El largo y sensual regreso de Fármacos: “Pensé las letras como si fueran un WhatsApp”

A cinco años de su último largaduración, el proyecto de Diego Ridolfi vuelve con un nuevo trabajo titulado Manual de una pérdida. Este suma varios hitos; con una hora de música, es el más largo de su carrera, y además contó con el trabajo de Cristián Heyne como productor y socio de composición. En charla con el diario pop, el músico detalla el proceso de trabajo, las dudas personales y por qué lo articuló como si fuera una playlist.


En un departamento en Vicuña Mackenna, a pasos de la iglesia de La Asunción -cuya cúpula fue destruida por un incendio en octubre de 2020-, el músico Diego Ridolfi, el hombre tras el proyecto Fármacos, pasa los días entre discos y equipos que acumula en su home studio. Nada raro para un obsesivo por el sonido; así lo ha hecho durante toda la pandemia.

“Pasa que salgo poco, carreteo poco”, asegura al otro lado de la pantalla. “Cuando más salgo, es cuando tengo que tocar o ir de gira, entonces por ese lado la pandemia no me impactó tanto, porque en mi casa tengo mi estudio. Siempre he sido un ratón de jaula”.

El encierro fue provechoso. A un lustro del lanzamiento de Estado de Gracia (2016), el proyecto Fármacos acaba de publicar su tercer álbum, Manual de una pérdida. El trabajo es el más extenso de los publicados hasta ahora; entre sus quince canciones suman poco más de una hora de música, que discurre entre diferentes momentos y emociones, como una suerte de recorrido sonoro.

Apenas se abre la charla, Ridolfi hace notar lo orgulloso que está del álbum.

“Siento que este disco fue una experiencia en todos los sentidos, desde el cómo lo compuse, lo produje, las cosas que viví; hay mucha experiencia de vida -asegura-. Además por el nivel de canciones que llegué a componer; ahora escucho los anteriores y los siento un poco amateur en la forma de hacer canciones. En este, me enorgullecen”.

Más literal, menos metáfora

Aunque el título es sugerente, en realidad Manual de una pérdida, trata sobre varias pérdidas. Ridolfi explica que el título es una suerte de resumen de los temas que aborda en las letras. “Es lo que le canta todo el tiempo -señala-. Le canta a otra persona, el quién es da lo mismo, pueden ser varios personajes”.

Si algo se repite en los discos de Fármacos, reconoce el músico, es que le cuesta llegar hasta el título. Este no fue la excepción, Manual de una pérdida fue primero el título de una canción. “Con una amiga, la Ina Groovie, tomé un taller de literatura mientras desarrollaba el disco. En un momento le dije ‘tengo esta canción, sale en dos semanas más, y no se me ocurre el nombre”.

“Entonces empezamos a hablar. y en esas vueltas aparece Manual de un pérdida -recuerda-. Me gustó, me sonaba como esas canciones de Babasónicos que se llaman de otra forma respecto a la letra y dejan la canción puesta en alto. Pero después sentí que me quedó tan grande ese nombre, que mientras se me ocurrieron tres mil pésimos nombres para el disco, me empezó a resonar ¿y por qué no ponerle así? Ahí se me empezó a armar el tracklist solo, me empezó a hacer sentido a lo que cantaba. Narra eso”.

Lo que sí estaba claro, es que Manual de una pérdida, es un disco sobre sensualidad; el calor, la humedad, el contacto con otra piel, son referencias recurrentes en los textos de las canciones. “Mi forma de escribir va mucho por ahí, pero en este disco decidí ser mucho más directo -explica Ridolfi-. Antes era más metafórico, pero yo decía que las letras tienen que ser pensadas como si fueran un WhatsApp, o un mail; como si pudiera agarrar esa letra y mandársela a alguien. Tomé conciencia de que habían momentos más de sensualidad, de encuentros, desencuentros, pero todos son muy literales dentro de lo posible”.

La mano de Heyne

El empujón de otra persona no se acotó solo al nombre. Por primera vez en su carrera, Ridolfi sumó un socio en el proceso de composición; varias de las piezas fueron trabajadas -a distancia por la pandemia- junto al afamado productor Cristián Heyne, un ineludible en el pop chileno (desde Supernova a Gepe, pasando por Glup! y Javiera Mena), a quien el músico conoció hace algunos años cuando se acercó a presentarle su trabajo.

“Ya éramos amigos y teníamos una relación bien cercana -explica el músico-. Antes con Fármacos siempre había intercambio de ideas, nunca compuse con alguien al lado. Entonces con Cristián fue freak, porque era componer y producir canciones, una experiencia que me ayudó a correr toda esa zona que no la llamaría de confort, sino de estupidez; cuando uno dice ‘yo soy esto, entonces no soy esto otro’. Cristián me metió en todos esos lados que me resultaban incómodos. Y se lo agradezco”.

Diego recuerda muy bien esas zonas incómodas. “La canción ‘Nuestro infierno’, ahora la encuentro bacán, pero cuando la estábamos haciendo yo decía ‘esta es muy ordinaria’, la encontraba media cebolla. Pero ahora la escucho y me encanta. Solo, yo no habría logrado un cuarto de este disco”.

¿Cómo hizo Heyne para ayudarte a salir de esa zona y resolver las canciones?

Por ejemplo, “Humedad” era una canción casi tal como estaba, pero era mucho más indie, tenía sintes atrás todo el rato. Entonces, a Heyne se le ocurrió meter esas guitarras medias funky. Le dije ‘hueón, a mí no se me habría ocurrido, me parece bien’. Supe confiar en el proceso; yo mezclé algunas canciones del disco, cosa que antes no hacía porque quería que las cosas quedaran como me las imaginaba. Su trabajo fue super terapéutico.

“Está bien no tenerle tanto respeto a tu trabajo”

No es casual que Ridolfi esté agradecido de Heyne. El productor fue clave para destrabar un proceso de cinco años en que se acumularon canciones trabajadas desde los días posteriores a Estado de Gracia. “Yo creo que parte de lo que se demoró el disco, era por estar tanto tiempo encerrado en lo mismo, no poder salir a un restorán a ventilar la cabeza. Eso hizo que esto fuera una bola de nieve emocionalmente muy densa”.

En ese punto, la voz de Fármacos reconoce que por momentos, la obsesión con la música no le permitió avanzar. “Creo que aparte de ser súper autocrítico, soy tremendamente inseguro. O sea, te digo que lloré haciendo este disco; hay canciones en que la voz la grabé cuatro veces. A veces la segunda salía bien, pero yo la grababa varias veces más y Heyne me decía ‘oye, pero la anterior estaba buena’. Siempre pensé que lo podía hacer mejor”.

¿Siempre has tenido esa actitud autocrítica con tu trabajo?

Yo me tardo mucho haciendo música, si alguien me dice ‘oye, eres talentoso’, la verdad es que pienso que no sé si soy tan talentoso, soy alguien que trabaja demasiado. Voy casi como un artesano, puliendo piedra por piedra. No sé qué tan sano es ser tan autocrítico, pero creo que está bien no tenerle tanto respeto a tu trabajo; para mí esa es la forma de evolucionar, refrescarse.

Otro detalle que salta al escuchar el álbum, es el dominio de sintetizadores por sobre las guitarras. “Eso era conscientemente todo lo que no quería, alejarme de ese rock al que asociaban a Fármacos, o sea cuando decían ‘Fármacos, una banda de rock’, pucha, yo espero que no vuelvan a asociarme nunca más con eso. Todo bien con el rock, pero yo quiero ser libre ”, declara

Como una playlist

Al escuchar los quince temas de Manual de una pérdida, se hacen notar las diferentes propuestas del relato; de temas más luminosos y de vocación pop, a piezas más ambientales (incluso algunas instrumentales como “Despertar en CDMX”) en que Ridolfi despliega su gusto por las capas de sonido que proponen un ánimo más ensimismado.

Nada extraño. El músico señala que, de manera consciente, trabajó el álbum al modo de una playlist.

“Tenía dos visiones, hacerlo como una playlist o como una serie de Netflix -explica-. Por eso los nombres de las canciones son tan largos. Empecé el relato de las letras porque tenía esa visualización; sabía que no quería ponerle play al disco y todo tuviera que ver”.

En ello influyó un ejercicio que suele repetir al momento de trabajar su música; hacer una playlist de diferentes canciones para tomar ideas. “Hay cualquier cosa, de Julio Iglesias, a Deftones, Dua Lipa, Tame Impala. Ahí me dije, ‘¿qué pasa si, dentro de mis límites, hago algo que sea cualquier cosa?’ me entretenía más escuchar un disco que varía, a uno que sea todo similar. Entonces se empezaron a acumular canciones, y eso se hizo posible”.

Se trata de una lectura personal del formato largaduración, en una era en que el lanzamiento de singles es la norma de la industria (aunque en este caso, Fármacos lanzó seis sencillos de adelanto). “Me gusta escuchar discos, pero lo que me suele pasar es que a veces tratan de ser muy fieles al concepto, entonces el romper entre medio está bueno. Pero sigo escuchando y me gusta que artistas como The Weeknd o Dua Lipa, saquen discos”.

Manual para un paso

Agosto fue el mes de la apertura; la música en vivo a nivel masivo volvió a los escenarios, con las correspondientes normas sanitarias. En el caso de Fármacos, el retorno a los shows presenciales está cerca, aunque todavía no hay confirmación.

“Estamos en eso”, detalla Ridolfi. “Todavía los aforos son pequeños, un show significa músicos, significa técnicos, significa un equipo grande de gente atrás para montar un show, me estoy preparando para eso”.

Al menos, tiene claro la manera en que presentará su nueva música. “Casi todos, desde lo urbano, hasta cosas más relacionadas con el rock, están tocando con computadores o máquinas, sumados a seres humanos tocando, ese formato me encanta -explica-. Yo amo como Damon Albarn hace los shows de Gorillaz, por ejemplo, tiene quince músicos todos tocando, y demás hay secuencias. Por ahora trato de llevar lo más que puedo a mitad músicos, mitad computador”.

El músico también se alista para un nuevo paso; radicarse en México. Un viaje que espera concretar en los próximos meses. “Creo que tengo que recorrer otros lugares, porque mi música es de cocción más lenta -señala-. Hay planes más o menos concretos para fin de año, ahí ya debería estar todo afinado”.

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