Los Auténticos Decadentes en Movistar Arena: una fiesta que no siente el paso del tiempo
La banda argentina celebró más de 30 años de carrera con un show cargado de clásicos, buena onda y una conexión intacta con el público chileno.
Los Auténticos Decadentes no requieren ningún tipo de presentación. Su música ha sido parte de miles de fiestas por más de 30 años y sus mayores éxitos se han transformado en himnos imperecederos que siguen convocando a bailar, saltar y disfrutar la música a concho.
En esa ruta, la banda argentina se arraigó con tanta fuerza en Chile, que sin duda construyó una relación única con el público local.
Por eso cada visita es recibida como un reencuentro en casa en donde la gente corea cada canción de principio a fin y transforma los shows en celebraciones donde la nostalgia y la alegría caminan siempre juntas.
En esa línea, lo vivido en el Movistar Arena fue una mezcla de fiesta y reunión.
El concierto no solo celebró los más de 30 años de Mi vida loca, el disco clave que impulsó su popularidad continental, sino también una trayectoria completa marcada por el carrete, la camaradería y el simple placer de reunirse en torno a la pachanga musical.
El paso del tiempo, claro, se nota en Cucho, el Francés, el Perro Viejo y compañía, con cabelleras canosas que reflejan las cuatro décadas de historia de la agrupación.
Sin embargo, fieles a su espíritu, los Decadentes siguen siendo incombustibles y entregaron cerca de treinta canciones casi sin respiro, movilizando a una audiencia que coreó, hizo vaivenes con los brazos, bailó y dejó claro que disfrutó a concho las dos horas de presentación.
Todo comenzó en un excelente pie, ya que el arranque fue directo al corazón festivo con “La Guitarra”, para luego sumergirse en otros pasajes del mismo álbum, como “Aguinaldo”, “Diosa” y la siempre emblemática “Corazón”, con su clásica frase de “yo no sé lo que me pasa cuando estoy con vos”.
En ese primer tramo, la energía fue total. El público presente sabía perfectamente lo que le estaba pasando y respondió manteniéndose de pie, mientras la música retumbó con fuerza, sintiéndose por varios pasajes al 120% del volumen, y la banda demostró que, pese a las canas, no hay freno posible cuando se trata de celebrar tocando en vivo.
A continuación, el grupo destacó el “placer” que sentían por estar “por primera vez solos” en el Movistar Arena, subrayando lo simbólico del recinto para la música en Chile.
En esos términos, los Decadentes respondieron con un sólido trabajo rítmico, con vientos, tambores y baterías que funcionaron como un motor permanente para la energía del show. Obviamente, ese engranaje es clave para entender por qué sus presentaciones mantienen una intensidad tan particular.
El recorrido posterior obviamente incluyó éxitos de otros discos de la banda, como las coreadísimas “Los Piratas”, “Vení Raquel” y “Cómo me voy a olvidar”, además de colaboraciones como la que hicieron con Julieta Venegas, Mon Laferte y covers como “Los Viejos Vinagres” de Sumo, siempre al servicio del clima festivo que atravesó toda la noche.
Es decir, bastaba que la gente reconociera un acorde de un clásico para estallar en euforia.
En toda la noche también fue clave que el grupo dialogase con simpatía, agradeciendo el recibimiento e inclusive dándose el espacio para el humor. Por ejemplo, antes de la explosiva “Qué le vamo’ a hacer”, invitaron a mujeres a subir a bailar y, al no resultar, remataron con una broma que sacó un par de carcajadas: “¿Dónde están las chicas? Bueno, somos feos, por eso hicimos una banda”.
En esa senda, y unidos en su música, Los Auténticos Decadentes lo dieron todo y entregaron un cierre que fue una seguidilla demoledora: el tuta tuta de “El Murguero”, “Cómo me voy a olvidar”, el cover de “Gente que no”, “Somos” con el llamado del Club Atlético Decadente, la imperecedera “Tu forma de ser” y el desborde final de “Siga el baile”, dejando al público sin ganas de irse.
Luego “Y la banda sigue” selló una noche con abrazos, saltos e interacción constante que remarcó que Los Auténticos Decadentes siguen siendo una celebración viva, transversal y resistente al tiempo.
De hecho, frente a un grupo que ya no necesita probar nada, su concierto fue más allá de ser un mero repaso por un cancionero inoxidable. Sin duda también reafirmó a la banda como un punto de encuentro generacional, donde la edad o el cansancio pierden relevancia. O sea, para graficarlo de mejor forma: dejaron una vez más en claro que mientras existan canciones para cantar en coro y ganas de festejar, su fiesta seguirá hasta que las velas, y quizás la vida, no ardan más.
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