“Me duele el mundo que estamos entregando”: Fernando Ubiergo celebra 50 años de carrera y deja profunda reflexión por situación global
“Hoy estamos gobernados por la ignorancia, por la incompetencia”, señaló el ganador del Festival de Viña del Mar, quien regaló al Diario Pop recuerdos de su carrera y de su vida personal. Por último, pero no menos importante, entregó lo que depara su hoja de ruta en los próximos meses.
Su voz es sinónimo de canciones entrañables para un Chile que no es para nada lo que es en pleno 2026; la vida tenía otro ritmo, el mismo lo dice a nuestro micrófono, una época pasada donde, a base de sus metáforas, para esquivar la represión de esa época, con un género que no era el pop de esos años, cantándole a los embarazos juveniles, el recuerdo, la represión o la vida misma.
Fernando Ubiergo en esta temporada celebra 50 años de carrera, lo hará con tutti, si ya viene de lanzar dos trabajos como "La Vida Es" (2024), un disco de puras canciones inéditas donde el cantautor demuestra que todavía queda tinta, sumado a "Tango1420″ (2025), un tributo a sus padres y a su primeriza vida familiar; por algo el número, el cual es una referencia al número de su casa donde usualmente se musicalizaba con tango y poemas el hogar.
Además, durante este próximo otoño lanzará solo en formato físico un trabajo de rarezas con más de 80 registros, incluyendo canciones nunca publicadas y grabaciones especiales como arreglos musicales para “El Principito” con Nino García. Sumado a un compilatorio doble de 22 temas que pasará por toda su obra llamado “50 años no es nada”, nombre que también tiene la gira que comenzó este verano por diferentes ciudades del país.
No es para menos, son pocos los músicos que siguen de pie al cañón realizando este honesto oficio de hacer música por medio siglo.
“Cuando era niño y escuchaba en la radio a Gardel, mi padre escuchaba tango. Cuando lo escuchaba decir ‘20 años no es nada’, yo decía: ‘¿De qué está hablando?, ¿cómo 20 años no es nada?’. Si para mí el año escolar era todo. Con el paso de los años, en mi caso escuché mucho tango y Beatles, que fueron como los dos pilares fundamentales, hasta que mis viejos ya no estuvieron más juntos. Y me di cuenta de que cuando escuchaba tango tenía una melancolía enorme, porque me traía todos esos recuerdos de la infancia”.
-Hay recopilatorios suyos, pero son de épocas pasadas también. Este va a tener todo, ¿no? Hábleme de ese recopilatorio.
-Este, sin duda, es el mero mero. Por ejemplo, la versión que se conoce de “Agua Luna” es una que yo grabé en España. En esos días yo vivía allá y vine a Chile a competir al Festival de la OTI, cuando se enteraron de que había ganado en México la OTI local para ir a representar a Chile.
Yo estaba promoviendo un álbum que se llama En algún lugar del mundo, con once canciones inéditas, pero no estaba “Agua Luna”. Entonces me dijeron: “¿Pero por qué no la grabaste?”. Y yo no la podía grabar, en resumen, me fui a España a grabarla, pero yo ya la había grabado en Chile una semana antes. Esa versión original quedó guardada en una cinta magnética.
Después grabé la versión en España, partí a México al Festival de la OTI —que ganamos—, fue a finales del 84, el año que competimos con Yuri, y se me olvidó esa cinta original.
Ahora, buscando para el álbum "50 años no es nada", empezamos a registrar cintas y de repente me aparece una que no tenía nombre. Fue arqueología pura. Me fui al estudio con Ignacio Portales, que nos hace el sonido, y con pinzas, después de varios años, tomamos la cinta… y nos encontramos con la versión original de “Agua Luna”.
-¿Cómo es el balance?
-Es inevitable echar una miradita hacia atrás. Con el paso del tiempo mi propia percepción ha cambiado, creo que a todos los que alcanzamos cierta edad nos pasa lo mismo.
Es como el efecto Doppler: cuando viene la ambulancia la sirena suena de un modo y cuando se va suena de otro. Con el tiempo pasa igual: cuando uno lo mira hacia adelante parece largo, y cuando lo mira hacia atrás es fugaz.
Nosotros finalmente somos un pequeño chispazo entre dos noches. Yo no pierdo esa perspectiva: por muy artista o conocido que uno haya sido en tal o cual época, finalmente somos eso, nada más que un chispazo.
Ser consciente de eso te pone los pies donde deben estar. Hay una pretensión, pero una pretensión humana… no sé si me explico.
“Gratitud”
-Fernando, se siente como esa idea del mismo humano, de cómo trascender, entre comillas, después de, porque igual su música va a quedar ahí para siempre, como un recuerdo de una época, de un momento, de una situación. Sus canciones recuerdan una etapa de nuestro país también.
-Agradezco mucho ese comentario, pero lo que quiero transmitir en el fondo es que no pierdo la perspectiva, cosa que suele suceder. No es poco frecuente que aparezca una especie de autobombo. Honestamente quiero ser muy respetuoso con esto, pero no creo que haya un mérito en cumplir años. Uno simplemente cumple años y estos 50 años son más bien para celebrar estar vivo, estar consciente.
Si tuviera que escoger una palabra, diría gratitud. Gracias a la vida, gracias a mis viejos, gracias a mi entorno, y nada más que durante 50 años he podido desarrollar este oficio, con todas las cosas buenas, malas e intermedias.
-Usted está como lechuga, se puede decir.
-Yo prefiero como espinaca.
Serrat fue su ídolo
-Otra cosa que le quería consultar, maestro, es sobre su estilo. Usted parte su carrera en los 70, en plena dictadura, y su trova era distinta a la de antes, incluso con una cosa más pop en su propuesta.
-Efectivamente, los contextos eran totalmente distintos. El uso de la metáfora fue un recurso muy usado, y había una influencia importante en lo mío. Yo diría que el gran referente para mí era Serrat.
Yo venía del tango y de repente aparece Serrat. Al poco rato empiezo a descubrir a Jim Croce, escuchaba mucha música en inglés en aquellos días, estaba el rock también.
Pero en Serrat descubrí algo fundamental: había una capacidad, dos elementos. Mi padre era poeta anónimo, como tantos viejos duros que tienen esa otra parte sensible. Independiente de sus cosas cotidianas, nunca quiso que tuviéramos televisor. En mi casa no hubo televisión, yo no tuve tele hasta los 18 años, y hoy lo agradezco.
Mi viejo leía poesía. Recuerdo cuando yo tenía 11 o 12 años, con una vela, con la luz apagada en la calle, lloviendo a cántaros, leyéndonos un poema de Antonio Machado que se llama Retrato. Y cinco o seis años después aparece Serrat musicalizando los versos de Antonio Machado.
-Serrat muy importante entonces…
-Y la cosa es que yo escucho eso y, como esa canción, ese poema, yo ya lo tenía como el Padre Nuestro, me lo sabía de memoria. Y escucho a un joven español con su guitarra cantando “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto” y en ese momento descubrí algo que no sé bien cómo explicarlo: encontré un héroe. Sentí que la vida tenía mucho más sentido cuando uno se disponía, no es que lo haya pensado así de cabro chico, pero amé profundamente eso.
Después entendí que había un sentido para la vida: qué hermoso esto de instalarte detrás de una guitarra, ir como un juglar contándole a la gente la vida, lo que viste por aquí, lo que viste por allá, y entender el oficio de lo que antiguamente se llamaba la juglaría, que la canción podía tener un sentido más allá de la repetición de la estructura más pop.
-Eso marcó su inicio…
-Eso me vinculaba mucho con mi viejo, yo había desarrollado un auspicio sin darme cuenta. Cuando aparece la música, que me sedujo más que la poesía, entendí que se podían juntar esas dos cosas y además cantarlas. Eso fue cuando tenía 17, 18 años, y ahí empecé a darle duro con la guitarra, hasta que por ahí, por los 21 o 22, empecé a ganar festivales. No había ninguna posibilidad de que alguien llegara a la televisión, y fíjate que hoy no es tan diferente: la televisión sigue insistiendo en privilegiar y repetir formas. Entonces, en esos días, cualquiera que escribiera un poquito más ya era sospechoso.
-Los festivales eran de canción melódica, estilo José José, Julio Iglesias, ese pop de la época, porque esta cosa trova no estaba tan metida.
-Exactamente. Yo gano mi primer festival con "El Tiempo del Botón", que habla del holocausto nuclear, y después en Viña con "El Tiempo en las Bastillas. Tenía 24 años cuando gané. Yo era consciente de que muchos creían que eran las Bastillas francesas y otros pensaban que eran las pastillas, pero daba lo mismo, había una reflexión detrás.
“El Tiempo en las Bastillas” se hizo muy conocida con los años, con muchas versiones. Todas me gustan, pero la del Macha me provoca una sensación más cercana a la composición, porque es profundamente melancólica. La canción habla de la historia oficial, de lo que se quiere contar, pero también de lo que el relato oficial suprime. Parte diciendo que el tiempo guarda sus bastillas, las cosas que el hombre olvidó, lo que nadie escribió, aquello que la historia nunca persistió. Ahí ya estaba postulada la hipótesis de que la historia es una creación humana.
“No sabemos para dónde va el mundo”
-¿Qué le parece todo a nivel global lo que ocurre?
-Se cayeron todas las estructuras, o las que no se han caído están tambaleando. Estamos viviendo una transición hacia algo que desconozco hacia dónde va.
Estamos viviendo una transición compleja que genera ansiedad y angustia, especialmente en los padres, abuelos, con hijos jóvenes o chicos. Uno sufre más por la descendencia, por creer que todo esté bien. Vivimos un mundo de gran inseguridad, de gran incerteza, con líderes mundiales que no aportan a la tranquilidad, que amenazan con violencia. Cualquier líder que base su acción en la violencia es objeto de todo mi desprecio.
Estamos viviendo una muy mala época y lo lamento profundamente por nosotros, por los seres humanos. Necesitamos mayor armonía, mayor sensatez, pero los discursos extremos resultan más atractivos. Yo creo que hay una sabiduría silenciosa en millones de personas.
-Comparto…
-Me duele el mundo que estamos entregando. Yo tengo 72, cumplo 73 en febrero, y cuando veo todo lo que ha pasado, los saltos cuánticos tecnológicos, los avances, también veo retrocesos enormes en el espíritu, en la serenidad, en la generosidad. Hoy estamos gobernados por la ignorancia, por la incompetencia. Organismos como Naciones Unidas ya no son respetados.
No sabemos para dónde va el mundo. Hay que aferrarse a lo simple, al respeto a la vida, a todas las formas de vida, no solo humanas. Nosotros partimos hace muchos años siendo vegetarianos por mi parte. Yo era pescador y lo digo porque uno empieza a entender las cosas distinto. No es lo mismo pescar para comer que pescar por deporte.
50 años no es nada
Fernando Ubiergo sigue celebrando en grande sus 50 años de carrera con la gira “50 años no es nada”, que ya tuvo sus primeras paradas este 3 de enero en Puente Alto, el 9 en La Serena y el 10 en Viña del Mar, y que ahora continúa con fechas confirmadas en Lota (24 de enero) y una serie de conciertos por Europa durante marzo, para luego volver a Chile con presentaciones en Rancagua, Chillán, Temuco, Providencia, Curicó y Los Ángeles entre mayo y agosto.
Eso sí, el propio equipo del artista ya ha adelantado que seguramente se sumarán más fechas, por lo que el llamado es a estar muy atento a las redes sociales de Fernando Ubiergo para no perderse ninguna novedad de esta gira histórica.
Lo último
hace 2 min
hace 7 min
hace 9 min
hace 11 min
hace 21 min
Lo más leído
1.
2.
3.