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Hija de Gonzalo Ramírez espera doble trasplante con humor: “Nadie me entiende porque me dicen: te estás muriendo y te ríes”

La joven de 28 años, debe someterse a un trasplante de riñón y páncreas.

Desde los nueve años, Antonia Ramírez, hija del periodista Gonzalo Ramírez, vive con diabetes tipo 1, enfermedad que cambió su vida para siempre.

“Tuve que empezar a cuidarme con las comidas y inyectarme, porque mi páncreas no produce nada de insulina”, relató a Las Últimas Noticias.

En la adolescencia, el tema se complicó porque comenzó a querer hacer más cosas que su enfermedad no le permitía, porque, según dijo, la diabetes requiere de mucho orden y horario. “Me quitó autonomía”, afirmó.

Pese a tener una bomba de insulina que le ayudó a dejar las inyecciones, las complicaciones seguían llegando a ser hospitalizada hasta cuatro veces al año.

El trasplante

En octubre pasado, su cuerpo la alertó de que algo andaba mal y su diabetóloga lo confirmó. “Me hicieron exámenes y arrojaron que estaba con una falla renal”, dijo.

“Me dijo que estaba en la penúltima fase de la falla renal antes de que me mandara a dializar”, sentenció. La alternativa era un doble trasplante de páncreas y riñón, donde tanto su madrastra como su papá son compatibles.

Todo lo que le ha pasado no sólo lo ha vivido valientemente, sino que también con un gran sentido del humor. “A mí nadie me entiende porque me dicen: ‘Te estás muriendo y te ríes’; pero la verdad es que tengo dos opciones: o estar así de mal y llorar o estar así de mal y reírme, que esto sea menos doloroso para mí”, sentenció.

Según Antonia, un diagnóstico así no se supera, sino que se acepta, “porque no depende de ti”.

Antes de la falla renal, vivía una vida normal, tenía su departamento -hoy vive con su papá-, era trabajólica y “siempre tuve esa mentalidad de yo me la puedo”.

Sin embargo, hoy se ha dado cuenta de que necesita espacios para no hacer nada. “Me miro al espejo y veo a esta cabra de 28 años, pero me siento como si fuera una vieja y me frustro mucho”, reconoció.

A pesar de las limitaciones de la enfermedad, Antonia intenta llevar una vida basada en su familia, su trabajo y su pareja, a quien conoció justo en la época en la que se enteró de que debía trasplantarse.

“Fue súper gracioso,porque yo soy súper sincera y directa, entonces le dije: 'Mira, no te voy a vender la pomada, porque esto es lo que te puedo ofrecer’. Estuvo de acuerdo y nos quedamos juntos”, dijo, revelando que su gran proyecto es formar su propia familia.

Hoy está en proceso "de mantener mis riñones y no caer en diálisis de aquí al trasplante".

"Si mis riñones fallan antes, alguien de la familia me puede donar un riñón y con ese riñón aguantar hasta el trasplante de páncreas”, dice.

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