Por Bastián Escalona Ampuero“Me siento querido por las nuevas generaciones”: Tata Barahona celebra los 15 años de ‘Fotografías’ con una regrabación del disco
El cantante revivió el nerviosismo que sintió la primera vez que entró a un estudio, y reconoce que nunca pensó que ese álbum sería un antes y un después en su carrera. “Para mí ya fue un impacto que una canción mía se hiciera viral”, comentó al Diario Pop.

Cuando Pedro Barahona se metió a un estudio de grabación por primera vez, nunca pensó que iba a “pegarle el palo al gato” en la música. El trovador que llevaba años cantando sus canciones y registrándolas como se pudiese, decidió profesionalizar su sonido y lanzó ‘Fotografías’. Sin descolgarse la guitarra acústica, se aganchó con una banda, y el resto es historia.
Han pasado 15 años desde el estreno de este álbum, y el Tata Barahona ya es un ícono del sonido nacional. Con sus letras contestatarias, elocuentes, y románticas, plasmó su visión del mundo, y también se convirtió en uno de los primeros “virales” con su tema “La Mejicana”.
Ahora, el artista se está reencontrando con estas composiciones, ya que para conmemorar este hito de su carrera, volvió a donde empezó, y regrabó todo junto a su banda LSD. En conversación con La Cuarta, el músico contó los pormenores de este trabajo, y revivió ese cosquilleo en la guata que le dio la primera vez, y aunque ahora está más canoso, la emoción sigue siendo la misma.

“Lo recuerdo muy emocionado y con ese nerviosismo inicial de lo desconocido. Nunca imaginé que iba a ser el comienzo de una carrera de 15 años con presencia constante en los escenarios y, sobre todo, con el cariño de la gente, que poco a poco se ha ido sumando a esta obra musical”, comenta al Diario Pop.
Este viernes ya estará en todas las plataformas la nueva versión de ‘Fotografías’, el inicio de la “Trilogía de los Sillones”. Además, la producción viene acompañada de varios shows: entre los confirmados está este 11 de julio Parque Cultural de Valparaíso (Ex Cárcel), el 12 de julio en Sala CEINA en Santiago, 25 de julio en Concepción (La Bodeguita de Nicanor), entre otras.

Qué sarpa conch...
¿Cómo fue reencontrarse en el estudio con estas canciones?
—Fue muy rico, porque ahora pudimos darles una impronta diferente, ponerles más condimentos, vestirlas de gala y darles un tratamiento mucho más dedicado que la primera vez, cuando todo fue tan abrupto y tan improvisado. Fue bonito revisitarlas y darles la forma que siempre quisimos.
¿Cuál era la ilusión que tenía en 2011 cuando grabó este disco por primera vez?
—¿Sabes qué? No me imaginaba qué podía ocurrir. Recuerdo que disfruté mucho la emoción de que, de pronto, gran parte de mi obra musical comenzara a hacerse visible públicamente y que esa visibilidad tuviera una respuesta positiva. Sobre todo, que más gente quisiera sumarse a escuchar mi trabajo.
¿Se le vinieron esos recuerdos cuando volvió a entrar al estudio?
—Fue muy nostálgico. Fue bonito volver a vernos las caras con el mismo ingeniero de sonido de aquella primera grabación, aunque ahora él está más pelado y yo con la barba más blanca. Pero seguimos en la misma. Grabamos en el mismo estudio y hemos mantenido esas lealtades. Hemos formado un equipo muy bonito de trabajo.
Ha sido pura alegría reencontrarnos alrededor de un disco que ya habíamos hecho y saber que hoy lo estamos regrabando y relanzando, porque es uno de los trabajos que más valora la gente dentro de toda mi discografía.
¿‘Fotografías’ logró tener el impacto que usted esperaba?
—La verdad es que yo no esperaba ningún impacto. Para mí ya fue un impacto que una canción mía se hiciera viral y que eso hiciera que la gente quisiera escucharme. Empezaron a llamarme desde lugares donde nunca había tocado para invitarme a presentarme. Fue todo muy loco. Todo lo que iba pasando era nuevo y bueno. Nunca pensamos: “Con este disco vamos a conseguir algún éxito”. No. Simplemente hicimos lo que hacen los músicos: tratar de poner su obra en el tapete.
Yo ya lo había intentado con tres discos anteriores, de los que hice apenas 100 o 150 copias de cada uno. Esta era la oportunidad de jugar un poco más en grande: grabar profesionalmente y hacer muchas más copias.
Después de las primeras mil tuvimos que fabricar más, porque seguían vendiéndose. Eso nos impulsó a grabar un segundo disco, que terminó siendo nominado a los Premios Pulsar. Luego el siguiente también. Todo ha sido ir descubriendo cosas que jamás estuvieron en nuestra mente.
¿Cómo nacieron las canciones “Hay helao a cien” y “Macferri Flaite”?
—“Hay helao a cien” es una canción de homenaje al mundo de la venta en la calle: los feriantes, la gente que vende en las micros. Siempre me ha parecido un ambiente de trabajo muy lindo y muy único, y quise ponerlo en valor.
En cuanto a “Macferri Flaite”, nació como una humorada. Yo quería dejarla grabada porque era un juego que tenía con mis hijos cuando eran chicos. Les cantaba eso y ellos tampoco entendían nada, era un juego.
Cuando la grabamos en el estudio, todos los que estaban ahí se rieron muchísimo y empezaron a insistirme en que la incluyera en el disco. Yo medio a regañadientes, pero finalmente me convencieron. Y terminó siendo un exitazo. Nunca me lo imaginé. Después, incluso, la gente la pedía como bis en los conciertos. Por eso, en los siguientes discos de la “Trilogía de los sillones” —‘Imágenes’ y ‘Retratos’— fuimos incluyendo nuevas versiones de “Macferri Flaite”. Cada disco tiene la suya.
¿Y qué sorpresa trae esta reedición?
—Hay un bonus track, pero no lo voy a revelar. Lo que sí puedo contar es que hay una canción del disco que enviamos a producir a un destacado productor musical chileno muy joven, Tomás Pérez. Le pedimos que hiciera una versión orquestal. Las demás canciones mantienen la línea editorial y el sonido que siempre hemos tenido, pero de vez en cuando me gusta probar cosas distintas. En este disco nos dimos ese gusto. El bonus track tiene un arreglo impresionante, de esos que suenan en la radio. Quedó muy bonito.
¿Hay alguna canción de esta nueva edición que se haya convertido en su favorita?
—Sí. Principalmente por lo que me provocó escucharla. La nueva versión de “Pregón de la pobreza” me emocionó hasta las lágrimas. Eso me hizo cuestionarme algo bien curioso: es una canción que escribí entre 1988 y 1989, que he cantado cientos de veces. ¿Por qué ahora, al escuchar esta nueva versión, me emociona tanto?
Y la respuesta está en el arreglo musical. Tiene una carga emocional distinta a la versión original y a la forma en que la interpreto en vivo.
Es una versión única por los instrumentos que participan y por cómo dialogan entre ellos. En este momento es mi canción regalona de todo el disco.

Ya no hay helao a cien
¿A 15 años del lanzamiento de ‘Fotografías’, cómo siente que ha cambiado usted?
—En lo que respecta a mi trabajo musical, se ha profesionalizado. Hemos llegado a escenarios muy importantes, hemos crecido enormemente en cantidad de auditores, en la gente que nos escucha en las plataformas digitales y en quienes me siguen en redes sociales.
Yo, en realidad, uso las redes solamente para distribuir y mostrar mi trabajo musical, no como algo personal. Entonces, la gente que me sigue ahí está vinculada principalmente con mi obra.
Y eso ha crecido muchísimo. En todos los lugares donde vamos hemos sentido el cariño y el respeto de la gente por nuestro trabajo. Hablo en plural porque hoy somos un equipo grande. Antes era solamente yo; después, mi mánager y yo. Ahora somos muchas personas trabajando juntas.
Y a nivel personal, ¿cómo ha vivido este proceso?
—Bueno, también he ido envejeciendo. Las canciones ya no todas están en el mismo tono en que fueron grabadas originalmente. He tenido que bajar algunas tonalidades, porque el cuerpo cambia con los años y la voz también.
Yo partí con este proyecto a los 40 años y ahora tengo 55. Pasé de ser un tenor más ligero a un barítono. Son cambios naturales, a los que uno se va adaptando con cariño y con total comodidad.
También se ha acercado a otros círculos musicales, ha compartido escenario con las nuevas generaciones
—Sí, fíjate que tengo muy buena onda con las nuevas generaciones. No escucho de todo, porque también soy medio conservador y escucho las hueas que me gustan. Pero tengo muy buena relación con artistas como ChysteMC; con el Pablo Chill-E también siempre nos tiramos chirolazos en buena onda.
En la última entrega de los Premios Pulsar, donde estuve nominado por el disco Puntadas, tuve la oportunidad de compartir con muchos cabros jóvenes del rap, de la música urbana y también de la cumbia ranchera, que a mí me encanta. Compartimos harto y me tratan con mucho cariño y mucho respeto. Eso lo valoro muchísimo de la juventud.
¿Se siente querido por las nuevas generaciones?
—Sí, totalmente. Hay un buen lote de jóvenes que aprecia mucho mi persona.
¿Qué lo inspira actualmente?
—Como siempre, desde el principio: la vida misma. Mi propia vida y la observación de cómo vivimos en sociedad. Eso es lo que me inspira cada día a seguir adelante y a seguir creando.
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