Acompañamos a Neme en busca de la verdad por “grave acusación” tras almuerzo con galán en restorán
Tras enterarse de un cahuín que se empezaba a divulgar, el conductor del Mucho Gusto quiso cortar el caso de raíz y fue al local en el barrio Lastarria: alguien lo habría tildado de “maltratador”. “Cuido mi reputación de manera obsesiva”, asegura. Y la trama tuvo un final inesperado.

José Antonio Neme está ofuscado, y se le nota. Incluso, sin darse cuenta, mientras se descarga y maneja desde Mega por Av. Vicuña Mackenna hacia el barrio Lastarria, sube la voz. Hasta habló con su abogado para tomar alguna acción legal por injurias. Eso sí, en medio de la molestia, la cuestión parece aún en suspenso. Su cabeza va a mil.
Y todo gatillado por una palabra en particular: “maltratador”.
La polémica explotó cuando se empezó a difundir en distintos portales informativos un cahuín entregado por Pablo Candia, panelista de Primer Plano y Plan Perfecto (CHV), en el podcast Quién es Uno —junto a Paula Escobar—, el pasado domingo: Neme había tenido una “cita” con un tipo “muy guapo” en un restorán del turístico y céntrico barrio, donde, según se habría comportado —según un supuesto mesero— “denigrante” y “falto de respeto”, y que hasta “la situación fue muy incómoda para el garzón y para quien lo acompañaba”. Según el informe del reportero: “Fue maltratador”.
Primero, consultado con La Cuarta sobre lo ocurrido, “lo único que puedo decir es que efectivamente no soy el tipo más simpático de la vida” y que “soy bastante seco a veces”. Y todo se habría provocado por una demora cuando quiso una Coca Cola light, de la cual no había, y tardó en llegar una alternativa: “En fácil: pedí una bebida, me dio lata y me puse mañoso”, explicó en horario AM.
Sin embargo, “¿maltratador?“, jamás, se defiende Neme, quien dice estar dispuesto a aceptar distintos epítetos, pero siente que aquel está lejos de su forma de ser.
Luego, a eso de las 11:30, ya más enterado del caso, mientras se hacía un despacho de un tema nada que ver desde la playa de Algarrobo, tomó la palabra y arremetió: “A lo mejor a veces soy un poco volado, incluso mañoso, a veces soberbio, pero soy una buena persona”, declaró en su intervención, sin dar mayores detalles de qué hablaba. “Nunca he sido ni maltratador, ni he denigrado a nadie”.
Ya se ocuparía del tema y hablaría en detalle.

Neme al lugar de los hechos
Tanto es su enfado que, apenas sale de Mega post Mucho Gusto, a eso de las 13:30, parte directo hacia Lastarria, al restorán Tres Valles para entender qué fue lo que pasó, y el diario pop lo acompaña en su cruzada por limpiar su honra.
“Creo que la acusación es grave, porque uno no puede decir que uno maltrata, denigra o humilla a una persona”, explica sobre lo que lo moviliza. “Me parece que son faltas morales y que rozan lo legal. O sea, una persona que la maltratas, psicológica, emocional o físicamente, puede estampar una constancia, ¿cachái?“, complementa.
En el camino, en un semáforo, una mujer en un auto vecino le declara su fanatismo: ¡Ricura! Lo más lindo!”, le grita. Luego, ya cerca de Plaza Italia, una vendedora ambulante de bebestibles, sonriente, le regala un agua mineral, a pesar de que él le insiste en que anda sin efectivo, y no le queda de otra más que recibirla porque se la deposita dentro del auto.
Ya caminando hacia el restorán por el Paseo Lastarria, la gran mayoría de los transeúntes se detiene a mirarlo, y alguno se anima a exclamar o murmurar: “¡Es Neme!”.
El animador se detiene en el puesto de una mujer que vende joyería, a quien ese mismo domingo le había comprado unos accesorios brillantes: “Llegaste como un sol” y “yo no te conocía”, le comenta ella al recordarlo.
Neme, a modo de argumento, intenta reconstruir la escena, quiere dejar en claro que ese día no andaba mala onda. A su juicio, la acusación no calza con sus recuerdos de esa tarde.

Ya antes de ingresar al local, declara:
—Cuido mi reputación de manera obsesiva porque el cariño de la gente es condicional.
Neme, el Rey Pop 2025, sabe que este buen año puede terminar en cualquier momento y, así como un día se es adorado, todo se puede venir abajo.
En una entrevista de noviembre con el diario pop, había dicho: “Siento que la televisión es súper cíclica y la gente pone atención en uno por un rato; y así como el público te quiere y te acompaña, también te abandona, y a veces sin que uno haga mucho”.
Ya en el restorán, de piso verde y paredes de rústica madera, Neme le explica al barman y un par de garzones la razón de su visita. Nadie sabe nada, aunque uno dice que “me recuerdo: no maltrató ni nada”.
Llaman al administrador del local, Savier, quien asegura que ninguno de en personal ha acusado algo: “Aquí no permitimos ningún caso de maltrato, xenofobia ni nada y lo resolvemos en el momento”, contesta, y remarca que el presunto maltrato a un trabajador sería “completamente falso”.
Un almuerzo que se hizo público
Esa tarde Neme y su acompañante comieron afuera, en la terraza, y pidieron filete y albacora, mientras por la calle pasaba bastante gente en plan turístico. “Mucho más lleno que ahora, todas esas mesas estaban ocupadas”, comenta Neme. “Entonces gritar hubiese sido imposible”, tratando de pensar en cuál podría haber sido el comportamiento que alguien alrededor entendió como “maltrato”.
Claro, y es que todo indica que no fue un mesero el que hizo la acusacion.
El fin de semana Neme quería una Coca Cola light, y no había. La atención habría sido lenta entre tanto cliente y, por lo tanto —recuerda— se demoraron unos 10 minutos en darle una solución. Aquella tardanza es la que habría gatillado que “a lo mejor fui un poco hosco”, reconoce.
—¿Por qué te juntaste ahí con el varón en cuestión?
—Porque me reencontré con él. No lo veía hace muchos meses. Habíamos tenido algo en el pasado. Y es como cuando te encontrái con alguien con quien tuviste un cuento un día: “Hola, ¿cómo estáis?” y “bien, ¿y tú?”. Y fue como: “Pongámonos al día, vamos a comer”.
Conversando con La Cuarta, Neme almuerza otra vez en el restorán —aunque adentro esta vez—, pide una ensalada, un agua, una bebida de jengibre y un pollo como fondo. En el intertanto, recibe un llamado de Julio César Rodríguez y, luego, de Pablo Candia para dejar zanjada la situación con CHV: a grandes rasgos, si abordan el tema en un programa de la competencia, él insiste en que la palabra “maltrato” es la que no corresponde.
—¿Quién crees que dijo lo del “maltrato”?
—Por lo que Pablo (Candia) me dice, no sé, como que el amigo, del amigo, del amigo del amigo, como el juego del teléfono. Ya, yo no voy a llamar ni empezar a investigar.
—Probablemente también el garzón no tuvo nada que ver.
—Yo creo que no. Si el garzón está acá, ¿cómo lo voy a mirar a la cara si lo maltraté? Sería yo un cínico de mierda.
—¿Con las medidas legales te echaste para atrás?
—Mira, me lo recomendaron, pero ya lo aclaré (con Candia).

—¿Y con Julio César?
—Hablé con Julio porque vinieron de Chilevisión a preguntarme (desde Plan Perfecto). Quise dar mi versión, porque en realidad nadie me había llamado: ni del programa, ni Pablo, ni Paula. Entonces, como soy amigo de Julio, le dije: “Mira, esta es mi versión de los hechos para que se la transmitas a la gente del programa”.
—¿No pediste la cabeza de Pablo?
—No, jamás. Tampoco pedí que no hicieran el tema. Solamente que pusieran mi visión de las cosas.
—¿Sacas algún aprendizaje de haberte juntado con este hombre con el que te reencontraste?
—Sí, a lo mejor tengo que mejorar mis modos. A lo mejor debo ser más dulce. No ser tan ombliguista, estar más atento al otro, a alguien que está enfrente, que está durmiendo, que va en el auto o que está hablando. A lo mejor de repente me quedo muy ensimismado: estoy en la mía todo el rato, y esa cuestión a veces te pasa la cuenta.
—¿Quieres hacer ese cambio?
—Creo que estas cosas te mantienen alerta. Si hay que sacar algo en limpio, es estar más atento. Cuando te cambien una bebida, decir “por favor” y decir “gracias”, como decía Mazapán. Eso es todo lo que podría sacar en limpio. No tengo nada en contra de Pablo ni de la farándula. Sigo consumiendo farándula y seguiré contestando todas las preguntas que me hagan los colegas, de todos los temas.
La Cuarta se puso en contacto con Candia, pero hasta el momento, hasta la publicación de esta nota, no hemos recibido su versión al respecto.
Llamadas desde la farándula y CHV
Mientras espera su almuerzo, el comunicador sale a la calle a un contacto telefónico con el programa Zona de estrellas (Zona Latina) para aclarar la polémica. Dentro, por la ventana, de repente se deja ver mientras habla, inquieto, gesticulando con los brazos. “Está hablando por teléfono! Parece que es él!”, dice una joven clienta, entre sorprendida y emocionada, cuando se percata de quién es. “El Neme, lo amo, sabía que era él”, dice otra clienta, de más edad.
Afuera, una madre y su hijo se quedan en la esquina mirándolo, esperando la chance de pedirle una foto.
—¿Cómo es para ti esto de que la gente te mire y saluda tanto?
—El 99% es buena onda y uno lo debe recibir con humildad, con gratitud. Claro, uno se siente responsable de estar siempre perfecto, de tener siempre la palabra perfecta, el gesto y la atención. Pero uno es ser humano: nunca no vas a cometer errores. Siempre va a haber alguien a quien no atendiste, a quien no le diste la atención que quería, a quien no le contestaste como esperaba…. Es un espacio frágil por el que uno siempre corre el riesgo de caminar.

—¿Te interesa seguir corriendo ese riesgo?
—No hay manera de zafar. La única manera de zafar es ser abierto, como lo estoy haciendo contigo: tener buenas relaciones con los colegas, no cerrarse a contestar preguntas, dar tu opinión, tu mirada, discutir, debatir.
Mientras almuerza, Neme recibe el llamado de Candia, con quien habla algunos minutos para aclarar la situación. El rostro de Mega le hace ver que su molestia es el uso de palabra “maltrato”, que puede ser “pesado”, “mala onda” y muchas cosas: pero no “maltratador”.
—Fuiste testigo de la conversación que tuve: el tono fue claro —le dice Neme al reportero de La Cuarta—. No fui amoroso, pero somos dos hombres adultos conversando.
—Pero te exaltaste.
—Pero es mi modo de ser, soy así como soy en la tele. No soy un personaje. Siento que la industria quiere comprobar que soy un personaje, como que no pueden creer que hay alguien así en la vida real. Te buscan la doble cara, te buscan la doble huevada. Soy así: soy pesado, y de repente en el matinal miro el teléfono, le digo a la vieja que no me interesa lo que está diciendo. No sé. Siento que no me creen. Entonces hay que buscar algo para dejarme como inconsistente y le agregan cosas: “Es maleducado, es medio mañoso, eso ya lo sabemos; entonces pongámosle algo más para que sea más: ‘maltrato’”. Y “maltrato” tiene una carga muy fuerte. Hay una definición legal, moral y cultural de “maltrato”. Yo la conozco perfectamente bien, entonces no me van a meter en un laberinto de lenguaje.
Ahora, como aún no ha llegado el pollo que pidió, Neme aprovecha de tirar la talla por la demora aludiendo a la polémica: “¡Cómo es posible!”, exclama y luego se ríe. Rato antes, también a modo de chiste, como si haciendose el perseguido, le pregunta a una garzona: “¿No se ha sentido maltratada?”.
La firme detrás del cahuín
Todo indica que el garzón que lo atendió el domingo no tuvo nada que ver. De hecho, ahora llega a su turno a eso de las 3 de la tarde, mientras Neme habla con Candia, y el conductor de Mucho gusto incluso lo pone al teléfono sin chance a decir que no:
—Habla con el periodista que dice que yo te “maltraté”.
—Él vino normal ese día —contesta el trabajador, aunque luce desconcertado, incómodo. Pareciera no entender bien qué sucede.
Le devuelve el celular al comunicador.
El mesero luego —comenta en privado al diario pop— que no vivió nada similar a “maltrato” durante el fin de semana. Y retoma sus labores.
Todo indica que, más bien, quien estaría detrás de la acusación es el varón que fue al restorán con Neme ese día: a él le habría molestado la conducta de Neme y se habría convertido en la fuente acusadora.
“Te encuentras con alguien con quien saliste hace ocho meses: ‘Hola, ¿cómo estás?’, ‘Almorcemos’, ‘¿en qué está tu vida?”, repasa sobre el motivo de ese encuentro. “Como para hacer algo distinto, buena onda”. Es más, “él estaba pololeando hace poco”, mientras que Neme lleva varios años emparejado, “entonces no era una hueá sexual ni amorosa ni nada: fue algo social”.

Más allá de esas explicaciones, el conductor remarca: “Además, da lo mismo: yo puedo en mi vida privada salir con quien estime. Soy una persona adulta, y si quiero tener un amante también lo puedo tener. Chucha, ¿a quién tengo que darle cuenta? ¿A Pablo Candia?”.
—¿Y en el almuerzo ese día lo pasaste bien?
—Sí. De hecho, me contó hartas cosas personales que no voy a contar. Pero no me dio ninguna señal de estar incómodo ni molesto, ni se paró ni se fue. Caminamos, me acompañó, compré mi artesanía, nos despedimos buena onda. Entonces no tiene ni sustento. Me parece que es un cahuín un poquito barato.
Minutos antes, Neme cerró su diálogo con Candia pidiéndole: “Cuida las palabras”, y sugiriendo que ya se acerca el fin de semana y no quiere seguir calentándose la cabeza. Todo termina de manera cordial, amable.
Antes de cerrar la jornada, el conductor, luego de almorzar, debe retornar al canal para grabar Only friends. Tampoco quiere darle más vuelta al asunto porque el martes 13 ya se va de vacaciones, con la empresa Masai Travel —la que creó el fallecido Claudio Iturra—, a la India. Allá grabará y dice que se comprará todo un arsenal audiovisual para hacer contenido. Está emocionado. Vuelve a la pega a inicios de febrero.
El restorán le ofrece al conductor un postre de cortesía pero, como está apurado con llegar al Only, dice que no alcanza. Así que les advierte de buena gana que les cobrará la palabra, porque volverá este mismo fin de semana.
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