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La Firme con Emeterio Ureta: “Toda mi vida he sido playboy: regias señoritas, buen automóvil, buena moto, linda casa y jacuzzi en el living”

“El Marqués del Arrayán”, que acaba de celebrar el nacimiento de su nieta hija de Tita, repasa buena parte de su historia hasta el presente, a un año de dos “patatús” que casi lo llevaron a conocer a Cristo. “Aún puedo hacer el amor, y no tomo pastillas”, declara sobre su salud: “Una vez cada tres o cuatro días, estoy perfecto”.

Entrevista en profundidad a Emeterio Ureta, o "Marqués del Arrayán". Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Son las 6 PM, recién oscureció y Emeterio Ureta Castro Errázuriz Echeverría (81) admite de inmediato sobre sus gafas negras:

—Los anteojos no me los saco nunca.

Las hélices de un calefactor se esfuerzan en calentar su oficina, la que es parte de una añosa casa ubicada en una pequeña calle en la comuna de Providencia, donde tiene la sede de su empresa dedicada a arreglar techos. Toma una huincha de medir y declara:

—No me separo de esta.

Aquí, desde hace 39 años, “El marqués del Arrayán” pasa varias horas al día y no anda con elegantes zapatos negros, llamativos pañuelos ni trajes azules, sino que con bototos y una camisa arremangada. La habitación está recargada de fotos, toda clase de recortes de diario de su famosa hija Tita, huinchas varias, retratos suyos con su querida moto Harley, alguna imagen de Cristo, capturas junto a su otro retoño (Emeterio, el primogénito) y de su difunta señora, Paulina Fischer.

En el escritorio de Emeterio, junto a su notebook encendido, reposa una copa medio llena de coca-cola. Él, por si las dudas, aclara que es bebida, no vino. Eso sí, en un rato irá a un bar junto a unos amigos antes de partir a su casa en El Arrayán, con la idea de no acostarse más tarde de la cuenta y dormir, ojalá, unas ocho horas.

Emeterio tiene varias huinchas que son parte de su pega. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Entre medio de la conversación, da la impresión de que el empresario es bastante solicitado, ya que recibe al menos un par de llamados, uno de su primogénito, que quiere comentarle de un conocido en común entre ambos, y el patriarca le responde sobre la razón de su olvido del anónimo sujeto en cuestión: “Voy al Jumbo y, ¡para qué te dijo!, viejos y viejas me saludan, me paran y me conversan”, le comenta a su retoño aludiendo a su popularidad. Luego, lo llama un amigo, Ureta contesta y le advierte que anda en una entrevista:

—Discúlpame, estoy muy famoso, viejito —le dice quien recientemente tuvo la feliz noticia del nacimiento de su tercera nieta, la primera de parte de Tita; de hecho, comenta lo sorprendido que está con el revuelo que generó en su instagram la foto que compartió con la pequeña Cala, con millones de visualizaciones.

El compadre del ya octogenario, del otro lado de la línea, suelta carcajada ante la sacada de pecho de su amigo, que antes de colgar le dice que “te llamo en veinte minutos”.

En entrevista con La Firme, Emeterio repasa su historia y presente, desde sus inicios en Curicó, el recuerdo de un abuso y las prematuras muertes de sus padres; el anhelo de poder “ser alguien en la vida” (sin haber terminado el colegio), lo que llevó a arreglar techos; el deseo de riqueza material, con el gran hito de su casa en El Arrayán, la que ya no venderá; su faceta mujeriega; el matrimonio con Paulina, y el dolor y rearme tras el cáncer que se la llevó; sus amistades, romances y distanciamientos, como con Kike Morandé, Cecilia Bolocco e incluso el difunto exPresidente Piñera; la recuperación tras el par de “patatús” que lo remecieron el 2025; su presente de soltería y su vigencia sexual, según dice; su mirada política durante el gobierno de Kast; descargos sobre alguna que otra polémica, y unas cuantas minucias más.

Y después de una hora y media de conversación, el reportero le consulta al “Marqués” si se considera “cuentero”:

—¿Qué es eso? —se descoloca.

—O chamullento, podría ser —precisa el reportero.

—No, yo hablo la cosa que soy, digo la verdad en lo que hablo, echo las chuchadas cuando hay que echarlas, no aparento nada ni soy poto parado.

Como sea, con usted, a continuación:

LA FIRME CON EMETERIO URETA

Un recuerdo de mi niñez en Curicó, cuando me crié: el campo, el tranque donde aprendí a nadar y al río Teno iba a pescar. Pasé una parte de mi juventud allá, hasta los 17, que me vine a Santiago, en un bus, y mi mamá se vino con mi papá —que le había dado un infarto— en un ambulancia, y murió en el camino.

Cuando chico un cura, Jorge Prieto Vial, abusó sexualmente de mí: me tocaba el marrueco. Cura degenerado, en los Padres Franceses. Esa experiencia no me marcó ni nada. Fui a hablar con el rector, que me dijo: “Le voy a cambiar el director espiritual”, y me pusieron al padre Damián. Esas cosas eran silenciosas. Le contaba a mis papás y quedaba la cagada... Pero me alejó mucho de la Iglesia Católica.

Mis padres estaban vivos y nuestra situación económica era absolutamente normal. Mi padre era corredor de la bolsa y de productos agrícolas, y era un señor que ganaba comisiones. A la muerte de mi padre, mi madre se puso a trabajar, vendía queso, huevos y pollo. Y tuvo las primeras liebres para repartir a los niños al colegio, cuando ni siquiera eran amarillas.

"No aparento nada ni soy poto parado", declara Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Mi mamá murió cuando yo tenía unos 21, cuatro años después que mi papá, en febrero, en un accidente en carretera. Tuve muy buena relación con ella. Tuvo catorce hijos, los crió, y con todos era igual... No sé cómo lo hizo, hasta hoy me sorprende, ¿cómo? Una cosa maravillosa.

Tener sólo hasta primero medio me pasó la cuenta como a cualquiera que se sube a un bus a Santiago, con un maletín y el abrigo de mi papá. No tenía ni pa’ la micro, y yo dije: “El mundo va a ser mío; voy a tener la casa de los millones; el Mercedes el último modelo (que tengo); la mejor Harley-Davidson”. Me casé con una mujer bonita, rubia y cuica; tuve dos hijos preciosos; y un departamento en la playa maravilloso. Todo se cumplió. Y nadie me ayudó, nadie me dio un peso ni me estiró la mano.

Me fui de la casa para trabajar. Entré al Ejército dos años, a los 17 y 18, soy militar, suboficial; soy piloto civil; bombero 25 años; y fui alguacil 25 años, y ahora soy alguacil mayor en retiro. Y empecé a trabajar... Sentí una angustia tremenda, en el sentido que nadie me abrió las puertas. Son todos unos hijos de puta: golpeé la puerta a tíos míos que estaban de gerentes del Banco de Chile, ¡y nadie me dio trabajo! ¿Quién era yo? ¿Sin cuarto medio? No era abogado ni ingeniero. Trabajé en la bolsa, de junior, lavando y sacando papeleros junto con Leonidas Vial, que hoy es millonario... Si empiezo a contar historias: Sebastián Piñera diez años se alimentó de mí y de mi casa en Zapallar, por ejemplo.

¿Por qué reparar techos? Cuando chico teníamos una casa muy grande en Pedro de Valdivia —que fue la embajada de Rusia muchos años—. Y había un maestro que se llamaba Manuel Jara. Éramos 14 hermanos, estábamos en el jardín jugando, y este hombre venía siempre en marzo, junio y septiembre —dos o tres veces al año—, y limpiaba las canales y ordenaba las tejas. El hombre andaba en una citroneta, bien destartalada, y yo lo miraba y decía: “Qué inteligente”. En ese tiempo no había tarjeta, y mi mamá o mi papá hacían un cheque de $90.000 de hoy. Para mí, $90 mil es una muy buena plata, para el fin de semana. Podía empezar a juntar para comprarme una camionetita de trabajo.

"Me fui de la casa para trabajar", relata Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Tengo anécdotas geniales con mi hermano Andrés. Dormíamos juntos cuando vivíamos en Pedro de Valdivia, y siempre leíamos la revista Vanidades, y había una sección que se llamaba “Ricos y famosos”, y nos reíamos y yo le decía: “Voy a ser rico”. “Qué vas a ser rico tú”, me contestó. “Bueno, entonces seré famoso”, respondí. Y él me decía siempre que no le interesaba ser famoso, que quería ser rico. Y yo le decía que “cualquiera de las dos hueás que me resulté”. No soy rico, tengo muy buen pasar; y soy famoso. SOY FAMOSO.

Cuando chico yo era malo, porque era muy rebelde. Sabía que era pillo, que no me iban a cagar y que yo iba a llegar muy lejos. Soy un simple reparador de techos, me la gano con una huincha, tomando medidas. Yo dije: “El mundo va a ser mío, y yo voy a trabajar, luchar e inventar”. Se rieron a carcajadas de mí: “¿Qué es lo que harás?”, me preguntaron, y contesté: “Voy a limpiar las canaletas, los techos y tapar las goteras”. “Pero con esa huevada a dónde vas a llegar”, me contestaron. Y en una bicicleta empecé a trabajar, y después en una motoneta, en que ponía mi caja con herramientas a tapar goteras; y después tuve un maestro, que salíamos los dos.

Empecé a trabajar muy duro, de lunes, sábado a domingo, trabajaba y trabajaba. Me ayudó mucho que siempre he sido un hueón cuico, de buena pinta y de buen hablar —como dicen en el campo—, de buen roce social, y me ha ido bien con las minas. Tenía todas las de ganar. Sabía que iba a llegar muy lejos. Iba a las fiestas de sociedad chilena, y me he vestía muy elegante, hasta hoy.

¿Por qué quería ser famoso? ¡Es que yo luché mucho! Yo era un hueón muy pobre, ¡y los hueones no lo reconocen! Pongo siempre ejemplos políticos: Piñera era un pobre hueón que tenía mucho menos que yo, vivía en un departamento arrendado en Vitacura, casado con la “Gorda” Morel; y yo vivía en mi casa en El Arrayán y era el millonario. Andrónico Luksic estaba vendiendo autos en Antofagasta, y de ahí fue un señor que repartía comida, llevaba 150 almuerzos y colaciones en una Chevrolet 51 a las minas en la montaña... Pero esa parte la gente no la cuenta... Yo la cuento... Me molesta que renieguen todo el pasado, ¡todos reniegan el pasado!

Con Sebastián Piñera fuimos muy amigos, y después se acabó la amistad, nunca más me llamó... Me llegó un día una tarjeta por intermedio del “Negro”, en el Festival de Viña — que me convidaron el año ante pasado—, y me dijo “yo no te debería saludar”. “No me saludes po’”, le dije, “qué me interesa a mí”. Él estaba con la Carla (Ochoa), y yo con la Tita, en una mesa compartida, en un cóctel muy exquisito y elegante. Y me dijo: “Porque has pelado mucho a Sebastián”. “Mira”, le dije, “¿vamos a hablar de política ahora, o de vida social y lo vamos a pasar bien?”. “No, yo te quería pasar el aviso”, me respondió. “Hablamos de política entonces”, le contesté, “te voy a decir toda la chuchada contra Sebastián: que nos destruyó la derecha, que le entregó el gobierno al sinvergüenza del Boric... todo mal hecho”.

Ser cuico no tiene que ver con tener plata. El pituco está más preocupado de la plata. Pero el cuico nace cuico, por apellidos, linajes y dónde se educó; no porque tenía millones de plata... ¡pico!... porque, por ejemplo, Luksic no es cuico, no pudo nunca entrar al Club de Golf Los Leones, el más elegante y cuico de Chile, del cual mi padre era socio... Hay un amigo mío que en 10 de Julio arreglaba los motores de Tur Bus, dos al día, y cada motor era $4 millones: se hacía $8 millones diarios, $240 millones al mes llegó a ganar. Se compró casa en La Dehesa, un Mercedes Benz y se metió a jugar golf (y el huevón no sabía jugar ni ping pong); pero tenía algo fantástico: se comía las cuentas, convidaba a toda la mesa. Entonces los cuicos lo inflaron, pero él quedó siempre como pituco. El pituco se viste bien, empieza a hablar bien, a comprarse el auto y es socio del club de golf; pero queda en pituco. El cuico puede vivir en Plaza Italia, pero es cuico.

"Ser cuico no tiene que ver con tener plata", aclara Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

No soy pinochetista fanático ni partidario de este (Miguel) Krassnof, que le dieron 1.200 años de prisión; no soy partidario de eso, que fue una brutalidad... Álvaro Corbalán vivió aquí en el segundo piso de esta casa; fuimos amigos... ¿Pinochet y las violaciones a los Derechos Humanos? (Pregunta reportero) La cagaron. La embarraron completamente, con la calle Londres 38, y los martirios, romperle los pezones a las mujeres, y la vagina, y las guaguas, y que mataron gente.... Fue una brutalidad asquerosa, de Krassnoff y de todos estos que están presos. Y (Johannes) Kaiser y el Partido Libertario quieren hacer la ley para que los mayores de 90 salgan, ¡sacar a estos sinvergüenzas y asesinos! No estoy de acuerdo para nada... ¡Asesinos! Lo que me gusta de Pinochet es que nos salvó la vida de los comunistas. Había muchas cosas de mi general que no las compartía, pero lo respetaba...

A los 30 empecé a ganar más platita y a hacer mi vida. Lo primero es que de mi padre heredé 1.600 dólares. Él ya había muerto hace tiempo, pero se liquidaron unas platas; 22.400 dólares se repartieron entre catorce hermanos, y me tocaron 1.600. Me compré el sitio en El Arrayán, y no había nada hace 40 años, era un peladero, que se llamaba “Los Refugios” porque eran puros refugios como San José de Maipo. Cumplí el sueño de mi vida, y ahí la tengo hasta hoy.

Tenía 34 años cuando me fui al Arrayán. Esa casa se hizo piedra por piedra, todo lo diseñé con el arquitecto. No tiene nada con un perfil cuadrado, ¡todo redondo! No me gusta lo cuadrado porque te enfoca, te ordena y te mete en un marco. Me gusta la arquitectura árabe, porque la española es heredada de los árabes, que se nos metieron en España 860 años.

Toda mi vida he sido playboy: regias señoritas, buen automovil, buena moto, linda casa y jacuzzi en el living, ¿por qué en el living? (Pregunta reportero), porque me gusta culear adentro del agua, ¿me entiendes o no? Tan sencillo como eso: me gusta empelotarme con las lolas y las amigas... Rico...

Siempre me fue MUY BIEN con las mujeres, desde chico. Y no corría tanto la plata como hoy. Bastaba que tuvieras un auto para ir a bailar. Punto. Hoy, estas “zorras de palo” vienen separadas y con dos niños, hay que comprarles cosas y taparles los hoyos de las platas que deben... ¡todo un drama! Y a las de 45 y 50 les duele la cabeza y tiene soponcios, ¿y fucking, fucking?, no pasa nada; y que las mantengas.

Estuve de novio con la Brigitte Bardot y con la Gunilla von Bismarck. Yo veraneaba mucho en Europa, como entre los 38 y los 42. Iba con amigos míos con mucha plata, con yates. Muy rico.

Pololé ocho años con la Miriam Phillips, amiga de la Cecilia Morel, antes de casarme. Me la presentaron Sebastián con la Cecilia. No me quise casar. Era separada. Y además la manera de ser de ella no me gustaba mucho. Pero lo pasé muy bien: una mujer maravillosa.

No quería ser padre, hasta los 35, y casi hasta los 38, me daba lo mismo. Pero a los 40 empecé a pensarlo. No quería casarme por tener una compañera, sentirme solo o “¿quién te va a cuidar de viejito?”... Y lo que me pasó: tengo 81 y Paulina murió de 33, o sea, la vida es impresionante.

"No quería ser padre, hasta los 35", recuerda Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Decidí casarme a los 45 años. Hay un momento en la vida en que cumples una etapa. Llegué a los 45 y me preguntaban si era gay. “No, hueón”, les decía. En este país es raro el hueon que no se casa a los 45. Dije: “Quiero tener un hijo o dos”. Conocí a Paulina (Fischer), 27 años menor que yo. No me dejaban casarme con ella, porque era muy chica, porque “a los 72 años te va a andar trayendo en silla por tu apartamento en Reñaca”. Pero nos casamos tres años después de haber pololeado.

Casado me portaba muy bien. Cuando pololeamos me portaba PÉSIMO, me gustaba las minas: conocía una mina rica, o una secretaria, o a la cajera del Líder que me gustaba, y les sacaba el teléfono. Si me gustaban mucho, (las invitaba) pal Arrayán. Pero no era de trasnochar ni copete...... Casado me porté impecable.

¿Qué me enamoró de Paulina?... Buena pregunta... Me supo llevar cómo yo era, porque para ella fue muy fuerte casarse, joven, y llegó a una casa que ya estaba montada; y yo tenía una nana que estuvo 45 años conmigo. Entonces al principio se sentía “ajena” y no se llevaba bien con la nana. Pero a los dos años se unieron “en contra mío”. Fue un cambio brutal.

¿Por qué llegué a La Red? Esa historia la cuento completa, ¡para que no la cuenten distinta! ¡Porque todos los hueones son unos farsantes y mienten! Estábamos en la playa, en Reñaca. Yo siempre leía El Mercurio y se reían de mí. Vi un aviso, cuando no había internet ni nada: “Se necesitan animadores en la televisión, en Avenida Manquehue 2430”. Estábamos Raúl Alcaíno —amigo mío—, Cristian Velasco —amigo mío—, Kike Morandé —amigo y pariente (mi hermano es casado con la prima hermana)— y el Tagle. Nos pusimos corbata, bien elegantes (y todos los niegan, Raúl lo niega, famoso cuando llegó a Canal 13) y llegamos pateando la perra en micro... de 150 quedamos los cinco: yo quedé leyendo el tiempo y comentando el tenis.

Fueron tres años de martirio el cáncer de la Paulina, que le apareció a los 28 años y murió a los 32... ¡Fueron años horribles!... Ver la muerte lenta en una persona, que hoy se salva del cáncer de mama generalmente... Y falleció... Lo tengo superado, completamente superado. Y me dejó una manera maravillosa de vivir la vida. Y a ella la tengo presente (Y busca con la mirada una foto de su señora en la oficina, y la encuentra)... Ahí está, de pelo corto.

Cómo cambié con la muerte de mi señora, Paulina. Tomé la decisión que no toman todos los hueones famosos en este país: no volverme a casar, no meterme con una mujer con hijos y no llevar mujeres a la casa. Amigos míos se separan y ya andan con una hueona a la rastra; le toca con los niños el fin de semana, y los llevan con la mina. Eso aísla el amor de los niños. La Tita lo que más dice en toda sus entrevistas es “el respeto que tuvo mi padre conmigo, nunca me dejó, hasta los 14 o 15 años, que yo empecé a salir”. Y yo me iba vacaciones donde de mis amigas.

Lloro mucho. Hay días en que estoy triste acordándome de la Paulina, pongo un bolero de Luis Miguel y me voy llorando para mi casa, con lágrimas. Me caen mis lágrimas por ella, por el amor que tenía por ella. La echo de menos porque converso y le digo “mira dónde está la Tita” y qué sé yo. Me da nostalgia.

Apareció el cáncer de la Paulina, me retiré de La Red y me dediqué por completo a ella esos tres años. Murió ella y, al año, me encontré con una niña muy buena moza, que me miró, le dije “eres estupenda”, y me contestó: “No me mires así porque soy casada, tengo dos niños y soy periodista: te necesito para un programa”. “¿Qué programa? ¿De qué canal?”, pregunté. “No, te voy a llamar”, me dijo. Le pasé mi tarjeta y me llamó. Entré a trabajar en Chilevisión, en un programa que se llamaba Cuánto vale el show, con Enrique Lafourcate, Marlen Olivari y Gonzalo Cáceres. Trabajé dos años y salté a Canal 13, a Acoso textual y varios programas.

"Lloro mucho", confiesa Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

¿Por qué nos distanciamos con Kike Morandé? Trabajábamos los dos en Canal 13 y una noche hicimos un programa con la (Cecilia) Bolocco, y resultó el descueve. Y el hueon se puso celoso porque estaba con “agua de raja” con la Bolocco (yo con esa flaca patas de queltehue no voy ni a misa) Entonces el Kike se puso muy celoso de mi persona, porque yo tenía mucha más labia y personalidad para pincharme a la Bolocco. Él había avanzado bastante con la Bolocco, íbamos a hacer un programa los tres y dijo: “Si va a Emeterio, yo no voy”... Y ahí yo seguí por otros lados y él quedó en el 13.

¿Qué tuve con la Bolocco? (Pregunta reportero). Salimos ocho meses. Y (JC) Rodríguez me dejó la cagada, porque me convidó una noche a PH (CHV), y me dijo: “Tú anduviste con la Bolocco”. “Mentira”, le dije, “nada que ver”; me había dicho Cecilia que no le contara a nadie, por favor, porque iba a quedar la cagada. “Tengo todo fotografiado”, me dijo él... Y anduvimos ochos meses, ¡me volvió loco!, lo pasé pésimo. ¿Por qué? (Consulta reportero). Pituca, cara, comidas de 90 o de 110 lucas, ¡de a dónde! Conmigo. Le gusta la plata: se metió con el (Alberto) Fujimori y con (Carlos) Menem... y a ese otro pobre huevón lo va a arruinar, y él sabe que le sé la historia: no tenía un peso y su familia se hizo la plata con los dos teatros que había en Antofagasta.

Cometí errores, me metí con tres o cuatro mujeres de la televisión. Pero nunca me casé ni publiqué salidas con ellas… Me niega la Bolocco. Me niega la Paulina Nin, que con ella estuve en Francia 1998, pero nos conocíamos de antes; era casada con un amigo mío… Con la Moria Casan salimos cuando estaba en Chile, y nos pillaron en un restorán dándonos unos besos y qué sé yo.

La Tita sufre conmigo (y mis intervenciones mediáticas). Ahora se queda callada. A la pobre la marcó mi show con la Licenciada Tetarelli. Yo trabajaba en la noche en un programa con Cristián García-Huidobro, y la Tetarelli bailaba y yo le daba besos en la boca y bailábamos; fue una noche escandalosamente divertida... Y la Tita llegó al colegio al otro día y le gritaban: “¡Oye, Tetarelli!”. La Tita se preguntaba “¿qué es esto de la Tetarelli”, porque ya estaba durmiendo. Fue una vergüenza muy grande, en un colegio católico... Nunca tuve problemas con mis hijos (por la exposición), me miran con cara nomás. La Tita sabe que es su vida y sus programas; y yo mi vida y mis programas.

Algo intímo: Si yo a la Tita la cito a un programa, ella no va a venir. Pero ella me llamó para que acompañe a tal programa que estuvimos trabajando un año, el De paseo, y trabajábamos los dos juntos.

Cuando estaba en el 13 tuve algo: seguía con mis techos o trabajaba en televisión. ¿Y qué hice? Seguí con los techos. En la televisión un día puedo decir: “Don Eleodro Rodríguez (exdirector ejecutivo de Canal 13) es un viejo huevón”... Me sacarían cagando pa’ fuera... Pero en una entrevista yo digo lo que quiero, ¿y quién me reta? ¿Llego a mi casa y quién me reta? ¡El perro!, que me estaría mirando con cara de pico... Habría perdido libertad.

¿Algo de lo que me arrepiento en televisión? No. Digo lo que quiero y no me arrepiento de nada. Cuando dije en Mentiras verdaderas (La Red, 2017) que “todos los gerentes somos calientes”, ¡pero por supuesto! ¡Acosadores todos! Todos hemos sido acosadores. Y yo inventé que había sido gerente del Banco de Chile, ¡mentira! No he sido nunca gerente... Nunca tuve secretaria y jamás fui empleado del Banco de Chile... Me generó mucha polémica... Pero no me arrepiento para nada, lo podría decir de nuevo: todos los gerentes se meten con la secretaria. Yo hice como que era culpable. Pero es lo que pasa. Y además quería darle color al programa, romper algo: ¿Quien ha retado a un diputado en ejercicio, lo ha tratado de “roto, asqueroso, maleducado y cochino”? A Florcita Motuda. “Ándate a cambiar de aquí”, le dije, “mugriento de mierda”. “¡Soy diputado!”, me decía. “¡Qué diputado! ¡Sácate esos alambres de la cabeza, roteque!”... Me podrían haber demandado, no tengo idea.

"Habría perdido libertad", dice Emeterio sobre si se hubiera dedicado a la tele. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

A lo mejor se han enterado de por qué me dicen “Marqués del Arrayán”. Un periodista, un cabro de La Cuarta, de apellido Muñoz, me dijo: “Emeterio, tus amigos te dicen ‘el marqués’”. “Sí, porque me visto elegante”, le contesté. Y en esta misma oficina me dijo: “Te pondré ‘El marqués del Arrayán’, ¿no te importa?”. “Dale duro”, le dije. Nunca me autodenominé “Marqués del Arrayán”. Claro que me sigue gustando. Creen que es una farsa mía.

¿Me considero “cuentero”? ¿Qué es eso? ¿Chamullento? No, yo hablo la cosa que soy, digo la verdad en lo que hablo, echo las chuchadas cuando hay que echarlas, no aparento nada ni soy poto parado.

¿Fui millonario? Nunca fui millonario, pero hago la misma vida de un millonario: tengo un mercedes benz la raja, tengo el rolex, tengo la chaqueta azul y tengo para gastarme en una noche, voy a Europa y a Estados Unidos, voy a los mejores restoranes de Zapallar y tengo un departamento entremedio de todos los millonarios. Tengo todo el sueño del pibe. ¿Pero tengo acciones del Banco de Chile? No. ¿Acciones de Nestlé? No. Pero tengo mis ahorros y lo paso bien. No uso tarjeta de crédito. Nunca he tomado un crédito con un banco, ¡porque son unos sinvergüenzas!

No viví en Miami, pero iba mucho, tres o cuatro veces al año. Tuve un departamento muchos años. Lo vendí de huevón. Me costó 15,000 dólares y lo vendí en 45,000, y Trump hizo una torre ahí, y al colombiano que me lo compró le dieron dos departamentos de 250.000 dólares y 500.000 dólares más... No tenía cómo saberlo, estaba cagado.

Vendí el departamento en Reñaca porque me cambié a Maitencillo. Reñaca, Cochoa, tenía otra cosa: yo tenía el mar a ocho metros, y estaba encima del puente, con el departamento 217, y me golpeaban las olas. Era maravilloso. Ahí les enseñé a los niños el surf —que yo soy surfista, de los antiguos— y nos fuimos a Maitencillo, que yo lo encontraba re rasca po’ y dije: “No me iré, vamos a Zapallar”... Me paseé con los millones del departamento de Reñaca por Zapallar, ¡y no me compraba ni un bidet! ¡Ni un bidet! Lo más caro que te puedas imaginar... Me fui pa’ Maitencillo y estoy feliz... Ya no voy a Reñaca, está lleno de torrejas, ¡rasca!

Tengo un programa todos los miércoles, en TVR, con Rodrigo Herrera, a las 11:00 horas. No me pagan, pero estoy feliz, hago y hablo todo lo que quiero. Soy el único hueón que no trabajo con muela; me pones muela y no voy al programa. Trabajé muchos años con muela en el Acoso textual y me decían: “Emeterio, cállate y deja hablar a Pablo Zúñiga”, “deja hablar a a Julián Elfenbein” o “Julián, cállate, deja hablar a Emeterio que me está levantando el peak”, porque me tocaba hablar de los temas de sexo.

Ureta lleva décadas con su emprendimiento de arreglo de techos. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

En el 2022 y 2025 puse anuncios en mis redes sociales buscando polola, ¡y salí en portada de Las Últimas Noticias el sábado y domingo!... ¿Cómo me fue?... Pucha, es una historia muy larga: una argentina ESTUPENDA, ¡pero el forro en que me metí! Porque se quería quedar a vivir conmigo, ¡y llegó con unas maletas grandes! “Nooo”, le dije, “vivo solito, no quiero vivir con nadie”. A las 4 o 5 semanas de estar saliendo llegó con las maletas.

Con otra estaba pololeando un mes, en enero de este año, y me dijo: “Mi amor, no me iré, me quedaré” en Maitencillo. “Mañana mis hijas me van a traer el auto, y vienen con mi mamá, y nosotras acá nos entretenemos... deposítame cien luquitas en la tarjeta RUT y el viernes te espero con un ceviche”. Y le respondí: “No me esperes con ni un huea; vamos andando a Santiago”.

¿He tenido mal ojo con las pololas? No es mal ojo... ¿Por qué estas hueonas andan buscando futbolistas, a los famosos, doctores y ginecólogos? Porque quieren plata.

¿En qué estoy ahora?... Estoy tranquilo... Quiero pololear, nada de argollas ni “trae tus niños pa’ acá y yo pongo los míos”. Es echar a perder todo.... ¡Estai loco que me volvería a casar! ¡Ni con una millonaria!

No me volví a enamorar, pero sí a estar con “agua de poto”, o empotado, como dicen en el campo. Enamorado, nada; porque cuando estás enamorado, ¡cagaste!

"No me volví a enamorar, pero sí a estar con 'agua de poto'”, confiesa Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

¿Me siento solo? ¡No me he sentido nunca solo! Vivo solo, ahora voy a comer con unos amigos y lo paso bien solo. ¡Nunca he tenido problema con la soledad! ¡Jamás! Soy feliz solo. Pero me encanta la gente; ahora voy a un bar, y me gusta la vida social. Pero no estoy preocupado de llegar a mi casa y dormir solo. O llego al departamento en Maitencillo, saco los muebles, trapeo y lo hago solo. Vivo solo, pero no me da miedo: estoy armado. Lanzo un balazo al tiro.

Adoro mi soledad. Cuando tratas de hacer una vida falsa, y llenar de huevones, y traer huevonas a tu casa y casarse de nuevo, y tener dos guaguas con la una y la otra, ¡vas directo a un fracaso a la chucha!

¿Familias ensambladas? ¿Los tuyos, los míos o los nuestros? ¡Una estupidez!... Una brutalidad.

¿Qué va a hacer una hueona exquisita viviendo conmigo, dentro de la casa, con dos cabros ajenos?... ¡La Tita me mata! Y no quiero cachos.

Me encanta hablar de sexo. Si no hay sexo, no hay pareja, a le edad que sea.

A mis 81 años el sexo no es importante, pero es entretenido, porque aún puedo hacer el amor —y no tomo pastillas—; una vez cada tres o cuatro días, estoy perfecto. No es la angustia que tenía antes que salir con una mina y quería (tener sexo). Eso se me pasó. Ahora es más tranquilo. Tranquilo.

"Si no hay sexo, no hay pareja", declara Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

¿Cómo me va con mi empresa, Aasphalt? En la pandemia me fue mal. Ahora, normal. No voy a ser nunca millonario, pero no me falta para comer. Ahorro. Tuve tres meses malos: noviembre, diciembre y enero fueron pésimos; pero febrero me llegó mucho trabajo, estuve copado; y abril y mayo, lleno. No sé hasta cuándo dura esto, pero siempre ahorro para tener.

En la época de (Patricio) Aylwin y (Eduardo) Frei les hice las mantenciones a los techos de La Moneda. Me paseé mucho por los pasillos, pero nunca me topé con gran gente. Llegué por el Ministerio de Obras Públicas. En ese tiempo no existían las inscripciones que hay ahora; hay que estar inscrito. No trabajo con empresas constructoras ni con el Ministerio de Obras Públicas, porque salgo pa’trás; yo, con particulares, una viejita, un departamento, o una casita en la playa.

Hace dos años me pasó que llegaba a mi casa en la noche —como ahora— y me estaba tomando dos botellas de vino (sin salir a manejar ni nada), cuando estaba solo. Y la Tita fue una noche a mi casa y me dijo: “Papá, hemos conversado y te has tomado botella y media, vas pa’ la segunda y te la vas a tomar entera... Para”. Ahí paré... No soy de andar borracho manejando, ni salir a los bares curado como pico. Después de los 65 años me dio por tomar un trago en la noche en mi casa. Mucha gente lo hace. Ahora estoy tomándome dos piscolas, o una y media. Y me cocino y todo.

Después de mis dos patatús del año pasado —¡que uno fue en pleno programa en Mega!—, ya estoy recuperado. Me pusieron un marcapasos, que yo le puse “marcavasos”, jaja. Ahora estoy perfecto. Me tomo la presión todos los días, y anoto cuánto tuve cada día.

Iba a poner a la venta mi casa en El Arrayán, cuando me vino el patatú... Pero me voy a quedar ahí para siempre... Yo muero ahí, pero no quiero adelantar mi muerte... Ahí me quedo… La Tita quería que me fuera a vivir a un departamento. Ella tiene dos departamentos, que le están entregando el grande que se compró, ¡una maravilla! Y el chico me lo ha pasaba a mí.

Me levanto muy temprano, a las 7:30 u 8:00. Tengo que hacer mi cama, trapear el baño y echar la ropa a la lavadora; tengo que hacer muchas cosas antes de salir. Pero trabajo hasta las 7, 8 o 9 de la noche (ayer trabajé hasta las 9:30).

No estoy con ningún achaque. Sufro de presión alta, pero la tengo completamente controlada; tomo los remedios y me tomo la presión todos los días. Y no estoy con ningún dolor... Ahora no se me para el pico como antes. Funciona muy bien, pero no es lo de antes, que me pegaba dos o tres cachas en una noche. Era en otra época... ¿Tomo viagra? (Pregunta reportero), ¡estás loco! Me da un ataque al corazón. Casi me ahogué el otro día. No tomo ninguna pichicata.

"No estoy con ningún achaque", asegura Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Soy creyente, católico, apostólico y romano. Pero ya no he ido más a misa, hace unos 10 años que no voy. Ya no creo en la confesión, ni creo mucho en los curas. No creo en Dios: creo en Cristo. Para mí, existe Cristo, que es mi amigo, converso con él y va conmigo.

Nunca fumé cigarro. Probé los pitos. Y probé los jales (cocaína), porque tengo que hablar con conocimiento. Todo lo tomé, pero no periódico. Fumé pitos cuando era lolo, y no me gustó. En Estados Unidos tres veces me dieron a probar (coca) —en un par de fiestas y donde unos amigos—, y pensé “la huá la raja y todo”, pero dije “esto no va conmigo”... además que es caro, jaja.

Todos los días a la hora de almuerzo me tomo una piscola, y no la pago en el restorán a $7.900: pido una coca-cola, que vale $1.940, se da vuelta el garzón, y tucu-tucu-tu (Le echa pisco de su petaca, “María”). Llevo a la “María” pa’ todos lados. Y almuerzo por el barrio, así que vuelvo caminando, y nadie me puede decir nada.

Ya no trasnocho, ¿estar hasta las 2 o 3 de la mañana, con trago, manejando, como pico? No, no, no... Y si quieren, que vaya manejando otro hueón. Eso he cambiado, por ejemplo. En mi manera de vivir, ahora vivo mucho más pausado. Como menos; como un plato cuando voy a un restorán, no me como cuatro platos. Me cuido.

"Ya no trasnocho", asegura Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Nunca he hecho ningún ejercicio. Nunca he ido a un gimnasio. Nunca he andado en bicicleta. Nunca troté. Nunca he subido en un cerro. Hice sky y jugué tenis, pero esporádicamente. Ahora, no he hecho deporte hace muchos años.

¡No tomo nunca agua! ¡En mi vida!, porque no tiene sabor... En un viaje al que me convinaron tomé agua de los hielos de la Antártida. Pero agua de la llave, nunca, me da colitis.

La Tita me obligó a dejarme de teñir las canas, pero ahora las voy a teñir, esta semana o la otra. Me dice: “Papá, no te tiñas más las canas, que andas muy moreno, no me gusta”. He sido moreno toda mi vida, de pelo negro. Pero me salieron canas. Y me voy a comprar un champú que vale $19.990, que cada quince días hay que ponérleselo y se oscurece el pelo.

Estaba escribiendo un libro autobiográfico... Lo borré... porque me empezó a quitar tiempo, a absorber mucho, iban a aparecer nombres e iba a quedar la cagada. Lo corté. No hay libro Las memorias del Marqués.

No veo televisión. Puro teléfono. Soy bueno pal teléfono. Total. Me entretiene mucho más que la tele.

"La Tita me obligó a dejarme de teñir las canas", acusa Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Me arreglé con la Adriana Barrientos (después de que difundiera unas fotos hot de “La Leona” en sus historias de Instagram)... Un amigo mío, el “Paisano” (reconocido) me había mandado las fotos, que pagó por ellas (400 lucas para verla en pelotas), entonces yo se las mandé a otro amigo, ¡y se me metió en el Instagram!... No quedó en nada. Le pedí disculpas.

No piropeo porque no se puede... Ahora, si estamos en un ambiente social en la casa de amigos, claro, ahí sí. Pero a una chica que va pasando por la calle no le voy a decir como los maestros de la construcción “tan ricas tus tetas” o “eres estupenda”. No puedo decirlo ahora, queda la cagada. No se puede… Me pasan cosas divertidas: hay huevonas que me tiran los cortes, de todas las edades (bueno, no de 18 o 20 años), de 35 y 40 para arriba, y ahí hago una elección. Tengo la posibilidad de elegir.

La moto para mí se acabo, con el dolor de mi alma. La adoraba. Cumplí 80 y dije: “No más moto”. Muy peligroso.

Coco Legrand está pésimo... Pude conversar con él... cagó, cagó... Nos tomamos un café el otro día. Pero se vino abajo. Lo miras y dices: “Esto no puede ser”. Está cagado de la cabeza y todo. Me reconoce, pero de repente pela cables y se le va la moto. Le pasaron dos cosas: 1) Los dos éramos motoqueros, hacíamos paseos y él era un loco para manejar; se creía lolo y se sacó la chucha en la moto. Dice que lo chocaron: ¡Mentira! Bajando por la curva, venían unos amigos míos con él, y se le fue la moto. Ahí se cagó la pata izquierda. Y después tuvo la estupidez de meterse a la obra Viejos de mierda, con Jaime Vadell y Tomás Vidiella. Se metió con este par de viejos e hizo tan bien su papel: se empezó a dejar bigotes blancos, las canas no se las teñía y se quedó pegado en esa hueá. Y se convirtió en un viejo. No se ha podido sacar el personaje.

No tengo ningún amigo de mi edad, son todos menores (entre 40 y 60 años), no me meto con los hueones de mi edad: te transmiten pasado, son separados y te meten mierda... Los tóxicos, ¡pa’ fuera!

"Los tóxicos, ¡pa’ fuera!", manifiesta Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Éramos catorce hermanos y han muerto cinco, que eran menores que yo: Juan Eduardo, la Eugenia, Jaime, Paulo y Andrés... Esas muertes no me pegaron, salvo la de Juan Eduardo, con quien éramos muy unidos, porque teníamos motos y que sé yo, y vivía en en California y después en Washington. Éramos bien yuntas. Pero, como en todas las familias, no nos vemos mucho los hermanos. Es triste eso. Con algunos hablo por WhatsApp.

Me llamaron de la revista Hola hace unos años. Los periodistas me dijeron que iba a salir en la revista, pero que “lo vamos a identificar como un farsante”. “¿Y?”, contesté, “¿no tengo problema?”. “Porque usted se autodenominó ‘Marqués del Arrayán’, y hemos averiguado en España que usted no es ninguna cosa”. Les dije que “no me he puesto nunca ‘Marqués del Arrayán’”. Y entrevistaron a un señor argentino, que se decía “Conde” de no sé qué. La revista me pidió, como estábamos los catorce hermanos Ureta en ese momento, que estuviéramos todos en mi casa en El Arrayán, e hiciéramos una fiesta, y nos entrevistaban. Y es una pena que lo recuerde de nuevo, pero por eso me peleé con mi hermano Andrés (muy amigo de Ronald Bown, que se acaba de morir), que falleció hace dos años. Me dijo: “¿Cómo se te ocurre? Andas en la farándula, no me mezcles a mí”. Nos distanciamos mucho. Se sintió “achichado”, si era un frutero millonario, “y Emeterio repara techos”.

Casi todos los fines de semana voy a Maitencillo. Voy solo. La Tita tiene dos casas, en Puertecillo y Costa Rica; y de repente van con el Spiro (Razis) a Maitencillo, pero de amorosos, para ir a verme. Y el Emeterio también... Pero siempre voy solo. Tengo mi grupo de amigos, o me voy a los bares o restoranes, y me dicen: “¡Oye, Emeterio, siéntate con nosotros!”, y le dicen al garzón que traiga otro pisco sour. Lo paso la raja. Tenía unos amigos a los que les decía “Orilla de playa”, pero ya están en la decadencia más absurda, todos menores que yo, de 60 y 79: están todos buenos pal trago, guatones y sentados ahí jubilados.

La gente en la calle conmigo es una hueá de locos. De repente voy con un amigo o una amiga, y alguien se para a saludarme, y me dicen: “¿Por qué se paran tanto a saludarte?”, y les digo que “no lo he visto nunca”. “¿Pero cómo no lo has visto nunca? Con el cariño que te saluda, te abraza y te preguntan por la Tita”, me contestan... Agarré fama, de repente, ahora, de un momento a otro. Es la televisión. Por supuesto que me gusta ese contacto con la gente, ¡es lo que he buscado toda mi vida! Porque luché toda mi vida por ser alguien. No por la plata, sino por mi persona, que es mucho más enriquecedor que ser famoso por la plata: que la gente te quiera y lo que hables te lo escuchen. Es muy importante. A amigos míos abogados o ingenieros no los pescan ni en la micro. Me llegan botellas de champaña, y tengo canje en diecinueve restoranes y no pago un peso. También tiene sus beneficios.

La Tita cumplió 33, la edad a la que murió mi señora. Le dije: “Tita, piensa tú que te murieras a esta edad”. “Papá, ni me lo digas”, me contestó... La Tita no conoció a su mamá, no se acuerda de nada, ¡pero tiene todo igual que su mamá!: las manos, cómo te quita la mano cuando se enoja, y cuando discute... ¡En todo es igual a su madre!... Aunque ella sacó la personalidad mía, y Emeterio José tiene la personalidad de la mamá: tranquilo y pa’ dentro.

Cala es mi tercera nieta. Pasé el sábado y domingo metido con ella. Estaba trabajando en Cachagua; el fin de semana me había ido y nació justo cuando estaba allá; así que el viernes terminé la obra, cargué mi camioneta y me vine a Santiago. El sueño de la Tita era tener su guaguita. Estoy más contento por ella, que lo cumpliera... Para una mujer, que no ha sido madre pudiendo y queriendo... yo tampoco me habría sentido completo sin haber tenido un par de hijos. No habría sido feliz.

Con mi hijo Emeterio me llevo muy bien. Se llama como yo. La Tita dijo en un programa que me lo cagué, jaja, “lo cagaste, papá”, me dijo, “para qué le pusiste Emeterio José”.

"La gente en la calle conmigo es una hueá de locos", asegura Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Simpatizo con Renovación Nacional, pero no soy inscrito ni nada.

Cuando salió Gabriel Boric Presidente dije: “Veamos qué va a hacer, porque a mí me dijeron que me iba a quitar la casa”, que la casa de veraneo se la iban a tomar porque “nadie puede tener dos casas”; un montón de brutalidades que no hizo. No me asustaba tanto al principio. Y no me asustó nunca después.

¿Qué sensación me dejó el gobierno de Boric? ¡Mal gobierno!... Pero a todos les toca robar... Esos eran ignorantes. Ahora están los inteligentes, los que roban millones de dólares, que son mis compañeros de la derecha. Todavía estoy indignado con mis amigos de la derecha, porque roban igual que todos los sinvergüenzas.

Ahora con Kast puede volver Boric. Voy a contar la historia completa, corta y rápida: Voté por la Matthei (en primera vuelta), no me gustaba tanto, pero era de derecha, y una mujer de derecha me encantaría y la respeto. Voté por ella y perdí. Y entre medio de esto, niega a mi general Pinochet (soy facho, cosas mías de militar, no sé), y que lo negara me dolió mucho… ¿Por quién me quedaba votar? ¿Por el nazi de ese cabro Johannes (Kaiser)? ¡Por ningún motivo! Ese es un nazi, loco. Entonces dije: “Tendré que votar por Kast”. Pero no voté contento.

A Kast no lo conozco en persona. Cuando pasaba a comerme un sándwich lo veía detrás de los mesones (del Bavaria), cuando íbamos al Sur... ¿Y me gusta como Presidente? Cómo puede ser que a un Presidente lo entrevistan, y está con su señora al lado. Ha cometido puros errores garrafales.

Pronostiqué “tiempos terribles” durante el gobierno de Kast, porque habrá un momento determinado en que vendrá una segunda revuelta, porque verán que están dándole más importancia a los capitalistas que al pueblo en este país.... Disminuir los impuestos a las grandes empresas al pueblo le duele. Se están cagando en puras tonteras.

Tomás Vodánovic, alcalde de Maipú, me cae muy simpático, y es hijo de un amigo mío, Jaime, que tiene la residencial Ayke en el valle del Elqui. Lo encuentro muy simpático e inteligente. Y si sigue así, puede ser Presidente de la República... ¿Podría votar por él? (Pregunta reportero). Es una pregunta bien difícil. Me gustaría apoyarlo, pero no creo porque es socialista (del Frente Amplio). ¿Si fuera Franco Parisi contra Vodanovic? (Pregunta reportero). No voto por ninguno de los dos.

A Leonardo Farkas lo encuentro siútico, arribista y ostenta... El pelo con que anda, ¿como va a ser cuico? No va a llegar a ninguna parte con ese pelo asqueroso... No lo conozco, nunca lo he visto. Pero te aseguro que me ubica.

"Me cae muy simpático", dice sobre el alcalde Vodanovic, Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Hay gente que cree que la Tita me mantiene. Han dicho mucho... Estoy sentado en mi oficina, ¿quién me mantiene?... Lo dicen porque me ven con la Tita para todos lados. No crean que paso tanto tiempo con mis hijos. Los respeto mucho. Estoy mucho más con la Tita que con Emeterio, porque él tiene el casa en Topocalma, y la Tita está más por aquí. Pero con los dos tengo buena relación.

En restoranes me busco lo más barato. Nadie me cree que, por ejemplo: ayer anduve en uno cerca de mi oficina y me comí una tortilla de papá; llevé mi petaquita, y me pedía una coca-cola y me tomo piscolita y media. Pagué por todo $7.160 con 10% de propina... ¿Han visto a esos sinvergüenzas de la Fuente Alemana? Fui un día a una reunión en Plaza Italia con un arquitecto. Me comí un sándwich asqueroso, de lomo, con el pan mojado, y una cerveza chiquitita en botella... ¡$ 12.900!... Y el hueón me dijo: “¿Quiere dar propina?”, ¿cómo le iba a dar propina?... ¡Pésimo! Asqueroso el sandwich, prácticamente lo dejé. La gente se lo come no sé por qué.

¿Todavía hago pipí en el patio para ahorrar agua?... Y acá en la oficina salgo a mear afuera... No lo hago para ahorrar, lo hago para huevear. Llego a mi casa en El Arrayán y meo en el estacionamiento. Lo hago siempre.

Cuando voy a la playa compro Clos de Pirque y lo pongo en una botella más cuica, y no se dan ni cuenta las cuicas, y se lo toman igual, felices.

"Lo único que le pido a Dios es salud", declara Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

No ando buscando hueones con plata para hacerme amigo, ni hueonas ricas para pegarse cachas y andar pegado con ellas. Y las cosas materiales ya las conseguí todas. Me encantan. Ya no quiero un Mercedes con cuatro motores más. Viajo tres veces al año, y no quiero viajar cinco veces; estoy tranquilo como estoy. Lo único que le pido a Dios es salud. Quiero tener salud.

Alguna vez dije que viviré hasta los 92. Espero vivir la vida, tranquilamente, tomar todos los días como todos los días, sentarme en este mismo escritorio y seguir en mi pega; despertar contento, dormir bien (duermo entre ocho y diez horas). Eso es todo.

Cuestionario Pop

Si no me hubiera dedicado a arreglar techos, me habría gustado ser gerente general de alguna empresa grande de Chile... ¿Y animador? No, porque la televisión es muy peligrosa; no es estable. Emeterio habla de repente huevadas grandes; me echarían cagando. No. Aprendí porque trabajé en la tele.

¿Un apodo mío, además de el “Marqués del Arrayán” y “La puta veneciana”, porque me pasaba de canal en canal?... No tengo otro apodo.

Un sueño pendiente es que alguna empresa me auspicie y le hago la propaganda: una casa rodante y quiero viajar durante una semana al Sur de Chile, y cocinarme, solo. Pararme en la orilla de un lago y hacer un fuego; que venga una tormenta y quedarme adentro de mi casita. Es un sueño.

"La televisión es muy peligrosa", analiza Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Una maña que tengo es guardar el auto para atrás, todos los días, y pasarle plumero en la mañana y en la noche. Esa maña no me la quita nadie. Tengo un Mercedes la raja. Cómo lo miran los huevones en la calle.

Una frase favorita mía es “ahí estamos hasta el pico”.

Un trabajo mío que no se conoce es que fui junior cuando trabajé en la bolsa, y lavaba autos.

De mi primer sueldo me quedó un conchito y me compré una motito de 500 centímetros cúbicos. Fue mi primer vehículo, que lo usaba para trabajar.

Me arrepiento de haber vendido el departamento de Miami.

Mi pertenencia más preciada la tuve que vender: la Harley Davidson... la adoraba, era mi compañera: viajé a Machu Picchu, Brasil, Río de Janeiro, todo el sur de Chile, Argentina y Ushuaia.

¿Un amor imposible?... Me acordé de eso el otro día: de un amiga que no está en Chile, vive en Miami (no sé qué será de ella): Gisella García, cubana-americana, preciosa, una maravilla. Se quería casar conmigo, pero que yo me fuera a vivir a Miami, y yo estaba empezando a construir la casa en El Arrayán, a mis 35 o 40. Me quedé metido con ella... No sé si tuvo un accidente en auto, o se separó y se agarró a balazos con el marido... Algo raro pasó.

¿Un amigo famosillo? Raúl Alcaino, Pablo Zúñiga y Julián Elfenbein.

"Me arrepiento de haber vendido el departamento de Miami", admite Emeterio. Fotografía Pablo Vásquez R | La Cuarta | La Firme Pablo Vásquez R.

Un país favorito es Tailandia.

Un talento oculto es haber sido piloto civil. Y que soy un gran cocinero.

Una película que me hace llorar, ¡y con la que me siento completamente identificado!, es Alguien tiene que ceder, con Jack Nicholson. Es la vida de Emeterio Ureta, en el Mercedes Benz gris, convertible; en la casa en la playa; se enamora de la cabra mucho más joven que él, y termina con la mamá. La historia es genial. La vida mía.

No creo en el horóscopo. Pero soy tarotista, saco la suerte. Soy Géminis.

¿Un miedo?... Me cuido todos los días de los accidentes, los choques y los balazos. Pero le tengo miedo a la muerte. Antes, cuando estaba más joven, le tenía miedo, porque hacía cosas riesgosas. Estuve tres veces a punto de matarme en la Harley. Una vez me resbalé y me caí viniendo a Mendoza. Otra vez encontré un camión de frente y me tuve que tirar entre medio de los dos camiones. Tuve locuras en la moto.

Si pudiera tener un superpoder me gustaría tener la sanación, sanar a otras personas.

¿Un placer culpable?... El sexo me encanta... Una mujer desnuda todos los días.

Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado, ¡a todos los convidaría a la casa! Respeto a todos, pero no admiro a ninguno... Me admiro yo. Estoy encima o a la par con ellos. Tengo un persona que admiro en la vida, que ya no está: Cristo. Es mi guía y aprendido mucho de él.

Emeterio Ureta es un hueón que ha vivido mucho, simpático, muy inteligente, trabajador, luchador, pensador, muy buen comunicador y transmite la paz. Es un hueón choro.

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