A cuidarse del corona, dice la Tía Yoli: «No se trata de hacer un machitún. Esta cosa es más seria»

En menos de un año, la mentalista y consejera mediática Yolanda Sultana pasó de perder a su pareja y contraer el coronavirus, a protagonizar una publicidad de celulares y recibir un premio por su aporte a Ñuñoa. Aquí, la famosa Tía Yoli cuenta que, pese al encierro, atraviesa un gran momento, que el 2021 espera seguir triunfando y que se siente la mujer más importante de Chile. También, se lanza con algunas predicciones en pandemia.


Yolanda Sultana Halabi Riadi es, en sus palabras, la consejera de Chile. Es, también, una mujer de 81 años, baja, recia, de pelo ensortijado y sonrisa fácil, desde hace décadas habitué de los medios y poseedora de esa excepcional capacidad de siempre saber de qué va a hablarle a un extraño. Ahora, a las cuatro y tres minutos de la tarde de un lunes, constato que además le gusta hacer las preguntas.

—Estoy muy feliz por haberte conocido, Eduardo —me saluda sentada detrás de un computador, en su casa de Ñuñoa—. Oye, ¿qué signo eres tú?

—Sagitario, tía —le respondo.

Los próximos cinco minutos la tía Yoli, mote cariñoso que le dieron sus fieles, me hará otro par de preguntas, intentará descifrar algunas escenas de mi pasado, adivinará mi futuro y luego me aconsejará: dice, por ejemplo, que debo empezar a tomar ginkgo biloba y romero, que el amor espere un poquitito —»hasta que tengas un bien económico»— y que por ningún motivo haga sociedades, que trabaje siempre independiente.

—Te dije dos títulos. Yo no te conozco, hijo, ¡y te dije dos títulos! —se felicita en medio de la improvisada consulta, luego de confirmarle que pronto empezaré a estudiar—. ¿Tenía razón, o no?

Y acaso cerrando su atención, me notifica:

—Y cuenta siempre con tu tía Yoli, porque yo soy la amiga de la juventud a pesar de que voy a cumplir, en agosto, 82 años.

—Pero no se le nota nada, pue…

—Jajaja, ¡y no me arreglo nada! Aquí en la casa me peino, nomás…

Después de reírse, la mentalista, consejera y astróloga vuelve con otra pregunta:

—Oye, mijito, ¿para dónde vas a transmitir tú hoy?

—Para La Cuarta, tía, para el diario pop.

—¡La Cuaaarta! Yo me inicié en La Cuarta. Antes, los grandes reportajes eran para doña Yolanda Sultana… ¡ya, empecemos!

Encierro de dulce y agraz

—Tía, ¿cómo ha vivido la cuarentena?

—Corazoncito lindo, yo viví la cuarentena en muchos aspectos. Un tiempo la pasé muy mal. ¿Por qué? Te digo: a mí me vino Covid. A mi hija también. La Help me vino a ver dos veces y me colocaron en este brazo —muestra a través de la pantalla la parte inferior de su brazo derecho— una inyección que me dolió igual como si me hubiesen puesto alcohol.

—…

—Pero Jaime Castillo (concejal de Ñuñoa), cuando a mí me vio muy mal, mandó a buscar justamente al Minsal de Ñuñoa y resulta que llegó un médico, jovencito, buenmozo…, llegó con su esposa, y él se preocupó de mí. Le agradezco a la municipalidad de Ñuñoa, que me cuidaron mañana, tarde y noche. Gracias a ese cuidado es que, en estos momentos, estoy bien.

—Ahora todo bien entonces…

—Sí. Esto fue antes. En la pascua, hijo.

Yolanda Sultana no lo mencionará en esta entrevista, pero durante el primer encierro sufrió una pérdida irreparable. El jueves 28 de mayo de 2020 falleció Abdón Oyarzún, locutor deportivo magallánico, su pareja por más de 35 años.

Según relató esa vez en Chilevisión, él comenzó a sentirse mal, decaído, se quejaba de dolores en uno de los tobillos, por lo que fue trasladado al Hospital de la FACh, donde se consumó su deceso. En el centro asistencial les comunicaron a ella y a su hija que «tenía neumonía, que tenía bronquitis, tenía varias cosas escritas… y al final decía posible coronavirus», explicó.

En sus redes sociales, le dedicó algunas palabras: «Fuiste un leal compañero por años, en las buenas y en las malas. Caminamos un largo camino juntos, vivimos y disfrutamos de muchos y lindos momentos. Compartí tus victorias y tus derrotas, y me supiste escuchar en mis momentos más duros. Viejito, te extrañaré mucho, mucho».

Mundial

—Por eso yo le quiero pedir a la gente que se cuide. Y que cuando se comuniquen, que también «haiga» un cariño a Yolanda Sultana —retoma, con una sonrisa—. Estamos viviendo día a día. Y aunque tú no creas, esto no va a parar. No va a parar.

—Cómo… ¿no va a parar la pandemia?

—Yo vi a unos científicos el año pasado…, desgraciadamente, en internet aparecen y desaparecen las cosas. Y resulta que había cinco científicos de Estados Unidos y dijeron que esto, hicieran lo que hicieran, pasara lo que pasara, no lo iban a poder parar, porque estaba compuesto con Sida. Y yo creo lo que ellos hablaron, porque esto no viene de otro mundo. Aquí se van a acabar muchas cosas, hijo, así que hay que disfrutar lo que hay en este momento.

—¿Se vacunó, entonces?

—Yo no me quiero colocar la vacuna, porque la vacuna, mijito, es una cosa pequeña para nuestro organismo. Yo voy a tomar (medicamentos) de homeopatía —asegura, mientras agita una pequeña caja de remedios—, que venden justamente para los resfriados. Voy a tomar esa vacuna. Eso es efectivo.

—Me dijo hace un ratito que hay que disfrutar lo que hay en este momento. Usted ha disfrutado, ¿o no?

—Yo te voy a contar una cosa. A mis 81 años, voy caminando para los 82, hacía las medias fiestas, 200 personas… pero ahora no se puede, po hijo. Te digo una sola cosa: yo quiero agradecer a la juventud. ¿Por qué? Porque soy querida y todo el mundo me dice «que nos vaiga bien, que nos vaiga bien» —acaso su frase de cabecera—. Estoy en todas las redes sociales. Tengo un imperio. Los periodistas a mí me aman, me quieren, y soy querida desde Arica hasta Puerto Williams, y en el mundo entero.

—¿En el mundo entero?

—Sí. Yo transmito todos los días a Japón, a la India, Checoslovaquia, Estados Unidos, Rusia, Palestina…, que no cacho nada lo que escriben mis parientes por allá, pero me escriben. Y doy mis consejos.

Diferente

La tía, de pronto, se detiene y cambia el rumbo de su historia: hace algunas semanas, la mediática mentalista se sumó tal vez como el rostro más importante a la campaña de la nueva generación de smartphones de LG, la serie K; allí, en la publicidad, comparte con el bailarín Itay Vargas, la «art queen» Tere Gott y el candidato a concejal por Colina, Tatán Keitel, tres influencers.

Sobre el cierre de la grabación, de hecho, se atrevió a tirar unos pasos.

Cree que este es el momento ideal para promocionarlos:

—Por eso: ¡¡¡LG!!! Es un buen compañero, porque realmente da una comunicación perfecta. Los otros los tuve que botar… porque ¿aló? ¿aló? —me explica que no tenía buena señal con una breve actuación, y continúa—: Si la gente me está pagando a mí, tengo que tener una buena recepción para que se escuchen bien mis consejos. Usted, mijito, estudie con un teléfono LG. Que los papás le compren a los niños, a la tercera edad, LG. Porque este teléfono no sólo es chileno… es extranjero.

—Oiga, ¿y cómo lo pasó en la grabación?

—Mira: muy linda experiencia, porque al entrar me recibieron como los dioses. Estoy acostumbrada a ir a la televisión, a las radios, a la prensa. Pero desde que yo me bajé del auto, había un recibimiento para Yolanda Sultana, diferente.

—¿Cómo diferente?

—Diferente, porque estaba llena de cariño. Nos demoramos un minuto entre las dos tomas que se hicieron, entonces me maquillaron, yo les llevé camisetas, (que decían) «que les vaiga bien», y me sirvieron el almuerzo, muy rico. Me sirvieron bebida… en todo momento me atendieron bien. Y eso va para todos los diarios: que atiendan bien a la gente.

Que nos vaiga bien

El próximo domingo 8 de agosto Yolanda Sultana cumplirá 82 años de vida y, saca la cuenta, cincuenta desde que comenzó a desempeñarse como mentalista y consejera familiar. Pero esa habilidad, la de ver cosas que otros no, es algo que siempre la acompañó. Ella lo relata así:

—Cuando nací, yo estaba forrada en plata. Pasé por los mejores colegios, porque mis padres tenían un negocio (La Tijera) y la casa era de una cuadra y media, allá en Pucón. Después se quemó, nos quedamos de brazos cruzados… Pero yo nací con esto gracias al pueblo indígena. Yo todo lo que sé, lo sé por ellos. Porque ella, la machi (la nana de su casa, tal como había predicho), murió y yo nací. Esa, hijo, es la historia de Yolanda Sultana. Y todavía mi mente está clarita para dar consejos.

—Oiga, tía, sobre eso: desde hace un tiempo son varios los que se han interesado por la astrología, ¿qué piensa usted de…

—Mijito, mijito, mijito —me interrumpe, algo enojada—… yo soy Yolanda Sultana, mentalista y consejera, tú me estás entrevistando a mí, no me preguntes por ni una payasa más. No tengo nada que ver con otra gente.

—Bueno, tía, no se me enoje.

—Mira… al director general de la Policía de Investigaciones, a Héctor Espinosa: ya po, cómprale a los muchachos una partida grande de teléfonos LG, porque así van a tener mejor comunicación —retoma su improvisado rol como promotora riendo y luego me dice—: Yo me tuteo con gente grande y con gente bien guachaca.

—Le vamos a decir. Oiga, tía, este año se viene movido entre la pandemia y las elecciones.

—Mijito, es que es el año del toro. Y es de metal. Es batallador, luchador.

—Le quería preguntar, por ejemplo, por Colo-Colo este 2021. Porque el año pasado usted hizo noticia por esa acción esotérica para salvarlos de la B…

—Es que yo hago mis machitunes, po. Le di un cigarro al ekeko y otro me lo fumé yo. Y chita que nos rindió la cuestión. Se salvaron gracias al ekeko y gracias a Yolanda Sultana.

—¿Y cómo le va a ir a Colo-Colo, cree usted?

—Corazón, Colo Colo se tiene que superar. Qué bueno que sacaron lo viejo y están colocando material nuevo, eso es importante. Yo realmente soy madrina de Colo Colo, ¿tú sabías eso?

—¿En serio?

—Cuando estaba Peter (Dragicevic), a mí se me hizo madrina de la barra juvenil. Y yo le voy a decir a Colo Colo: se han olvidado de esta vieja… La única mujer que ha paseado de punta a punta a Colo Colo, dando la vuelta de manzana al estadio cuando Colo Colo jugó… y entregó los bombos fue Yolanda Sultana. Yo los compré, con honra, para que la barra tocara. Yo soy la madrina.

—Ya, entonces como madrina y como futuróloga, ¿cómo le va a ir este año a Colo-Colo?

—Realmente yo iría a la cancha y les daría unos consejos… es que Colo Colo no es solo para que los muchachos se pongan el uniforme para entrenar. Se tienen que sacar el juguito jugando a la pelota. Porque el sueldo de Colo Colo no es malo, mijito, noooo: es demasiado bueno. Chiquillo, ¿por qué un día no vienen? Antes me venía a ver (Jaime) Pizarro… todos los de Colo Colo me venían a ver. Y en ese tiempo les iba bien. Cuando estaba el padre Manuel Acuña.

—Usted era la cábala…

—Yo era la cábala. Éramos la cábala.

«¡No a los carretes!»

—Tía, le cambio el tema. Las elecciones… todos estamos expectantes. ¿A quién ve mejor?

—Mira, no me quiero meter en estos momentos…, porque yo tuve un problema, hijo querido. Yo me saqué unas fotografías, llegaron a mi casa… yo tenía un empleado extranjero. Y me traicionaron. Tenían a los pacos afuera —se ríe—, tuve que ir a declarar, y el sinvergüenza… era pa’ sacarme un mes de sueldo y yo se lo había pagado. Entonces, perdóname, pero no quiero nada con la política, porque yo puse unos letreros en mi casa, y por mi amistad con los periodistas, no quiero nada con la política.

—Pero dígame qué piensa…

—Lo que quiero es que el que salga, tome la bandera y diga «que no falte pan» y «que haiga trabajo». Pero hay harta gente floja en Chile, que está acostumbrada a que le den, y no trabajar.

—Perfecto. ¿Y sobre la pandemia, de verdad cree que no va a terminar?

—No se trata de un machitún o de hervir un poco de vino y echarle naranja. No, mijito. Esta cosa es más seria. Señores científicos: Yolanda Sultana les pide en forma especial que vean si este virus tiene sida. A mí no me saca nadie de la cabeza que si no se descubre lo que yo estoy hablando en estos momentos, vamos a morir todos. Porque en Chile y en el extranjero somos todos irresponsables y los médicos se están muriendo… los debemos cuidar. Chiquillos: ¡no a los carretes! Cambien su forma de ser.

«La mujer más importante de Chile»

—Tía, la última: el 2020 lo sufrió. ¿Cómo será este 2021 para usted?

—El 2021 sigo triunfando. Fíjate que recién me acaban de traer… ¿Me lo puedes pasar Ignacio? —le habla a su manager y le da unas pequeñas indicaciones—: Ignacio, el galvano que me dieron en la municipalidad.

Se detiene unos segundos, mientras Ignacio le entrega una placa que estaba ubicada en un estante junto a los muchos otros premios que ha recibido a lo largo de su carrera.

—Me acaban de dar un trofeo, uno de los tantos que tengo, porque realmente yo lucho por las poblaciones —retoma, mientras exhibe a través de la pantalla el premio con su nombre grabado—; lucho, y se ha sabido en la alcaldía las cosas que yo he hecho. Pero desde hace muchos años. He repartido cunas, sillas de ruedas, bastones ortopédicos. Eso no lo ha hecho ninguna chilena, ayudando a su país.

—¿Cuándo se lo dieron?

—Me lo entregaron la semana pasada, en la municipalidad de Ñuñoa. Es el último homenaje que se hizo a la mujer ¡más importante de Chile!

—¿La más importante?

—La más importante por el cariño que me tienen los hombres, las mujeres, los niños, porque aceptan mi opinión y me hacen caso.

Para despedirse, la Tía Yoli lo hará con un mensaje que responde a su estilo enérgico, algo excéntrico y muy cercano:

—A todos mis compañeros que trabajan en La Cuarta, un abrazo. ¡Viva La Cuarta! ¡viva Yolanda Sultana! ¡viva tu persona y que Dios te bendiga!

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