Después de un siglo biólogos de Ecuador captan el sonido de un sapo que era considerado mudo

Rhinella festae es el nombre de la especie que se le escuchó cantar después de un siglo de su descubrimiento.
Rhinella festae es el nombre de la especie que se le escuchó cantar después de un siglo de su descubrimiento.

Pese a no ser un croar habitual el hallazgo sorprendió a los expertos en el tema, el cual permitió que se plantearan nuevos estudios respecto a estos anfibios.

Un ruido bastante agudo que provenía del bosque llamó la atención de un biólogo ecuatoriano llamado Jorge Brito. En primera instancia pensó que era el característico sonido que emite un grillo, pero se encontró con un sapo que desde su descubrimiento la ciencia pensaba que era mudo.

“Al principio pensé que era algún grillo que estaba por ahí vocalizando pero me percaté y me puse atento. Si bien no inflaba el saco vocal, se veía un pequeño parpadeo”, recordó Brito.

Debido a que quería seguir investigando al respecto, Jorge se lo llevó hacia su campamento en donde volvió a emitir un sonido. El ruido que causaba el animal de la especie Rhinella festae no era el habitual croar de los sapos, sino que un fino “ruuur-ruur”.

De esta manera, por cosa de azar y un poco de destino, Jorge Brito tuvo un hallazgo que derrumbó la idea de que esta especie era muda.

“Este canto particular de Rhinella festae es la primera vez que se registra y es algo sorprendente porque en pocas palabras, no debería cantar”, relató al medio AFP Diego Batallas, otro biólogo ecuatoriano que se sumó a Brito para estudiar del tema.

Esta especie es conocida como sapo del Valle de Santiago, tiene la piel rugosa y de color café y una estatura entre los 45 y 68 milímetros. Además se caracteriza por una cabeza con prominencia nasal.

Respecto al ruido que emite, se establece que la frecuencia de su canto está en un rango de 1,21 a 1,55 kilohercios, con una a dos notas multipulsadas y con una duración promedio de 0,72 segundos. Para Batallas es un sonido “muy sutil y difícil de escuchar en el campo”.

Con este descubrimiento se llegó a la idea de que existen posibilidades de que todos los sapos canten pese a que se crea que no. “Muy probablemente existen especies que hayan pasado desapercibidas y que por procesos evolutivos que desconocemos -que pueden ser antidepredatorios, que pueden ser efectos del ambiente- no necesiten que sus sonidos se escuchen muy lejos”, aseguró Batallas.

Los Rhinella festae en particular emiten un canto que es de anuncio, una especie de carta de presentación. Otros sapos utilizan su croar para cortejar o defender su territorio.

Ecuador, país en el que fue descubierto el cantar del Rhinella festae, tiene registradas 658 especies de anfibios, de las cuales 623 pertenecen a sapos y ranas. Lamentablemente, el 60% de estos animales están en riesgo o en peligro de extinción.

Diego Batallas muestra un ejemplar de la especie Rhinella festae.
Diego Batallas muestra un ejemplar de la especie Rhinella festae.

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