Por Consuelo CalderónVeterinaria lanzó “Entiende a tu gathijo”, una guía para comprender el comportamiento de tu felino: “La gente normaliza que el gato esté escondido”
La veterinaria y etóloga clínica Josefa Ramírez regresa con su nuevo libro enfocado en los comportamientos de los felinos. En conversación con el diario pop, la autora explica que “la idea de este libro es que los tutores conecten con sus propios gatos con herramientas prácticas, que ayuden a fomentar la relación y el vínculo que tienen con sus compañeros”.

La veterinaria y etóloga clínica Josefa Ramírez lanzó su nuevo libro, “Entiende a tu gathijo” (Plaza & Janés), una guía para entender a tu compañero y aprender a interpretar el lenguaje único de tu felino.
Tras su primer libro “Entiende a tu perrhijo”, la autora regresa a las librerías con un texto enfocado en entender el comportamiento de tu felino, sus necesidades y sus formas de comunicarse.
A través de investigación, experiencias clínicas y sus vivencias personales con sus propios gatos -Simba y Leo, que viven junto a su guacamayo Harrots y sus perros Pepe y Zaraki-, la veterinaria busca entregar herramientas prácticas y ejemplos cotidianos para ayudar a los tutores a fortalecer su vínculo con sus gatos, mejorar la convivencia y entender sus necesidades.
En una conversación con La Cuarta, Josefa Ramírez habló sobre su libro enfocado en los felinos, los errores que cometen los tutores al relacionarse con sus animales y la importancia de conocer a tu gato.
“Tengo una relación súper cercana con los animales. Yo creo que tengo, de alguna forma, una misión de vida que es cambiar la forma que tenemos de relacionarnos con nuestros animales de compañía. Esa es mi lucha en el día a día”, explica la veterinaria al diario pop.
“Escribí ‘Entiende a tu perrhijo’ porque creía que tenemos una forma errada de comunicarnos y vincularnos con los animales. Creo que es muy antropocentrista y siempre desde nuestra vereda, en donde el ser humano es el centro de la relación. Esto para mí no es correcto, porque al final ellos tienen un mundo del cual nosotros no nos hemos empapado, pero aún así nos lavamos la boca, de alguna forma, creyéndonos expertos y sosteniendo esta relación, pero la balanza siempre ha estado cargada hacia nosotros”, afirma Ramírez.

La autora detalla que el propósito de su primer libro era “sacar el filtro que tenemos del antropocentrismo, ponernos los lentes de los animales y ponernos en su lugar”. “No con esos mitos y esas falsas creencias de lo que significa compartir la vida con un perro. Esto fue para demostrar a través de ciencia, experiencia, nuevos aprendizajes y un nuevo punto de vista de cómo los perros necesitan en realidad que uno los trate”, afirma.
“En base a este primer libro me envalentoné y dije ‘tenemos que hacer lo mismo con los gatos’. Siento que el libro ‘Entiende a tu gathijo’ es mucho más yo, en el sentido de que fui mucho más honesta en la idea que quería comunicar. Estuve mucho más centrada en uno de los puntos que más me gusta, que es la espiritualidad en cuanto a la relación con los gatos. Y hay mucho de esto de ver al gato tal cual es. Hay un concepto que me gusta mucho, relacionado con la teoría del enactivismo, que tiene que ver con no buscar modificar y no buscar la interpretación humana, sino que aceptar a la especie por lo que es y respetarla por lo que es. Un poco ese fue el llamado que tuve para crear el libro ‘Entiende a tu gathijo’, pero ser totalmente honesta con la relación, con la espiritualidad, cómo los gatos necesitan, cómo los gatos perciben el mundo y cómo también nosotros, los tutores que tanto los amamos, podemos darle la mano, si al final ellos lo hacen todo por nosotros”, señala la escritora.
-¿De qué manera crees que este libro puede ayudar a todas las personas que conviven con gatos?
-Yo creo que entregando herramientas prácticas, que eso es una de las cosas que a mí más me interesa. Que al final la gente pueda entender la teoría, pero también pueda llevarlo a la práctica y pueda ser mejor observador. Creo que nos falta mucho aprender a observar. Y a través de la observación poder empaparse de conocimiento de lo que el individuo que tiene enfrente necesita y quiere. Porque yo te puedo hablar de los gatos, pero diferente es que tú que has convivido con Leo (su gato) seas capaz de ver a Leo y no a los gatos en general. Entonces, la idea de este libro es que los tutores conecten con sus propios gatos con herramientas prácticas, que ayuden a fomentar la relación y el vínculo que tienen con sus compañeros.
-En el libro hablas con respecto a la idealización del gato, que uno piensa que va a ser de cierta manera, algunos son más cariñosos, otros son lo contrario. Y es bastante interesante el tema de bajar las expectativas con respecto a cómo va a ser ese vínculo con el animal.
-Hay mucho prejuicio y hay mucho estigma en la tenencia de animales de compañía. A mí personalmente el concepto mascota no me hace nada de sentido, porque creo que cuando uno adopta, cuando uno quiere incluir a un miembro de la familia, es eso, es un miembro más de la familia. Y con respecto a eso, uno no puede basarse en lo que yo quería, yo esperaba, yo me imaginaba. El individuo que te llegue, sea cual sea, es una caja de Pandora. Uno tiene que estar ahí resiliente, abriendo los brazos y aunque te rasguñe, porque hay algunos animales que no conectan contigo desde la primera instancia. Pero el simplemente tener la resiliencia, el compromiso y estar abierta a lo que sea que me toque por enfrente, eso para mí es mágico. Y qué importante es que los tutores dejemos esta idealización de lo que sea que para ti signifique tener un gato y abrirte directamente al individuo que tú tienes enfrente, aceptarlo y comprometerte con él. Porque las relaciones son complejas. Una relación no se basa solamente en amor, en cariño. Hay conflictos en las relaciones y son necesarios para que sean más fuertes. Entonces, yo creo que en este sentido es muy importante la presencia dentro de la relación, a quien tengas enfrente, tu poder estar conectado con la motivación inicial del por qué quisiste incluir a un miembro más de la familia y aceptar aprender a conocer y conectar en base a lo que el individuo necesita. Sean más o menos sociables, sean más o menos cariñosos, que tiene un porqué detrás. Hoy en día sabemos que las personalidades se forman, existe un porqué, existe genética, existen experiencias ambientales, pero lo que no puede cambiar es la presencia de uno. Tengas un Chucky al enfrente o un Garfield, necesitas estar.

-También me quería detener en este concepto del ‘gathijo’. En los últimos años ha cambiado la forma en la que nos relacionamos con los animales, ahora pasan a ser un integrante más de la familia. Pero, a la vez, se ha hablado mucho sobre la humanización de los animales. Hasta se dice que las personas jóvenes ya no tienen hijos, tienen animales que tratan como hijos. ¿Cuál es tu opinión sobre esto? ¿Es algo negativo, es algo positivo?
-La humanización en sí ha traído grandes beneficios a nivel sociocultural del concepto de los animales de compañía. Gracias a la humanización, nosotros hoy en día tenemos las menores tasas de maltrato y el maltrato es tan mal visto. Pero hay una delgada línea ahí. Yo siempre hago el llamado de hacer una humanización contextual o una antropomorfización contextual que tiene que ver con los humanizo, porque gracias a la humanización género más canales de empatía. Ya solamente por tener un gato en mi casa, durmiendo en mi cama, lo estoy humanizando, pero sabiendo que es un gato y reconociendo su especie. Y ese es el canal de transformación. Porque efectivamente los tutores que humanizan más tienen más empatía por sus animales y les preocupan más.
“Pero si es que existe el desconocimiento, ahí es donde está el arma de doble filo, porque tú humanizas sin saber lo que necesita la especie y te puedes mandar una embarrada. Pero tú humanizas sabiendo lo que necesita la especie y puedes ser el mejor tutor para ese animal. Entonces siempre tiene que ser de la mano de una correcta educación, si al final uno hace todo esto por amor. Y no existe un vínculo u otro. No existe como ‘o tengo un gato o tengo un hijo’. No existe un reemplazo de los vínculos, son diferentes. Podrían llegar a ser complementarios, pero son totalmente diferentes. Entonces, tendemos a poner este tema en la palestra, como si fuese algo polémico, como si fuese uno u otro. Y en realidad, el ser humano está hecho de alguna forma para cuidar. Tenemos una necesidad grande de cuidar. Y alcanza para un gato, para un perro, para un hijo, para todo. Entonces, con el cuidado que conlleva, yo siempre voy a hacer un llamado a una antropomorfización contextual. Creo que ha hecho más bien que mal en realidad”.
-Sobre los gatos también existe esta creencia de que, en comparación con los perros, son mucho más independientes. Por ende pueden estar solos y no necesitan tantos cuidados. ¿Es verdad esta idea o se trata más bien de una suerte de estereotipo?
-Yo te diría que tiene que ver mucho con un estereotipo, porque hoy en día se ha demostrado que los gatos forman vínculos de apego con sus tutores. Al gato le importa si su persona sale o no sale, y el animal se resiente si es que lo dejas días solos. Es como que tu mamá o tu hermano se vaya de viaje, a uno le afecta. Si bien puedo ser más o menos dependiente de nuestra relación, igual va a tener un efecto en el individuo. Y ahí depende de las personalidades qué tanto afecta, pero es un mito el que podamos irnos de viaje y dejar a nuestro gato solo, y que al gato le dé lo mismo y se cuide solo, porque al gato le importa. Y esto está demostrado hace muy poco. Entonces es importante que nos saquemos esta venda de los ojos y comencemos a ver al animal por lo que realmente necesita y no, de nuevo, por esta idealización de que es más independiente, que no le importa, porque son puros estigmas que encasillan, pero que te alejan de la realidad. Hoy en día a un gato no lo deberías dejar solo, o sea no te puedes ir de viaje y dejarlo. Una tarde, un día, si alguien le va a dejar alimentos sí, así como puedes dejar a tu perro solo un día y no se va a morir. Pero eso es totalmente diferente a mandarte a cambiar un fin de semana y no preocuparte de que quede bien cuidado.
-¿Qué crees que es lo que más malinterpretan las personas con respecto al comportamiento de los gatos?
-Yo creo que con decir que son manipuladores, como que la gente piensa que el gato está en contra del ser humano o como planeando algo, o que el gato se cree superior y no es así. El gato simplemente tiene una sabiduría ancestral y espiritual diferente a la del perro. El grupo es importante para él, hoy en día se ha comprobado que es importante. Acuérdate que el gato viene de una especie solitaria versus el perro que siempre ha vivido en grupo. Entonces el perro ha desarrollado por mucho más tiempo mecanismos de más empatía, de un cuidado social, de ser más carismático. Y el gato se ha visto que, (aunque) viene desde una especie solitaria, hoy en día también necesita del grupo, pero es como comparar peras con manzanas. El gato no te va a mover la cola porque llegaste. Hay algunos que sí, pero el concepto de grupo para el gato es diferente. El gato lo tiene como una opción que hoy en día más prefieren, pero el perro lo ve como una supervivencia que viene reforzada por un montón de años de domesticación. Son especies muy diferentes, que no se pueden comparar. Pero tenemos que sacar este esquema de la cabeza que el gato es manipulador, que nosotros somos sus esclavos. porque el gato genuinamente te quiere.
-¿Cuáles crees que son los errores más frecuentes que cometemos al momento de relacionarnos con un gato?
-Ser súper invasivo, como lo seríamos con un perro. Ojo, a la mayoría de los perros no les gusta que tú seas invasivo, que te aguanten y te toleren, eso es otra cosa. Pero el gato tolera mucho menos y aguanta mucho menos. Tú no puedes llegar a abrazar, a ser invasivo, porque los gatos demuestran el afecto de una forma totalmente diferente, y los perros también, a lo que nosotros hacemos. Con el perro nosotros hemos estado acostumbrados a ignorar un poco estas señales y con los gatos hacemos lo mismo. Esto puede llegar a ser percibido muy negativamente con los gatos.
“También el no dedicarle el tiempo de calidad suficiente. Tenemos los dos polos. La gente tiene gatos por la falsa creencia de que son más independientes y que no necesitan tanto cuidado, por ende, son los animales que metemos en departamentos cuando tenemos poco tiempo. No nos hacemos el tiempo de calidad que el animal necesita. Y después tenemos uno de los principales problemas de comportamiento, que es básicamente que el gato demanda mucha atención, pero es porque no tiene sus necesidades cubiertas. Todos los gatos necesitan jugar y necesitan satisfacer este impulso predatorio. Pero como la gente lo tiene con poco tiempo y tiene este estigma, no le da el tiempo que necesita, por ende ciertos comportamientos se exacerban, pero es desde una mala gestión de necesidades del gato”.
-Otro de los temas que abordas en el libro es el proceso de integración entre dos animales que van a convivir juntos en la casa, ya sea dos gatos o un gato con un perro. En ese sentido, ¿en qué debemos tener en consideración al momento de presentar a estos animales? ¿Cuáles son las señales las que tenemos que enfocarnos?
-Lo primero que tenemos que tener en consideración es el espacio y el tiempo. La mayoría de los animales con correcto tiempo y espacio entienden mucho el concepto de familia, de grupo, y son capaces de tolerar. Aquí el foco va mucho en tolerar. No es en que nos amemos y en que seamos inseparables, sino en que podamos convivir juntos y que nadie se mate entre nosotros. De repente hay buenas relaciones, sí, como en todas las familias, pero no todo el mundo ama a las personas con las que vive. Muchas veces hacemos esta junta de animales desde una expectativa propia del ser humano, un desconocimiento también, porque muchas veces juntamos por gustos físicos y no entendiendo lo que ellos realmente necesitan. Entonces, muchas veces la embarramos por acelerar y por apurar los procesos. Es todo idealizado, mezclamos el perro con el gato o dos perros o dos gatos y deberían llevarse bien en un cierto periodo de tiempo. En realidad no es así, porque tenemos que respetar mucho la individualización. Te diría que la clave para tener éxito en juntar animales es respetar a cada uno por separado y brindarle las necesidades que cada uno necesita por separado.
“Por ejemplo, si yo voy a juntar un gato con un perro en un departamento, considerar las personalidades, porque si tengo un gato viejo que nunca en su vida ha convivido con un perro y le meto el perro más intenso del mundo, es como mezclar la peor combinación. Tengo que ponerme en el lugar de los animales. Generar empatía, conocer también a quién voy a meter en mi casa. Soltar el tiempo, soltar la expectativa y tener el espacio suficiente para poder tenerlos a ambos en bienestar y por separado. Esa es la primera línea. Que luego los podemos juntar y todo eso, perfecto. Eso va a tomar un determinado tiempo, pero mientras tanto yo no puedo comprometer el bienestar de ninguno de los dos. Si yo tengo que hacer que el gato viva en un baño porque no tengo más espacio y el perro queda a disposición del departamento, no funciona. Ya partí mal”.
-Otra cosa a la que en el libro le pones harto énfasis, es que a veces un cambio en el comportamiento del gato se debe a un problema médico o de salud del animal. ¿Qué comportamientos o más bien qué cambios de comportamiento deberían encender las alarmas de los tutores?
-De partida cualquier cambio de comportamiento que sea muy brusco. Por ejemplo, tu gato antes dormía contigo siempre y de un día para otro, partió durmiendo escondido o en un lugar donde nunca antes había dormido, ya podría levantar señales de alarma, sobre todo si es muy brusco, de un momento para otro. También, por ejemplo, los escondites. De repente, la gente normaliza mucho que el gato esté escondido y, en realidad, si el gato pasa escondido es porque no se siente seguro en el entorno en el que está o porque no se siente bien lo suficiente como para estar donde antes estaba. Eso también es una señal de alerta. También las demandas de atención. Normalmente los gatos buscan a sus personas, si es que hay una buena relación, cuando se sienten mal. Es muy frecuente verlos como más sedentarios, más tranquilos, y el gato en realidad juega, deberían jugar siempre. La mayoría de los gatos, cuando están enfermos, como que se inactivan, como que se apagan. Si un gato pasa mucho tiempo inactivo, señal de alarma también. Entonces, siempre yo recomiendo hacer chequeos una vez al año, por lo menos un chequeo completo, con exámenes de sangre, porque muchas veces cuando ya demuestran síntomas, estamos tarde.
-Una cosa que me pareció bastante interesante en el libro es el tema de los rescates a gatos callejeros. Mencionas que no necesariamente puede ser algo positivo sacarlos del territorio en el que están, pese a que uno pensaría que lo mejor es que estén viviendo en una casa, con personas y todo eso. En ese sentido, ¿cómo podemos como poco enfrentar el tema de los rescates? ¿Qué debemos considerar antes de sacar un gato del lugar en donde está?
-Hay que ser súper cuidadosas con ese tema porque, si lo abordamos mal, se puede malinterpretar muchísimo. Pero para el gato, el sentido del territorio es uno de los pilares de su bienestar. La mayoría de los gatos, pasa también con los perros, son animales adultos que han vivido toda su vida en ese lugar y que es lo único que conocen. Muchas veces, bajo este matiz, su personalidad ya se ha forjado un poco en vivir sin el humano. Y esto es una realidad. Hay animales que directamente no tienen experiencia suficiente para convivir con personas, no les interesa y no lo necesitan. Que se pueda adaptar y que genere relaciones de apego, sí, mucho, por algo se llama animal doméstico. Pero hay otros que no lo necesitan, no han tenido contacto y las experiencias que han tenido han sido malas. En este contexto, el reubicar un gato y meterlo a una casa con una persona, es muy complejo y perjudica muchísimo el bienestar de ese animal. Entonces, lo mejor en ese sentido es capturar, esterilizar, devolver donde estaba y mantener las colonias. Es como ponerlo en una balanza, porque voy a comprometer mucho del bienestar del gato por creer que puede estar mejor en una casa, pero muchas veces no es así.
“Yo entiendo que hay un tema brutal con la fauna nativa y básicamente no podemos fomentar que los gatos vivan en la intemperie. O sea, son unas bestias con los pájaros y con la mayoría de los animales que son nativos y endémicos de Chile. Pero tiene que ser tomado con mucha cautela y al final poner en una balanza. Si es un lugar con harta biodiversidad, ahí yo me tiraría por la fauna y da lo mismo el bienestar del gato, pero te vas a tirar al bolsillo el bienestar de uno. Que siempre tenemos que proteger a la fauna porque es más escasa y es mucho más exclusiva, sí, eso también es una realidad. Pero si estamos hablando de gatos de una población que viven en un conjunto de casas abandonadas, donde la fauna ya tuvo un impacto, yo lo dejaría ahí, ni me molestaría por reubicarlo, costo o beneficio”.

-En el libro mencionas algo que me llamó harto la atención y es que a veces las personas adoptamos animales un poco para rellenar un vacío emocional, porque nos van a dar compañía, van a estar ahí. Pero tú hablas sobre cómo el estado emocional del tutor puede afectar en el animal, lo que puede significar tener gatos más nerviosos, más ansiosos. ¿Qué importancia tiene el bienestar del tutor en el bienestar del animal?
-Un 100%, hasta yo te diría que es prioritario. Ojo, yo prefiero a los animales, a mí me importa más que el perro esté bien. Pero si el cuidador principal no está bien, todo el resto se cae. Y aquí hago un llamado a la gente a cuidar de su salud mental, a entender que los animales no son ningún parche para cubrir ningún tipo de problema de salud mental. Por ejemplo, gente con necesidades especiales que adquiere animales de soporte, de contención. Esto no debería suceder, por ningún motivo. Si tú no estás bien, no estás apto para tener un animal y quiero ser enfática en eso, esto tanto a nivel económico, a nivel emocional. Tener un animal es un lujo, no es un derecho de todos y no todo el mundo debería tener animales. Quiero ser enfática en eso, porque las tasas de maltrato o de ‘es que estoy enferma y descuide al animal, es que no tengo las lucas’. No, o sea, es un lujo. Y si tú no estás bien, no deberíais tener animales.
-Para terminar, ¿qué consejo le darías al tutor de un gato? ¿Qué es lo más importante que debe saber?
-Yo te diría que lo que que lo pudiera observar. Somos muy malos para observar. Y solamente en observar, dedicarnos a observar al individuo que tengo enfrente, sea un perro, gato, loro, etc, nos puede cambiar totalmente la percepción y el entendimiento de lo que ese animal necesita. Yo creo que una de las principales cualidades que podríamos tener, si es que quisiéramos ser mejores tutores, es desarrollar la observación. Desarrollar la observación y tener tiempo para esto.
“Al final las relaciones son un baile. El animal hace algo y tú haces algo para ver la respuesta. Es un pimponeo y es un baile que tiene que ver mucho con la reciprocidad. Para poder recepcionar algo, necesitas atención y presencia. Si no tienes esto, todo el resto se te cae”.
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