Gracias, gracias, no se molesten: Ricardo Meruane y el récord de fracasar dos veces en Viña

Meruane en Viña 2016. FOTO: Pablo Vera, Agenciauno.
Meruane en Viña 2016. FOTO: Pablo Vera, Agenciauno.

Con cinco años de distancia, el humorista estableció una nueva marca en el certamen: abandonar entre pifias sus dos presentaciones. En 2011, logró recuperarse gracias al autocoaching y la grabación de un docurreality. Su frustrada revancha, sin embargo, acabó en una clínica de terapias alternativas. Aquí, una rápida revisión a las derrotas de Meruane.

La contienda era desigual para Ricardo Meruane, pero el humorista de raíces palestinas debió darse cuenta del desastre en el que se había metido recién entonces o, como mucho, un poco antes de que llegara su turno. Cuando caminó por primera vez en treinta años de carrera hacia el escenario de la Quinta Vergara, seguro que pudo comprobarlo en carne propia: a nadie le interesaba su rutina. Con el tiempo, han hablado de esto familiares, cercanos, amigos, colegas, periodistas, autoridades, animadores, pero sólo él debe saber con seguridad lo que se siente padecer tal rechazo. No era toda su culpa, claro. Sting, líder y bajista de The Police, tranquilamente el número más notable que haya ofrecido el Festival de Viña en sus últimas veinte o veinticinco ediciones, había dejado el escenario hace más de cuarenta minutos pero el Monstruo, caprichoso como antaño, se negaba a aceptarlo. Es decir, de Meruane dependía hacer reír a miles de tipos que exigían tener de vuelta al frontman británico. Y no siempre es como suele decir Nicolás Massú.

Ahora, digámoslo, el cómico tampoco puso mucho de su parte. Para ilustrar, la siguiente es la transcripción exacta de sus primeras palabras:

“¿Cómo están?, buenas noches, qué tal. Hola, jajá. ¿Cómo están?, buenas noches, qué tal, jajá. Hola, qué tal, ¿cómo están? Cómo están, jajajá. ¿Cómo estamos? ¡Hola, lolo!, jajajá. Cómo estamos. Qué tal, buenas noches. Hola. Gracias, gracias. Bueno. Gracias. Oiga, qué gracias. ¿Sabe qué? Me cansé, jajajá. Qué tal, cómo estamos. Hola… Oye, qué buen… no, si a mí también me gusta Sting, hueón oh, si a mí también me gusta. Jajá, gracias compadre. ¿Y qué querís? Si quieren se los voy a buscar al hotel, no sé si les sirve”.

Cuestión de nervios o no, las cosas estaban por ponerse feas.

En especial porque Meruane inauguró su presentación con el chiste del champú de pirañas, un clásico que tal vez hubiera funcionado diez o quince años antes —siendo generosos—, pero definitivamente no esa noche de viernes. Y cuando el público lo castigó con las primeras pifias, les contestó con la frase que lo acompaña a todos lados a partir de entonces: gracias, no se molesten.

Desde que saludó y hasta que la dijo por primera vez, pasó apenas un minuto y 40 segundos. Acaso como un escudo, a medida que la silbatina del respetable le impedía continuar, la escupió hasta llegar a un total de dieciocho veces. Es cierto, propuso variantes como el gracias, no se preocupen, o el gracias por el apoyo al artista nacional. Pero fue el gracias, no se molesten —a veces con otro gracias intercalado– el que derivó meme y se grabó en el inconsciente colectivo: incluso al día de hoy, trece años después, funciona como sinónimo o remate de cualquier broma o relato que deje algo que desear. Para colmo, recoge una reseña de Mouse, si se tiene en cuenta tan sólo la palabra gracias, la cifra aumenta a 144 menciones.

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Gracias, gracias, no se molesten, disparó a diestra y siniestra en 2011.

Podemos imaginar que Meruane no sabía qué más hacer —llegó un punto en que los remates de su desactualizado repertorio ya no se entendían por sí solos, ni siquiera generaban reacción, y cuando se las rebuscó para interactuar con la gente, la negativa fue unísona–, de modo que esos agradecimientos en clave sarcástica probablemente suponían algún tipo de desahogo.

Incluso, promediando el show, les envió un mensaje —luego interpretado burla—: “No se preocupen, chiquillos, Sting va a volver... como en tres años más”.

Cumplidos casi dieciocho minutos, finalmente la cortina musical intervino un último intento y Rafael Araneda y Eva Gómez tomaron la palabra para acabar con la masacre. “Ítalo, ¡te tengo un regalo!”, se apresuró el humorista, sabiendo que había llegado su hora, retiró el bisoñé que llevaba puesto y se lo tiró al crítico de espectáculos. “Pa’ que me subái la nota”.

“¿Nadie va a pedir a Sting aquí?”, preguntó Meruane, sonrisa tensa, tan pronto se dejó caer en su asiento para iniciar la rueda de prensa. Allí se liberó, sin hacer demasiada autocrítica: “En ningún momento sentí aplausos, encontré que la pifia nunca decayó. Incluso estuvo la competencia internacional, se puso una tanda comercial que no estaba contemplada en la pauta, escuché el nombre de un animador anterior del festival, y bueno, esto es parte del oficio. Yo encuentro que la oportunidad no se dio y es parte de la cuestión, nomás. La rutina yo la hice en muchos festivales durante el verano, están todas registradas esas presentaciones y creo que la gente realmente no enganchó, nomás. Ya eso no es resorte mío, que haya un artista de la envergadura de Sting antes que yo”.

“Una crítica a la rutina de frentón, no”, insistió, consultado por su catálogo de chistes, “porque, como te digo, son rutinas probadas, yo la he hecho durante todo el verano en distintas partes”. Luego lamentó que “la gente tampoco te dé la oportunidad total”. “Yo nunca sentí que el público estuviera totalmente con uno”. Y admitió sentirse “tranquilo” pero “sorprendido por la respuesta”.

“No encuentro que haya sido fome”, se defendió enseguida, cuando le comunicaron que en redes sociales estaban despedazando su actuación. “Es una rutina bien ágil, lo que pasa es que tampoco se dio la oportunidad de mostrar lo que yo hago realmente”. En otras palabras, para Meruane, “el único que pudo haber revertido esta situación habría sido el mismo Sting”.

Pero la crítica especializada no pensaba lo mismo. Víctor Gutiérrez, unos minutos más tarde, lo resumió así: “Es la peor rutina, el peor humorista que he visto en mi vida, fue realmente penoso”.

Al poco andar, la percepción de Meruane sufrió algún cambio. Tampoco le quedó de otra. Los reproches mediáticos, la descarnada condena en redes sociales, el meme propiciado por su nervioso gracias, no se molesten. La mesa estaba servida para lo que en definitiva ocurrió: el humorista se derrumbó emocionalmente.

Pasó cerca de cuatro meses “chupado como una bombilla”, sinceró al diario La Segunda, y debió echar mano al “autocoaching” y “charlas automotivacionales”, “para salir del pantano”. “Me hice un scanner de mil cortes, analizando qué pasó”. Todo ese proceso quedó registrado en un docurreality que protagonizó en Vía X, en el que se entregó a las manos de conocidos psiquiatras con el propósito de superar el trauma. “La Dra. Cordero me dijo que debía hablar todos los días del fracaso, por lo menos media hora, y con eso iba a expiar el asunto”, explicó. “El fracaso ha sido nutritivo, para qué voy a andar con cosas”.

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Meruane en el escenario, 2011.

Cinco años más tarde, a Meruane se le concedió una segunda oportunidad en la Ciudad Jardín, pero como era de esperarse, con el morbo a flor de piel, todos los caminos lo conducían a su derrota en 2011. De todos modos, ahora era otra su disposición, aceptó recomendaciones y se cuestionó: “¿Qué tenía que hacer yo contando chistes de gallegos o huasos si no es lo mío?”.

“Fueron meses de andar bajo la alfombra, de caminar con una alfombra encima y fue una cuestión bien densa y que te hace replantearte todo”, añadió. “Yo arriesgué treinta años de carrera y pensar que de un día para otro se acabó, no es fácil, pero por suerte tuve la oportunidad de hacer un programa, que fue un autocoach y la mejor terapia”.

En otra entrevista reconoció haber presentado “una rutina esquizofrénica, por no decir que era de mierda”, y al cierre anticipaba un libreto diferente, más arriesgado, con “mucha contingencia neta, una especie de radiografía de Chile”.

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El segundo fracaso de Meruane.

Pero la última jornada de Viña 2016 Meruane volvió a oír las pifias.

“Me fui a negro, compadre, pero a negro”, le dijo a Arturo Galarce, de Revista Sábado, tiempo después. “Tenía la cabeza a mil. Mi asistente nunca me dejó de soplar el libreto. Él me decía algo y yo decía otra cosa. Divagué por la rutina, adelanté algunas cosas. Desordené todo. ¡Si cuando retomaba el hilo no pasaba nada! Sentía que tenía que ir a lo más pegador, pero me perdí”.

Después, confesó que “estaba muy nervioso” y que “la luz en la galería se prendió una sola vez y por eso dije apaga la luz, loco”, pero que luego lo repitió una y otra y otra vez “cuando la luz estaba apagada”, porque “quería agarrar pa’l hueveo a la gente con eso”. Con una crisis de pánico en el escenario, “todo empezó a irse a la cresta”.

En esa misma charla reveló que, dos días después, se internó en una clínica de terapias alternativas.

Hace una semana, después de largo rato, Meruane fue viral.

En Twitter, varios usuarios rescataron un pasaje de su última actuación en Viña, cuando arremetió contra Estadio Seguro. Entonces, con una bandeja de champiñones en la mano, ensayó: “¿Ustedes han visto las cosas que valen callampa en este país, hueón? Primero, el Estadio Seguro, hueón, ¿han visto algo más callampa que eso? Seguro que va a quedar la cagá, es lo único que tenís seguro... Y seguro que te vai a quedar en la casa viendo el partido”.

A propósito de la polémica con el organismo, escribió el periodista Jorge Gómez (Pelotazo):

El pueblo de Chile le debe disculpas públicas al maestro Ricardo Meruane. Disculpa por no felicitarte cuando dijiste la verdad”.

¿Habrá, alguna vez, un Meruane 3 en Viña? Él, al menos, no descarta volver.

“Si me va mal de nuevo sería notable. Entonces sí que quedaría en la historia. Porque, ¿qué es mejor? ¿Qué te pifien o pasar desapercibido? Que te pifien, quiere decir que estás aquí. Y me gusta esa provocación. Sentir que estoy vivo”.

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