"Narco-velorios": la última fiesta

Conocimos la intimidad de las despedidas que familiares, vecinos y amigos le brindan a sus caídos. Balas, drogas, reggaeton y alcohol son parte de los ingredientes del adiós definitivo.

El velorio y funeral de Bastián López Reyes, más conocido como "El Pollito", se convirtió en el escándalo de la semana y, probablemente, ingresará al top five de las polémicas del año.

Las razones quedaron a la vista, al igual que las balas al aire que se percutaron durante su despedida en la comuna de Conchalí, donde el mundo de "los choros" y los "narcos" se fusionó para rendirle un último adiós al heredero del clan de "Los Reyes" al son del reggaeton, trap, copete, drogas y un arsenal que dejó marcando ocupado a las autoridades y Carabineros.

Este tipo de ritos son el resultado de la metamorfosis experimentada por las bandas delictuales en su proceder. ¿Se acuerda hace una década cuando los dolientes buscaban pasar inadvertidos? Ahora esa forma de comportarse sólo vive en el baúl de los recuerdos.

Con escándalo. Es miércoles 15 de mayo. De madrugada los termómetros registran 9° en la comuna de Conchalí y el ambiente en la calle Delfos es idéntico al de una celebración. Pero no. Al interior de una vivienda yacen los restos del "Pollito", acribillado hace un par de días por una banda rival.

Se ven caras tristes. Sí. También rostros desfigurados por la ingesta de alcohol y consumo de drogas, pues el velorio se transformó en una fiesta. Y para ello, hay una explicación. "Cuando matan a uno, el resto hace una demostración de fuerza para que las bandas rivales vean que no están con la guardia abajo. Por eso, se ve harta metralleta, balas y fuegos artificiales. El velorio se convierte en un carrete", dijo "Samuel", quien dio ese nombre para resguardar su verdadera identidad ante posibles represalias.

Uno de los aspectos que más llama la atención es el actuar de los amigos del difunto, quienes, según cuenta el asistente a la ceremonia, "se tratan de congraciar con la familia y compiten entre ellos por quién lleva el arreglo floral más grande, así como también por el que tiene la mejor arma y dispara más balas".

El "anillo de seguridad" es total. Que un extraño ingrese como Pedro por su casa al sitio donde está el ataúd, resulta una misión imposible. "Para ir a uno hay que estar apadrinado, es decir, llegar con una persona que conozca a la familia o amigos. Aventurarse solo es para regalarse y que te peguen o echen", explicó.

En cuanto al uso de pirotecnia, los empresarios que importan fuegos artificiales dicen que los consiguen por contrabando desde Argentina o le compran a las bandas que a fines de 2018 les robaron la mercancía desde sus polvorines.

"En La Legua venden fuegos artificiales. Cuesta $1 millón el palet. Eso sí, no le venden a cualquiera. Sólo a gente conocida, concluyó "Samuel".

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