Por Eduardo OrtegaCaté Ibarra on Tour: campeón con la “U” se vistió de rockstar y cumplió su sueño de cantar con Garras de Amor
Hace rato que el exlateral azul y medallista olímpico cambió los cortos por el micrófono. En enero, incluso, estrenó su primera ranchera tropical. Pero haber compartido escenario con uno de los conjuntos emblema de la cumbia romántica, dice, fue otra cosa: “Un sueño cumplido, porque a ellos siempre los he seguido”.

Manuel Ibarra es alguien que conoce de sobra la presión, los nervios. En 2004, hace veintidós años, cuando René Orozco golpeó la mesa para zanjar el curioso empate técnico y definió que Héctor Pinto, y no Claudio Borghi, debía encargarse de Universidad de Chile, Pinto enseguida marcó su número. Dos años antes de que la Corte de Apelaciones declarara su quiebra, los azules no contaban con suficiente liquidez para muchos refuerzos, es decir, el mercado les exigía la precisión de un cirujano, fichajes acaso con sello de garantía. Pinto, de hecho, le comunicó a Ibarra que la dirigencia le había permitido negociar tres nombres, no más que eso. Y que él, a quien conocía de la selección olímpica de Sydney, era uno. Para Caté —así lo apodaban como tributo al lateral brasileño— era el tren que tanto había esperado: entonces jugador de Magallanes, pasos por Coquimbo Unido y Santiago Morning, medirse con la élite del fútbol chileno era otra cosa. Y lo sintió desde el debut, azarosamente contra Colo Colo: “Yo no podía dormir —se sinceró en el vodcast Metamos Bulla—, yo estaba con Cancino, otro de los refuerzos de ese año, y le decía, hueón, mañana la vida, ¡la vida! Hablábamos, y sabís que no podíamos dormir… nos dábamos vueltas”. Recién, comentó, pudo dormitar de camino al estadio Nacional. Ese domingo de febrero, Ibarra se estrenó de azul con una asistencia y, ya en junio, celebró el duodécimo título del club, en Calama. Después de un año, sin embargo, asomó la otra cara de pertenecer a un grande. De regreso en una final, ahora contra Católica, clásico universitario, la “U” fue menos eficaz en la tanda de penales y esa derrota lo privó de seguir: Héctor Pìnto dejó la banca y con la llegada del nuevo técnico, Gustavo Huerta, las tratativas ya avanzadas para extender su vínculo se rompieron de golpe. Ibarra contó el detalle, la presión que demandan estos partidos, al diario pop. (Puedes leerlo aquí).
Curtido en la alta competencia, uno podría llegar a creer que el resto de las cosas, para Caté, son pan comido. Al fin y al cabo entrenador personal, boxeador y cantante desde que dejó el fútbol acosado por las lesiones, el medallista olímpico procura no restarse de ningún desafío. Tal vez por eso aceptó presentarse hace unos años en Chile, país de talentos y The Voice, arrancar 2026 con su propia ranchera tropical, o unas semanas atrás, cuando coincidió con los integrantes de Garras de Amor y la voz del conjunto, Diego Rodríguez, lo invitó a cantar con ellos, ni siquiera se lo pensó.
Pero incluso él, llegado el momento, puede pasarlo mal:
—Estaba el nerviosismo, siempre esa adrenalina. La verdad, yo siempre digo “voy” a todo, pero después veo en lo que estoy envuelto… —reconoce el exlateral a La Cuarta.
La inesperada colaboración, sin embargo, funcionó de 10. Caté Ibarra llegó a Enjoy Santiago como habían conversado y tan pronto Rodríguez lo presentó, se armó de valor, subió al escenario y prestó su voz para “Caprichito”, ópera perenne de la agrupación. El resto, a continuación, lo cuenta él.
—¿Cómo fue para ti cantar con la banda?
—Extraordinario, porque siempre los canté en los camarines. Sobre todo en la selección olímpica, donde me hacían cantar constantemente, y me aseguraba al tiro con Garras de Amor, que era lo que yo conocía. Los seguía de cuando cantaban en La Pampilla de Coquimbo y siguen siendo mi grupo favorito en cuanto a lo tropical romántico, así que espectacular.
—¿Y cómo se gestó la oportunidad?
—Cuando nosotros fuimos con la “U” a jugar a Mejillones, Antofagasta, veníamos de vuelta y a las siete de la mañana teníamos que estar en el aeropuerto. Pasamos con todo el plantel y de repente veo unos chicos que estaban ahí, sentados arriba de unos bolsos. Me frené, y dije: no puedo creer que sean Garras de Amor. Me devuelvo, y nada: fotos, abrazos. Ahí estaba Diego Rodríguez, que obviamente es mi ídolo de la música tropical romántica. Así que foto, foto, foto, ja, ja. Veníamos en el mismo viaje hablando y me dijo que cantaban en el Enjoy de Santiago. Entonces me dice: si te animás, cantá con nosotros. Y yo siempre, siempre, he dicho voy. Así que le dije voy, seguro. Me dice andá, será un placer. Y puta, el honor era mío completamente. Quedamos en eso, pero quedó ahí dentro de la conversa en el avión.
—Háblame de la previa, cómo fue llegar al Enjoy, lo que te pasó antes de subir al escenario...
—La previa fue espectacular porque, obviamente, no ensayamos en ningún momento. Diego se acordaba, cacha…, se acordaba del video que me había visto en Instagram en que canté “Caprichito”, entonces asimiló que íbamos a cantar ese tema. Hacen una pausa, me llama y él comenta en el escenario que yo era un futbolista, que jugué en la “U”, en la selección y que, obviamente, siempre interpretaba sus canciones en los camarines. Porque fue la conversación que tuvimos. Y la verdad, aparece la música... y él me dice: vas a tener que bailar y moverte arriba. Así que fue todo chistoso. Estaba lleno, lleno el Enjoy. Y me acuerdo que sale la canción, y yo no sabía si partía yo o partía él, pero ¿sabís?, hubo una conexión tremenda y una coordinación instantánea. La canción salió como si la hubiéramos ensayado toda una semana completa.
—¿De verdad sin ningún ensayo?
—No hubo ensayo, no hubo nada. Lo único que sabía, ya a último momento, es que íbamos a cantar “Caprichito”. Y nada, así a morir, nomás. Yo todavía estoy alucinado.
—¿Cómo se portó la gente?
—El recibimiento de la gente fue espectacular. Después terminó el evento y mucha gente se acercó adonde estaba yo, en la mesa, a sacarse fotos, a felicitarme. No sabían que cantaba. Fue extraordinario, y el grupo, los chiquillos, son espectaculares. De hecho, hasta ahora nos seguimos escribiendo. Hubo una muy buena conexión.
—Dijiste por ahí que cantar “Caprichito” con ellos fue como cumplir un sueño.
—Sí, de verdad que fue un sueño cumplido. Cuando sale la música, ahí me di cuenta dónde estaba metido. La gente (estaba) como expectante, era como: ¿cómo irá a cantar este loco? Más encima alguien que era futbolista. Diego me presentó con todas las de la ley. Pero no, el recibimiento fue bueno; cuando empecé a dar la vueltita, la cintura, la gente gritaba, ja, ja, ja. Fue un sueño cumplido, porque a ellos siempre los he seguido. De verdad, evento al que voy... de hecho, en mis redes sociales se puede ver que voy a eventos a beneficio, voy a cantar a algunos eventos que son un poco más privados, y siempre meto Garras de Amor. Porque la gente los conoce, los escucha, los baila. Así que el hecho de estar ahí de verdad fue espectacular. Una sensación impagable, compadre.
—Caté, primero vino “Se te olvidó”, tu propia canción, y ahora Garras de Amor. ¿Podemos esperar alguna otra colaboración o proyecto musical?
—Sí, po. Cantamos con un amigo, que se llama Kevin Tarrés. Él quería lanzar un temita nuevo, justo en fecha de verano. Y como sabía que a mí me gustaba cantar e incursiono harto en la música, me llamó. El tema fue bastante bueno y bien recibido, sonó hartos en las radios, sobre todo en el sur, porque la gente del sur escucha mucha cumbia. Cuando nos toca cantar con él en alguna parte lo acompaño, porque él le hace mucho tributo a Chayanne y a algunos grupos tropicales. Y es muy entretenido, porque de verdad se siente que es de uno. Es un tema propio, que se escucha en radio, en redes sociales, así que de verdad que es espectacular. Y sí, yo nunca le cierro la puerta a nada: siempre he dicho que no sea la vergüenza, la timidez la que te impida hacer cosas que te gustan. Por eso he estado incursionando en la música, que es algo que aprendí solamente cuando jugué al fútbol. Porque ahí, pajarito nuevo, había que cantar, y yo no sabía que podía hacer eso. Vencí un poco la timidez y le di con todo, nomás. Y así he hecho miles de cosas, como el box. Estuve hasta en una película, en la filmación de una película. Ahí fui a actuar. Imagínate, estuve de panelista y yo nunca me vi como panelista. Y así he incursionado en hartas cosas, sin dejar de lado el deporte que pa’ mí es un hábito, una cultura, algo que me tiene haciendo las cosas que puedo hacer hoy en día. Y si sale otra opción el día de mañana de sacar otro temita, ahí voy con todo.
Imperdibles
Lo último
hace 5 min
hace 15 min
El temporal obligó a suspender operaciones en diversas plantas, mientras caminos cortados y daños en predios complican el funcionamiento de uno de los principales motores económicos de Atacama y Coquimbo.
Sistema frontal golpea a la industria del pisco: más de 150 productores afectados y plantas paralizadas
hace 18 min
hace 23 min
hace 36 min
Lo más leído
1.
3.
4.
5.
6.



















