Por Paulo QuinterosCrítica de cine: Moana, una versión live-action que nunca justifica su existencia
La nueva adaptación de Disney reproduce casi escena por escena el clásico animado de 2016, pero pierde justamente aquello que hacía especial a la original: su vitalidad visual.

¿Qué ha buscado Disney desde que convirtió las adaptaciones live-action de sus clásicos animados en uno de los pilares de su estrategia?
La respuesta parece bastante evidente, especialmente desde que esta tendencia cobró un nuevo impulso con Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton: rentabilizar al máximo sus franquicias más exitosas con el menor riesgo creativo posible.
Mal que mal, cada una de estas películas llega respaldada por una marca ampliamente reconocida, lo que supone una enorme ventaja desde el punto de vista comercial. Y en una industria cada vez más dominada por las franquicias y las propiedades intelectuales ya consolidadas, este tipo de producciones, desde la visión corporativa, parte con varios pasos de ventaja respecto de cualquier propuesta original.
Por supuesto, no todas estas costosas producciones han corrido la misma suerte. Mientras títulos como La Bella y la Bestia, Aladdín o Lilo & Stitch fueron grandes éxitos comerciales, otros como La Cenicienta o Blancanieves quedaron muy por debajo de las expectativas. Sin embargo, esos tropiezos nunca han sido suficientes para que Disney desacelere esta estrategia de reutilizar sus clásicos.

En todo ese contexto, la nueva versión de Moana recorre un camino ya demasiado conocido. Visualmente nunca está a la altura de la película animada y, al mismo tiempo, jamás consigue justificar por qué debía existir. Y más allá del atractivo comercial de una marca consolidada, cuesta encontrar una razón artística que explique su realización.
Para empezar, la historia sigue casi al pie de la letra los acontecimientos de la obra original, conservando como principal fortaleza el extraordinario trabajo musical compuesto por Lin-Manuel Miranda. Canciones como “Cuán lejos voy”, “De nada”, “Brillo” y, especialmente, “Saber volver” mantienen intacta su fuerza. De hecho, son prácticamente los únicos momentos en que este live-action consigue acercarse a la energía de la película animada.
Pero fuera de esos pasajes musicales, la película funciona como una pálida reproducción del material original. La puesta en escena resulta descolorida, abusa de los fondos digitales y termina construyendo un universo que rara vez se siente tangible. Los personajes digitales tampoco ayudan, por lo que la recreación del mundo polinésico luce artificial, desabrido y apagado.
Los problemas visuales se agravan por una iluminación irregular casi permanente. No solo nunca consigue transmitir la luminosidad característica de las islas del Pacífico, sino que la dirección de la luz resulta constantemente inconsistente. En varias ocasiones, todos los personajes aparecen iluminados exactamente de la misma manera: a contraluz, con una luz tenue y sin profundidad.
Todo eso contribuye a que esta sea una película que termina luciendo más pobre de lo que debería, especialmente considerando un presupuesto cercano a los 250 millones de dólares.

En cuanto al elenco, Catherine Laga’aia entrega una interpretación convincente como Moana y logra sostener buena parte de la película. En contraste, Dwayne “The Rock” Johnson transmite bastante menos entusiasmo en su regreso como Maui, ahora en carne y hueso tras haber prestado su voz al personaje animado.
Sin embargo, incluso en aquellos momentos en que sus protagonistas funcionan, o en los que interactuan con personajes digitales tan vibrantes en la animación como el cangrejo gitante, esta nueva película insiste en recordar que posee menos color, menos textura y menos vida que la obra que intenta recrear. Y eso es un crimen considerando que este es un LIVE-action.
Al final, es inevitable remarcar que Moana termina confirmando el principal problema de buena parte de los live-action de Disney. No encuentra una razón convincente para existir más allá de explotar una franquicia exitosa.
La Moana de 2026 es claramente inferior a la película original en prácticamente todos sus aspectos cinematográficos y jamás consigue aportar una mirada distinta sobre una historia que ya estaba muy bien contada. Por eso, la mejor recomendación sigue siendo la más simple: si no la han visto, vean la película animada. Y si ya la conocen, vuelvan a verla. Ahí es donde esta historia realmente cobra vida.
Moana ya está disponible en cines.
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