“Pensé que podía morir”: el duro relato de chileno que fue secuestrado por una banda en Haití

“Pensé que podía morir”: el duro relato de chileno que fue secuestrado por una banda en Haití.
“Pensé que podía morir”: el duro relato de chileno que fue secuestrado por una banda en Haití.

El 8 de junio de 2022 el chileno Esteban Zambrano salió de su casa para enseñar español a un grupo de niños. Cuando estaba solo a metros del lugar, una pandilla se interpuso en su camino y lo secuestró.

Haití está experimentando una ola de violencia sin precedentes. El domingo de esta semana, el gobierno de aquel país decretó estado de emergencia después de que bandas criminales atacaran dos cárceles, provocando que 3.500 reclusos se fugaran y otros fallecieran.

Sin embargo, la crisis no es reciente, sino que viene viene desarrollándose desde hace varios años.

El poder que ostentan las pandillas ha llegado hasta el punto en que controlan el 80% de Puerto Príncipe, la capital de aquella nación, lo que al mismo tiempo ha desatado que la violencia entre grupos criminales, secuestros, homicidios, saqueos y otros hechos delictuales se hayan convertido en algo habitual.

Eso lo ha vivido en carne propia Esteban Zambrano. En junio de 2022, el misionero chileno vivió momentos de terror al estar secuestrado durante 13 días en la capital haitiana.

En ese entonces, sus captores exigían una millonaria recompensa para liberarlo. Pasó casi dos semanas sin saber qué ocurriría con él. Sin embargo, su esposa, la uruguaya Carolina Da Silva, se esforzó en las negociaciones con los secuestradores y logró que lo liberaran.

El duro relato del chileno secuestrado en Haití

En una entrevista que concedió a la BBC, a propósito de los recientes hechos de violencia en Haití, Zambrano recordó los detalles de cómo vivió el secuestro hace casi dos años.

El chileno reconoce que ese país ha enfrentado violencia en el pasado, sin embargo, eso solo ha aumentado en el último tiempo. “Las bandas han crecido tanto en la cantidad como en la fuerza y están llegando a niveles que antes no se habían visto”, dijo al citado medio.

Tanto él como su esposa Carolina trabajan en una organización cristiana llamada Comunidad Vástago. Hasta ahora no quieren dejar Puerto Príncipe, ya que aún están en pleno proceso de adoptar a tres de sus cuatro hijos.

En 2022, Zambrano comenzó a ver cómo aumentaban los secuestros en la zona donde vivía. Cuando se dio cuenta habían personas interesadas en él y su familia tuvieron que huir por un tiempo. No obstante, luego se vieron obligados a volver.

Durante una jornada como cualquier otra, el 8 de junio de ese año el chileno salió con su hija para enseñar español a un grupo de niños. “Íbamos para allá en el auto, cuando a tres cuadras de la casa dos jóvenes en moto me bloquearon el paso y me amenazaron apuntándome con un arma. Gracias a Dios le permitieron a mi hija que se fuera”, dijo a la BBC.

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Esteban Zambrano y Carolina Da Silva.

Zambrano recuerda con claridad que sus captores eran muy jóvenes y no superaban los 20 años de edad. Lo obligaron a subirse a un vehículo y le taparon los ojos. “Me llevaron a un lugar que estaba en las faldas de una montaña”, expresó.

En su cautiverio no quedó solo, sino que lo acompañó otro hombre que también estaba secuestrado y que coincidentemente era cristiano.

El sitio donde lo tenían era “una casa oscura y a medio construir”. A pesar de su compleja situación, los “soldados” le permitieron orar y hasta le facilitaron una lámpara. Después de eso, “se sentaron con sus armas frente a nosotros a escuchar”.

“Recuerdo que el séptimo día, o quizás el octavo, pensé que podía morir. Entonces, en una oración le digo a Dios, ‘si tiene que pasar, pasará, en tus manos estoy’”, relató.

Si bien Zambrano experimentó momentos emocionales complejos durante su secuestro, también asegura que hubo “cosas muy lindas”, como haber conocido al otro hombre secuestrado y comprender la historia de vida de los “soldados” que lo tenían retenido.

“Algunos estaban bien metidos en el mundo criminal, pero otros deseaban salir”, dijo.

Su esposa, quien habla creole a la perfección, fue quien estuvo a cargo de la negociación para que pudiera salir sano y salvo. La policía de Haití le dijo que no podía ayudarla.

Primero los captores exigieron US$100.000 (casi 100 millones de pesos chilenos). Carolina no se dio por vencida e intentó que la cifra fuera menor. Y lo logró: al final pagaron US$4.000.

El último día en cautiverio fue uno de los más críticos para Zambrano: sufrió una crisis asmática. “En ese momento, recordé un salmo y vino una convicción de que iba a ser liberado”, dijo. El 21 de junio de ese año fue liberado y pudo volver junto a su familia.

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