La fiesta de Gorillaz en Chile: el secreto está en los monos

Foto: Pedro Rodríguez / La Cuarta

Anoche Damon Albarn ancló su barco pirata en Santiago, con los bocados del futuro en proceso y un desfile de estrellas virtuales y humanos.

Robert Smith gira en el cielo y canta. Convertido en la luna de Melies, el líder de The Cure resuena por las pantallas del Movistar Arena en “Strange timez”. Su voz es parte del grupo virtual Gorillaz, una probada de cómo más o menos Damon Albarn imaginó en su cabeza el pop del futuro.

A fines de los 90, cuando entró en sintonía con Graceland de Paul Simon, el ex Blur se acercó a la cruza virtuosa entre el pop blanco y la música negra. Ansioso de un nuevo porvenir musical, tomó la estética del cómic, le puso colores de grafitero y le cantó al apocalipsis y al futuro.

Anoche, entre hijos primerizos en conciertos y sus padres, grupos de adolescentes y parejas, Gorillaz le sacó brillo a su mezcla de proyecciones pregrabadas y músicos en vivo.

El barco pirata de Albarn lo conducen el impecable bajista Seye Adelekan y dos percusionistas que se alternan en las baterías: Femi Koleoso y Remi Kabaka Jr. Melódica en mano, Damon los sigue con “Tomorrow comes today”, el temprano hit del galeón inglés.

GORILLAZ

A continuación viene un pasaje de alto dramatismo en la audiencia: “Rhinestone Eyes”, “19/2000″ y más adelante el contrapunto de “Kids with guns”, con la increíble voz de Michelle Ndegwa, una de las coristas del combo.

Los monos, en efecto, doblan sus voces en las pantallas, robándose en buena parte el protagonismo, sobre todo entre los más chicos.

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Entre medio, ante un Arena repleta y en un esforzado español, el criado en la alta densidad suburbana de Leytonstone lanza: “Cuando cantas me levanta el alma”. El público que llegó en masa al Parque O’Higgins reacciona con una ovación cerrada.

Creo que fue Noel Gallagher el que dijo que Gorillaz era la segunda vida de Damon con sus amigos raperos. Bueno, ahí están Posdnous (miembro del trío De La Soul) para la juguetona “Superstar jellyfish” y luego en “Feel good inc”, el tema más escuchado de Gorillaz en plataformas. Pegado, el californiano Bootie Brown anima la coreada “Dirty Harry” y más tarde en una deslavada versión de “Stylo”, con la espectral voz de Bobby Womack.

“On melancholy hill” parece uno de los momentos más altos del show. Como tesoros a bordo de un barco pirata, son canciones que toman prestado de varios lados, que incluyen otro tanto de colaboraciones y que tienen brillo propio.

Ya iniciado el bis, en consecuencia, Gorillaz despacha otra lectura del futuro: “The pink phantom”, que exprime el dramatismo de Elton John y lo estrella con el autotune-porn del veinteañero 6LACK, cada uno con su respectiva presencia virtual.

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Y sobre el final, en un show de casi treinta canciones, disparan una confesión. “Soy inútil, pero no por mucho tiempo: el futuro se acerca”, canta Damon en “Clint Eastwood”, quizá su canción más coreada en el Arena (incluso en su versión remix que vino pegada).

Aquel debut de Gorillaz en el cambio de milenio, acaso la primera muestra de vida de Damon Albarn tras desarmar a Blur en 13 (aquella sentida carta de amor escrita tras el quiebre con Justine Frischmann), fue la más temprana referencia para los fanáticos de este grupo. Pero también algo más.

Hay una idea que Mark Fisher dejó flotando en su libro K-Punk, volumen 2: “Mi tema es que la pregunta ¿dónde estabas en 1992? tiene sentido; mientras que la pregunta ¿dónde estabas en el 2002 (o en el 2008) no. Una de las cosas que ha ocurrido en la última década es la desaparición de los sentimientos distintivos de los años o las épocas, no solo en la música sino en la cultura en general. Tengo una sensación más precisa de cómo fue 1973 que de cómo fue 2003″.

Tal vez su canción y este grupo, tan vigente en los números como prioritario para su disquera, sirvan para responder al fallecido teórico de la música.

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