Por Consuelo Calderón“Muchas de las cosas que aparecen vienen de la vida de mis tíos”: Así es “La Corazonada”, la nueva película del director chileno Diego Soto
El director vuelve a colaborar con sus tíos Natacha García y Germán Insunza para su nueva película. Una cinta sencilla y conmovedora, grabada en Doñihue y que muestra la historia una mujer cuya vida da un inesperado giro cuando un motociclista se enamora de ella. “Todas las películas que hemos hecho son ficciones, pero toman elementos de las personas que incluimos para que actúen”, relata Diego Soto a La Cuarta.

Este jueves 15 de enero llega a los cines “La Corazonada”, la nueva película del director chileno Diego Soto. Protagonizada por Natacha García y Germán Insunza, los tíos del cineasta, la cinta fue reconocida con el Premio del Público en el Festival de Cine de Valdivia.
El filme relata la historia de Nieves, una mujer que junto a su hijo administra un centro de eventos en su parcela, y Enrique, un motociclista que se enamora de ella. Un equipo de jóvenes cineastas decide incluirlos en la grabación de su película, jugando con los límites de la ficción y la realidad.
Filmada en Doñihue, en las cercanías de Rancagua, “La Corazonada” es una película sencilla, calma, romántica, cercana y conmovedora. Es el tercer largometraje del cineasta, después de “Un fuego lejano” (2019) y “Muertes y maravillas” (2023).
No es la primera colaboración de Soto con García e Insunza, ya que sus tíos también protagonizaron su primera película, “Un fuego lejano”. Si bien interpretan a dos personajes que están en la etapa de conquista, Natacha y Germán llevan más de 30 años juntos.
En una conversación con La Cuarta, Diego Soto nos contó detalles sobre “La Corazonada”, cómo es trabajar junto a su familia, la importancia de grabar distintos lugares de nuestro país y cómo la realidad influencia sus películas.
-“La Corazonada” está protagonizada por tus tíos, Natacha García y Germán Insunza. Esta es tu segunda vez trabajando con tus familiares, ya que ellos también fueron parte de tu primera película. ¿Cómo fue esta experiencia? ¿Qué diferencias hubo en este proceso con el anterior?
-En realidad esta es la tercera vez que trabajo con familia, porque una película que se llama ‘Muertes y maravillas’, la protagonizó mi hermano chico. Trabajar con la familia es algo que se ha vuelto como nuestro método, como nuestra manera de pensar las películas y también como una especie de sello incluso. Hay cierto personajes (recurrentes), por ejemplo, mi mamá aparece en las tres películas. Sobre todo porque son películas hechas de manera independiente, con muy bajos recursos, la idea de estar ‘aclanado’ haciendo las películas es lo que hace posible que se hagan.
“Respecto a mis tíos, ellos no son actores profesionales. Muchas de las cosas que aparecen en la película vienen de sus vidas. De verdad en su casa en Doñihue tienen una piscina que la arriendan en los veranos. De verdad mi tío es motoquero y tienen su grupo de amigos motoqueros. Todas las películas que hemos hecho son ficciones, pero ficciones que toman como elementos de las personas que incluimos para que actúen. El que hace del hijo de la protagonista es mi primo, que es su hijo en la vida real. Son películas que tienen mucha imaginación, mucha ficción y mucho juego, pero que es un juego que se alimenta de la realidad. Un poco como funciona mi cabeza quizá al momento de pensar la historia, es que tiene que partir de detallitos de la vida real y después hacerlos crecer o llevarlos por otros lados, pero siempre con ese punto de partida”.
-¿De qué manera influye la forma de grabar al trabajar con la familia? Me imagino que hay cierta confianza en poder decir ciertas cosas…
-Lo primero es que para poder entrar en estos lugares, que son las casas de las personas que aparecen en la película, son lugares más íntimos, hay que entrar con un equipo pequeño. En el equipo somos tres personas, yo, un sonidista y el director de fotografía, que es Manuel Vlastelica, que también hace de productor. Yo como director también hago labores de productor y de asistente de dirección, me asisto a mí mismo. De repente nosotros estamos planificando la siguiente escena, pero también cocinando el almuerzo para el equipo. Lo importante para nosotros siempre es mantener esa escala pequeña, porque así no somos tan invasivos. La idea convencional de un rodaje es súper invasiva, sobre todo para el espacio cuando es la casa de una persona. Nosotros no alteramos demasiado los lugares, los dejamos casi tal cual como son en la vida real.
“Nuestra lógica es tratar de nosotros como equipo desaparecer lo más posible, para que la sensación no sea de que se está haciendo una gran producción y que eso genere como una presión sobre los actores. Porque en el fondo la razón por la que actuó con actores naturales, o no profesionales, es porque quiero que aparezcan espontáneamente cosas de ellos y eso solo puede solo puede pasar si es que están en una situación de relajo. Obviamente eso también determina lo que podemos hacer a nivel estético. Nos inspira mucho la manera de trabajar del documental. Pese a que estas películas no son documentales, sí hay secuencias que están filmadas todavía documental. En el caso de ‘La Corazonada’, yo diría que lo más documental que hay es una conversación entre los motoqueros, que efectivamente fue casi como una entrevista. Y también cómo pensar una película donde pueda caber todo eso, donde pueda caber la historia de amor, la ficción, la puesta en escena, los momentos más documentales, el filmar el espacio y también la aparición del hecho de que estamos haciendo una película.

-“La Corazonada” sigue la historia de Nieves y de Enrique, este motociclista que se enamora de ella. Tus tíos llevan más de 30 años juntos. Entonces, ¿cómo fue hacerlos interpretar a personajes que recién se están conociendo, que están como en esta etapa de la conquista?
-Desde un comienzo yo sabía que quería trabajar con mis tíos y que quería hacer una película sobre las relaciones amorosas. Luego me fui dando cuenta que quizás entrar de lleno a que ellos se interpretaran a sí mismos como que iba a ser invasivo en algún sentido. Y si lo que quería era indagar en su manera de relacionarse, apareció la idea de que lo hicieran a través de un personaje ficticio y que eso les permitiera no estar pensando que todo lo que mostraban era parte de ellos, aunque al final sí lo es. Las escenas de declaraciones amorosas o de conquista, no es que yo las haya escrito así, sino que yo los puse a ellos en la situación de decirles: ‘¿cómo tú te acercarías a ella si es que se están recién conociendo? ¿Qué le dirías para convencerla de que saliera contigo?’. Entonces, son pequeños espacios de improvisación donde ellos pueden desplegar sus propias reacciones o sus propias ideas respecto a cómo acercarse el uno al otro. Y luego me estoy dando cuenta de que eso tenía un efecto bien importante en ellos, porque, con 30 años de estar juntos, también las parejas como que van perdiendo espacios para poder decirse estas cosas. La parte del cortejo es un momento en que uno se dice muchas cosas lindas, uno intenta explicarle al otro por qué le interesa. Y con los años esas cosas las parejas dejan de decírselas, esos espacios dejan de existir y nos fuimos dando cuenta que la película se convirtió en ese espacio y que también estaba generando un efecto en ellos como pareja en la vida real.
-Mencionaste que cuando estaban grabando, también estaban viendo el tema del almuerzo o que más que un guión estructurado, habían estos espacios para que improvisaran. ¿Cómo se fue construyendo la película?
-Lo que hicimos fue que grabamos de a poquito. Íbamos a grabar un fin de semana, a probar ciertas ideas, después yo me llevaba ese material y lo revisaba. En base a eso iba pensando hacia dónde podía ir la historia después. Había una idea inicial, pero que con cada visita a la casa de ellos iba cambiando, porque siempre fue el objetivo de que la historia y los personajes se amoldaran a lo que ellos les salía más natural. Muchas ideas seguían descartando porque los mismos actores no les encontraban tanto sentido. De hecho, originalmente la película se iba a tratar de un pololeo entre ellos, pero a medida que íbamos grabando, todos me preguntaban ‘¿por qué ella se va a enamorar de él?’ Entonces, esa se volvió la pregunta central de la película. ¿Qué tiene que pasar para que ella se abra la posibilidad de lanzarse a esta aventura con él? Y esa fue una pregunta que yo no me la habría hecho. Me la hicieron mis tíos, mi primo. Un poco en broma, como diciéndome ‘este personaje es un desastre’. Pero también me parecía que era una buena pregunta y que una película se podía estructurar en torno a esa pregunta.
“Otra cosa que era importante para nosotros, yo se lo dije al equipo como cuando llegamos a la locación del primer día, es que desde que nos bajáramos del auto todo era la película. Hubo mucho registro documental, en algún momento, en alguna versión del montaje aparecíamos nosotros más como equipo, pero nos dimos cuenta que quizá eran demasiadas capas. Al final lo que fue primando sobre todo, con la ayuda de la montajista que es Manuela Thayer, fue el cómo llegar al momento del beso. Yo creo que la estructura de la película tiene que ver con cómo llevarnos hacia ese momento y que cuando ese momento llega, tenga la fuerza que tuvo para nosotros mientras lo estábamos filmando, que tiene esa complejidad o esa riqueza de que es un primer beso entre dos personas que llevan muchos años juntos. En el fondo es una manera en que uno ocupa el nervio de los actores a favor. Muchas de las escenas eran como lanzarlos a situaciones donde ellos no tenían claro qué es lo que tenían que hacer o qué es lo que iba a pasar. Y eso hacía que se expresara como ese nerviosismo, que es el nerviosismo de dos personas que se están recién enamorando”.

-En la película también llega este equipo de cineastas jóvenes que deciden incluirlos en la película, un como esta capa de una película dentro de una película. Por lo que cuentas se refleja en lo que fue realmente para ustedes la grabación.
-De repente se me desordena un poco el orden de cómo surgen las ideas. Un momento clave fue cuando vi la obra de Shakespeare, ‘La tempestad’, y vi la escena del beso, que en la obra lo hacen equilibrando una ramita de árbol. Me parecía que la traducción de eso al Chile actual sería que equilibraran una cerveza, que iba a ser algo más realista. Y después estaba la pregunta de cómo llegar a que ellos interpretaran esa escena y me empezó a parecer graciosa la idea de escuchar a mis tíos decir textos de Shakespeare. Sabía que no iba a ser la adaptación ‘culta’ de Shakespeare, lo que uno ha visto miles de veces, sino que iba a ser justamente el juego entre estas palabras. Los textos que elegimos son muy románticos, pero están dichos de una manera en la que el acento chileno se cuela entre las grietas de ese texto tan elaborado. Y me fui dando cuenta también que la película sobre este choque entre los códigos culturales que tenemos sobre el amor y la cultura que tenemos a nivel local. Hay ciertas cosas que pareciera ser que uno no las puede decir sin que suenen un poquito pretenciosas, porque no calzan como somos como cultura.
“Entre medio de todo eso, conocimos a dos ahora amigos, que fueron a una función de ‘Muerte y maravilla’. Nos cayeron bien, nos tomaron la cerveza, nosotros estábamos preparando este rodaje y nos contaron que ellos vivían en Idahue, que queda a 20 minutos de Doñihue. Nos pareció bien sorprendente esa coincidencia, entonces los invitamos al rodaje para que ayudaran con las luces, con la producción. Una vez que llegaron al rodaje, me di cuenta que quería hacerlos actuar. Les di la noticia en ese momento y los lancé a actuar”.
“Me pareció que una manera de transparentar lo que hace la película, lo que hacen en realidad todas las películas románticas, es agarrar a dos personas y hacer todo lo posible para que se junten. Y eso es algo que pasa en Shakespeare, que es sobre un mago que está tratando de que su hija se enamore del príncipe. Y acá me di cuenta que en realidad yo era un cineasta tratando de hacer que estos dos personajes se juntaran y me pareció que también era una trama divertida para una película. Lo chistoso es que en la película la cineasta es muy despistada y como que en realidad no tiene tan claro qué es lo que está haciendo con estas personas. No está tan segura hasta qué punto ellos están enamorados o no, es medio confusa su relación con ellos. Y esa confusión a mí me servía mucho, porque también era un poco la confusión que naturalmente sale de un proceso de filmación donde uno no sabe cómo va a terminar la película. Uno va descubriendo poquito a poco qué es lo que está filmando, pero no es hasta el último día en que uno entiende que de esto se trataba lo que estabas haciendo”.
-La casa donde se grabó esta película, que está en Doñihue, cerca de Rancagua, y que es la casa de tus tíos. ¿Qué fue lo que te gustó de este lugar? ¿Por qué escogiste grabar en este lugar?
-Es un lugar que tiene mucha importancia para nosotros como familia, porque es la casa de mis abuelos. Es un lugar que conozco muy bien, que también lo observo inevitablemente con cierta nostalgia. Pero lo que nos interesaba era que ahora tenía esta vida que estaba dada por el negocio. Sabíamos que si íbamos en verano, nos íbamos a topar con gente que había arrendado la piscina o que estaba celebrando una Navidad, un cumpleaños. Era un espacio que nos iba a otorgar sí o sí muchas situaciones interesantes de ver y que son situaciones super cotidianas. Todos hemos ido como a alguna fiesta de Navidad, del colegio o de alguna empresa como algún lugar así medio rural. Y, 31 minutos lo ha explotado mucho, ver un viejo pascuero cagado de calor en verano en Chile es una imagen divertida y que habla mucho también de estos choques culturales.
“Era un lugar que yo sabía que iba a tener mucha vida y que también tiene ese aspecto de la naturaleza que nos permite hacer un poquito de poesía en el espacio. Que sobre todo nos deja como algo que es importante en las películas que hago y las que veo, que es tener momentos de pausa y de observación. Me parece que cada vez que es más importante, sobre todo porque el ritmo de las imágenes que consumimos y que nos rodean es muy vertiginoso. Poder ir al cine es un ejercicio de atención, de observación y puede ser un ejercicio de tranquilidad también. Creo que también gran parte del cine contemporáneo, explota mucho el shock o el causar emociones desagradables en la audiencia. Muchas de esas películas son buenísimas, otras no tanto, pero sí me preocupa que se vuelva como el único recurso para llamar la atención".
“Películas como esta y como las otras que hemos hecho, quizá el mayor problema que tienen al momento de encontrar un espacio, es que no tienen temas polémicos, ni temas fuertes que generen discusión. Y en esta era de redes sociales, algo que se le exige a las películas para tener una distribución masiva es generar discusión. Y me parece que ya no es necesario generar más discusión de la que ya hay. Me parece bien la discusión, pero no sé si es el rol de las películas exclusivamente generar polémicas, porque también pienso en las películas como un incentivo medio nutricional, como que voy y dejo entrar algo en mi sistema y eso me puede generar un efecto perjudicial o sanador. No creo que esta película sea ninguna de las dos, pero también para mí el cine tiene que ser una experiencia de disfrute y espero que la película lo sea también. Que sea una película que que den ganas de verla de nuevo”.

-¿Cuál crees que es la importancia del cine de mostrar otros lugares de nuestro país? Salirse de las ciudades más grandes, buscar lugares más rurales
-Yo creo que el cine tiene un poder muy grande de perpetuar las cosas. Lo que tú filmas, lo que estás haciendo es que eso perdure en el tiempo. Cuando se centraliza la imagen, se pierden muchas cosas que son valiosas y que quizás no parecen tan valiosas en el presente, pero tener un registro de distintos lugares del país en distintos momentos es también algo por lo cual el cine es valioso. Creo que una película, por buena o mala que sea, sobre todo si es que muestra lugares y personas reales, tiene que ser preservada, tiene que haber lugares como la Cineteca que guarden eso porque se vuelven un documento también de esas vidas. A mí me interesa mucho lo que uno podría llamarle la democratización del cine, que implicaría, por un lado esto, que todas las personas tienen derecho a estar en una película. No es necesario que hayan estudiado actuación, que tenga pinta de modelo, o que tengan historias de vida terribles o de éxito. sino como todo el rango que hay entre medio. Andy Warhol decía ‘el derecho a sus 15 minutos de fama’. Yo creo que el cine chileno quizá no da mucha fama, pero sí da eso que es el estar registrado para la posteridad. Y por otro lado, también creo que es importante democratizar quienes hacen las películas. Una manera en la que eso se puede hacer es darle valor a las películas que están hechas con pocos recursos. Porque las películas pequeñas, digamos, las películas baratas, tienen que, frente a las películas caras, demostrar su valor con lo que hacen, cuando hay películas que justamente la razón por la que captan la atención es porque se gastó mucha plata en hacerlas.
“Pero eso a fin de cuentas no asegura lo que para mí es importante, que es la conexión con el mundo que te rodea. Incluso desde la fantasía uno puede conectar con ese mundo, pero tiene que ser a través de encontrar imágenes que tengan que ver con el lugar donde están hechos. No tiene sentido que el cine chileno le busque competir al cine de Hollywood. Y si hacemos una película de superhéroes chilenos, tenemos que hacernos cargo del hecho de que somos chilenos. ‘Mirageman’ hace muy bien eso, creo que es un buen ejemplo. Como cineastas no estamos haciendo películas flotando en la nada, sino que estamos en un lugar, en una cultura, en una comunidad y no podemos escapar a ese hecho. Y por más plata que uno pueda tener, no vas a poder maquillar esa realidad. Creo que hartas películas recientes de colegas han demostrado que eso es algo que sí logra conectar con la gente. La gente busca, no necesariamente que sea un actor famoso, sino que lo que busca es una interpretación con en la que ellos puedan conectar y en la que puedan descubrir cosas sobre ellos mismos también. Y eso no va a pasar si es que solo hacemos películas de Santiago y de locaciones espectaculares. También hay que hacer películas sobre lugares que no parecen ser sobresalientes, pero que nosotros tenemos que buscar las formas o encontrar aquello que los hace sobresalientes".
-‘La Corazonada’ se llevó el Premio del Público del Festival Internacional del Cine de Valdivia, ¿qué significa para ti esto? Y ¿cuáles son los comentarios que te han llegado de la gente que pudo ver esta película?
-Ahora existe esta cosa que se llama Letterboxd, que puede ser bastante dura para un cineasta. El día del estreno lo desinstalé y le pedí a mis amigos que me avisaran si es que podía volver a instalarlo o no. Unas horas después del estreno me dijeron que ‘por favor tienes que meterte a Letterboxd’. Para mí fue sorprendente porque yo sé que lo que hacemos es un poco anómalo también, un poco raro y como que no sigue la línea de cómo se supone que se tienen que hacer las cosas. Lo que hemos ido tratando de inventar con nuestras películas es buscar una manera que nos haga sentido a nosotros de cómo se hacen las cosas. Y eso implica también que el resultado puede ser muy distinto, y en general lo distinto es difícil para el espectador. Pero acá pasó algo muy bonito con la película que es que, como tiene estas distintas capas, distintos espectadores conectan conectan a niveles diferentes con la película. Me pareció que logramos un equilibrio entre el nivel de juego y de experimentación que a nosotros nos gusta, y el nivel de cercanía y de cotidianidad que logra hablarle a la gente, independiente de su formación o de su cultura cinematográfica. Espero yo que sea una manera de hacer que la gente se valore sus propias vidas, más allá que en la película misma, que la gente empiece a pensar en su en sus propias historias de amor, en los propios lugares que lo rodean, en la gente que conocen, qué les parece graciosa o interesante de ver. Es un poco cómo funcionamos nosotros. Para mí el proceso de casting no es sentar a alguien y decirle ‘di estas frases’. Sino que es vivir mi vida e ir observando si es que hay alguien que me gustaría verlo actuando frente a la cámara. Y eso es algo que incluso si uno no va a hacer películas, lo puede hacer a través de la imaginación y hacer que la vida sea más divertida, incluso sin tener que darse un viaje a Cancún. Basta con ir a Doñihue, a mojarse las patitas en la piscina.
“La Corazonada” del director chileno Diego Soto llega a los cines de nuestro país este jueves 15 de enero.

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