Las advertencias de los diplomáticos de EE.UU sobre el laboratorio de Wuhan dos años antes de la pandemia

Algunos cables enviados desde la oficina diplomática del país norteamericano en China, revelan que ya en 2017 había preocupación por el material viral almacenado en un laboratorio de Wuhan. Incluso, hubo una desesperada petición de ayuda que no prosperó.

El origen del coronavirus, o su nombre oficial, SARS-CoV-2, todavía está en cuestión. La historia se escribe a la medida que surgen datos y revelaciones que son aceptadas por la comunidad internacional. Hasta ahora, la tesis que se ha impuesto, es la de la contaminación derivada del consumo de carne de murciélago en un mercado de la localidad de Wuhan, en China.

Pero la historia puede tener algunos recovecos todavía desconocidos. Una revelación del medio POLITICO, señala que al menos desde 2017 hubo algunos cables emitidos desde la embajada estadounidense en China en que se detalló la situación de un laboratorio especializado en la investigación de virus de murciélagos.

En concreto, el medio detalla que los cables advertían de "una grave escasez de técnicos e investigadores debidamente capacitados necesarios para operar este laboratorio de alta contención". Pero todo quedó en nada.

Un peligro sin control

La historia se remonta algunos años atrás, en los albores del siglo XXI. Desde el brote de SARS de 2002, se financiaron investigaciones en torno al virus. Muchas fueron financiadas por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), e incluyeron a científicos chinos, muchos de ellos, vinculados a su vez con el laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan (WIV, por sus siglas en inglés).

Estos investigadores aseguraron que durante el proceso de trabajo llegaron hasta la cueva en donde se habría originado el virus. También detallaron otros importantes avances respecto al comportamiento del SARS y su capacidad de mutar en nuevas variedades.

Pero lo que llamó la atención de los diplomáticos estadounidenses en China, es que al menos tres de los nuevos virus tenían contenían una proteína que se adhería con suma facilidad a un receptor específico en las células pulmonares humanas, conocido como receptor ACE2. En otras palabras, notaron que los virus podían contagiarse sin mayor problema a los humanos y eran potencialmente, muy peligrosos.

Advirtiendo el riesgo, desde el equipo de ciencias y salud de la embajada estadounidense en China, decidieron visitar el laboratorio de WIV para imponerse en terreno de la situación. Entre fines de 2017 y comienzos de 2018, fueron enviados tres equipos de expertos, quienes conversaron con los científicos respecto al manejo del peligroso material que almacenaban.

Fue entonces que los enviados de la embajada escucharon una revelación espeluznante. Los científicos chinos, según POLITICO, les señalaron que no contaban con suficiente personal calificado como para operar de forma segura el laboratorio, por lo que aprovecharon la ocasión para pedirles más apoyo.

Comprendiendo la gravedad del asunto, desde la oficina diplomática enviaron cables a Washington en que informaron las visitas al laboratorio de Wuhan. Directamente señalaron que era necesario ayudar al laboratorio para alcanzar los más altos estándares de seguridad. Además, detallaron el descubrimiento de los nuevos SARS y su potencial para la infección en los seres humanos.

La alerta sin respuesta

Pero en el Departamento de Estado nadie prestó atención. "El cable fue un disparo de advertencia", le dijo un funcionario estadounidense a POLITICO. "Le rogaban a la gente que prestara atención a lo que estaba pasando".

De todas formas, asegura la publicación, dentro del aparato de inteligencia y de alta seguridad del gobierno estadounidense, ya existían sospechas respecto al origen del virus en el laboratorio de Wuhan, lo que descartaría, al menos en parte, la tesis del mercado y la sopa de murciélago. Pero hasta ahora no hay mayores pruebas que permitan a EE.UU lanzar la acusación.

Aunque el cruce de culpas entre Xi Jinping y Donald Trump dejó la sensación de una tensión en escala (más cuando el mandatario estadounidense apeló al racismo al hablar del "virus chino"), por ahora la historia no tiene un final definitivo, y probablemente solo lo tendrá con los años.

Algunos han acusado a los chinos de crear armas biológicas en el laboratorio, pero todavía no hay pruebas fundadas y además, el hecho de que sus estudios sobre virus de murciélagos eran de público conocimiento, invita a pensar en teorías conspirativas. Pero por ahora, queda claro que cualquier aproximación al origen de la pandemia, está cargado de tensión entre dos gigantes que se observan cara a cara, con profundo recelo.

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