La Cuarta Dimensión: El tren sigue recordando a Evaristo

Autor: Luis Escares

El nombre de Evaristo Montt es conocido por todos en Antofagasta. Su historia es sinónimo de fe, devoción a las raíces ferroviarias que impulsaron la zona.


En julio de 1924 Antofagasta era clave en el desarrollo ferroviario del norte del país. Entre cocheras, carros abandonados y andenes de fierro, el cuidador Evaristo Montt cumplía con sus funciones de nochero y fogonero para la empresa de ferrocarriles Antofagasta – Bolivia.

Se dedicaba a ayudar en todo lo que podía a los maquinistas y personal del lugar y, como vivía solo, la estación se convirtió en su lugar en el mundo, su hogar, por eso no dejaba ningún detalle al azar. Fue así hasta esa fatídica mañana en las calles Pedro de Valdivia y Montevideo.

La revisión de Evaristo no arrojó nada raro. El tren que había visto tenía todo listo para partir rumbo a Calama con combustible, pero el viaje fue interrumpido. Sin que Montt y el conductor se percataran, la caldera de la máquina comenzó a lanzar llamaradas de fuego hasta que vino lo peor.

Una gigantesca explosión alcanzó el cuerpo de Evaristo y el de otras tres personas que estaban en el tren. La escena fue macabra, ya que el cuerpo del joven fogonero quedó despedazado por la estación. El impacto fue tan grande que las partes del tren terminaron a más de un kilómetro del hecho, mientras que los restos de Montt sólo pudieron ser reconocidos por algunas ropas que quedaron en su cuerpo.

El recuerdo

La desazón fue total en la zona. Rápidamente se montaron altares en honor a los fallecidos, pero en la mente de los trabajadores de ferrocarriles el recuerdo de Evaristo quedó impregnado, incluso hasta hoy.

Meses después del accidente se montó una animita en recuerdo a los que partieron repentinamente, desde ahí la historia de Montt comenzó a ser conocida en toda la provincia.

Funcionarios de ferrocarriles comenzaron a pedirles favores de salud y laborales, los cuales su “santo” sabía cumplir. Así, la calle se fue llegando de casitas, velas y placas en agradecimiento a la intervención del hombre.

Hay quienes dicen que el sonido del tren aparece en el horizonte, es ahí donde Evaristo toma nuevamente el tren para ayudar a sus creyentes.

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