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Crítica de cine: Te van a matar, un festín de sangre sin ideas propias

La película apuesta por el gore desatado y una premisa con tintes de déjà vu, pero su falta de subtexto y una identidad propia terminan reduciéndola a un espectáculo tan vistoso como desechable.

Te Van a Matar se instala desde el inicio en un terreno conocido, demasiado conocido. Su premisa no solo recuerda, sino que se emparenta rápidamente con las recientes películas de la saga Ready or Not (Boda Sangrienta), al incluir una mezcla de rituales satánicos, millonarios excéntricos y mujeres atrapadas en un juego mortal.

En este caso, el problema no es la repetición en sí, o el tufillo a déjà vu, sino la falta total de ambición para construir algo nuevo sobre esa base. Aquí no hay reinterpretación, ni giro, ni mirada autoral clara. Todo funciona como un eco de ideas que ya hemos visto mejor ejecutadas en otras películas.

La historia en este caso sigue a Asia (Zazie Beetz), una mujer con un pasado de abusos y pellejerías que llega a trabajar a un exclusivo edificio en Nueva York, sin saber que sus habitantes son una élite decadente que realiza sacrificios humanos para mantener su vida. En esa línea, la mujer pronto queda atrapada en una dinámica violenta donde deberá sobrevivir a una serie de ataques grotescos mientras se revela su verdad.

Sobre el papel, ese concepto tiene potencial. El cruce entre clases sociales, el horror ritual y la violencia desatada podría dar espacio a una crítica o al menos a un comentario con algo de fuelle. Pero Te Van a Matar nunca se interesa en eso. Aquí los ricos satánicos son solo un decorado inepto, lo que igual tiene cierta gracia en el desarrollo de la historia, pero que inevitablemente termina sintiéndose como una oportunidad absolutamente desperdiciada.

Es decir, aquí no hay subtexto ni discurso. Solo un gimmick, un artificio, un recurso efectista. Básicamente, los antagonistas ricachones podrían ser cualquier otro grupo de personas y la película no cambiaría sustantivamente. De ahí que esa superficialidad termina afectando a la tensión, pues todo se siente arbitrario y sin peso real.

Donde la película sí encuentra una identidad, aunque limitada, es en su violencia. Hay un entusiasmo evidente por el gore exagerado, por las mutilaciones imposibles y por una fisicalidad que ignora toda lógica. Aquí hay cabezas que vuelan, cuerpos que se deforman, mutilaciones por doquier, empalamientos continuos y sangre que brota sin control.

En ese sentido, Te Van a Matar funciona casi como un parque de diversiones sangriento. Por supuesto, considerando que igual es una película con recursos que incluyen efectos prácticos y digitales, aquí hay creatividad en varias secuencias, especialmente cuando la cámara se detiene en detalles absurdos, como órganos desplazándose por su cuenta o gente partida en dos de un sablazo.

Sin embargo, ese mismo tono termina jugando en contra. La película tiene un tono incosistente, especialmente remarcado por la historia pasada de la protagonista. Esa situación permite que lo irreverente se confunda con lo ingenioso, por lo que los diálogos, el humor y la construcción de escenas muchas veces parecen más preocupados de provocar una risa fácil que de sostener la historia que rápidamente pierde fuerza ante la carencia de subtexto.

A eso se suma un problema de identidad estética. Las influencias son evidentes y poco digeridas: hay rastros del cine de acción asiatico general, pero todo se siente como una imitación diluida, una copia de copias que nunca alcanza verdadera personalidad. Es decir, en un momento específico de corte de cabeza es fácil pensar que la gente a cargo vio la Kill Bill de Tarantino en vez de ir a fuentes originales como Lady Snowblood. Es decir, en vez de reinterpretar eso último, termina sintiéndose como un plagio de aquello que ya había pasado por un cedazo.

El elenco tampoco ayuda demasiado. Los personajes secundarios son intercambiables y apenas esbozados, en donde los ricos tienen un par de caras conocidas pero en roles que no les exigen demasiado, mientras que las relaciones emocionales, como el vínculo central entre la protagonista y su hermana, se plantean más como motor narrativo que como algo que quede bien desarrollado.

Por todo eso Te Van a Matar termina siendo una película que solo se sostiene en su energía más que en su contenido. Tiene ritmo, tiene sangre y tiene momentos visualmente atractivos, pero carece de una base sólida que la haga trascender.

Es entretenimiento desechable, efectivo en lo inmediato, pero que no soporta una revisión al salir de la sala, ya que de inmediato su propuesta se resquebraja, queda en evidencia y hace ruido. Es decir, todo lo que hace termina confirmando que repetir una fórmula no es problema, siempre que exista una idea detrás.

Aquí, lamentablemente, no la hay.

Te Van a Matar ya se encuentra en cines.

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