Por Paulo QuinterosMujeres jóvenes superan a los hombres en consumo de alcohol en Chile y crece la alerta por la baja búsqueda de ayuda
Datos de SENDA muestran un cambio en los hábitos de consumo femenino: en escolares, las mujeres ya superan a los hombres en ingesta de alcohol y, en educación superior, la embriaguez alcanza cifras similares. Especialistas advierten que la normalización social y la baja percepción de riesgo agravan el problema.

El consumo de alcohol entre mujeres jóvenes en Chile muestra un cambio sostenido que ya se refleja en las cifras más recientes entregadas por SENDA.
En población escolar, el 32,5% de las mujeres declaró haber consumido alcohol en el último mes, superando a los hombres, que registraron un 27,2%.
En educación superior, entre quienes consumen alcohol, la embriaguez llega al 60,5% en mujeres, prácticamente igualando a los hombres, según una muestra de más de 28 mil estudiantes.
A esto se suma el aumento en el uso de tranquilizantes sin receta, que alcanza un 5,7%, consolidándose como una de las categorías que más crece dentro de este grupo etario.
En la población general, el fenómeno también se expande: el 27,6% de las mujeres declara consumo de alcohol en el último mes y, entre quienes beben, un 47,2% reporta episodios de embriaguez.
Para el doctor Matías Ibáñez, médico experto en adicciones y director de Clínica Pellet Chile, este escenario está estrechamente ligado a la salud mental.
“Muchas veces el consumo no es el problema de fondo, sino la forma en que se está intentando manejar ansiedad, depresión o malestar emocional. El alcohol funciona como una válvula de escape momentánea, pero después el costo es mayor”, dijo el especialista.
El médico explica que muchas mujeres jóvenes presentan mayores niveles de ansiedad y depresión que sus pares hombres, lo que facilita procesos de automedicación emocional.
También influye la baja percepción de riesgo frente al alcohol, ya que al no considerarse una conducta peligrosa, disminuyen las barreras de entrada y aumenta la repetición del consumo.
A esto se suma la normalización cultural del alcohol, especialmente en contextos adolescentes y universitarios, donde el consumo suele estar asociado a la socialización y la pertenencia grupal.
El especialista advierte que uno de los perfiles más difíciles de detectar es el llamado “bebedor de fin de semana”, que concentra el consumo en celebraciones o espacios sociales, manteniendo una aparente funcionalidad durante la semana.
El estigma también agrava el problema, ya que muchas mujeres ocultan el consumo problemático por más tiempo y retrasan la búsqueda de ayuda profesional.
“Existe la idea de que hay que tocar fondo para pedir ayuda, pero por el estigma las mujeres jóvenes lo esconden”, señaló Ibáñez.
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