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Lágrimas y homenajes a una gran dama: las palabras de los hermanos Bolocco en el adiós a su madre

ROSE MARIE FONCK - MAMA - MADRE - HABLANDO - LLEGADA - SONRIENTE - INVITADA A CUMPLEAOS DE CECILIA BOLOCCO - CELEBRACION - SANTIAGO - CHILE RODRIGO MOYA

“Todo va estar bien” y “no llores”, eran las palabras que Diana recordó que le decía su madre cada vez que la menor de los hermanos Bolocco se afligía o no aguantaba las lágrimaa durante los 18 años en que Rose Marie Fonck batalló a través de tratamientos y cirugías contra un cáncer.

La esposa del empresaroo Enzo Bolocco y madre de Verónica, Cecilia, Juan Pablo, Rodrigo -fallecido en un accidente automovilístico en 1986- y Diana, dejó de existir el sábado a los 90 años. Había sido internada en urgencias el martes. Estaban todos con esperanzas, porque le iban a realizar una nueva operación. Pero finalmente la intervención no fue posible.

Su familia tuvo tiempo de abrazarla, besarla y repetir cien veces cuánto la amaban y le agradecían. Diana se acurrucó junto a ella sobre la camilla.

Ayer en la Parroquia Nuestra Señora de Los Angeles, en El Golf -la misma donde se casó con Enzo y a la que asistía a misa de manera sagrada- tuvo una liturgia llena de ramos de flores blancas, la voz de un coro a otro nivel y personas que la quisieron y que arribaron a la altura de la ceremonia: de traje ellos y de negro o lino recatado ellas.

Estaba la familia, los nietos, la nuera y los yernos, entre ellos Cristián Sánchez y Pepo Daire. Amigos y cercanos; Martín Cárcamo, Felipe Izquierdo, Fernando Larraín, Juan Pablo Queraltó y el diseñador Sergio Arias.

Partió hablando Juan Pablo Bolocco Fonck, quien relató cómo su mami, cuando Diana se divorció y no podía ver ni en pintura a su ex marido, Gonzalo Cisternas, batalló para que este siguiera formando parte de la familia. A regañadientes, la conductora aceptó y hoy “son felices los tres”, bromeó Juan Pablo.

La conductora de Fiebre de Baile compartió anécdotasy, al borde de las lágrimas, señaló que daría todo por revivir esos gestos que Rose Marie tenía con ella de niña.

Verónica y Cecilia palabras dichas con el corazón en la garganta y aguantando el llanto. Y don Enzo, de 93 años, estuvo en su silla de ruedas, muy cerca del ataúd, rezando y despidiendo al amor de su vida.

Hubo aplausos, respeto y la convicción de que “Lola”, como la nombraban sus nietos, fue una mujer de fe, humildad, sencillez, discreción, modales y especialmente preucupación por el prójimo. Por todos.

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