Lindo viaje, Alberto "Tito" Fouillioux, el "Rey del Chanfle"

Pocas veces pasa que con la muerte de una persona, también se va una época. Por eso dolió tanto la partida de Alberto Fouillioux Ahumada, al que lo lloraron en Católica, su club, pero también las entrañas del fútbol nacional y hasta en más de un corazón calcetinero, porque Don Tito quizás fue el primero en pasar de la cancha al espectáculo por esa pinta que enloquecía a las muchachitas de los años 60.

Hijo de María Ahumada González y de Alberto Fouillioux Collet, el delantero que jugó el Mundial del 62 marcó a quienes lo conocieron no sólo por ese hablar bonito, sino por los valores con que lo criaron en el Colegio San Ignacio de Santiago, donde incluso alcanzó a conocer al Padre Alberto Hurtado cuando ya hacía su recorrido en la camioneta verde a la santidad.

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Si no hubiera sido por el "Sapito" Livingstone, que era su ídolo y le consiguió un espacio cuando las matrículas ya estaban cerradas, lo más seguro es que Tito no hubiera podido entrar al colegio que le permitió más tarde tener la cabeza para estudiar ingeniería durante un año, y luego Derecho, carrera que de donde finalmente egresó.

Pero en los locos años 60, Fouillioux por más cuadernos que agarró no pudo frenar su verdadera pasión, que era la redonda que sólo brinda la pelotita. Así fue como el "El Alain Delon chileno", como le decían en un comienzo por esa pinta que derretía corazones, se inició en U. Católica en 1957, después defendió a Huachipato, Unión Española, al Lille de Francia y se retiró en 1975 en el club que nació, con el que fue campeón en 1961 y 66. Por algo la galería Andes en San Carlos de Apoquindo lleva su nombre.

Hasta un tema

Los que no lo vieron jugar, quizás recordarán más a Don Tito por su pega como comentarista, y la famosa chaqueta blanca que lo convirtió en una especie de "jedi" de esa área deportiva del "13", donde ahora brilla desde el cielo junto a Julito Martínez y Néstor Isella, quizás su mayor partner.

Sin embargo, cuando no existía el Youtube y la mente era el único disco duro para retener la vida, Fouillioux se hizo un nombre en el tablón como el "Rey del Chanfle", el único apodo que podía tener para esa exquisita pegada con comba que fue su marca registrada tanto en Chile como en el extranjero.

Le pegaba bonito

Casi tanto como su cara, porque a Tito lo amaban las mujeres. Por algo la cantante Sussy Vecky le inventó una canción que, muy originalmente, le puso "Tito Fouillioux".

Después vino Camilo Fernández, el cerebro de la Nueva Ola, y la rebautizó como "Tito, mi amor", la que al crack quiso evitar hasta con abogados.

Es que no quería que lo molestaran sus colegas en la cancha. Pero cuando se nace Brad Pitt, se muere Brad Pitt. Tito, que te vaya bien.

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