“A los artistas chilenos nunca se les dio vida después de la muerte… con Zalo Reyes está pasando”: familia del Gorrión de Conchalí revela detalles inéditos de su álbum póstumo

Archivo Histórico / Cedoc Copesa

“Mi última canción” se titula el disco que perpetúa el legado de un artista que rompió con el clasismo de la televisión nacional, se presentó con orgullo como hombre de pueblo y bastó de su talento para conquistar a todos. Aquí, su hijo y su nieto lo retratan: “Es más que ‘están matando a un hueón’, que si se comió la cebolla o si lo hipnotizó Tony Kamo. Es mucho más que eso”.

No eran muchos los que lo sabían en ese momento, pero Zalo Reyes llevaba un buen tiempo tramando la grabación de un disco que le permitiera celebrar sus cincuenta años sobre los escenarios pero, en especial, agasajar a sus seguidores como corresponde. Alejado del mundo de la televisión, al abrir sus redes sociales el Gorrión de Conchalí cayó en cuenta que todavía había muchísima gente que lo quería. A diario, para responder a ese cariño que en un principio le costó entender, planificaba el material que subiría a su cuenta de Instagram y luego pedía que le leyeran cada mensaje de la caja de comentarios. Esa rutina le enseñó qué eran los haters y los bots, y por cierto que quedó atravesado con alguno, pero eran los menos. Con su particular sentido del humor, el ícono de la cultura pop sacaba cuentas: 115 mil seguidores en Facebook, otros 55 mil en Instagram. “Son como cuatro Estadios Nacionales”, se ufanaba. “La hueá es mejor que en vivo”.

Entonces, con el sólido respaldo de su productor musical, su nieto, y su manager, su hijo, ambos bautizados Boris González al igual que él, se pusieron manos a la obra poco antes de que empezara la pandemia. En su cabeza, proyectaban la idea de publicar el álbum bajo el título Mis 50 años, como no podía ser de otra forma, el 9 de noviembre de 2022 —9 de noviembre, fecha en la que él “como siempre, sin tarjeta, le mandaba un ravimivitovo deve violetas” y que fue adoptado popularmente como el Día internacional de Zalo Reyes— pero el hombre de la leyenda, acaso el primero en desafiar el clasismo de la pantalla chica y descartonarla con un estilo único, no aguantó. Un cáncer lo abatió antes de lo pensado, el penúltimo domingo de agosto.

El proyecto del álbum repentinamente se frenó:

—Estaba todo listo, mezclado, masterizado. Todo cerrado, pero mi tata fallece en agosto de 2022 —recuerda Boris chico, su nieto, sentado frente a la cámara de su celular en el mismo estudio donde regrabaron todos los éxitos—. Se supone que iba a pasar septiembre, octubre y noviembre, íbamos a celebrar los cincuenta años, pero ya se salía de contexto completamente. No se cumplía el sentido inicial.

Es más, el joven productor musical pensó en guardarse ese material, que quedase apenas como un bonito recuerdo para la familia. No estaba seguro de que fuera buena idea ofrecerlo al público. Pero lo que ocurrió en el funeral de su abuelo le hizo dar marcha atrás. “Fue extremadamente masivo”, explica. “Ahí me di cuenta que había que volver a abrir esa producción, trabajarla desde cero, manteniendo la voz de mi tata y dándole otro sentido”.

Boris González Molina, hijo y manager del Gorrión, completa el relato:

—Nosotros tenemos un defecto como familia, y con mi papá, que es que no nos valoramos lo que deberíamos. Al momento de su muerte, yo decía ¿lo iré a velar aquí en la casa? Porque la gente... ¿irá a saber, irá a pescar? Lo hicimos en un gimnasio que se hizo chico varias veces. Y a la hora del disco lo mismo: yo dije ¿se irán a interesar en escucharlo? Y a final de cuentas, el que se interesó fue uno de los grandes, Alfonso Carbone, manager de Los Prisioneros, que andaba metido con Los Bunkers, y le encantó la idea. Fue el primero que nos escuchó y dijo ¡hagámoslo! No tuve ni que ofrecerlo.

En esas condiciones, como habían establecido desde un inicio, el pasado jueves 9 de noviembre aterrizó en disquerías, formato vinilo y en plataformas digitales Mi última canción, el álbum póstumo de Zalo Reyes, que reúne doce de sus greatest hits y en donde se allanó a participar un largo listado de destacados artistas nacionales.

Mi última canción, el álbum póstumo del Gorrión.

—Parte del legado que dejó Zalo es que, además del cariño de sus seguidores, hubiera muchos artistas que lo quisieran y que aceptaran participar en el proyecto.

Boris nieto: “Por lo mismo, mira —agarra el vinilo y muestra la contraportada—: Yo quise reflejar que en la parte de atrás hubiera una foto acá. Pareciera que fuera un concierto, pero es el velorio de mi tata. Y yo creo que ése es el legado, por eso quise linkearlo con esta parte donde están los invitados. Te adelanto: está “Una lágrima en la garganta” con Natalino. También está Quique Neira, el Ángelo Pierattini con la Denise Malebrán, Leo Rey, Tommy Rey, Gael, Daniel Guerrero, y más. Eso es el legado”.

—¿Cómo fue el proceso de contactarlos? Entiendo que, como anécdota, todos dieron el sí casi de inmediato.

Boris nieto: “Para mí fue un poco extraño, porque partió incitado, así bacán, por artistas que después quisieron aprovecharse. Y que por eso no están acá. Fue un proceso bien extraño, un filtro para saber quiénes verdaderamente tenían mucho cariño por mi tata. Porque, no sé po…, los que están acá son los que tenían que estar. Faltan algunos, sí, no te miento, porque hay hartos más que eran muy bacanes con mi tata también. Pero hay varios que a última hora empezaron con el tema de pedirte plata. Y oye, esto no es un negocio: es una despedida de Zalo Reyes para sus fanáticos”.

Boris hijo: “Y para variar, nosotros pensábamos... ¿Quique Neira querrá cantar con mi papá? A lo mejor no está ni ahí, capaz ni lo cacha. ¡Pero estaba súper contento! Nos dijo: un honor, al tiro, pa’ adónde voy. Con todos los artistas pasó lo mismo”.

Boris nieto: “Yo decía Don Tommy, como está más mayor quizás no…, pucha, intentémoslo. Y llegó feliz”.

Boris hijo: “Se grabó acá. Estamos en el estudio que tenemos en la casa y acá llegaron vinieron los artistas, salió muy bonito. En este mismo metro cuadrado”.

Agrega el manager, a modo de anécdota, que esa casa lentamente se está transformando en una especie de museo: “Éste es un pasaje sin salida y que se llama Zalo Reyes, entonces la gente va pasando por afuera, por Cañete, ve el cartel Zalo Reyes y doblan, po. Quieren conocer la casa. Entonces uno anda barriendo y me dicen ¿ésta es la casa del Zalo? ¿Podría conocerla? Y les digo: bueno, pase, les muestro la Gaviota, la Antorcha y todo lo que hay aquí del mundo de Zalo Reyes. A ellos les encanta, se emocionan”.

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—¿Cómo podrían definir al disco? ¿Qué es lo que lo hace especial, para ustedes?

Boris hijo: “A mi papá, y esto nos traía problemas como familia, le gustaba siempre decir la verdad, contaba todo, y eso no es bueno. Yo le decía: pero papá, por qué, no era necesario. Nos traía problemas como familia, en el colegio nos hacían bullying, nos hueveaban, nos molestaban. Pero bueno, él era así. Y me decía: tú tenís que decir la verdad, porque la mentira, cuando te pillan, pasái la mansa plancha. Y en el disco, tú lo escuchái, y empezái a escuchar a mi papá de una forma y terminái escuchándolo de otra. ¿Por qué? Nosotros ahora nos damos cuenta: se notó el proceso de que él se fue enfermando, agravando y terminó casi agonizando. La última canción, que se llama “Mi caminar”, la grabó agónico. Como un mes antes de morir, pero nosotros no lo sabíamos. Porque mi papá entró al hospital, supusimos nosotros por la diabetes, y tenía un cáncer que se lo estaba comiendo por dentro, y que se lo comió por dentro. A nosotros, como familia, nos da como una especie de sentimiento encontrado saber que al cantar aquí en el estudio, lo hacía con tanto dolor, sin decirlo. En ese disco se ve una verdad. No va a faltar la persona que vaya a decir, oh, el Zalito ya no cantaba. Nooo, en ese momento mi papá estaba súper enfermo”.

Boris nieto: “Si esto hubiera salido antes, se habrían comentado tal vez esas cosas. Por eso es que también es un buen momento. Y también, por eso, musicalmente la última canción, “Mi caminar”, que originalmente la tenía instrumentalizada total, con batería, bronces, de todo, cambió. Porque cuando me di cuenta que mi tata la cantó con dolor, pero con un sentimiento muy grande, porque quiso cantarla de todos modos, dije: ya, para que esté a la altura, va a estar acompañada de un piano y de nada más. Su voz y el piano. Hay arreglos de violín, cello, pero es piano y voz. Le da ese carácter”.

—Sobre el resultado, sé que es difícil elegir, pero ¿cuál es la canción que a cada uno los dejó más satisfechos?

Boris hijo: “Mi papá tenía una gracia arriba del escenario, que sus canciones eran todas distintas, muy variadas. Partía con una muy cebolla, después un clásico, otra más elegante, una más movida. Era disperso, porque nuestra familia es dispersa, en el buen sentido. Entonces, en el disco es lo mismo: cuesta elegir cuál, porque todas tienen lo suyo. Por ejemplo, en ‘María Teresa y Danilo’, está cantada por mi papá, acompañado de Tommy Rey y Aerstame, de Movimiento Original. ¡La mezcla es muy cuática!”.

Boris nieto: “Hay canciones que se destacan por distintas cosas. La más especial, y el regalo más grande para los fans, es ‘Mi última canción’, que es el que le da el título al disco, por lo que dice y que se haya atrevido a cantar. Pero por decisiones estéticas, que ‘Mi prisionera’ no la tenga nadie sino que cante Zalo Reyes solo, también tiene un valor especial. Cada canción tiene su gran gracia”.

El gran legado del Gorrión de Conchalí

Cuando es consultado por cómo es ser hijo de Zalo Reyes, Boris González Molina lo describe como algo “muy raro”, porque “pasan cosas inusuales”, y de inmediato, para explicar a qué apunta con eso, relata lo que les pasó en septiembre, aun después del deceso de su padre. En concreto, lo contactaron de la fonda del Parque O’Higgins para preguntarle si tenía algo que ofrecer. Boris contestó que le había quedado todo: instrumentación, amplificación, técnicos, la banda. Todo, menos Zalo, claro. De todos modos les pidieron presentarse. Ellos no estaban seguros, porque no era un escenario sencillo: antes estuvieron Marcianeke y Amar Azul con todo lo que eso implica. Pero pasó lo siguiente: “Aparece Zalo Reyes sin Zalo Reyes, con los chiquillos cantando música romántica en dos tonos, cebolla, ¡era difícil, po, todos arriba de la pelota! Pero nos fue tan bien, que era como si mi papá hubiera estado. La gente gritó y aplaudió como siempre”. Esa experiencia les permitió luego agarrar otros pitutos.

—Da la impresión que aun fallecido, Zalo Reyes sigue marcando hitos.

Boris nieto: “Yo hace un año jamás pensé que iba a estar haciendo lo que ahora. La palabra legado se traspasa de muchas formas, y yo creo que a la gente le ha gustado, le ha llamado la atención que me vean contando historias, como en la serie, y cantando. Les gusta. Éste es el Premio Musa —muestra a la cámara el galardón que entrega el conglomerado de radio Ibero Americana Radio Chile—, y mi tata lo recibió después de fallecido. Legado Musa dice. Es una palabra que se está repitiendo harto, y que tiene su significado. Y siento que a los artistas chilenos nunca se les había dado esta oportunidad, de darles vida después de la muerte. Como a Elvis Presley, que tú cachái que tiene películas, espectáculos, o Michael Jackson... pero aquí en Chile, como que a la gente le gusta que cuando el artista fallece, olvidarse de él, que descanse. Con Zalo han tenido esa visión un poco más correcta, de que la obra no descanse. Como pasa con Violeta Parra o con Víctor Jara. Nunca he escuchado a una señora que diga oye, dejen descansar a Víctor Jara, no lo canten más. Nada que ver, po. Y con Zalo Reyes está pasando felizmente”.

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—Hemos hablado del legado varias veces. Suele decirse que Zalo, además de su carrera musical, derribó el clasismo de la TV a puro ángel y talento. Para ustedes, que lo disfrutaron en primera persona, ¿cuál es su mayor legado?

Boris hijo: “Yo estaba ahí, po. El otro año voy a cumplir 50. Entonces, cuando mi papá triunfó, yo viví el proceso de que no lo conocía nadie y que lo conocieron todos de un día para otro. Mi papá rompió la red del clasismo. Yo le digo a mi hijo: no sabís ná que en el año 83 u 84 tú teníai que poner la radio AM o FM; la FM sólo era en inglés, y acá en el barrio, como que no te daban permiso pa’ escucharla. La gente sólo escuchaba la radio AM, la radio Colo Colo y no te atrevíai a pasarte a la otra. Así de limitados éramos. Mi papá estaba metido en el mundo de la radio AM pero no estaba invitado a la FM, y él quería romper esa barrera. Lo invitaron a la tele, pa’ agarrarlo pa’l leseo, porque era un artista muy rasca y de bajo mundo, de barrio humilde. Él llegó ese día bien asustado, lo presentaron muy mal. Vodanovic dijo algo como: Les quiero presentar a un artista que ustedes jamás imaginaron que pudiera estar aquí presente. En esa onda. Presentó a mi papá, atrás ponen una cebolla y le ponen una guitarra. A mí me dio pena cuando lo vi, porque mi papá nunca tocó guitarra, po. Se nota que se la pusieron obligado y tuvo que hacer como que tocaba. Y cuando canta, el público se reía de manera burlesca. ¿Qué pasó? Por su calidad vocal, a la primera estrofa los dio vuelta. Terminó la canción y le tiraron todas las flores que tenían en las mesas. Ahí el barrio se sintió identificado y agarró ese cariño por él. Él rompió ese esquema. Mi papá era muy chistoso pero también muy atrevido, no se aguantaba que lo pasaran a llevar. Por eso el sistema le pasó la cuenta. Al final, el único patrimonio que tuvo en su vida fue el público.

Boris nieto: “Ése es el legado para mí de mi tata. Porque mi tata, a pesar de que era alguien muy político desde lo correcto, me refiero a desde la justicia, de entregar lo que él sentía que no le correspondía al que más lo necesitaba, a él no le gustaba ese tema. Hoy en día, si mi tata hubiese tenido alguna postura política, tendría un monumento gigante en algún lugar. Pero quien lo está reconociendo es la gente, gente a la que ayudaba. Nosotros nos enteramos de muchas ayudas que él hizo cuando falleció. A mi papá le contaron historias ahí que desconocíamos. Eso es lo bonito: que ni siquiera a nosotros nos contó de muchas obras de lujo que hizo para ayudar a su gente.

Boris hijo: “La gente lo veía como un familiar. Durante un concierto en Conchalí, mi papá ya cojito, mal, arriba del escenario se tropieza, yo lo agarré como pude, se me rompió la camisa y no nos sacamos la chucha de pura suerte. Todos estaban grabando. La gente gritó aterrada. Una vez que se recupera, mi papá se sienta y les dice: oye, casi me saco la chucha. ¿Les pido una paleteada? No suban el video, que voy a parecer hueón ahí cayéndome. ¡Y nunca se subió ese video! Era para viralizarlo y nunca nadie lo subió”.

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Mi última canción pareciera un regalo no sólo para el público sino también para ustedes.

Boris nieto: “Por eso quise aprovecharme del diseño del vinilo, y en la parte de adentro, hacer real ese regalo. Porque podríamos poner otras cosas acá, o fotos, pero el hecho de que en cada canción, cada intérprete instrumentista está, tiene un significado gigantesco. Podría contarte cada caso. Eso hace muy sincero el regalo. Por ejemplo, una historia chiquitita: mi tata siempre me decía, oye, el solo que más me gusta de ‘Mi prisionera’ es el que hace el Caballo, es el más bacán, incluso mejor que el de la grabación. Cuando empecé a armar este disco, llamé al Caballito, y él sabía que estaba haciendo esto. Me dice: Borito, no me digái que me llamái pa’ hacer el solo de ‘Mi prisionera’ en el disco. Y le dije que sí, pa’ eso te llamo. Vino pa’ acá, no nos veíamos hace más de diez años, fue muy bonito. Eso es lo que está acá, con cada uno de los participantes. Está todo muy bien pensado. Todo tiene un significado. La parte A refleja la parte antigua de mi tata, el sonido más cebolla, y la parte B es la parte más rockera, más ochentera de Zalo Reyes. ‘Mi prisionera’ no tiene nada de cebolla, es como un rock de Lionel Richie, ¿cachái? Ése es el regalo para la gente”.

Boris hijo: “Para nosotros, el regalo más grande es que un año y dos meses después de que se fue mi papá, estamos con una serie de TVN, un disco póstumo a todo cachete, con espectáculos en vivo, con la gente aplaudiendo, gozando, y con las redes sociales llenitas de gente que quiere saber de mi papá. Y yo tengo registros pa’ subir cinco años más, sin repetirlos, uno diario. El otro día fui a jugar a la pelota y me encontré con un cabro que me dice oye, que hizo cosas tu taita.

Y yo le dije: claro, mi papá es más que están matando a un hueón’, que si se comió la cebolla o si lo hipnotizó Tony Kamo. Es mucho más que eso”.

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