JC

“JC” mostró su intimidad en el mejor año de su carrera

“Trato de ponerme siempre en los pies de los ciudadanos”, explicó el animador de CHV, quien confesó tener muy desarrollado su lado femenino por su crianza.

Sé por todo lo que has pasado, también llevé a mi hijo en micro y le di comida por la guata, cuando no trabajaba en la tele”. Esa frase, esa desgarradora frase, lanzó entre lágrimas Julio César Rodríguez el 28 de octubre, al abordar el drama de una propietaria con su arrendatario. Y esa misma frase es la que refleja su personalidad y explica el arrastre que hoy posee.

Es que este ha sido su año. Sí, el hombre del 2020, al menos de la TV. Es más, miles de personas son las que lo siguen porque sienten que son representadas cuando interpela a los políticos o deja en su lugar a alguien que se pasa para la punta, lo que se agudizó con el estallido social y la actual pandemia.

“Yo creo que la actual valoración es el resultado de una carrera de años. Todas mis experiencias me han servido, desde trabajar en el diario y hacer radio durante harto tiempo. Y también mi late, donde realizo entrevistas”, indicó “JC”, quien le abrió las puertas de su hogar a La Cuarta, la cumpleañera.

– ¿Fue un año redondito? Con “La Junta” también siento que cierro un conjunto de capacidades de comunicar que llega a distintos segmentos y públicos. Y creo que eso la gente lo valora.

– ¿Cuál es tu norte? Ponerme siempre en los pies de los ciudadanos, tratando de no perder la realidad de la vida y no estar metido en una burbuja. Mirar lo que les conviene a todos los que me rodean como chilenos.

– Y eso lo valoran en las calles… El otro día me pasó que fui a echar bencina a un servicentro, y el bombero cuando terminó la operación, se bajó la mascarilla por el lado del copiloto y me miró y me dijo “gracias Julio César por mirar para abajo”.

– ¿Qué sentiste? Yo quedé súper perplejo y le dije “no, estoy tratando de mirar al frente, como todos”.

– ¿Te sientes privilegiado? Yo sé que la gente asume que tengo una situación de privilegio en la vida por mi trabajo, mi carrera y mi situación, pero a pesar de esa realidad, creo que la gente me valora y lo siente. No estoy sólo centrado en mí.

– ¿Y la crítica? Creo que esto va más allá, porque la crítica y el rating tienen que ver con un resultado del trabajo en equipo, de todo un grupo humano que hace el matinal, pero sentí que ahí existe algo, una empatía de los dos lados.

– ¿Pensó alguna vez el cabro chico de Hualpencillo que sería un rostro de TV? Viviendo ahí, nunca pensé en trabajar en TV. Una vez, muy chico, me paré tarde en la esquina y pasaron unos locos que habían robado al almacén de mis vecinos. Los iban siguiendo los dueños, había barricadas, humo, los postes sin luz, todo muy oscuro. Y dije ‘¿cómo salgo de aquí?’. Pensé, ‘estudiando’, ¡y nunca más paré de hacerlo hasta hoy!

– ¿Cómo fue tu vida de niño? Mi infancia fue feliz entre Hualpencillo y Lorenzo Arenas, criado por tres mujeres: mi mamá, mi abuela y mi madrina, que no tuvo hijos. Era regalón y creo que tengo muy desarrollado mi lado femenino por ellas. Siempre escuchar, entender y abrazar, me decía mi abuela.

– ¿Y eras comunicativo? Nunca he contado, pero me iba muy bien en el colegio, pero era un mateo atípico, porque jugaba en la selección. Era del centro de alumnos y más bien desordenado, mis tallas eran esperadas en el curso. “Buena grillo”, ellos me decían, jajajá.

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