Por Paulo QuinterosTravis en el Teatro Coliseo: un recinto que no acompaña y una banda que sí responde
Entre fallas técnicas y un recinto que juega en contra, el grupo logró conectar con el público y demostrar que su propuesta sigue intacta.

El Teatro Coliseo solo tiene un par de puntos a su favor. El primero, obviamente, es su ubicación en pleno centro de Santiago, junto a la Alameda. El segundo es que cuenta con una pendiente que permite una buena visual desde cualquier punto de la cancha.
Todos los otros factores del recinto juegan en contra: no solo en términos de acústica, que tiende a retumbar y perder claridad, sino también en su propia estructura física y en el calor que se genera en su interior.
Todo eso marcó el reciente concierto de Travis, el último de la banda escocesa en suelo chileno tras sus presentaciones en Viña del Mar, Frutillar y Concepción.

Por ejemplo, el vocalista Fran Healy tuvo que pedir al público del sector superior que no saltara en el momento de mayor euforia, durante el notable final con la coreada “Why Does It Always Rain on Me?”, a raíz de la antigüedad del lugar.
A eso se sumó su evidente incomodidad por el calor -usando constantemente una toalla e incluso un ventilador-, además de interrupciones del show en un par de ocasiones por problemas técnicos.
Lo bueno es que, pese a todo, el resto del concierto logró sobreponerse a esos factores y confirmó que la banda, pese al paso del tiempo, mantiene intacta su conexión emocional con el público.

Apoyándose más en las canciones que en cualquier artificio escénico -con una puesta en escena deliberadamente simple-, la propuesta de Travis se desplegó con sobriedad en un recorrido amplio por la historia de su música nacida entre la bruma de Glasgow.
En ese marco, aunque el inicio estuvo marcado por una canción de su más reciente disco, L.A. Times (2024), el grupo dejó claro desde temprano que el show no sería una vitrina exclusiva de lo nuevo, sino un trayecto transversal por su carrera.
De ahí que la columna vertebral del concierto se apoyara en ese repertorio que definió su identidad y que el público corea casi por reflejo, incluyendo temas iniciales como “Driftwood” hasta otros de su etapa más consolidada, incluyendo a una “Re-Offender” con la que Healy recordó a sus padres.
A eso se sumaron éxitos como la celebrada “Sing”, junto a “Side” y “Flowers in the Window”, que funcionaron como puntos de encuentro y mantuvieron muy arriba al entusiasmo.

Esos momentos por supuesto que también operaron como una cápsula de memoria, con coros que se fundieron con la voz de Healy y generaron un ambiente marcadamente celebratorio: uno en el que la banda jugó, la gente respondió y las emociones se sucedieron con naturalidad.
En ese terreno, el grupo mostró su mayor fortaleza: la capacidad de hacer que una canción masiva se sienta íntima, sin importar el tamaño del espacio. Y ese despliegue logró una atmósfera memorable.
A eso pueden agregar el desplante de Healy, que conversó con el público, presentó temas y terminó completamente arriba, incluso iniciando el clásico “Chi-chi-chi, le-le-le”.

Lejos de centrarse únicamente en la nostalgia, Travis también equilibró su peso histórico con canciones recientes como “Gaslight”, otro de los puntos altos de la noche, integradas con naturalidad en una jornada que prácticamente no dio respiro.
Incluso hubo espacio para lecturas más contemporáneas de parte de Healy, con referencias a los problemas de comunicación en tiempos de redes sociales y a decisiones de poder que impactan a nivel global, lo que derivó en un coro contra el Presidente Kast.
Pero lo más destacado es que el concierto encontró un equilibrio que evitó caer en la trampa de la pura nostalgia, pues lo que se vio fue una reafirmación de la estética melódica y emocional que la banda ha sostenido en el tiempo, sin necesidad de forzar giros ni impostar vigencia.

En definitiva, lo de Travis en Santiago funcionó como una declaración silenciosa pero efectiva: el grupo no necesita reinventarse, porque su fortaleza sigue estando en la solidez de un cancionero de clásicos que han envejecido con dignidad y nuevas composiciones que logran salir de esa sombra.
El cierre, con el público completamente entregado, terminó por confirmar que sus canciones siguen encontrando eco en el presente. Y quizás por eso, más que una promesa, su despedida sonó a algo inevitable: después de sobreponerse al Teatro Coliseo, van a volver.

Imperdibles
Lo último
hace 5 min
hace 6 min
hace 9 min
hace 9 min
hace 39 min
Lo más leído
1.
2.
4.
5.
6.



















