Sabuesos de la PDI aclaran la peli sobre muerte de Portales

Autor: La cuarta

Su cuerpo descansa en Santiago, su corazón en Valparaíso y lo homenajean a dos kilómetros del lugar correcto.


El destino postmortem del estadista Diego Portales está lleno de paradojas y contrasentidos ligados a la historia de Valparaíso, según han podido establecer funcionarios del Taller Bicentenario de la Policía de Investigaciones:

Los homenajes públicos se efectúan en el lugar en el que erróneamente se entiende que lo asesinaron; sus restos óseos descansan en Santiago, pero su corazón reposa en el Puerto, justo frente al lugar donde fueron ejecutados sus asesinos.

Los tramos finales y trágicos de este emblemático hombre, a quien se le atribuye la consolidación de la República, se inician el 3 de junio de 1837 en Quillota. Esa tarde, los oficiales y soldados de las unidades al mando del coronel José Antonio Vidaurre se sublevan y apresan a Portales, a quien consideran un tirano.

La insurrección tenía como fin poner término a la participación de Chile en la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, impulsada por el ministro, y a la vez fue una vuelta de mano por las medidas adoptadas por el gobierno en contra de la oposición liberal, derrotada en la guerra civil que se dio entre 1829 y 1830.

Es así que el 4 de junio don Diego y el coronel Eugenio Necochea son trasladados a Valparaíso en un carro fuertemente custodiado. “Fue un viaje largo. En el trayecto se topan con 800 soldados revolucionarios que, cerca de Quillota, se enfrentaban a las tropas de gobierno. En ese punto, el coronel es obligado a seguir a pie y en la noche llegan a Tabolango, en donde duermen”, relata el aspirante a detective Osvaldo Morales, miembro del Taller Bicentenario.

El futuro policía agrega que “el día 5 la marcha fue ininterrumpida y, a eso de la medianoche, se detienen en Viña del Mar para comer. A las 03.00, la comitiva ya está en el límite de los cerros Placeres y Barón. En ese lugar, llamado La Cabritería, el capitán Santiago Florín le dispara a quemarropa a Portales y ordena rematarlo a bayonetazos, recibiendo 35 cortes que le producen la muerte en 15 minutos”.

LA AUTOPSIA

Tras este hecho, el malogrado estadista fue llevado hasta su quinta en los pies del cerro Lecheros. En ese lugar, el doctor franchute Emilio Cazentre pericia el cuerpo que, por orden del Presidente José Joaquín Prieto, es embalsamado y velado en la iglesia La Matriz. Su corazón, en tanto, es dejado en el puerto.

“Como Portales fue gobernador de Valparaíso y aquí tuvo sus negocios y el amor de Constanza Nordenflycht, con quien no se casó pero tuvo tres hijos, se entendió que amaba a la ciudad y, por eso, se deja su corazón aquí, mientras que su cuerpo se entierra en la catedral de Santiago, en donde cayó en el olvido hasta el año 2005”, cuenta sobre este hecho el historiador porteño Archibaldo Peralta.

De acuerdo a Peralta, el órgano del ministro fue colocado en un cenotafio (o monumento funerario) en el Cementerio Nº 1 de Valpo, pero el terremoto de 1906 botó esta tumba sin cuerpo y tuvo que ser atesorado en las bóvedas del Banco Edwards. De allí, en 1915 las Sociedades Católicas lo trasladan a la iglesia Espíritu Santo, pero al ser demolido el templo en 1962 se le lleva a la Catedral de Valparaíso, donde descansa.

La iglesia -por esas cosas raras y justicieras de la historia- está justo frente a la plaza de Orrego (actual Victoria), en donde Vidaurre y Florín fueron fusilados.

Para ahondar en las contradicciones, en el cruce de las avenidas Matta y Los Placeres hay un obelisco que recuerda el magnicidio de Portales, pero está errado en casi 2 kilómetros, ya que el asesinato se produjo en la curva llamada La Cabritería.

BALA PERDIDA

Uno de los balazos que recibió Portales el día de su muerte dio en su rostro bajo el pómulo. En su monumento ubicado en la Plaza de la Constitución, en Santiago, se evidencia la misma herida, pero ésta fue producto de una bala perdida que lo impactó durante el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

RUMBO A SU DESTINO FINAL

La calle Quillota, en el plan de Viña, y la avenida Diego Portales, en el Cerro Recreo, que reaparece en el Cerro Barón de Valpo, marcan el recorrido que hizo don Diego. “El birlocho en que venía cruzó Viña y a la altura de la gruta de Agua Santa siguió su camino. Hay que pensar que en ese tiempo el Cerro Castillo estaba unido a Recreo y la avenida España no existía”, dice don Archibaldo.

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