¿Qué fue de la prensa musical?

Lo más sabroso del periodismo musical se ha extraviado en la noche de los tiempos urbanos. Pero no todo está perdido.

Nos dijeron que la extinción de las revistas musicales impresas daría paso a medios digitales de calibre similar, pero no era cierto. Para leer sobre su música favorita, el género urbano, los jóvenes actuales solo cuentan con páginas de Instagram que en su abrumadora mayoría siguen un mismo formato. Esa es la única prensa escrita que consumen a diario.

La fórmula de estas páginas consiste en breves noticias sobre cantantes pegados y un salpicado de contenido viral. En las de mayor llegada hay, además, publicidad de artistas emergentes. Todo esto coexiste en el mismo feed sin que se jerarquice ni se diferencie entre una información de legítima relevancia, un meme o un post pagado por un emergente.

Momento, momento. ¿Los cantantes en ascenso tienen que pagar por aparecer en estas páginas? Así es. Yo tampoco lo podía creer cuando me infiltré en la prensa urbana el 2019. Hasta grabé un podcast condenando esa práctica. Pero, con el tiempo, entendí que mis colegas jóvenes solo intentaban subsistir dentro del contexto que les tocó.

Ultra todo
La cantante chilena Princesa Alba

Sin nadie a quien acudir para financiar redactores que suban noticias, las pymes informativas terminan cobrándole a los artistas nuevos por espacio en sus plataformas. Espacios que, a su vez, son construidos en base a postear contenido periódico sobre cantantes pegados que atraen audiencia. Así se vuelven apetecibles para hacer difusión.

La práctica está estandarizada. Todos los días algún cantante me pregunta cuánto le cobro por compartir su música con mi comunidad de Instagram. Cuando les digo que solo recomiendo lo que me gusta y me emociona, sin que haya un solo peso de por medio, la mayoría me transmite su sorpresa. Algunos me han dicho que estoy “puro perdiendo plata”.

Yo lo hago así porque en esencia soy un selector musical que busca mantener intacta su curatoría (y por extensión su identidad), pero también porque hasta ahora he podido contar con otras maneras de financiar el hábito de pasar horas atento al género urbano chileno, como escribir columnas para este diario o realizar asesorías creativas.

Pero independiente de cualquier consideración generacional o práctica, en efecto lo más sabroso de la prensa musical escrita se perdió en la noche de los tiempos junto a las revistas en papel couché y la vitalidad de los blogs. En la era urbana no hay críticas de discos y conciertos, no hay opinión, no hay instancias de análisis ni mucho menos de sátira.

Marcianeke
Marcianeke con Julio César Rodríguez en La Junta.

¿Echo de menos las revistas, las webs y los blogs? No realmente. Lo que echo de menos son los formatos extraviados en el camino. Sobre todo ahora porque interactuar a diario con la escena urbana, generando contenido alternativo para ella, me ha hecho ver que hay un terreno fértil para que esta generación levante nuevos referentes informativos.

Las críticas, la opinión, el análisis y la sátira son casillas que no han sido llenadas todavía por los jóvenes comunicadores de la música urbana chilena. A la espera de que atinen, hoy más que nunca existe un público entusiasta, ávido de saciar su curiosidad y su interés con algo más que la inmediatez del acontecer y de cuántos récords numéricos han sido batidos.

En el creciente panorama de los medios urbanos locales, varios hacen un gran trabajo cubriendo el día a día. Páginas como Trap2Day, LaJunta+ o El Género 7 ofrecen información fundamental para comprender el devenir de la escena chilena. Pero al otro lado del espectro queda mucho espacio disponible a la espera de nerds urbanos con ganas de hablarle a sus pares. ¡Hay tanta música en Chile y tanto por decir acerca de ella!

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