Váyase a la punta del cerro en el Templo Baháí de Peñalolén

En los faldeos de la cordillera se sitúa este lugar, al que se puede llegar en auto, en bicicleta o a pie. "Es mejor llegar en auto, porque el tramo es largo, aunque si uno llega en micro hasta el final de avenida Grecia, igual se pude hacer", recomienda Daphne Silva, modelo y sicóloga, que ha visitado más de una vez el lugar, para desatarse de las cosas mundanas.

"La primera vez que fui no era tan popular como ahora, pero es tanto el relajo que una siente allí, que llegó a transformarse en un destino turístico diferente, al que llega mucha gente, pero es tan extenso que de igual forma una se logra relajar", narra su experiencia.

La casa de adoración, tal como está explicado en su sitio web, no busca que las personas se unan a una religión, menos que sigan un credo en específico. "Por lo que tengo entendido, es sólo un lugar donde ir a meditar, se puede ir en familia, pasar un buen rato y relajarse viendo Santiago completo. Eso sí, es mejor ir después de las lluvias, así se ve todo mejor", cuenta Daphne.

Bella arquitectura

Una de las cosas principales que destacan del templo, es su curiosa arquitectura. "Lo primero para mí fue saber qué era lo que había allá arriba, lo había visto que brillaba en los atardeceres, que hay que decir que desde allá son increíbles, y cuando llegué quedé maravillada. Es algo que una no está acostumbrada a ver".

En lo que implica a religión, no existe nada definido, pues el lugar sólo aspira a causar serenidad a sus visitantes. "Tengo entendido que se hacen algunas actividades extras para la gente que quiera, pero en ningún momento me impusieron o me pidieron algo. Eso creo que es lo mejor de este lugar, que lo único que te piden es que te relajes".

El recinto, ubicado en Diagonal Las Torres 2000, no es algo único en este planeta, pues existe en distintas partes del mundo, como en Turkmenistán, que fue el primero, y también en Illinois (Estados Unidos), pasando por Uganda, Sidney, Frankfurt, San Miguelito (Panamá), Tiapapata (Samoa), Dehli (India) y, como último, aquí en Chile.

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