hombre de entre 20 y 25 años, asunto que fue determinado por las pocas piezas dentales encontradas.

Las partes también hablaron de otro asunto: el ensañamiento extremo del asesino.

Aquello movilizó a las policías.

Consultado por TVN, el coronel en retiro Miguel Ángel Castro, jefe del OS-9 a cargo del caso, contó algunos detalles:

-Es muy impresionante la crueldad del hecho, yo participé en la gran mayoría de los hallazgos y peritajes, y fueron hechos con mucha crueldad.

Día por medio, un nuevo trozo humano aparecía en la zona sur de Santiago.

La prensa comenzó a involucrarse en el caso y a ejercer presión.

La misión era tratar de identificar al o los responsables.

Otra pista apareció cuando un vecino encontró la cabeza cercenada de una persona.

La halló dentro de una bolsa de basura, un dato que más adelante sería relevante.

El trozo tenía un impacto de bala en el cráneo y cortes con arma blanca en el rostro.

Según el fiscal, debido a los cortes no era visualmente reconocible:

-Cuando apareció la cabeza de Hans, le habían cercenado algunas partes como la nariz y la boca.

No había forma de identificar el rostro y sus dientes habían sido arrancados.

El asesino había “borrado” prácticamente todos los órganos que podrían dar pistas sobre la identidad de ese cuerpo troceado.

Le habían arrancado piel del área del corazón, donde se supone tenía un tatuaje.

También los glúteos y las vísceras.

Solo

Durante días, los fiscales del caso buscaron entre las denuncias de personas desaparecidas.

Según Sabaj, sin resultados:

-Partimos de una premisa falsa tratando de identificarlo, porque buscamos en las presuntas desgracias.

Su plan era que, si una persona aparecía extraviada, era porque alguien la echaría de menos.

-Buscamos primero en Puente Alto, después en La Pintana y luego nos ampliamos a todo Santiago e incluso a regiones -dijo Sabaj en 24 Horas.

“Pero estábamos por un mal camino porque nunca nadie denunció la desaparición de Hans, porque era una persona en situación de calle”, añadió el fiscal.

¿Quién era Hans Pozo?

¿Y por qué lo habían asesinado?

¿Y por qué lo estaban dejando en bolsas de basura?

En el fondo, todas esas preguntas eran parte de un rompecabezas que no entregaba respuestas.

A Hans Pozo nadie lo extrañó y tampoco nadie lo buscaba.

-Vivía entre el consumo de drogas, el ejercicio de la prostitución y delitos menores para sobrevivir -cuenta Castro en el reportaje de TVN.

Pero hubo un detalle, una pista crucial que los victimarios no lograron borrar del todo.

La siguiente pista le pondrá por fin un rostro a las piezas encontradas.

Resulta que las policías lograron la reconstrucción digital de un tatuaje.

Un Cupido mal hecho; acaso el dios del amor en trazo canero.

Una imagen bastante común entre reos y que se realiza artesanalmente con ácido de pilas.

Aunque el asesino le sacó todos los tatuajes de los brazos, quedó la borra de ese dibujo carcelario.

Sabaj cuenta que comenzaron a entrevistar a distintos reclusos.

Y hubo uno que dijo que le sonaba, que podía ser el “Rucio”, alguien sin nombre.

Esa fue la pista clave para dar con Hans Hernán Pozo Vergara, de 20 años.

El “Rucio” conocía las cárceles y había hecho de las calles su hogar.

Adicto a la pasta base, era conocido por prostituirse en la zona sur de Santiago.

El tatuaje de Cupido y el apodo de “Rucio” le dieron rostro a Hans Pozo.

Por fin ya se conocía a la víctima. Ahora, fiscal y policías iban por el asesino y descuartizador.

El heladero

Los peritajes acreditaron que Hans Pozo fue asesinado de dos disparos en la cabeza.

Luego, el homicida usó una sierra manual para desmembrarlo, pero quedaron varias preguntas sin responder.

Hans Pozo no tenía domicilio fijo, por lo que se descartó a su círculo cercano.

Fue cuando se determinó que el “Rucio” fue ajusticiado.

-Tuvo dos impactos en la nuca, él estando agachado -dirá Castro.

Momentos después, y con inmensa frialdad es cercenado y cortado en múltiples trozos.

-Trozos que -dice Castro- fueron sellados, guardados y refrigerados.

El tronco, la única pieza que faltaba del descuartizado, traería una nueva pista.

Apareció en una bolsa, en un canal de regadío en San Bernardo.

El policía advirtió que las bolsas eran más grandes que las que habitualmente venden los supermercados.

-Tenían doble costura, eran bolsas industriales, y encontramos la máquina que las había hecho.

Cuenta Castro que el OS-9 dio con la persona que vendía las bolsas y que esa persona los llevó a la siguiente pista clave.

-Se las había vendido a Jorge Martínez, que tenía una heladería, y también a otra persona, que era un familiar, que tenía a un costado una carnicería.

Tras semanas de investigación, diligencias y una presión mediática insostenible, la Fiscalía tenía un dato preciso.

Habían llegado hasta Jorge Martínez Arévalo, un empleado de la Municipalidad de La Pintana y dirigente social que aparentemente vivía una doble vida.

El padre de familia y microempresario, había establecido una relación con Hans Pozo.

Se inició un seguimiento a Martínez y se le pincharon sus dos teléfonos.

El OS-9 logró establecer que ese padre de familia de La Pintana, al que le habían vendido las bolsas de basura, había concurrido a algunos moteles del sector con Hans Pozo.

El fiscal dio la orden de interrogarlo y entonces vino lo impensado.

El arma homicida

El sábado 8 de abril de 2006, y tras recibir dos citaciones policiales para ser entrevistado, Martínez, de 41 años, daría un giro a la investigación.

Así lo sintetiza Sabaj entrevistado por 24 Horas:

-Cuando concurre la policía a la heladería, él se suicida.

Rápidamente, Jorge Martínez fue trasladado con escasos signos vitales hasta un centro hospitalario.

En su cabeza, una herida a bala parecía haber sellado el macabro caso policial del “Descuartizado de Puente Alto”.

Pero el padre de familia con una doble vida no resistió y falleció en el mismo hospital.

Castro relata que cuando llegó la policía a la heladería, Martínez estaba detrás de un mostrador.

Los policías se identificaron y el hombre activó la alarma de robo.

Toda la gente se asustó y él corrió a encerrarse con llave en su oficina.

Acto seguido, tomó un arma inscrita a su nombre y se disparó en la sien.

Un solo tiro.

Según el expediente judicial, el comerciante se disparó a las 15:35 horas.

Afuera de la oficina, la diligencia se salió de control.

Los familiares de Martínez acusaron a la policía de matarlo, aunque esto fue descartado por la justicia.

El OS-9 estableció que en el subterráneo de la heladería estaban las dos marcas de las balas que habían matado a Hans Pozo.

Además, el arma era la misma con la que Martínez se había suicidado.

Fue cuando los policías encontraron una prueba más.

“Soy responsable y no lo puedo soportar”

El coronel (r) Castro recuerda que en el auto de Jorge Martínez fue encontrada sangre en el asiento trasero.

El ADN demostró que era de Hans Pozo.

El fiscal se focalizó en establecer el móvil del asesinato, el que -según los antecedentes- fue un crimen homosexual.

La sangre hallada en la heladería y la carta suicida que dejó el comerciante, señalando que estaba siendo extorsionado por el joven, fueron pruebas irrefutables de su participación.

La carta de Martínez decía: “Soy responsable y no lo puedo soportar”.

Además, pedía perdón.

La misiva fue encontrada en su casa por su familia y entregada a la policía.

En el documento, Martínez descarta una relación sentimental entre ambos y asegura que Pozo sería su hijo.

Un examen de ADN realizado a ambos descartó esa posibilidad.

Pero hubo preguntas que no cerraron ni siquiera cuando el Juzgado de Garantía de Puente Alto cerró definitivamente la investigación en marzo de 2013.

¿Dónde fue descuartizado Hans Pozo?

¿Cuánto tiempo tardó en llevarse a cabo del crimen?

¿Hubo un solo responsable?

Lo cierto es que se trató de un crimen horrendo, lleno de una crueldad difícil de dimensionar, de un joven pobre, vulnerable y de la calle.

Quizás lo más triste del caso es que nadie lo buscó y que prácticamente nadie lo lloró.

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