Duende verde

𝘌𝘯𝘵𝘳𝘦𝘭𝘢𝘻𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘴𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦, 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘴𝘵𝘪𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘗𝘢𝘣𝘭𝘰 𝘊𝘩𝘪𝘭𝘭-𝘌 𝘺 𝘦𝘭 𝘵𝘳𝘢𝘱 𝘤𝘩𝘪𝘭𝘦𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘵𝘰𝘮𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘰 𝘤𝘰𝘯 𝘮á𝘴 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘻𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘦𝘯 "𝘌𝘭 𝘋𝘶𝘦𝘯𝘥𝘦 𝘝𝘦𝘳𝘥𝘦", 𝘶𝘯 𝘩𝘪𝘵𝘰 𝘥𝘰𝘣𝘭𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘢 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘳𝘳𝘦𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘚𝘩𝘪𝘴𝘩𝘪𝘣𝘰𝘴𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘮𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘵𝘦𝘯𝘦𝘤𝘦.

En pocas palabras, la diferencia entre un mixtape y un álbum tiene que ver con el nivel de cohesión de uno y otro. Conceptualmente, el mixtape tiende a ser más disperso, mientras el álbum actúa como un solo gran bloque. Hasta ahora, todos los trabajos largos de Pablo Chill-E habían sido mixtapes, y El Duende Verde no sería la excepción. Por eso originalmente fue anunciado como el nuevo mixtape del cantante, algo que cambiaría con el paso del tiempo y el avance del proceso.

En la previa, Pablo incluso posteó una gráfica oficial del tracklist de El Duende Verde con el subtítulo “The Mixtape”, pero las cosas cambiaron poco antes de lanzarlo, cuando se dio cuenta de que tenía entre manos el primer álbum de su carrera y comenzó a llamarlo así. De hecho, el cover art que subió después lleva el subtítulo “The Album”, mucho más apropiado para describir este auténtico viaje de 21 canciones que en la época de los vinilos se hubiese vendido como un doble LP.

El Duende Verde, que entonces es oficialmente el debut de Pablo Chill-E en formato álbum, gira en torno a la idea de que hay oscuridad dentro de cada persona. Su título viene de una talla interna en la Shishigang: es el apodo con el que llaman a Pablo cuando su villano interno se asoma a la superficie. Las canciones del disco abordan este aspecto de su personalidad y las maneras en que esa faceta toma el control de Pablo para comunicarse con el mundo exterior.

Pablo Chill-E expresa su lado oscuro dudando de sí mismo, cayendo en conductas autodestructivas y dejándose invadir por sensaciones como la tristeza, la rabia, la soledad, la frustración y la paranoia. De todo eso habla ahora en sus letras, aunque sin renunciar a la poesía insolente que lo volvió el autor esencial de su generación, sino más bien ampliando los márgenes de ese estilo. Tal como lo hacía la serie Los Soprano, en la que un capo de la mafia desnuda su mundo interno, Pablo le añade un nuevo grado de humanidad a la narrativa gangsteril.

Vulnerable como nunca, Pablo Chill-E arranca El Duende Verde casi quebrándose en “Desahogo”, un laberinto emocional del que escapa fortalecido y lleno de poder, en un spoiler de lo que será la trama y el desenlace del álbum completo. Por más oscuras que se vuelvan sus letras y los beats que sobrevuela, la luz de Pablo también tiene un papel protagónico en este disco que relata el choque bestial de fuerzas que se baten a duelo en su corazón atormentado.

De un trap riguroso, los beats y la producción de El Duende Verde corren por cuenta de un equipo de mentes maestras (Xander, Savage Brightt y Distobal, entre otros) que le hacen la segunda a Pablo Chill-E en su cruzada por traer de vuelta el estilo que puso en el mapa al movimiento urbano chileno. En un panorana dominado por el reggaeton, enfocarse en el trap es un gesto de militancia musical y además una señal de cómo ha pasado el tiempo en el movimiento urbano chileno.

El Duende Verde llega casi cinco años después del ya legendario mixtape “S.U.N.O”, una de las obras maestras del trap chileno, al que evoca constantemente: la letra de la clásica “Asueto” es citada en “Nunca duermo”, la del hit “Vibras” es parafraseada en “Exótica” y el mismo Pablo admite que “Chinese” es la nueva “Singapur”. Para miles de jóvenes, el regreso de Pablo al trap, sumado a los ecos de “S.U.N.O”, toca una fibra sensible e íntima: es la música con la que han crecido.

¿Nostalgia? No por un lado, sí por el otro. Muchas de estas canciones llevan años guardadas y datan de la época inmediatamente posterior a “S.U.N.O”, así que vienen cargadas con esa energía de forma natural y no son recreaciones del pasado. Pero presentarlas como el retorno a una versión anterior de Pablo y salpicar el disco de referencias a aquel momento lejano (y cada vez más anhelado) es una forma de apelar a la memoria y al deseo de retroceder en el tiempo.

La vuelta al trap de Pablo Chill-E en El Duende Verde caló hondo y destapó entre su audiencia más antigua una nostalgia alimentada, como todas las nostalgias, por la humana necesidad de buscar lugares seguros. Y resulta que el sonido del 2018 (o sea, del mundo pre Covid) para muchos de esos jóvenes es un refugio de este presente tan incierto. Además, al abanderarse por el trap, marcan una postura más estricta, purista y “real” dentro de lo urbano, un rol no tan distinto al que suelen cumplir los rockeros.

Desnudando su alma en la obra más personal y ambiciosa de su carrera, Pablo le da nuevos aires al trap chileno. Por un lado, hace que vuelva a estar en boca de todos. Y por otro, el más importante, lo eleva como forma de arte usándolo como idioma para expresar las sensaciones e ideas más profundas que un cantante pegado se ha atrevido a grabar. Ningún otro artista urbano podría haberlo hecho. Entrelazados para siempre, los destinos de Pablo Chill-E y del trap chileno se toman de la mano con más fuerza que nunca en El Duende Verde. Este tipo de disco solo tiene un nombre: clásico instantáneo.

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