AC/DC en el Parque Estadio Nacional: aún queda dinamita en el rock de estos viejos cracks
Aunque Brian Johnson y Angus Young ya muestran el paso del tiempo, la banda australiana demostró en Santiago que todavía conserva su fórmula intacta: riffs demoledores, volumen desbordado y un repertorio de clásicos que sigue funcionando como una descarga eléctrica colectiva para varias generaciones.
Hay varias verdades incuestionables cuando se habla del presente de AC/DC. La más evidente es que sus rostros históricos ya son ancianos de tomo y lomo.
Tanto el vocalista Brian Johnson como el guitarrista Angus Young son septuagenarios y a estas alturas del partido no lo esconden, por mucho que sigan usando las vestimentas que los han caracterizado.
Del punto de la edad también se desprende otro hecho que no está en discusión: la voz de Johnson ya consumió casi toda su fuerza, por lo que no tiene ni la explosividad ni la potencia de sus mejores años.
Pero aunque ese último factor fue ampliamente discutido en redes sociales en la previa de sus conciertos en Chile, ambos elementos contrastan con otra verdad más importante: aunque tienen canas y ya no cuentan con la misma energía juvenil de antaño, en vivo demuestran que aún mantienen intactas sus ganas y nunca bajan los brazos.
Más aún, sobre el escenario también demuestran constantemente que aún mantienen su despliegue escénico y, por sobre todas las cosas, también les queda pólvora en su rock.
Por ejemplo, aquello queda completamente en evidencia con el largo, estridente y monumental solo de guitarra que Angus Young ejecuta en el cierre del concierto.
Tras entregar una dosis de rock potente con el clásico "Let There Be Rock", Angus suda, deslumbra y lo da todo con la camisa abierta, desplegando su talento, experiencia y, por supuesto, su experticia con la guitarra.
Ese también es un momento para crear diálogos con la audiencia, motivándolos a gritar aún más tras recibir ovaciones, y demostrar que la mecha del rock de AC/DC sigue encendida.
Pero ese corolario final también responde a un comienzo en el que la banda no deja nada al azar.
Casi dos horas antes del solo de Angus, la banda encendió la llama con el excelente doble combo que representó “If You Want Blood (You’ve Got It)“, de su clásico álbum Highway to Hell, y la aún más legendaria ”Back in Black”. Con ambas, la audiencia explotó, levantó los brazos, saltó, coreó y celebró este largamente esperado regreso de la banda a suelo nacional.
Por supuesto, en el camino también presentaron un par de canciones de su más reciente disco, que da nombre a la gira que los trajo de vuelta, pero aún así gran parte del repertorio se sostuvo sobre clásicos de los setenta y ochenta, sus verdaderos himnos e incluso un par de postres de la era inicial de AC/DC con Bon Scott en la voz.
A lo largo de todo ese despliegue, la audiencia presente en el Parque Estadio Nacional se dejó llevar por una experiencia que mezcló nostalgia y efervescencia.
Otro elemento importante en ese escenario de riffs, campanas y solos de guitarra es que AC/DC mantuvo constantemente el control del ánimo.
Basta decir que no tardaron en encender a la multitud recurriendo a un clásico inmortal como "Thunderstruck", para poco después continuar con una canción tan querida como "Hells Bells" y, más adelante, soltar otra de sus piezas más populares: la eterna "Highway to Hell".
En esas canciones, y también en las que siguieron, el despliegue energético no tuvo descanso, mientras la banda expuso un sonido áspero, duro y potente, tal como se espera de una gala de rock clásico incombustible.
Asimismo, el trabajo de los acompañantes de Angus y Brian resulta muy sólido, incluyendo la guitarra rítmica de Stevie Young.
Basta decir que, a lo largo de todo su despliegue, el grupo se acopla con precisión para entregar un sonido y una experiencia musical que entra por los oídos exactamente como se espera de un concierto de AC/DC.
Y eso es lo que queda a la larga, ya que desde el minuto uno quedó claro que la audiencia, con sus cachitos de diablo iluminados y sus poleras retro, estaba preparada para celebrar a verdaderas leyendas que siguen manteniendo viva la llama del rock.
Por su parte, esos viejos cracks convocan a distintas generaciones bajo un mismo lenguaje eléctrico que se grita, se canta y se vive con la intensidad de siempre.
En medio de todo eso también quedó claro que aún pueden prender con su “T.N.T.” y que los rostros de la banda, en pleno 2026, todavía son capaces de encender a la multitud con una fórmula que no se siente anticuada.
Porque AC/DC se pudo disfrutar en el ayer, pero en el presente todavía golpea con la misma fuerza. Y mientras Angus siga corriendo por el escenario y Brian siga encendiendo a la multitud, su rock no se apagará.
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