“Se lo debo todo”: Rodrigo Díaz y Claudia Miranda abren su corazón en el Día de la Danza

Autor: Guido Macari

Los bailarines conversaron con el diario pop sobre el papel que ha ocupado esta arte en sus vidas. Hablaron de sus inicios y de lo que han debido dejar de lado para dedicarse a su pasión. “Mientras mis compañeros se iban a carretear, yo me tenía que ir a trabajar”, recuerda él.


“Mi gusto por la danza fue bien accidental, porque tenía ocho años y me quedé sin amigos”, recuerda el destacado bailarín y ganador de Rojo, Rodrigo Díaz.

Era 1988. Todos sus compañeros de juego habían entrado a un grupo folclórico que se armó cerca de donde él vivía, en Quinta Normal. “Y por no quedarme sin amigos, me metí a este grupo y ahí estuve aproximadamente como tres años”, cuenta a la Cuarta.

Todo partió como una anécdota, un “peluseo”, pero “de a poquito me empezó a gustar el baile y me pasaron a un grupo adulto”. Fue ahí cuando empezó a conocer más en profundidad el folclor chileno y de Latinoamérica. “Esos son mis primeros indicios”, dice.

Un par de años antes, Claudia Miranda, bailarina, coreógrafa y jurado en distintos programas de talentos, empezó a hacer gimnasia rítmica cuando tenía doce. “De toda la vida me gustó mucho el movimiento, el deporte”, recuerda con el diario pop.

Y cuando iba en primero medio la danza se metió en su vida. En el aniversario de su liceo, vio bailar a un conjunto de jóvenes que estaban todos vestidos iguales. Se llamaba grupo Época. “Quedé alucinada”, dice. Así que audicionó, quedó y “desde ahí no paré”.

Al año siguiente, en 1983, el grupo de Claudia postuló a Canal 13 y les resultó.

El peso de Rojo

Y mientras Rodrigo Díaz y Claudia Miranda daban sus primeros pasos en el baile, la Unesco, en 1982, estableció el 29 de abril como el Día Internacional de la Danza. ¿Por qué esa fecha? Se conmemora el nacimiento de Jean-Georges Noverre en 1727, un francés estudioso de este arte y calificado como el creador del ballet moderno.

Por eso, La Cuarta habló con ambos bailarines para conocer más sobre el papel que ha ocupado la danza en sus vidas, cómo han vivido todos estos años dedicados a ella.

Si bien no se arrepiente de ello, Rodrigo estudió ingeniería comercial en la UTEM y en la Central. El baile siempre corrió en paralelo.

A los 16 años entró al programa de lo que ahora es CHV, Extra Jóvenes, el mismo en que antes surgieron algunas figuras televisivas como Katherine Salosny, Felipe Camiroaga y Claudia Conserva. Ahí Rodrigo bailaba en un grupo juvenil en 1996.

Y después, al llegar a Rojo, «fue como un poco la recopilación de todo lo que había hecho antes», dice él. «Rojo vino a coronar toda mi trayectoria que había tenido desde chiquitito».

Rodrigo Díaz en Rojo.

En 2002, entró al mítico programa de talento de TVN y “ahí se tornó un poco más importante”. De hecho, al año siguiente lo ganó, y le tomó el peso al triunfo, sintió que significaba una responsabilidad también.

“A pesar de no ser un bailarín formado en una universidad”, dice, “siempre me sentí con la responsabilidad de inculcar y motivar a niños a que se dediquen a esto”. Así, en noviembre del 2004, inauguró su academia de baile, la cual actualmente ya tiene dos sedes en Providencia y Maipú.

El arte de renovarse

Claudia supo que quería dedicarse a la danza desde el momento en que se puso las pilas en los ensayos, los que eran tres o cuatro veces al día. Con catorce años, sentía “que tenía muchas ganas de hacerlo y de ir a bailar una y otra vez”.

Y así despegó una carrera que fue teniendo diversos hitos. En TVN, tuvo un mini-programa de tres minutos llamado Bailando con Claudia, en que, de lunes a jueves, enseñaba un paso diario para el viernes hacer la coreografía completa. También, su aparición en un icónico comercial que publicitaba los jeans elasticados.

Claudia Miranda en su mini-programa.

Además, durante casi una década estuvo en el matinal del Buenos Días a Todos. E incluso se presentó en el escenario del Festival de Viña bailando ballet.

En todos estos años de carrera, Claudia piensa que el mayor desafío ha sido estar “siempre renovándose, siempre estar a la moda”.

“Lo último que hice más heavy”, relata, fue cuando ganó la primera temporada de El Baile (TVN) en 2006. “Para mí, entre comillas, todo caminó super bien en la danza” hasta ese momento. Excepto un periodo en que nació su primer hijo y estuvo tres años sin trabajo y ella pensaba: «¿Qué hago?». Así que se puso a dar clases.

“Creo que el mayor cuestionamiento empieza cuando uno se pone más viejo y dice ‘chuta, qué va a pasar conmigo frente a la situación de que lo único que sé hacer es la danza’», reflexiona. “Creo que la mayor dificultad es uno mismo: siempre un bailarín quiere perfeccionarse más y más”.

Todos a Murano, menos…

Para Rodrigo Díaz, la etapa más complicada fue cuando quiso abrir su academia de baile, en pleno apogeo de Rojo. “Estaba con la fama hasta el cuello, y fue super difícil concentrarme en las responsabilidades”, recuerda. “Me hizo como poner los pies en la tierra”.

“Era difícil”, comenta. Mientras mis compañeros se iban a carretear, yo me tenía que ir a trabajar”. Y todo eso mientras estudiaba en la universidad, bailaba en Rojo y formaba su academia.

“Era complicado porque quería hacer las cosas que todos mis compañeros hacían, todos iban a sala Murano”, relata. “Y yo me tenía que ir a estudiar a la casa”.

Piensa que esa fue la etapa más complicada. “Pero hoy me doy cuenta de que todo eso, todo lo que viví, hoy lo estoy disfrutando”, asegura. “Tengo todo lo que tengo gracias a ese sacrificio, gracias a esas sacadas de cresta, a esas trasnochadas, haber dejado cuántas fiestas y amigos de lado”.

El mito derribado

A sus 41 años, Rodrigo considera que la danza “es una forma de expresarme, de sentir, de mantenerme en forma, de generar más felicidad, porque claramente también es un ejercicio”, dice. “Es hermoso”.

Y destaca que, a través de este arte, ha podido conectar con millones de personas, e, incluso, atravesar continentes. “Ha sido maravilloso, un viaje en el que jamás pensé que podría sumergirme: nunca pensé poder llegar a Asia, poder hacer vibrar a personas en un crucero por el Mediterráneo, en Estados Unidos, en toda Latinoamérica”.

“La verdad que se lo debo todo”, subraya. “Y la gente me ha podido conocer como persona a través de la danza”.

Rodrigo Díaz en su academia de baile

Además, al mirar el pasado, piensa que antes los bailarines eran vistos “como ‘el arroz de acompañamiento’ de los cantantes”, reflexiona. “Al menos yo, considero que Rojo logró derribar ese mito”, al darles pantalla a distintos talentos.

“En ese sentido también me siento un poco orgulloso de haber pertenecido a esa generación que marcó un antes y un después en materia de danza en Chile”, dice. Y agrega:

—En esa época, jamás imaginé todo lo que me iba a pasar después —comenta—, hacer lo que me apasiona. Eso ha sido lo que me ha hecho ser feliz durante toda mi vida.

«Jamás se pierde»

En tanto, a sus 52 años, Claudia ha vivido una especie de reinvención en su relación con la danza, luego de que empezara a hacer clases online a través de Zoom en “Bailando con Claudia”.

“Yo no daba clase hace quince años atrás o más”, dice. “Y encontrarme nuevamente dando clases por las redes, teniendo alumnas desde Arica a Puerto Williams, ha sido maravilloso”.

Claudia Miranda como jurado en un programa de talentos.

“Me doy cuenta que la danza en mí estuvo un poquito guardada, sin bailar”, dice, pero “eso jamás se pierde.”

Y cierra:

—Creo que significa todo para mí. La danza es mi vida, es mi alegría, mi pasión, mi respiración. Me lo ha dado todo y, para mí, pensar en todo, es felicidad, es amor, es encontrar el amor, es poder vivir de la danza.

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