Por Paulo QuinterosMy Chemical Romance en el Estadio Bicentenario: la gran obra que no necesita defensa
En la primera de sus dos fechas en La Florida, la banda convirtió los 20 años de The Black Parade en una obra total, reafirmando que más allá de etiquetas y prejuicios, su música sigue siendo un refugio emocional y un ritual colectivo que atraviesa generaciones.

My Chemical Romance siempre ha cargado con una mochila que, en el fondo, no le corresponde. Se trata de un bolso de prejuicios, ideas preconcebidas - surgidas en medio del auge emo - e incluso un cierto desprecio del sector de rock más duro.
Pero el grupo transformó la marginación en épica, construyendo relatos grandilocuentes a partir de emociones habitualmente consideradas como oscuras y que asumieron siempre como un eje central de su identidad, su estética y su puesta en escena.
En ese proceso, la banda forjó un camino propio: no encajaron del todo en los márgenes estrictos del emo, punk o el rock más pop, pero aun así lograron congregar un poco de todo eso para arrastrar masas, crear comunidad y transmitir una idea clave a sus seguidores: no estaban solos.
Justamente eso se manifestó de forma directa en el primero de los dos conciertos que la banda realiza esta semana en el Estadio Bicentenario de La Florida.
Lejos de apoyarse en la nostalgia, que habría sido el camino fácil, el show funcionó inicialmente como una celebración cuidadosamente diseñada, tanto en lo teatral como en lo musical, de los 20 años de The Black Parade. Sí, el disco que no solo los definió artísticamente, sino que también terminó por fijar las coordenadas de lo que hoy se entiende, para bien o para mal, como la expresión más ambiciosa de la música emo.

Desde el inicio, tras una antesala que fue vigorizada de gran forma por la presentación de The Hives, la propuesta de My Chemical Romance dejó claro que el eje inicial sería expandir a The Black Parade como una obra total.
De ese modo, el recorrido por el disco fue presentado como un relato continuo, con una puesta en escena que reforzó su carácter conceptual: hubo dramatismo, mucha performance y una narrativa que avanzó por la muerte simbólica y la resistencia emocional.
Con la banda perfectamente caracterizados, un ojo que lo veía todo y pantallas en constante cambio, uno de los puntos más relevantes sin duda fue el dominio de Gerard Way y su teatralidad sobre el escenario. Aquello fue algo que le permitió entrar en personaje por completo y expresarse no solo con su voz, sino que también con sus posturas e incluso con sus ojos.
Canciones como "Welcome to the Black Parade", que literalmente desató la locura en la parte inicial del concierto, fueron más que simples momentos de euforia. Más aún, la efusividad descontrolada del público en la primera parte abrazó y coreó cada canción como hitos dentro de una historia mayor que hasta el día de hoy refleja la trascendencia de ese disco como fenómeno cultural.
En ese tránsito, los pasajes más íntimos y oscuros del álbum, representados por la balada rock "Cancer" o el rock alternativo d "Sleep", también convivieron con la energía explosiva de hits como "Teenagers". Todo ello evidenció el equilibrio de la banda y su capacidad para moverse entre la vulnerabilidad extrema y la catarsis colectiva.
Incluso los momentos más teatrales, como la presentación de "Mama", reforzaron la idea de que la banda entiende el escenario como un espacio de representación emocional. Por eso mismo no faltó el fuego, las llamas incandescentes y un calor que literalmente se expandió desde el escenario para envolver de forma particular a la cancha.

Luego de cerrar el arco de The Black Parade, con un excelente momento teatral en el que Gerard Way bañó todo de sangre y tripas, el concierto se abrió hacia el resto de la discografía y a partir de ahí el show adquirió otra capa de significado.
Lejos de diluirse, la segunda parte funcionó como una reafirmación de la identidad de My Chemical Romance, por lo que fue gracioso escuchar a Way decir que ahora estaban siendo “normales” tras sacarse los trajes y el maquillaje.
En ese nuevo impulso, los temas más reconocibles de la banda obviamente conectaron de inmediato con la memoria afectiva del público y, entre gritos, saltos y una emoción asumida sin pudor, quedó claro que lo que ocurría en el estadio de La Florida iba más allá del entusiasmo momentáneo.
Lo que estaba presentándose involucraba a canciones que, para muchos de los presentes, alguna vez funcionaron como un refugio, un lugar seguro cargado de sentido y significado.
Al mismo tiempo, la inclusión de material más agresivo y menos complaciente, incluso poco habitual en sus presentaciones, como ”Heaven Help Us", que debutó en el tour junto a un puñado de canciones más, reforzó la idea de que My Chemical Romance no se siente cómoda repitiendo fórmulas. Basta decir que, por muy calculado que esté su espectáculo en términos de performance, la banda todavía se permite alterar su estructura para sorprender a sus fans.
Por lo mismo, las canciones de la segunda parte, lejos de buscar consenso, expusieron el costado más punk y desbordado del grupo. Esa decisión también ayudó a sostener la energía de un show que se extendió por poco más de dos horas y que debió enfrentar las dificultades del calor, la emoción propia de una cancha repleta de punta a cabo y los recurrentes gritos por agua que se dejaron oír entre el público.

El tramo final, coronado por canciones tan coreadas como "Helena", "I’m Not Okay (I Promise)" o "Na Na Na", terminó de sellar la comunión con el público y, además, se permitió un cierre inédito en el actual tour con "The Kids From Yesterday", tan celebrada y coreada como temas mucho más populares.
Y ese además no fue solo un cierre épico, sino también una declaración de principios. A pesar del paso del tiempo, y la larga pausa que los mantuvo alejados, My Chemical Romance sigue siendo una banda capaz de construir rituales colectivos. Aunque no publican un disco nuevo desde hace más de 15 años, su obra continúa funcionando como un punto de encuentro que la audiencia abraza para reconocerse y generar un sentido de pertenencia, algo que quedó reflejado en los rostros y la satisfacción de quienes abandonaban el estadio.
Por lo mismo, el concierto fue mucho más que la celebración de los 20 años de The Black Parade. También confirmó que todas esas etiquetas, prejuicios y caricaturas que alguna vez cargaron como una mochila ajena no logran opacar lo esencial. O sea, en el Estadio Bicentenario, con su propuesta artística completamente pulida, la banda volvió a demostrar que su lugar nunca estuvo en los márgenes del juicio externo, sino en el centro emocional de una generación que todavía hoy se sigue encontrando en sus canciones.
Y como quedó claro en las reacciones posteriores, inclusive en las primeras reacciones en redes sociales que le leí a amigos, todo aquello no fue solo una etapa de la adolescencia.
My Chemical Romance tendrá su segunda presentación este jueves 29 de enero en el Estadio Bicentenario de La Florida.
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