Por Paulo QuinterosA don Mañosín lo puede salvar el cochayuyo: investigan potencial para darle la PLR a procesos asociados al cáncer
Una académica de la Universidad Finis Terrae estudia compuestos presentes en el alga chilena. Los resultados son preliminares y todavía no implican un tratamiento para pacientes.

El cochayuyo, protagonista de ensaladas, charquicanes y pesadillas infantiles, podría tener una faceta bastante más seria que la de quedar pegado en el paladar.
Una investigación liderada por Layla Simón, académica de la Universidad Finis Terrae, analiza el potencial de algunos compuestos presentes en esta tradicional alga chilena frente al cáncer.
Los primeros resultados de laboratorio y modelos preclínicos indican que esas sustancias podrían inhibir procesos que las células tumorales utilizan para obtener energía, crecer y desplazarse hacia otros órganos.
“Hemos realizado pruebas in vitro y preclínicas. Logramos determinar que los compuestos del cochayuyo son capaces de inhibir la glucólisis”, explicó Simón en entrevista con PostData.
La glucólisis es el mecanismo mediante el cual las células aprovechan los azúcares para producir energía. En los tumores, ese proceso puede favorecer tanto su proliferación como su propagación.
“Al frenar ese metabolismo, estos compuestos también podrían disminuir la capacidad de las células tumorales de generar metástasis”, agregó la investigadora.
Pese al entusiasmo que puede provocar imaginar al cochayuyo poniéndose la capa como superalimento nacional, el estudio sigue en una fase experimental y aún está lejos de probarse como tratamiento en personas.
Simón recalcó que cualquier ensayo en pacientes debe superar numerosas etapas científicas, éticas y regulatorias. Por ahora, uno de los primeros caminos sería evaluar su eventual uso como suplemento alimenticio.
La académica también reconoció que el financiamiento representa uno de los principales obstáculos para continuar con el proyecto y ampliar las pruebas realizadas hasta ahora.
La iniciativa, además, busca fortalecer la investigación biomédica dentro de la Universidad Finis Terrae y acercar a los estudiantes de pregrado al trabajo científico.
“Tratamos de entusiasmar a los estudiantes para que continúen una carrera académica y puedan aportar al desarrollo de mejores tratamientos”, concluyó Simón.
De ese modo, mientras todavía falta mucha investigación, el cochayuyo comienza a demostrar que quizás no solo sirve para causar divisiones familiares a la hora de almuerzo o crear berrinches con el mañosín de la casa.
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