Espectáculos

La Firme con Katty Kowaleczko: “Me merezco la cara que tengo, voy a cumplir 62 años, ¡bien vividos, carreteados y bailados!”

Dice que ya está “cerrando feliz” su carrera y, por lo tanto, sólo trabaja en los proyectos que le gustan, como el documental Las Teleseries de Nuestras Vidas. La conductora y actriz repasa su historia, saca balances y piensa su futuro: “La actuación no es mi gran pasión en la vida”, declara.

Entrevista en profundidad a Katty Kowaleczko, actriz. Foto: Andres Perez Andres Perez

Katarzyna Kowaleczko Henríquez (61) admite, como una cuestión que tiene más que asumida, la dificultad que puede implicar para el hablante de una lengua romance el pronunciar su nombre:

—Hay que tener clases de polaco —dice al reportero de La Cuarta—, y los únicos que hablan polaco son los polacos.

Así, públicamente se la conoce como Katty Kowaleczko —o “Katty Ko” para quienes deseen ser aún más sintéticos—, y se reconoce a sí misma como alguien que, entre suma y resta, ha sido ordenada con su plata, por lo tanto, puede darse un lujo: elegir en qué trabajar.

Por eso aceptó tomar el rol de conductora de Las teleseries de nuestras vidas, documental que se emite en el canal 13Rec, y que en cinco capítulos (el domingo 23 se estrena el tercero a las 22:00 hrs) aborda las historias detrás de los melodramas emblemáticos de Canal 13 en su 67° aniversario. Esta no-ficción la componen más de 50 entrevistas a directores, productores, guionistas, actores, actrices y cantantes, quienes hablan de tramas icónicas como La madrastra, Ángel malo, Marrón glacé, Adrenalina, Machos, Brujas, Papi Ricky, Soltera otra vez y Pacto de sangre:

—Al tiro me interesó participar —asegura Kowaleczko, y agrega—: Es que es parte de mi vida también.

Pero la intérprete no sólo habla de aquel proyecto, sino que en entrevista para La Firme es consultada sobre distintas etapas de su vida, aunque, con una cuota de humor y misterio advierte como para aterrizar al entrevistador: “Hay tantas cosas que no sabes de mí”.

Kowaleczko repasa su trayectoria vital, marcada por un padre que peleó en la Segunda Guerra Mundial, y que veía sus últimos años como puro goce, lo que terminó en una temprana pérdida para la hija, que quedó hasta hoy viviendo con su madre; un primer matrimonio con tan sólo 17 años, en que —según supo después— se casó con un esquizofrénico paranoide que la violentó de distintas maneras. Ella tuvo que rehabilitarse. Saltó a la actuación en la tele, sin estudios teatrales, tuvo que armarse de manera autodidacta en las teleseries del 13. Volvió a casarse y se convirtió en madre de Micaela porque su pareja quería tener una criatura, hasta que Katty descubrió que le ponía los cuernos, se separaron y él, sin prisa pero sin pausa, se desentendió de su rol paterno. También condujo programas como el infantil Arboliris (TVN) y más adelante realities como Amor ciego y 1810 (Canal 13). Construyó, con una larga separación entre medio, su amor con Rodolfo Pérez, con quien vislumbra los planes para el último tramo de su vida, retirada de la actuación.

Todo eso y mucho más, a partir de ahora…

LA FIRME CON KATTY KOWALECZKO

Mis primeros años viví en un departamento de dos ambientes con papá y mamá, y el “patio” era el Parque Forestal. Atrás de lo que es ahora el MAC (Museo de Arte Contemporáneo) se montaban escenarios en verano y había ballet, conciertos y se proyectaba cine. Me acuerdo de “Luis”, un amigo mío, un perro bóxer que me veía y se ponía a jugar conmigo. Se llamaba “Luis”. Todavía me acuerdo de él. Tengo muchas imágenes del incendio que hubo una noche en el Museo de Bellas Artes: del fuego y de las cenizas volando. Era verano y estábamos con las ventanas abiertas.

Mi papá peleó en la Segunda Guerra Mundial. No hablaba mucho de eso. Creo que se instaló una costumbre de vida en la casa: ahorrar, no botar y reciclar la ropa. Creo que eso tiene que ver mucho con mi papá. Aprovechar y vivir donde haya tierra, porque en la tierra puedes plantar cualquier cosa; si tienes tierra no te mueres de hambre. Todo, que lo veo hoy, fue herencia de la guerra.

“En una guerra matas o te matan”, contaba mi papá. Mi papá mató gente y no lo llenaba de orgullo (relató Katty en De tú a tú). Cuando chica uno lo normaliza todo. Después, creciendo, uno entiende que vivir una guerra no es normal. Y entiende que cuando estás en guerra llegas a ese extremo. No es que mi papá haya declarado eso oficialmente, sino que dentro de las cosas que vivió era: “es esa persona o yo”.

"Se instaló una costumbre de vida en la casa, que es el ahorrar, no botar y reciclar la ropa", recuerda Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

Mi papá tenía 51 años cuando nací. Era un papá-abuelo. Pero yo creo que depende mucho de cómo se cuide ese papá pensando en el hijo que tiene. Mi relación fue de mucha añoranza de tener un papá sano. Mi papá no era sano: gozó lo que le quedaba de vida, y le dieron lo mismo los seis infartos. El primero le dio cuando yo tenía 7 o 8 años, y el último fue a los 23, cuando falleció; le dio un infarto, un coma diabético y un derrame cerebral. Todo junto.

Entré al modelaje a los 17 años para ayudar a la economía del hogar, ¿me gustaba? Me daba lo mismo, no era mi objetivo modelar: era tener un poco más de plata para la casa. El sueldo se lo pasaba a mi mamá, que era la que administraba las lucas en la casa. No era para mí. Lo pasaba bien y había un grupo entretenido. Al frente del canal—en esa época en (calle) Lira— había un lugar que se llamaba Fuente de Soda el 13, donde vendían los completos más ricos que he comido. Entre los descansos y cambios de escenografía cruzábamos al frente todo el grupo y nos poníamos a comer rico. Igual uno lo puede pasar bien en el trabajo.

Me gustaba el fútbol y era de la U. de Chile, hasta que me enojé, por un botellazo. Era muy joven. Nunca más fui al estadio. Me llegó una vez un botellazo y una vez un piedrazo. Yo iba con mi mamá, que ella me llevó al estadio. Fue mucho antes de que me hiciera famosa

Me casé por primera vez joven, a los 17 años. Y me fui a vivir al Norte, a Arica, porque estaba casada y era lo que había que hacer; mi marido de ese minuto trabajaba allá, y si me casaba tenía que irme. Y yo creo que fue, de alguna forma, un escape al dolor que estaba viviendo con la enfermedad mi papá. Eso lo entendí después. Igual había un un proyecto de vida y de familia, que no resultó. Pero me casé en serio. Estaba chica, no me cuestionaba mucho si quería ser mamá; y tenía otra prioridad, que era seguir estudiando.

Viví seis meses en Arica, sufrí toda clase de maltratos físicos y sicológicos. Hasta entonces yo no tenía idea de lo que era la violencia intrafamiliar (La Tercera, 2013). Me tuve que rehabilitar del daño: volver a confiar en la gente, a construir tu proyecto de vida, a tratar de salir de la calle confiada de que no te pasará nada y volver a enamorarte. Es volver al centro, después de haber estado muy mal, para retomar la vida y seguir. Mis dos papás fueron apoyadores y estuvieron ahí conmigo. Tuve buenos papás.

Todavía le pasa mucho a la mujer que da mucha vergüenza reconocer que una es golpeada. No tengo claro qué es lo que da vergüenza, pero, si no estás “habituada”, y llegas a hacer una familia donde eres golpeada, sabes que no está bien y que eso no se hace: ¿pero a quién le pides ayuda?... Da pudor decir que “en mi matrimonio me golpean”. No conozco a nadie que lo diga tomándose un tecito un domingo en la tarde. Cuando explota eso, cuando alguien habla, pasan cosas en esa persona y en las que están alrededor, se acerca la contención, los que atacan, los que defienden y etcétera: todos toman una posición.

Poder hablar yo creo que es el primer paso para salir de ese hoyo. Pero cuesta mucho y mis papás respetaron mucho ese silencio también. La familia de mi mamá criticó mucho esto de que me casé y a los seis meses ya estaba separada, era como un “capricho”. No tenían idea porque yo no quería que supieran; y las críticas le llegaron a mamá; y mamá, calladita. Ella sí sabía por qué estaba pasando todo. Ella me acompañó. Tuve que hacer terapia también para este proceso de rehabilitación. Hubo lealtad.

Las situaciones de violencia estaban normadas. Me acuerdo que fuimos a una comisaría a dejar constancia de que me estaba separando porque me golpeaban; y el carabineros de turno (estoy hablando del siglo pasado), hizo una broma, se reía: “Quizás por qué la golpeaban”. Hoy no puedes hacer eso. El mundo va cambiando. Pero era algo no tan cuestionado en ese momento, la violencia dentro de la familia, o con los niños. No era un tema.

Hice una anulación matrimonial y no me acuerdo cuántos años pasaron, y me volví a casar, en 1994, que estaba en Champaña (Canal 13)... pero tampoco duré mucho. En esa época estuve viviendo en La Reina. Yo ya era independiente económicamente y era la que sostenía el hogar.

"Las situaciones de violencia estaban normadas", relata Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

Mi padre fue egoísta y no se quiso cuidar porque “pasé hambre de verdad”, y dijo “prefiero vivir menos, pero gozar lo que a mí me gusta, como la comida, a vivir más privándome de lo que quiero comer”. Y para una persona que vivió en ese extremo era lícito. Entonces tampoco nunca lo cuestioné. Lo cuestiono ahora porque, claro, necesité mucho tener un papá más tiempo.

Creí que estaba preparada para que mi papá muriera. Pero no. Sufrí el duelo, lo viví, lo lloré y fue un proceso muy orgánico; no caí en una depresión ni nada por el estilo. Pero mi papá al final estaba muy enfermo, delicado y a veces no nos reconocía. Y era doloroso y complicado para él, cuando tenía conciencia, y doloroso para la familia. La vejez es complicada. “Mi papá descansará cuando se muera”, dije, porque le era muy difícil el día a día. Pero cuando murió, si bien yo tenía todas mis cuentas emocionales al día con él, fue la primera persona importante en mi vida que murió. Fue un chancacazo que me enseñó después para otras muertes que vinieron: a fluir más con la partida.

La muerte de mi papá repercutió en la relación con mi mamá. A mi mamá la vi sola, con mucha pena, y empecé a vivir con ella. De alguna forma me hice cargo de ella sin necesidad, pero por compañía. El verla joven, sola y extrañando a su marido de la vida; y soy su hija única. Nunca más tuvo un pololo, ¡que que habría sido ideal! Se lo digo hasta hoy, pero ya da lo mismo, jejejeje. Mi mamá hoy tiene alzhéimer, pero cuando mi papá murió ella tenía 50 años.

Partí haciendo personajes de cabra chica y pajarona con jumper. La “Betsy” (Betsabé Quinteros", de Amándote) no era villana, era un encanto, un personaje de comedia. La primera villana creo que fue la “Marla” (Fuera de control), o la “Elisa”, de Champaña, que esa fue primero. No eran villanas-villanas: eran más ambiciosas y buscaban vincularse con hombres de mejor estatus. Pero la “Besty” era un encanto; se enamoraba de un caballero mayor que era “Pepito” Secall. Era una cosmetóloga que se ponía todos los productos encima, jejeje. Muy comedia.

Lo bueno de ser actriz autodidacta es que no tengo un sello; los que no saben, nunca adivinan y me preguntan: “¿De qué escuela (saliste)? Porque es raro”. No tengo un “estilo”, una identificación con alguna escuela de teatro. Yo creo que es bueno no tener un patrón. Lo malo es que el camino es más largo. Siempre lo comparo con tocar piano de oído a tocar piano por clases: cuando estudias piano, agarras todo el teclado; cuando tocas por oído, agarras dos o tres octavas, y no usas las demás. El camino es más largo.

¿Qué actores y actrices fueron mis maestros? Uuh... La Gloria Münchmayer, la Gaby Medina, Pedro Villagra, la Violeta Vidaurre... Ay, está todos (casi) fallecidos... Bueno, nos va a tocar a todos, JA. Eran grandes referentes para mí, feroces, y fueron además buenos maestros. Ellos me enseñaron mucho.

Me sugirieron que me cambiara de apellido, jejeje. Fue una sugerencia. Lo que pasa es que mi nombre y mi apellido son complejos: Katarzyna (“Catalina” en polaco) Kowaleczko. A la gente le cuesta, o le costaba. Simplificar mi nombre era más fácil. Pero mi apellido no lo transé. Pero tampoco fue tema: fue una sugerencia.

Ser bonita me abrió muchas puertas también, lamentablemente, porque no tenía suficiente conocimiento ni talento quizás en esa época; pero creo que la belleza, sobre todo en el audiovisual, en esa época era sumamente importante para abrir puertas. Ahora, el tema mío es que sobreviví a esa etapa, y otros no. Pero era importante ser bonita y tener un ángel; y con la suerte, tuve que aprender. Sobreviví porque trabajé en serio, me tomé mi trabajo en serio, quise seguir aprendiendo y respeto mucho lo que hago.

Hubo una época en que empezaron a meter muchos modelos en las teleseries. Yo entré antes de esa moda (Según corrobora reportero). Fue una locura que le dio al canal de meter modelos en teleseries. Fue intenso ese ese periodo, pero yo venía de antes, cuando hubo muchos colegas que tenían otras profesiones y se dedicaron a la actuación. No era raro. Lo esperable en esa época era trabajar bien, no tener título.

¿Un programa que me haya marcado? Hice un programa infantil, Arboliris (TVN, 1991), hace muchos años. El problema de los programas infantiles es que te encasillan. Y uno como actor o actor no puede desarrollarse en otros roles porque tienes que cuidar una imagen para los niños. No podía hacer de alcohólica, de loca, de monja o de lo que fuera. Me encasillaban mucho y te limitaba mucho en el trabajo.

¿Me gusta más conducir que actuar? ¡Es lo mismo!, jajaja. Yo pregunto: “¿Qué necesitan de conducción?”. Y de acuerdo a eso, uno se acomoda y arma, de alguna u otra forma, un personaje. Quizás también lo hacen los conductores y animadores. No tengo idea. Pero yo uso mis herramientas.

"El problema de los programas infantiles es que te encasillan", analiza Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

Tuve a mi hija, Micaela, porque amaba mucho a la pareja de ese momento. Lo pillé poniéndome el gorro, además con mi madre de la y la señorita Olivia (que trabajaba conmigo) de testigos. Y estaba lleno de maestros, porque justo había comprado la casa en El Arrayán. Fue un escándalo. Le pegué al tiro la cortada. La independencia económica sirve mucho para tomar esas decisiones; hay muchas mujeres que se someten porque no tienen cómo subsistir solas, ni una red de contención que las pueda ayudar en ese sentido. Es súper importante que las mujeres tengamos una profesión u oficio, y podamos ser autovalentes económicamente.

Me encontré sola con una hija y dije: “¿Qué hago ahora?”. No estaba en mis planes tener una hija sola (Katty en distintas entrevistas ha contado que el progenitor no tardó en desentenderse de su responsabilidad paterna, hasta hoy). No sé si habría sido mamá si no hubiera tenido a esa pareja (Por pregunta de reportero). No lo tengo claro. Fui mamá, en esa época, vieja, por cumplir los 33. Después, con mi hija el descubrir la maternidad, y esta responsabilidad enorme que te va cambiando... Hoy no me imagino una vida sin mi hija.

Tuve depresión postparto, ay, qué atroz... ¡Nunca supe que existía la depresión postparto! Y cuando recién tuve a mi hija me empezaron a pasar unas cosas rarísimas: nunca había sentido una angustia, unas ganas de no levantarme, de no hacer nada y de mirar de una forma muy desconocida a mi hija. Y mucho tiempo después me explicaron que eso ERA depresión posparto. Estuve así tres o cuatro meses, ¡harto! ¿Y cómo se me pasó? (Pregunta reportero). Después lo racionalicé y empezar a trabajar. O quizás fue el cambio hormonal: entre que uno pare, da pechuga y tu cuerpo vuelve a funcionar como antes del embarazo, algo químico también debe pasar dentro.

Me he descrito como melancólica. La melancolía tiene que ver con un estado de ánimo, un ritmo y es casi un perfil psicológico: es esa persona sensible que se emociona con una flor, con una escena, con un animalito y eso más que nada. Hace muchos años —¿30?— me dieron ansiolíticos y no me gustaron porque sentí que todo me daba lo mismo, y me cargó, JAJA. Prefiero que la vida me afecte y me provoque sensaciones buenas o malas, ¡pero que me afecte! Eso de que “nada me afecta” es muy raro. Mi hija también es melancólica.

¿He tenido alguna crisis de los 30, 40, 50 o 60? Los 30 no me gustaron, no sé por qué, pero por un problema más fonético que nada, porque pasas del 21, 28, 29... ¡A TREINTA! Es como duro: 31, 32... Era una cosa que me molestaba mucho. Y cuando cumplí los 40 fui feliz, porque el 40 es suave. El 50 y el 60 también... No sé los 80. En una de esas no me gustan los 80: OCHENTA. Es una fonética más dura.

A estas alturas de la vida me enojo por casi nada, ¿pero qué me hace enojar todavía? Las traiciones, por ejemplo, me enojan. Pero el enojo implica borrar a esa persona del mapa y nunca más nombrarla. Tampoco es algo que me altere. La desorganización no me enoja, pero me pone mal genio. No es algo que me afecte.

A mi pareja, Rodolfo Pérez, a quien conocí en 1999, le gustó lo “rara” que era, jajajaja. Él, en ese tiempo, trabajaba en la noche, era gerente de una empresa de licores internacionales, y trabajaba yendo a los bares, así que nos conocimos en un bar, donde las chiquillas son producidas, bonitas y de peluquería (yo con la peluquería y el maquillaje que tengo trabajando me basta y me sobra para la vida misma, jaja). Y me vio en un grupo donde todos de repente desaparecieron para fumarse un pito, y yo me quedé sola y me fui a la barra a tomar agua, porque cuando no estoy en confianza no tomo (alcohol). Se me acercó y, ¡claro!, yo era una pánfila, miope con lentes redondos, el pelo largo y liso; muy invisible para el ambiente. Y ya era conocida en ese tiempo... quizás por lo mismo era más invisible, ¿yo me invisibilizaba? Sí.

Amo lo que hago, pero que todo el mundo te conozca es muy raro; que todo el mundo te hable y te griten el nombre en la calle no es normal, ¡para la mayoría de la gente! Uno de repente —sobre todo en esa época en que estaba más fuerte mi exposición— trataba de pasar súper piolita... Lo que me incomodó, y mucho, era que mi hija estaba chiquitita, y no podíamos salir a tomar un helado; la gente se acercaba y me conversaba, y mi hija era postergada. Y eso es difícil para cualquier niño: al tener un papá o mamá demandada por tanta gente, en vez de estar conmigo como niña e hija, pasaba a ser invisible. Fue súper doloroso.

Mi primera cita con Rodolfo fue a comer sopaipillas con mi mamá. No elegí esa opción: lo invité a la casa nomás, y justo HABÍAN sopaipillas. No fue una cena romántica, jajaja. Me llamó, quería verme y le dije: “Estoy en la casa, no quiero salir... Ven pa’ acá po”. Y en su primera vez que entró a la casa había sopaipillas, con mamá presente, y con la cosa chica que era muy chiquitita (su hija). A mi mamá le cayó bien Rodolfo, se mataba de la risa. La pasó bien también.

Tuve negocios a los que les fue mal. Fui emprendedora, pero ya no, para nada: no sirvo para los negocios. Eso también lo aprendí. Con Rodolfo abrimos un teatro, que nos fue mal: quebramos. Fue muy doloroso, porque había muchos sueños puestos en ellos. Y tratamos alguna vez de trabajar en gastronomía... tampoco. No era para lo que nosotros sabíamos. No somos negociantes, definitivamente nos cuesta.

"Fui emprendedora, pero ya no, para nada: no sirvo para los negocios", admite Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

¿Tengo una teleserie favorita? Una, no po’. Hay muchas que me han gustado y otras que he olvidado porque no me gustaron. Me gustaron Marrón Glacé, Fuera de control y Tentación, en que para mí fue importante hacer a “Paula Sandoval”, por quien me tuve que pelar (Para retratar el tratamiento contra el cáncer). Esa fue una experiencia a nivel personal muy rica. Por eso la recuerdo. Fue una historia muy honesta que se escribió: muestran a una amante que no era “la bruja”, sino que era un encanto... y claro, las amantes tienen que ser encantadoras, sino no existirían (los amantes, también). El proceso que viví en esa teleserie fue súper lindo. Pocas actrices pueden darse el lujo de raparse.

Me rapé y negocié dos años de contrato con Canal 13, ¡claro! Yo no tengo ningún problema en raparme... Pero es lo que le pasa a cualquier actriz, se queda sin trabajo; entonces “yo me rapo, pero me alargan el contrato; me ponen peluca, o hago a una rapada: necesito seguir trabajando”.

Hice la obra Pequeños crímenes conyugales, en la que actuaba que cada vez me emborrachaba más, ¿realmente tenía que tomar alcohol? (Pregunta reportero). No, ¡cómo se te ocurre! Me habría muerto con el hígado en las manos, JAJAJA. Tenía tomar té y pasaba por whisky. Mi personaje era alcohólico. En esa hora me tomaba tres cuartos de litros de té y me fumaba cinco cigarrillos, que esos eran de verdad. En ese tiempo no estaba la Ley del Tabaco que hay ahora. Y tenía que terminar gradualmente borracha.

Los realities fueron una buena experiencia (Amor ciego, Amor ciego 2 y 1810), pero súper extrema porque no habían horarios en esa época. Y pasaron seis meses en que no vi a mi hija y eso me dolió mucho. No solo a mí. Me citaban a las 3 o 4 de la tarde, grababa hasta las 4 de la mañana, llegaba a casa, mi hija estaba durmiendo o en el jardín, y era chiquitita. Me han llamado para otras cosas y he dicho que no. Sé que realities no conduciré más

Me ofrecieron animar el Festival de Viña, pero muy en ciernes, (en una reunión) muy poco desarrollada. Pedí ganar lo mismo que el animador, que era Felipe (Camiroaga). Dije: “Ningún problema, pero necesito que me paguen igual que al animador”, porque es un trabajo súper demandante y expuesto, cuando la farándula estaba muy dura, y tú te enclaustras al trabajo y dejas a tu familia de lado. “Creo que me lo merezco”, dije... Pero no se desarrolló. No tengo idea si fue una petición muy difícil de cumplir. O si en una de esas después no les tincó nomás. No sé. Nunca más pregunté.

Con Rodolfo estuvimos diez años separados y se fue a vivir a Rapa Nui, hasta que decidimos volver a estar juntos (Le recuerda reportero). Creo que no hay una fórmula. No hay. Con Rodolfo tuvimos la suerte de separarnos sin rabia. Teníamos mucha pena, pero no rabia, no había despecho. Y siempre mantuvimos contacto, por los hijos (él tiene un hijo también, Sebastián, y mi hija Micaela, que lleva su apellido). Siempre estuvimos preocupados del bienestar del otro. Nunca perdimos ese contacto. Y el cada cierto tiempo tenía que venir a Chile, al continente (la isla es otro país). Y siempre nos veíamos, nunca cortamos la comunicación.

Con el tiempo, con Rodolfo creo que nos pasó a los dos que maduramos, crecimos, entendimos lo que nos había pasado y las razones por las que nos habíamos separado: el egoísmo de pensar en el futuro, en la carrera, en el ámbito más profesional. Y diez años es harto para una pareja, para crecer, mejorar y darnos cuenta de que hay otras cosas más importantes. A esta altura ya no fuimos millonarios, no vamos a hacer más carrera. Queremos disfrutar la vida y entender que juntos la disfrutamos súper bien porque tenemos mucha afinidad, lo que ayudó mucho a replantearnos el volver.

¿Me importa mucho crecer como profesional y ganar más lucas? (Pregunta reportero)... ¡Sí! En este país se forma a los niños así, lamentablemente, salvo excepciones. Y creo que hay instintos, también, de querer comerte el mundo, de ser exitoso en lo que sea que hagas, en ir creciendo, aprendiendo, ganando tus lucas, comprarte la casa, el auto, el yate y en fin.. Creo que después de los 40 uno empieza a ver que “no po’, quiero más tiempo pa’ mí, pasarlo bien, viajar y lo que sea”: disfrutar la vida. Tratar de revertir eso de que hay tanta cosa urgente que uno posterga lo importante. Y ese tránsito lo hicimos separados, conversándolo, y de repente dándonos cuenta de que “tenemos una edad que ya estamos al borde de la jubilación, no sabemos cuántos años más nos queden, y queremos pasarlo bien”.

A esta altura acepto trabajos que me entretienen. Cuando son muy fomes cobro muy caro para que no me resulte; o si me resulta, que me paguen lo que vale la pena. Rodolfo está en las mismas. Hemos sido súper ordenados en la vida, hemos ahorrado pensando en la vejez y en las jubilaciones que hay en este país. Estamos tratando de disfrutar la vida que nos queda. A los 40 empecé a cambiar, a bajar esa ansiedad profesional, exitista y EXIGENTE... uno se pone una zanahoria adelante... y es heavy.

"Hemos sido súper ordenados en la vida, hemos ahorrado pensando en la vejez", cuenta Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

¿Un programa favorito que haya conducido fuera de la ficción?... ¡El que se va a estrenar ahora, Las teleseries de nuestras vidas, en 13Rec. La pasé muy bien. Hice los nexos, pero contando la historia de las teleseries de este canal, que son patrimonio del canal. Es muy bueno que las atesoren y las exhiban de la forma que se van a exhibir. Al tiro me interesó participar. Es parte de mi vida también: trabajé muchos años en este canal como actriz.

El documental cuenta las teleseries de Canal 13 y cómo se fueron desarrollando, cómo comenzaron con La madrastra, que es un gran hito: hay un antes y después de 1981. Y cómo se empieza a formar el área de las teleseries, y cómo se va desarrollando la técnica para entender lo que a la gente le gusta ver, lo que esto funciona, hacerlo cada vez mejor y cómo termina hoy con las verticales, porque no se termina la teleserie: cambia la forma de cómo llega el pueblo.

Recreé una escena de La madrastra, que el documental parte con una de las escenas ícono de la teleserie. Me lo pidieron y lo conversamos. Querían recrear una escena de la Yael Unger (“Marcia”) con la Gloria Münchmeyer, en que el personaje de Yael descubre quién mató a “Patricia” (Astrid Campos).

Ya hice una teleserie vertical en Mega, pero no ha salido al aire y todavía no se promociona. Lo pasé súper bien. Es la historia de una gitana, ¡pero no soy yo la gitana! Soy antagonista. Me encanta.

Estuve en Pobre Novio y, hace poco, tuve un papel en Los Casablanca (Mega). Me entretiene mucho hacer teleseries. Lo ideal son papeles secundarios. Los protagónicos son muy desgastantes, de todo el día.

Estoy haciendo full teatro, no sólo La Remolienda (24 de septiembre, 20:00 hrs, Teatro Nescafé, entradas ACÁ), que hace dos semanas fuimos a Vicuña a hacer una función para beneficio, y la tuvimos que suspender porque se puso a llover a cántaros, y la gente estaba asustada por las quebradas que hay allá. Tenemos funciones ahora en agosto, septiembre y octubre.

Sigo con funciones especiales para la obra María, Mater Dei y con Perfectos desconocidos. Y estoy con una obra que montamos este año en el AIEP que habla sobre las cuidadoras, que es muy bonita, y que tenemos ahora otra función en Temuco. Me llamaron porque AIEP tiene un proyecto de todos los años con “iconos del teatro”, y llaman actores de trayectoria y arman un trabajo con alumnos, egresados y profesores, y mezclan generaciones. Eso es muy entretenido.

¿Me siento un ícono del teatro? (Pregunta reportero) No, pero vieja sí, me siento una vieja del teatro, y estar compartiendo con con chiquillas jóvenes, en este caso, fue súper motivante. Lo que pasa es que las generaciones van cambiando los puntos de vista en cuanto a ver la vida. Por ejemplo, ahora las actrices jóvenes son más inmediatas; (aunque) no tienen tanto oficio, son alumnas, entonces es difícil la comparación: pero veo las expectativas que tienen en un montaje, cómo tratan de trabajarlo, cómo el objetivo que cada una de ellas tiene para cada escena creen que lo alcanzan, pero no lo alcanzan.

Me gustan todos los formatos, el cine, el teatro y las teleseries, porque todos tienen (lo suyo). El cine es inmortal, queda en la Historia. La teleserie es más directa, más fácil de llegar al público y más masiva; pero también es más desechable. El teatro penetra más en las pocas personas que ven teatro, y uno siente el público en vivo. Son disciplinas sumamente distintas. Todas tienen su encanto.

Con el director Iñaki Velázquez he hecho hartos cortometrajes y ahora estoy haciendo uno que habla de la Inteligencia artificial y cómo nos está afectando en cuanto a las mentiras. Y se parece mucho el tema a lo que hemos visto ya en la vida misma: el personaje que me tocaba era una candidata a la presidencia con su asesora, y esta candidata usa la IA para desprestigiar a su contendor.

"Me gustan todos los formatos, el cine, el teatro y las teleseries", declara Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

Mi hija, Micaela, ya es grande, tiene 29 años. A ella le gusta la parte técnica del teatro y lo audiovisual. Cuando chica la llevaba a todas mi cosas, pobrecita, cuatro años tenía cuando empezó a hacer giras conmigo en teatro.

Las tortugas, aparte del tatuaje (que tenemos con mi hija) y de ser un animal bello, no tienen un significado especial para mí... ¡Son milenarias! Sobrevivientes en este pobre planeta... Fue la historia que nos contaron unos rapa nui en la isla con la tortuga de centro, y MI hija lo traspasó al cariño eterno y quiso tatuarse con su mamá. Ahí está.

No quiero ser abuela, o sea, esa es decisión de mi hija, no es mía. Creo que cuando cuando uno uno se pone papá chocho, y empieza a joder con sus los nietos, ES UNA PRESIÓN. Soy de una generación en que se hablaba de “vas a quedar solterona”: es una presión. Y si estás casada: “Ya, ¿cuándo van a tener un hijo?”... Es una presión... Y si tienes un hijo: “Ya, ¿cuándo viene el hermanito? No vas a dejarlo solito”. Son presiones que uno no se da cuenta, pero que afectan. Seré abuela el día que me toque. Pero eso lo decide mi hija o hijo. No yo.

Sentí las presiones de casarme y tener hijos, sí po’. Y lo vi en gente conocida también. O ante el hecho de quedar embarazada: “Te tienes que casar... ¡¿Cómo vas a tener una hija soltera?!”. Por suerte eso ha cambiado hoy día. El mundo va cambiando, pero presiones sociales hay, y yo no quiero ser presión para mi hija.

El cariño nunca incomoda. No me incomodaba Agradezco todas las todas las muestras de afecto y de cariño: “¿Le molesta una foto?”... ¡Cómo me va a molestar una foto! Soy súper agradecida. En general, no me encuentro una persona más maltratada socialmente pa’ nada.

¿Todavía me encuentran interesante, guapa y atractiva?, jajaja. Me dan pudor esos adjetivos. Trato de no responder, es como “qué rico, gracias, pero...”.

“De vieja me di cuenta que era muy bonita”, le dije a Julio César Rodríguez en Pero con respeto. Caí en conciencia de eso mirando para atrás, JAJAJA, los videos de repente es como: “Uy, claro, era muy bonita”.

¿Por qué no me encontraba bonita? Porque no era tema. En mi casa el ser bonita no me lo decían a cada rato y no era tema. Eran otras cosas más importantes. Todas mis compañeras tenían pretendientes y todas eran bonitas, entonces yo era una más bonita, no algo especial.

Me siento querida en Chile y súper agradecida. En la calle me miran, me saludan y me piden fotos, pero a mí lo que me conmueve es cuando la gente me abraza. Es muy raro que alguien abrace a otra persona extraña en la calle. Y cuando me pasa eso, me deshago de amor; y dar el abrazo con todo lo que implica, con esa cosa que te sube las endorfinas. Y me emociona también. Me dicen puras cosas lindas. Me han dicho de todo.

Hace un tiempo atrás conocí un chico acá en Santiago, que era de Punta Arenas, y que en su infancia me dijo que había sido su otra mamá con el Arboliris; su mamá de verdad estaba enferma hospitalizada, el papá no estaba en casa y tenía que vivir con una vecina. No tenía más red de contención. Y me decía: “Usted era mi mamá y no sabe”, y se me emocionó, al borde de la lágrima; un cabro enorme, grande ya. Me conmovió mucho.

Uno no se imagina al otro lado de la pantalla lo que puede provocar en la vida de una persona. Prefiero no pensar en eso y concentrarme en lo que tengo que hacer para hacerlo lo mejor posible nomás. Si empiezo a analizar “qué voy a provocar, ¿estará bien lo que estoy provocando?”, uno no trabaja tranquila.

¿Soy nostálgica?... Antes era nostálgica... Pero se me pasó, porque hay que mirar para adelante. Tengo muchos proyectos para adelante, de vida, no de trabajo, de vida, que me entretienen mucho.

06 Agosto 2026 Entrevista a katty kowaleczko, Actriz. Foto: Andres Perez Andres Perez

No estoy por las intervenciones estéticas, sólo sacarme los implantes, pero tampoco es un tema que me urja mucho. Creo que hay que aprender a envejecer con dignidad también, entre tener una cara de cirugía; uno de repente en la calle ve muchas caras de cirugía. Creo que muchas. Es que también es una gran industria, y los laboratorios y las clínicas no van a soltar un negocio que es muy grande. Ahora, es una decisión súper personal si uno entra o no. No critico a la gente que se quiera hacer algo: me da lo mismo. Pero siempre pienso: si uno se hace algo, no tiene garantía. Después no puedes decir: “Oiga, no me gusta cómo quedé, devuélvame la cara que tenía”. Creo que eso es súper riesgoso.

En un tiempo, a los 40, me cuidaba, usé botox, plaquetas y no me acuerdo qué más. Pero cuando uno va envejeciendo y tu cara va cambiando, y tu piel va cambiando, creo que lo mejor es relajarse. O sea, me merezco la cara que tengo: voy a cumplir 62 años, ¡bien vividos, bien carreteados y bien bailados! Y estoy súper conforme en realidad. A mis 62 me miro en el espejo y digo: “Bien”. Y tiene que ver con una experiencia con el bótox, que una vez me vi riendo y tenía las cejas paradas, la frente así (tiesa) y dije: “Qué feo, no quiero eso; quiero ser yo”.

Las canas me las tiño por pega. Me carga teñirme el pelo, lo paso pésimo con la tintura, con el esperar y después la lavada de pelo. No me gustan las peluquerías en general. Tengo un amigo personal que va a mi casa y me cuido el pelo, cuando él quiere porque además odia las canas. Las canas, dentro de la televisión, no son muy bienvenidas, salvo excepciones. Pero muchas veces por trabajo me preguntaron: “¿Sigues con canas?”. “Sí”. “Ah, ya”... (Silencio, nunca más la llamaron)... Y en teatro también me lo preguntaron. Pero me gustan las canas, no tengo ningún problema, y además mis canas son bonitas.

Nunca me ha gustado hacer deporte, ninguna cosa.

Siempre he sido ordenada y austera con la plata... herencia de mi papá... Tengo un auto hace diez años, y mientras me funcione va a seguir. No me voy de shopping: me aburro. Prefiero ir al Persa Biobío, jajaja, que es más entretenido. Me entretienen los cachureos, las antigüedades y el andar mirando.

Mi papá estuvo en la guerra y mi mamá es de Cauquenes, entonces para mí la tierra tiene mucha importancia. Yo no podría vivir en un departamento. O el departamento lo tendría lleno de macetas. No sé. Pero el tener tierra, cuidada, fértil y abonada es súper importante. No tener un jardín diseñado de una forma especial, sino que tener árboles frutales, ciboulette en la cocina, ají, ajo y plantar un montón de cosas que son bonitas también como plantas. Y no por eso tienes que tener un un patio que parezca chacra.

Vivo en una casa en El Arrayán hace muchos años. Tengo un invernadero porque allá hace frío; cuando cae nieve se quema todo. Y tengo árboles frutales. Se ven pajaritos, tórtolas, codornices, perdices —que vimos el otro día— y tordos, y aparte tengo cuatro gallinas. Tengo tres perritas recogidas, adoptadas, que son parte de la casa también.

Sigo durmiendo sola en mi propia pieza, y con la ventana abierta, todo el año, porque fumo en mi pieza, porque la pieza es mía. Fumo. En la noche me encanta fumar. En promedio, cada día, fumo más que una cajetilla. Me gustaría bajar (el consumo), no dejarlo. No sé si sea bueno, ya a estas alturas de mi vida, después de tantos años, dejarlo de golpe y raso. No. Pero me gustaría sí bajarle, de todas maneras.

Lo que me empujó a mí a dormir en habitaciones separadas con Rodolfo es que soy liviana de sueño. Y todo me molesta en la noche. Entonces, cuando dormía con mi marido, los ronquidos, el que él se moviera, me quitara la ropa de cama... Y el acto de dormir es solitario: uno cuando cae en el sueño no tiene idea dónde ni analiza con quién está ni nada; está inconsciente, o idealmente inconsciente. No necesitas dormir con alguien para dormir bien; todo lo contrario, en mi caso, y prefiero dormir sola.

Estoy en un periodo mucho más reposado de mi sexualidad. Ya no valoro tanto la sexualidad pero sí la buena compañía. La sexualidad es rica, pero estoy en una época en que ya pasé una menopausia, las hormonas están más bajas; tengo otras prioridades. Hay gente a la que le afecta mucho la menopausia; yo, no me di cuenta, se me cortó la regla y nada más, y dije: “¡Oh!”. Pero nunca tuve bochornos ni nada. Estaba feliz y dije: “Nunca más compro toallitas ni tampones”, jajaja.

"Ya no valoro tanto la sexualidad pero sí la buena compañía", declara Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

No voy al doctor. Encuentro que es todo un negociado. Con esta edad que tengo, me van a hacer un un examen general, más de algo me van a encontrar y de ahí nunca más voy a salir de la consulta del doctor, y digo: “Qué lata”. Si me da un patatú, si tengo algo, que me dé.

Negarse a la muerte: hay una política de que uno tendría que vivir 100 años, ¿pero cuál es el costo? De repente veo noticias de gente abandonada, sola, vieja, que es apenas autovalente y digo: “¿Por qué decirle a mi hijo (o hijo), ‘oye, tú te encargarás de mi vejez y mi me tendrás que cuidar? ¿Por qué?”. Encuentro que —y lo hemos conversado con nuestros hijos— nosotros no queremos que nos cuiden; y si estamos muy gagá, liquidaremos todo y nos iremos a un hogar de ancianos, y que nos cuiden profesionales. Creo que esa demanda de vivir tiene más que ver que con el miedo a la muerte, a no saber qué es, a las ganas propiamente tal de seguir viviendo, con los achaques, dolores y deficiencias físicas que uno pueda tener.

Me quiero jubilar. Encuentro que debe ser terrible morir arriba de un escenario en plena función, ¡imagínate lo terrible para el público! Porque uno se muere y da lo mismo, ¡pero imagínate a tus compañeros de elenco y al público presente! ¡Oh!... En un momento quiero dejar de actuar y dedicarme a mi tallercito y mi mesa de carpintera, ¿cuándo lo haré? Cuando quedemos huérfanos. Ese es nuestro plazo... ¡No sé cuántos años irán a pasar! Mi mamá está sana y buena, y tiene 88 años.

Mi mamá me reconoce. Lo que pasa es que está en una etapa en que no puede salir sola, no maneja plata sola y no puede hacer trámites: memoria inmediata no tiene. Podemos tener una conversación, pero de lo que ella quiere, jajaja. Como cuidadora de mi mamá paso por todos los estados. De repente me mato de la risa con mi mamá y que repite de nuevo la misma historia, y hay otras veces en que siento que es desgastante, que tengo que tener mucha paciencia y contar hasta veinte. Y da pena, porque es un proceso súper normal que la gente vaya envejeciendo en todo el sentido. Y de repente digo: “¿Por qué no tuve a otra hermana que me ayude en esto?”, jajaja. Es lo que me tocó nomás.

Lo importante es que lo último que pueda vivir mi mamá lo pase bien. Me da lo mismo que haga o no dieta; si se quiere comer un camello, que se lo coma. No la cuido en ese sentido. Me preocupo que se tome los remedios que le indican; y si quiere comer helado, azúcar y sal, que haga lo que quiera. Uno llega a una edad en que las restricciones las encuentra una tontera, ¿me restrinjo con algo? (Pregunta reportero). Ya no, jajaja.

Tenía tres medio hermanos y uno sigue vivo. Vive en Portugal. Nos saludamos y nos mandamos whatsapp, pero no más allá.

"Encuentro que debe ser terrible morir arriba de un escenario en plena función", bromea Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

Nuestros planes con Rodolfo los queremos concretar cuando nos quedemos “huérfanos” (Parafrasea el reportero de entrevistas anteriores). No le tengo miedo a la horfandad. Para nada. Lo que pasa es que mi madre y la madre de él están viviendo sus últimos años. Y el objetivo inmediato es que lo vivan lo mejor posible. Pero tarde o temprano se van a ir. Y ahí, con los hijos ya grandes vamos a decir: “Ya, ¿a dónde nos vamos?”. Y si los hijos quieren ir a vemos, bueno, que vayan de visita, jajaja.

La actuación no es mi gran pasión en la vida. Tengo otras: arreglar muebles, bordar, tejer y pintar. Sueño el día mañana, cuando ya esté retirada, tener un taller, un galpón, con una mesa de carpintero, maestrear y hacer casitas de pájaro, que me queda re bonitas. Me encanta.

Me gustaría vivir fuera de Santiago. Me gustaría concretarlo. Es uno de los proyectos que tenemos con Rodolfo. A mi marido le gusta la costa y ver el horizonte; no la playa misma, nos gusta la playa como tal: ver el mar cómo revienta, este Pacífico que no tiene nada de pacífico. Es una gran opción.

Le tengo miedo al decaimiento de la salud. Siempre conversamos en la casa, con antecedentes familiares —no como política pública—, viendo para atrás las herencias que tenemos, para mí a los 75 años estoy lista para meterme en un cajón, creo, digna. Podría meterme a los 80, 90 o 100 años, pero absolutamente un cacho. (Hoy) me siento sana, saludable.

¿Creo en alguna religión? Soy creyente. Soy agnóstica (Suspira)... De alguna forma, el budismo tiene algo que ver. Creo que todos somos un pedacito de Dios. Todo ser vivo es un pedacito de Dios.

Al morir me gustaría que me entierren y me conviertan en abono para un árbol. Fue en Estados Unidos que vimos un proyecto TAN lindo con Rodolfo. Es un sistema en que el cuerpo del muerto lo ponen en posición fetal y lo envuelven en unos géneros con unas sustancias que aceleran la descomposición, eso va a tierra directo, ahí plantan un árbol y el cuerpo sirve para abono de ese árbol. Precioso. De repente viendo todas las zonas de sacrificio que hay en este planeta: sería ideal para una zona de sacrificio, donde está todo contaminado, instalar ese proyecto. Pero acá en Chile están a años luz; es toda una especie de gueto el cuento de los campos santos y los cementerios. Aquí venden los nichos, los gastos comunes y todo.

"Todo ser vivo es un pedacito de Dios", declara Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

Todo es político, incluso el estilo de vida que uno lleva. Sigo en el acontecer político, porque es parte de mi vida: lo que se haga políticamente en mi país es parte de mi vida, independiente de que me guste o no. No voté (José Antonio) Kast, pero si quiero ser democrática tengo que decir que es “mi Presidente”; o sea, ganó la mayoría, que votó por Kast: “Ok, es mi Presidente también”.

Creo que en general, en el mundo, la política va en un péndulo. Cada cierto periodo se va para un lado y después para el otro. En este minuto creo que, a nivel internacional, la extrema derecha está liderando en muchos países, no solamente en Latinoamérica. Y creo que en unos años más volverá el péndulo para el otro lado. Porque, en el fondo, creo que cada vez menos personas se toman en serio a los políticos, y no solo en Chile: en muchas partes pasa que los políticos ven su metro cuadrado y lo que les conviene a ellos como partido, pero no lo que le conviene y necesita la gente.

Siento que estoy en los últimos años de mi carrera, cerrándola feliz.

Cuestionario Pop

Si no hubiera sido actriz, me hubiera gustado nacer en una familia circense.

¿Un apodo?... No tengo.

Un sueño pendiente: vacaciones... con tres semanas estará feliz, jaja. Hace muchos años que no me tomo vacaciones e irme a algún lado, a cualquiera.

¿Una cábala? Todas las que dan buena suerte.

Una frase favorita es “todo va a estar bien”.

¿Un trabajo mío que no conozca? Tengo, pero no me acuerdo cómo se llaman.

Mi primer sueldo lo gasté en la casa, se lo di a mi mamá.

¿Algo de lo que me arrepiento? ¡Uy! De muchas cosas... Eh, de mis matrimonios. Todo es aprendizaje, pero si pudiera echar el tiempo atrás: no lo haría.

Una actriz chilena que admiro es Gloria Münchmeyer.

Una actriz que sea mi amiga es... la Teresita Reyes... (Se emociona)... Juan Falcón sigue siendo mi amigo, pero ese negro está lejos; nos mandamos whatsapp nomás, irme a verlo ya me da lata y a él le da lata venir a Santiago.

"Juan Falcón sigue siendo mi amigo, pero ese negro está lejos", dice Katty. Foto: Andres Perez Andres Perez

Mi pertenencia más preciada es vivir a los pies de la cordillera. Con Jaime Vadell estamos a 1.500 metros de distancia.

Un talento o pasatiempo oculto son los rompecabezas. Siempre tengo uno medio avanzar. Y cuando lo termino lo desarmo y lo guardo. Después de un tiempo, espero que repose y lo vuelvo a armar: no tengo ni un problema, sola.

Una película que te haga llorar es King Kong, Cinema Paradiso, etcéteras.

Un miedo: la vejez.

¿Creo en el horóscopo? ¿En las predicciones? No, pero en el tarot sí. Soy Libra.

Si pudiera tener un superpoder me gustaría tener la invisibilidad, jajaja.

Un placer culpable es comer: puedo comer toda la tarde, dulce o salado, y de todo, según las mañas (no me gustan mucho los mariscos, las carnes rojas y algunos vegetales). Me gustan cosas muy insanas: las frituras, las papas fritas, ¡uy! Me encantan. El cigarro no lo siento culpable; ya está absolutamente out pero parte de lo que soy.

Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a una tertulia, invitaría a Leonardo Da Vinci, Frédéric Chopin (para que tocara música) y a Rodolfo.

Katty Kowaleczko es una mujer, mamá, pareja e hija.

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