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Maxim Molokoedov, el ruso al que pillaron con seis kilos de coca y se convirtió en futbolista profesional

Tras dejar locos a sus compañeros con su talento en la cárcel, el europeo aprendió a hablar español con el coa, y fichó por Santiago Morning. “Quedé un poco pa’ la cagá”, comentó después de su primer entrenamiento.

Pocos jugadores que han pasado por el fútbol chileno pueden contar una historia tan particular como la de Maxim Molokoedov. Nacido en San Petersburgo, el ruso llegó a Chile por motivos completamente ajenos al deporte y terminó convirtiéndose en futbolista profesional de Santiago Morning, después de pasar varios años en una cárcel chilena.

Molokoedov tenía 24 años cuando arribó al Aeropuerto de Santiago en 2012. Durante una escala del viaje que realizaba entre Ecuador y España, fue detenido luego de que la policía descubriera seis kilos de cocaína escondidos entre libros infantiles que tenían como destino final Europa. La justicia chilena lo condenó a tres años y un día de prisión.

Antes de llegar a Chile, el ruso ya tenía experiencia en el fútbol. En las divisiones inferiores defendió las camisetas del Dinamo de San Petersburgo y del Zenit, mientras que a nivel profesional debutó en el FC Pskov-747, de la segunda división rusa.

Su vida, sin embargo, cambió completamente tras su detención. Dentro del recinto penitenciario santiaguino, Molokoedov rápidamente comenzó a destacarse por sus condiciones futbolísticas. Frank Lobos, exjugador profesional chileno que trabajaba en un programa de rehabilitación y dirigía a la selección de la penitenciaría, fue quien reparó en sus capacidades.

“Unos internos nos comentaron que había un ruso bueno para la pelota, así es que lo convocamos para jugar el campeonato anual”, dijo a la prensa local Flavio Huenupi, preparador físico del equipo.

El ruso weno pa’ la pelota

El rendimiento del delantero llamó la atención y meses más tarde se convirtió en el primer beneficiado de un programa de rehabilitación. Gracias a la gestión de Lobos, recibió la posibilidad de comenzar a entrenar con el plantel de Santiago Morning, mientras todavía cumplía su condena.

La rutina era tan particular como su historia: entrenaba durante las mañanas y por las noches debía regresar a la cárcel. Después de su primer entrenamiento con el conjunto bohemio, Molokoedov describió con humor las diferencias entre ambos mundos.

“En la cana hablamos otro idioma, aquí no puedo hablar como allá porque no va a cachar nadie”, dijo tras cumplir su primer entrenamiento con el Chago.

Con una honesta reacción, reveló que le sacaron el jugo durante la práctica: “Quedé un poco pa’ la cagá”. Y cuando le preguntaron por qué estaba preso, respondió de manera escueta: “Por huevón”.

El ruso terminó incorporándose al Santiago Morning durante la temporada 2012-2013, en Primera B. Debutó oficialmente el 5 de septiembre de 2012, frente a Unión La Calera, por la Copa Chile. En abril de 2013 marcó ante Copiapó su único gol oficial en la Primera B y dejó un registro particular: se convirtió en el último jugador europeo en anotar un gol en el fútbol chileno.

A mediados de febrero de 2013 recibió la libertad anticipada y se le levantó el decreto de expulsión que pesaba sobre él. Con contrato vigente, decidió permanecer en Chile para continuar su carrera.

“Sigo en Chile porque tengo contrato por un año con Santiago Morning. Voy a jugar con ganas no más, ojalá Santiago Morning pueda subir a Primera División”, manifestó ante la prensa.

Colgó los zapatos por amor

Pero la historia tendría un nuevo giro pocos meses después. En julio, Molokoedov solicitó autorización para viajar de vacaciones a Rusia. El acuerdo contemplaba que regresaría después de 40 días, aunque eso nunca ocurrió.

“Lo fuimos a buscar al aeropuerto y no llegó”, contó el dirigente Luis Fáundez. “Nunca tomó el vuelo, no va a volver”.

El jugador decidió quedarse en San Petersburgo y rehacer su vida allí. En 2014 concedió una de sus últimas entrevistas a LUN y explicó las razones por las que no regresó a Chile.

“No vuelvo porque me voy a casar el próximo año con el amor de mi vida, con la chica que me esperó mientras estaba encerrado con los cabros”, explicó.

Ese mismo año registró su último partido conocido, defendiendo al club regional Zvezda. Después de aquello, dejó atrás el fútbol profesional y comenzó una nueva etapa en Rusia.

Durante 2017, en medio de la Copa Confederaciones, Molokoedov volvió a aparecer públicamente. En conversación con el periodista Pablo Ramos, contó que había encontrado trabajo y que seguía ligado al fútbol, aunque en un contexto completamente diferente al profesional.

“Tengo un trabajo acá en Rusia (en una empresa de anlcantarillados) y además estoy haciendo un torneo de barrios. ¿Fútbol? Es difícil jugar acá porque hay mucha corrupción”, comentó.

También reveló que su decisión de no regresar a Chile estuvo marcada por su familia y por las condiciones económicas que encontró en su país.

“En realidad fue mi mamá la que me pidió que no volviera. Tengo trabajo y no juego lejos de casa. En Morning, ganaba 300.000 pesos. Aquí gano 400.000 jugando después del trabajo”.

Así terminó la particular aventura de Maxim Molokoedov en el fútbol chileno: un viaje que comenzó con seis kilos de cocaína ocultos entre libros infantiles, continuó en una cárcel de Santiago y terminó llevándolo a las canchas profesionales. Su paso por Santiago Morning fue breve, pero suficiente para convertirlo en una figura única de la historia del fútbol nacional: el único ruso que ha militado profesionalmente en Chile y, hasta ahora, el último europeo en marcar un gol en el balompié chileno.

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