Por Paulo QuinterosChayanne en el Estadio Nacional durante San Valentín: un enamoramiento inagotable con Chile
En un 14 de febrero marcado por la euforia y la complicidad, el ícono puertorriqueño llenó el coliseo de Ñuñoa y reafirmó un vínculo emocional con el público chileno que atraviesa generaciones y no pierde intensidad con los años.

Hay artistas que visitan Chile. Y también hay otros que pertenecen a Chile. Por eso, lo que ocurrió este 14 de febrero en el Estadio Nacional, fue la confirmación de que Chayanne juega con tranquilidad en esa segunda categoría.
Es decir, ahí estuvo un coliseo ñuñoino repleto, gritos ensordecedores desde mucho antes del inicio del show y una audiencia transversal, aunque mayoritariamente femenina, como prueba de un arrastre que no necesita validación.
Mal que mal, su condición de ícono no está en discusión. Tal vez muchos no recuerden la primera vez que lo escucharon, pero eso, lejos de ser un vacío, es la prueba más clara de su permanencia: sus canciones no solo acompañaron a sus fans, sino que se filtraron por ósmosis en la cultura pop latinoamericana.
No solo eso, su obra también se ha mantenido en la memoria colectiva por décadas, instalándose como parte de un paisaje emocional que sin duda refleja la devoción y el cariño que despierta el cantante puertorriqueño.

En ese escenario, la antesala y todo el comienzo del show tuvo algo de guiño cómplice. Justo antes del demorado puntapié inicial sonó el clásico “Baba O’Riley” y la expectativa se elevó para dar pie a un el estadio rugiendo antes de que el cantante apareciese.
Y cuando finalmente se hizo presente, la gente literalmente estalló: “Bailemos otra vez” abrió la noche siguiendo el nombre del tour y luego dio paso a un celebrado mix que incluyó a canciones tan populares como “Salomé” y “Boom Boom”.
Ahí de inmediato se vieron manos arriba, se multiplicaron los gritos y se vio a un artista que desde el primer segundo mostró desplante, dominio escénico y una energía contagiosa, reforzada por un cuerpo de baile que marcó el pulso de toda la jornada.
Luego, una canción tan clásica como “El centro de mi corazón” confirmó que su catálogo es inagotable, mientras que Chayanne, con una mano apoyada sobre el pecho, continuamente subrayó la intimidad del momento y la conexión con sus seguidoras.
A esa altura ya era evidente que el suyo es un show pop romántico perfectamente calibrado. Es decir, cuando se sacó la chaqueta, el estadio explotó. Y con la intensidad de “Provócame” la fiesta terminó de encenderse con coreografías precisas, una sincronía total con la audiencia que coreaba sin parar y un cantante que lo daba todo.

Posteriormente, “Caprichosa” fue otro momento alto y ahí el cantante lanzó una de las frases que marcaron la noche: “Esta noche, ustedes manden, que yo obedezco”. Y esa no era una declaración vacía, sino el reflejo de un pacto total.
En todo ese camino, más allá de su apoyo en playback para cantar y bailar por más de dos horas, que fue algo que de todas formas estuvo bien ajustado, el sonido durante toda la noche fue sólido y la compenetración con el público alcanzó un nivel de complicidad que pocos artistas logran sostener, especialmente en un recinto de la magnitud del Nacional.
De hecho, en medio de la euforia que siguió con temas infaltables como “Baila baila” o “Y tú te vas”, el artista se permitió una confesión directa: “Que placer tan grande mi amor, yo también estoy aquí, yo tengo micrófonos por ahí y escucho todo lo que ustedes dicen, pero yo no quiero escuchar lo que dicen, quiero saber lo que están pensando”. Decir que todas estaban entregadas es quedarse corto.
Más tarde, y siguiendo la misma tónica, el cantante remarcó estar alegre por presentarse en “un día especial, un 14 en febrero, cantando con ustedes... y ustedes son dueñas de mi corazón”. Los gritos eran obviamente un a locura.
Por eso también fue muy claro que la conexión con Chile no era una pose, sino era un hilo conductor permanente que explicaba las reacciones que Chayanne lograba impulsar.

El tramo medio del concierto reforzó todo con un desfile de clásicos coreados sin tregua, incluyendo a “Tu pirata soy yo” y “Completamente enamorados”. Luego otro bloque bailable con “Palo bonito” y “Este ritmo se baila así” marcaron otro de los puntos más eufóricos de la noche.
De ahí que a nadie le sorprendió cuando Chayanne pidió la ola en todo el estadio y el Nacional respondió mientras retumbaba el “Chi chi chi, le le le”.
En medio de todo eso, si hubo un clímax absoluto, fue “Fiesta en América”. En ese segmento, las guitarras y percusiones reforzaron el estallido colectivo, en una escena de algarabía total que no faltó el baile en la cancha y las graderías.
Sin embargo, también hay que destacar que el concierto no solo fue energía desbordada. En “Si nos quedara poco tiempo”, Chayanne bajó la intensidad para recordar luego su ética artística: “No importa la cantidad de show, giras, vídeos, novelas, siempre todo lo que hago es con el corazón y siempre es la primera vez”.
En el camino también hubo espacio para el humor. Ante los gritos de “papi, papi”, y la chifladera que surgió cuando preguntó si habían padres en la audiencia, el cantante abrazó un meme en torno a su figura y respondió con una gran sonrisa: “Espero que les esté llegando la pensión, porque la estoy mandando mensualmente”. Los aplausos y risas cómplices no se hicieron esperar.

En los últimos pasajes, cuando Chayanne ya jugaba totalmente a placer sobre el escenario, canciones en la línea de “Como tú y yo” y “Madre Tierra” extendieron la fiesta antes de que “Dejaría todo” llevase al público al éxtasis de fanatismo.
El posterior cierre siguió esa línea y no ocultó su condición de celebración generacional: “Tiempo de vals” transformó el estadio en una ceremonia colectiva, baile de Chayanne incluido, mientras “Bailando bachata” renovó el pulso y “Torero” cerró con pirotecnia, baile y un público completamente rendido.
En todo eso, no quedó duda de que lo que se vivió no fue solo un concierto, pues también fue la reafirmación de un vínculo que atraviesa décadas.
En el Nacional se pudo ver a un artista que, más allá de modas y plataformas, sigue convocando multitudes con la misma intensidad.
Por eso en vivo se pudo palpar un enamoramiento que no se agota, que se renueva cada vez que el cantante pisa Chile y que, como ya fue mencionado, se siente siempre “como la primera vez”.

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