Espectáculos

La Firme con Mónica Rincón: “Que me digan ‘Queen’ me da un poquito de pudor”

Muy pronto debutará para toda América con un programa en CNN en Español. La periodista repasa su historia, carrera, presente y se confiesa sobre su oficio y más. “Soy súper culposa y autoexigente”, dice.

Entrevista en profundidad a Mónica Rincón, periodista CNN. Andres Perez

—¿Pesaste 3,35 kilos cuando naciste?

—¡No! —reacciona teatralmente, como si se tratara de un error garrafal, Mónica Rincón González (50)—, pesé 4,35 kilos! Era una guagua muy rolliza, y no era tan larga: era compacta y gordita.

La periodista acaba de grabar un capítulo de su podcast Cómo te lo explico —en que, por ejemplo, estuvo de invitada la exsubscretaria Katherine Martorell— con su colega Paula Catena, y ahora se sienta con La Cuarta a repasar buena parte de su historia y carrera, remontándose incluso a su primera etapa en los años dorados de TVN.

—En los 90 si te tocaba estar una semana conduciendo el noticiero 24 horas, tu nivel de conocimiento podía explotar en forma impresionante —dice ella, yendo hasta tiempos previos a su carrera—: o si estabas conduciendo el matinal de TVN, pasabas a ser de las personas más queridas en el país. Era una plataforma impresionante. Uno tiene que tener conciencia de que una parte son tus trabajos y méritos, y otra importante tiene que ver con dónde trabajas y el equipo.

El 1 de agosto Rincón debuta en CNN en Español con Conexión Global. Foto: Andres Perez Andres Perez

Ahora, yendo, hacia el presente y al crítico presente financiero de los medios de comunicación en general, la comunicadora también reflexiona, y desafía al reportero:

—Te puedo hacer una apuesta, y te la ganaré: si salimos a la calle y le preguntamos a la gente qué quiere ver en un noticiero, te dirá “noticias internacionales”, “más coberturas de los temas positivos” y “menos policial”; y cuando ves el rating, normalmente en la cotidianidad, si abres hablando de la crisis en Yemen no es que reventarás el rating.

Como sea, la industria persevera y, muy pronto, el 1 de agosto Rincón debutará nada más ni menos que en CNN en Español, Conexión global, un programa de análisis internacional en que la conductora estará junto a dos analistas, uno en Chile, y el otro foráneo por vía telemática dependiendo de qué país sea cada capítulo, viernes y sábado. “Me provoca mucho nervios, alegría y que tengo mucho que estudiar”, admite y suelta una breve risa como para bajar la ansiedad interna.

En entrevista con La Firme, Rincón habla desde sus inicios en Concepción; su arribo a una pensión en Santiago para convertirse en periodista; su era inicial en TVN, y luego su salto que la tiene hasta hoy en CNN, entre medio también en CHV; momentos memorables y complejos; la muerte de su hija Clara, un dolor para el resto de su vida, pero al que tuvo que encontrar un “sentido” para así levantarse hacia una “felicidad”; algunas máximas personales de cómo enfrenta su oficio; ego y vanidad; y su futuro dentro y fuera de la comunicaciones; entre otras cuestiones…

LA FIRME CON MÓNICA RINCÓN

¿Un recuerdo de mi infancia? Concepción y la lluvia en diagonal. La gente que no ha vivido en Concepción no sabe: pero la lluvia de verdad que es en diagonal, por el viento. Cuando iba a las clases de baile español, en el Centro Español, desde mi colegio, Madres Dominicas de Concepción, cuando estaba lloviendo, en el centro de Concepción avanzaba de galería en galería. O iba a comer churros con manjar en Barros Arana. Me encanta la lluvia.

Tener papás que te dan cariño, comida, una casa acogedora y papás que tuvieron el privilegio de estudiar en la universidad, te entrega un capital cultural. Hay libros, mucha conversación, acceso a una obra de teatro, ver las noticias y discutir juntos. Creo que es un privilegio. Y cuando digo que tuve una familia de “clase media” es que tuve un papá abogado y una mamá profesora, de recursos completamente normales; pero creo que el mayor privilegio es tener una familia, cariño y capital cultural, que confían en ti, hagan sentir que puedes y a hacerme preguntas: que me hiciera preguntas a mí misma y a otro; y además con mucho sentido social, que tenía que ser un agente de cambio y construir un país mejor.

Mi papá siempre tuvo una biblioteca en la casa. Y con mi hermana Paulina hacíamos competencias de leerlos por autor todos los libros. Mi papá me regaló las Mafalda, me las fue trayendo de a una, con número, y después me regaló el libraco con todas. Decía que me parecía bastante a la “Mafalda”, por lo preguntona entre otras cosas, jaja.

"Decía que me parecía bastante a la 'Mafalda', por lo preguntona entre otras cosas", recuerda sobre su papá. Foto: Andres Perez Andres Perez

A los siete años publiqué un cuento, “La ronda de los sapos”, en el diario El Sur. Me escapé de la clase de baile español, porque la idea era que fuera una sorpresa para mis papás, y el diario quedaba cerca; y pedí hablar con el director, que ya ni me acuerdo quién era, pero me recibió. Lo había escrito a máquina y le conté que quería publicar el cuento. Y me lo publicó. Se demoró como dos semanas, entonces cuando aparecía el diario los domingos, en mi casa estaba muy nerviosa, hasta que por fin apareció y se lo llevé a mis papás, que estaban súper orgullosos.

¿Siempre fui puntuda? (Pregunta reportero)... Busquilla, encuentro. En la universidad hice un reportaje sobre los no sé cuántos años del triunfo del No, y entrevisté a (Andrés) Allamand y Andrés Zaldivar. Había que hacer el trabajo en serio, y si podía conseguirme a la gente, ¿por qué no? Y la conseguía.

Una vez en el colegio había que buscar un personaje de un libro y encontrarlo en la realidad, como “Príncipe Valiente”. Pero yo quería un personaje real. Había escrito un libro una mujer en Concepción, que le habían quitado a las hijas durante la dictadura. La fui a buscar y la convencí para una entrevista. Desde chica me gustó ser busquilla y encuentro que no hay que ponerse muchos límites con lo que uno quiere hacer; hay que partir pensando que harás lo máximo, y después ir bajando las expectativas. Pero hay que creer que es posible hacer lo máximo en una cobertura en terreno y en la vida en general.

Mi mamá dijo una vez que le parecía que “esculpí mi vida en un sueño”, ¿así lo siento?... Creo que ella me tiene más alta estima de lo que debiera. Es una mamá muy orgullosa de su hija, pero yo soy una hija que tiene más razones para estar orgullosa de su mamá. Ella no tiene idea de lo profunda que es la huella que ha dejado en sus hijos y familia. Es muy humilde. Obvio que nunca tenía hambre, nunca quería el último pedazo de carne y no necesitaba un vestido nuevo. La mujer tiene un buen humor y no se pica con la broma que le hagan. Y no hay mejor público que mi mamá: goza los chistes. Y es una crítica aguda, muy aguda.

Rincón se admite como una eterna "busquilla". Foto: Andres Perez Andres Perez

Participé en el concurso Miss 17, ¿y qué me motivó? La verdad es que trabajar, jaja, porque yo trabajaba y nos pagaban los desfiles que hacíamos de eventos. ¿Me gustaba el modelaje? No mucho, pero era una forma honesta de (ganar plata), de hecho, con eso pagué un viaje a Machu Picchu y a Bolivia. Para mis papás tenerme acá en Santiago era un esfuerzo económico importante.

Soy la menor de cinco hermanos. Inevitablemente creo que le doy mucho valor a la familia y amigos. Dejé mi ciudad de origen y me vine a un pensionado en Santiago, los amigos terminaron transformándose en una “segunda familia”. Y te hace bien independiente y resuelta ser la menor de cinco. Mi familia creía mucho en la autonomía, hacerte responsable de tus decisiones. E irte muy chica de la casa marca. Creo que tenemos más garra la gente que viene de regiones no Metropolitana, y llegamos con muchas ganas de aprender, y vivir experiencias nuevas. Amo la Universidad de Concepción, me parece una de las más lindas de Chile; pero cerraron la carrera durante la dictadura, recién llevaban una generación de carrera reabierta; y consideré que, si es que podía y tenía el puntaje, estudiar donde llevara más tiempo la carrera.

Fue duro al principio venirme a Santiago. Me perdí incluso en el Metro. Además dejé a las amigas, amigos, el entorno y a mi familia. Viví en un pensionado —de las mismas monjas de mi colegio — que quedaba en calle Condell. Era un sector antiguo y había un supermercado. Era curioso vivir al lado de la Brigada de Homicidios, porque una vez se arrancaron algunos sujetos que estaban detenidos por el techo de la casa donde vivíamos. En mi primera pieza fuimos cuatro; y en el segundo, tres. Era compartir todo.

Fui bien estudiosa en la universidad. Encontraba alucinante haber logrado entrar a estudiar lo que quería y me gustaba. A mis compañeros los encuentro hasta hoy brillantes y famosos, como la Soledad Onetto, Francisco Ortega, Macarena Lescornez. Era un grupo bien diverso, y además muy inteligentes todos. Encontraba que todo lo que me estaban enseñando en la universidad era un mundo y, en ese sentido, creo que soy como una esponja. Era lo que siempre había soñado.

Mi idea original cuando entré a Periodismo era dedicarme a escribir reportajes. Pero dos de mis grandes profes, Enrique Ramírez Capello y Jorge Cabezas, conversando con ellos me dijeron: “Debieras hacer la práctica en lo que sientes que conoces menos”. Y pensé: “La tele”. Di la prueba práctica y quedé en el cuerpo de Reportajes de El Mercurio. Pero después también quedé en Canal 13 y en TVN, donde después entré a trabajar. TVN en ese momento, además, era un ícono en Chile y “el canal de todos los chilenos”. Siempre he creído, y creo hasta hoy, en la importancia de la televisión pública. Era un sueño Televisión Nacional, pero me respondieron primero en la práctica del 13.

Siempre he pensado que es más importante la preparación que el talento. Creo, también, que es bien inculcado por mis papás. Con mucho talento te puede ir bien o mal en la vida; pero a alguien, con mucho esfuerzo, le irá bien. Con el tiempo, por ejemplo, yo creo que tengo talento para hacer entrevistas. No creo nunca en el talento solo: el talento siempre, para que se desarrolle, va de la mano del esfuerzo, Además el periodismo, a diferencia de otras profesiones, es más oficio que profesión, muy artesanal y se construye todos los días.

"Siempre he pensado que es más importante la preparación que el talento", declara Rincón. Foto: Andres Perez Andres Perez

Una vez Felipe Camiroaga me pidió en el Buenos días a todos para reemplazar (temporalmente) a Mauricio Bustamante. No tengo idea por qué me pidió a mí. Habrá pensado que podía hacerlo bien. Él, la Tonka, eh la Kathy (Salosny) fueron súper acogedores. Lo encontraba un desafío enorme. Me daba mucha vergüenza y susto, si era súper chica. Me enseñaron y apañaron. El impacto que tenía el Buenos días era realmente impresionante. Era una prueba de fuego en que tenía que hablar de actualidad, hacer simple algo complejo, y además con tremendos personajes televisivos. Agradecí mucho que Felipe me lo pidiera.

¿Nunca me ofrecieron un matinal? No, pero lo que sí hice, con un casting y todo, fue conducir La cultura entretenida —y fui editora—, y me tocó viajar a Londres y conocer a los que hacían los documentales de la BBC. Me tocó revisar cientos para elegir cuáles comprar. Además empezamos a hacer más documentales como equipo: de los faros del “Fin del mundo”, del desierto más seco del mundo, del Altiplano y de la Patagonia amenazada. Hicimos uno muy bonito sobre el mural en La Granja de (Roberto) Matta: seguimos durante más de un año la restauración de “El primer gol del pueblo chileno”, y después se hizo un centro cultural. Fue una etapa muy bonita.

Fui a la Antártida, crucé tres veces el Cabo de Hornos. Tuvimos experiencias bien extremas que eran parte de los viajes. Caminé 30 km en el desierto junto a los comandos del Ejército con la misma cantidad de agua y comidas que ellos. Hicimos un documental sobre el niño del cerro del Plomo y subimos el cerro... Tuvimos experiencias muy bonitas y siempre pensaba: “Para mis nietos las voy a guardar”, ajaja... Vamos a ver si tengo nietos, y si los ven además. Mi hijo, por lo menos, los has visto y le gustan, que es el primer paso.

Me acuerdo de una pastora que tenía una llama “bebé” llamaba “Cholita Marina”, y la llamaba como a un perro, y “Cholita Marina” venía, y le dábamos de comer. Era una mujer que había tenido ocho hijos en una cama de piedra y paja. Conocí a una cantidad de gente increíble, que me es igual de importante que el Presidente o líder del país que sea. Ha sido una carrera muy bonita en que he podido conocer a gente increíble, o sea, entrevistar a Isabel Allende, y me tocó presentar La casa de los espíritus (la serie) para toda América Latina, con la Fernanda Urrejola, Francisca Alegría y la misma Isabel. Conocí gente como Judith Butler, y presidentes y presidentas. Son experiencias súper improbables en la vida a menos que se dedique a esto.

Las elecciones presidenciales o las crisis políticas son desafíos súper importantes, sabes que estás siendo testigo de la Historia, y es una responsabilidad enorme además representar al canal y ser los ojos de los chilenos. El juicio con Bolivia en La Haya, la muerte de (Hugo) Chávez, las elecciones en Estados Unidos, Brasil y Argentina, o la crisis política en Perú cuando (Pedro) Castillo intentó el “autogolpe”. Son momentos tensos de trabajo intenso, pero es muy gratificante porque es la oportunidad de explicar los procesos del mundo a la gente y nos sirven a nosotros para aprender.

Me tocó cubrir el terremoto del 2010 en la ciudad donde nací, crecí y viví hasta los 17. Mi colegio se destruyó y sólo quedó “la parte nueva”. Después de un terremoto, la primera vez que llueve es un momento súper crítico para toda la gente. Llegué a la semana, hubo una lluvia y me tocó ir a una caleta destruida en Talcahuano, y afortunadamente los pescadores más antiguos se llevaron a toda la gente a un cerro. Lo que quedaba ya no eran sus casas, sino carpas hechas con plásticos donados. Y estaban durmiendo, de noche, con la lluvia. Hasta hoy no me olvido de que iba caminando y escuchaba la respiración de los niños cuando están obstruidos. De eso no me olvido. Si eso no te conmueve... no sé qué te conmueve.

El periodista que no cuestiona el poder, que no se sorprende y que no le importa la gente para la que trabaja, encuentro que es el momento que se retire. Creo que el periodismo es con llorar, pero sin nublarte. La emoción no te puede nublar al punto que no puedas informar. Pero, llorando o no, si no te conmueve lo que le pasa a la gente y si no te indigna la injusticia, creo que es el momento de que retires.

Creo que el periodismo se ejerce desde una cierta soledad e independencia. Creo más en la independencia que en la objetividad. La objetividad es sólo un anhelo, porque, de alguna manera, todos estamos mediados por la cultura en la que vivimos, por quienes somos y nuestras historias personales. Es inevitable. Me quedó más que claro una vez que estaba conduciendo la transmisión del funeral de Yasir Arafat. Terminaba el funeral en La Mukata y todos se tiraban arriba del ataúd. Yo pensé que eso era un desborde de seguridad, y así lo dije. Después me llamaron amigos del Centro Islámico de Chile y me dijeron: “Craso error, porque es parte de nuestra cultura manifestar física y públicamente el dolor; entonces, cuando te tiras encima de un ataúd, no es un desborde de seguridad, es parte de nuestra tradición”. Fui poco objetiva. ¿Fui poco independiente? No, porque dije, con independencia de quién se tratara y sin tratar de favorecer ni perjudicar a nadie, lo que yo estaba observando. Pero estoy tan mediada por una cultura judeocristiana que obviamente no fui capaz de percibir; interpreté de otra forma.

Con la soledad del periodismo me refiero a que existe cierto desapego, que tus afectos no copen o no influyan en la forma en que vas a tratar a algo o alguien. No puedo tratar mejor o peor a un entrevistado si me cae bien o mal, o si tengo afinidad ideológica con esa persona o no. En ese sentido digo que se exige cierta soledad, porque en algún momento vas a incomodar, y está bien, y no hay que buscarlo, pero puede pasar. Por eso creo que exige cierto desapego de desde dónde tú preguntas o cuestionas.

"La emoción no te puede nublar al punto que no puedas informar", dice Rincón. Foto: Andres Perez Andres Perez

¿Era romántica? ¿Sufría por amor? Sí, pero normal, no muy sufrida. Lo más radical que hice, en algún pololeo, fue teñirme el pelo oscuro, casi negro, después de alguna desilusión, para cambiar de ciclo, JAJAJA. Llevaba muy poco tiempo además leyendo noticias, me habían puesto recién a hacer reemplazo, jajaja. Llegué y mi jefe me dijo: “Hay un problema de identificación después para la gente”. Pero se me pasó: no me gustó cómo me quedó. Me parecía a “Malina”, de Ángel, la niña de las flores. Me duró tres semanas y volví a mi color habitual.

Más que casarme, yo quería ser mamá, pero en pareja... Pero uno en ningún caso tiene garantizado ser mamá: una cosa es que uno quiera, encontrar con quién y que pueda. Fui mamá a los 35 y me casé a los 29, ¿y dónde conocí a mi marido (José Manuel Galdames)? (Pregunta reportero)... Pucha, esta es la parte fome: tenemos un acuerdo con mi familia en general en que la que tiene un rol público soy yo y no ellos. Por eso cuido mucho la privacidad de toda mi familia.

Me cambié de TVN, donde estuve catorce años, a CNN Chile. Me costó harto, primero porque no soy de cambiarme tanto de trabajo; me cuesta. Pero además porque era un equipo y había crecido profesionalmente ahí; siempre me dieron oportunidades de hacer cosas diferentes. Nunca sentí que me estancara. Hasta reemplacé a la Cecilia Serrano, que me dejó su closet para que ocupara lo que yo quisiera y necesitara, súper generosa, y Bernardo (de la Maza) también. Después conduje Estado nacional, el noticiero de hora de almuerzo y el de la mañana; reemplacé Iván Núñez en la noche, y en paralelo trabajaba en radio; y hacía otras cosas como estudiar un magíster en Ciencias políticas.

Un momento en que yo había sido mamá, y empezaba La mañana informativa en el canal 24 Horas, que ya estábamos al aire a las 11 AM; después hacía el noticiero de la hora almuerzo por la tele abierta; después hacía un bloque en la tarde y estaba todo el día en el canal, hasta las 8 de la noche. Yo tenía dos hijos chiquititos, y una hija además con síndrome de Down. Estaba con ellos, pero poco. Quería estar más. Fue un factor importante. Y había pedido ser parte del equipo fundador del canal 24 Horas, quise estar ahí y me ofrecieron de otro canal de noticias, y con mucho prestigio y un equipo con un gran compañero, Daniel Matamala, porque me contrataron para que hiciéramos dupla. Era súper atractiva la oferta. Pero además coincidía con que no me hacía más difícil la vida familiar, sino más fácil. Calzó todo perfecto.

Valoro mucho que Pancho Poblete, que era el editor de Estado Nacional, me designó como conductora estando embarazada de tres meses con mellizos, y sabiendo que mi hija venía con un problema cardíaco y síndrome de Down. Igual apostó por mí. No me olvidaré nunca. Tampoco olvidaré nunca que, cuando mis hijos habían nacido, y mi hija estaba todavía internada, me contrató Rolando Santos para CNN Chile. Esas cosas no se olvidan. Cuando hablas de apostar por la mujer o por la familia, esos son gestos súper concretos. Rolando me dijo: “Puede pasar a cualquiera, en cualquier momento de la vida, sólo que yo ya sé cómo vas a reaccionar; para mí es un seguro”, y además él es padre de mellizas.

"Me designó como conductora estando embarazada de tres meses con mellizos", le reconoce a uno de sus jefes. Foto: Andres Perez Andres Perez

En lo físico las mujeres tenemos exigencias más altas que los hombres, respecto de la gordura, vejez y belleza. Pero claramente las periodistas no estamos donde estamos por ser unas bellezas impresionantes. Tener claro eso. Es bueno dar una apariencia armónica, agradable e incluso entretenida, (pero) no puede ser más importante que tu preparación. Obviamente que la cantidad de tiempo que le dedico a cómo me veo versus a lo que voy a decir es, o sea, 1 a 20, ¡o más! Eso mantiene a raya el ego: saber lo importante. Y también en lo profesional: saber para quién trabajo. Para mí la mejor medida es: no buscar incomodar (con una pregunta), pero nunca inhibirte de incomodar si eso le dará más información a la gente, que me lo dijo Mónica González o Pilar Bernstein. Tu jefe real es la persona que te está viendo, escuchando o leyendo.

¿Hay tensión entre el “jefe” público y el canal? En general he trabajado en lugares donde me siento súper cómoda con la línea editorial, y además han sido muy respetuosos de mi libertad. No he tenido mucho esa disyuntiva. No es descabellado preguntárselo, para nada; si yo trabajara, por ejemplo, en un canal ruso, lo veo difícil, jajaja; voy a ser generosa al calificarlo de régimen autoritario y no “protodictadura”.

¿Cuántos looks tengo para la tele? No sé lo sé. Es mi ropa la que uso. Además tenemos un equipo súper bueno en vestuario, que me ayuda. Le digo “La capillita de Lourdes” al sector de vestuario, maquillaje y peluquería: porque uno llega destrozado y hacen el milagro, jaja, ¡siempre hacen el milagro!

Que me digan “Queen” me da un poquito de pudor, pero lo tomo como un gesto de cariño y reconocimiento, no sólo a CNN, sino a los equipos en que he trabajado. Creo que uno no se construye sola en esto; y el que piensa que se construye solo, está muy perdido. Entonces lo toma también como un reconocimiento a los lugares donde he trabajado, los programas que he hecho y los equipos con que he trabajado, porque más va acompañados de, por ejemplo, “ay, ‘Queen’, qué linda La cultura entretenida”. Tiene que ver, yo creo, con eso.

La vanidad no es sólo querer destacar; también puede ser sentir que llegaste a algún lugar y, por lo tanto, dejar de esforzarte por lo tanto. Me encanta una frase de (Ricardo) Darín: “Quiero ser siempre una promesa”. La encuentro notable, porque la promesa siempre tiene algo que entregar. No es que el “consagrado” no le entregue nada al país ni a la sociedad, sino que decía que “la promesa siempre puede sorprender”, “tiene mucho que aprender” y “está en un proceso dinámico constante”. El consagrado ya llegó a algún lugar. ¿Me siento consagrada? No. Encuentro bonito tener el espíritu de que estás siempre aprendiendo y no has llegado a ningún lugar. Creo que es muy propio de un periodista.

"Quiero ser siempre una promesa", abraza Rincón. Foto: Andres Perez Andres Perez

Una de las claves es siempre sentir que no llegas a ninguna parte. El día en que sientes que llegaste a una parte, dejas de estudiar y prepararte. Y va muy de la mano con sentir que es un servicio, porque, si sientes que estás trabajando para otro, te da vergüenza —creo yo— no hacer una pregunta que debiste hacer porque te faltó información, preparación o no escuchaste atentamente al entrevistado. Y siempre hay un ego en juego, que es evidente —en todas las profesiones—. Lo entiendo como un oficio de preparación constante, porque siempre tengo que estar informando y entrevistando a gente que siempre sabe más que yo del tema, aunque, obvio, sé más de judicial, política nacional e internacional que de deportes.

Creo que me moriré con el síndrome del estudiante en práctica, jaja. Pero ya me amistado con ese síndrome, porque lo tomo como una garantía de estar siempre despierta, de que te guste y te importe estar preparado. Lo he tratado de transformar, de alguna manera, en una fortaleza. Pero igual lo paso mal, si todos tenemos inseguridades, y sobre todo si te importa. Mi inseguridad es no estar suficientemente preparada, que no haya leído algo, que me falte, olvide algo o una pregunta buena que no haga. Y en las coberturas en terreno, más, porque hay una inversión para mandarte a un viaje, y también hay competencia por cuál canal informa mejor. Uno quiere hacer lo mejor posible —como equipo— para informar mejor a la gente. Se siente una responsabilidad. Yo creo que siempre tendré síndrome estudiante de práctica y ya lo asumí. Así será.

Pido mucha ayuda, mucha. Tengo muchos abogados, ingenieros y políticos con los que converso y pregunto para las entrevistas. Me cuesta pensar en una entrevista que haga sola. Pido mucha ayuda de datos, de preguntas que se les ocurren a otros periodistas que están reporteando y al equipo de política (Colomba Eichholz, Ivo Goic, Francisca Cárdenas y a todos mis editores). De repente tengo una entrevista con el Presidente y le pregunto a todo mi equipo de Tolerancia Cero, a todos los panelistas, qué se les ocurre y qué puedo preguntar. Y en un debate presidencial, evidentemente, siempre pido ayuda. Creo mucho en el trabajo colectivo y pedir ayuda. Tengo un equipo de “asesores en la sombra”, en el sentido de que pregunto a científicos, médicos, abogados, economistas y a mucha gente. Reporteo mucho, mucho, mucho.

"Tengo un equipo de 'asesores en la sombra'”, confiesa Rincón. Foto: Andres Perez Andres Perez

Mi entrevista más difícil probablemente ha sido la que le hicimos con Daniel Matamala a Manuel Contreras, porque es alguien que sabes que te mentirá constantemente, que no debes dejar pasar ninguna de esas mentiras, y que ha producido un dolor inconmensurable en muchas personas, y podría ser una revictimización para víctimas de tortura o para las familias de las víctimas de desaparecidos.

Nos avisaron de la entrevista a Manuel Contreras dos horas antes, después de mucho tiempo de gestión. La coordinamos por teléfono una hora antes. Cada uno hizo sus pautas, las compartimos, hicimos una bolsa común de preguntas y después nos fuimos conversando por teléfono cuando nos íbamos en camino. E hicimos algunos “principios básicos”, como no dejarle pasar ninguna mentira y nunca decirle “general” (porque yo creo que ha deshonrado profundamente al Ejército de Chile). Y creo que lo que ayudó en esa entrevista es ser de a dos, estar al servicio de la noticia, no compitiendo, porque él decía cosas que eran súper desconcertantes, y así el otro estaba listo para seguir con la entrevista con la siguiente pregunta.

El que se pica pierde. Me pasó en algunas entrevistas que me piqué. Sé que tienen que haber entrevistas en las que me piqué —de las cuales no me acuerdo— pero tengo la sensación, el sabor de haberme picado en algunas entrevistas. O no necesariamente entrevistas, en coberturas o una discusión. Y el que se pica siempre pierda.

El periodismo televisivo tiene algo de teatral. Creo que es tener la libertad de expresar las emociones. Yo por lo menos también tengo harta libertad en CNN, entonces se puede hacer un chiste, te puedes reír un poco y no hay ni un problema. Creo también en la transparencia: si algo te sorprende, te alegra, da risa o llama la atención, que tu cara lo acompañe.

¿Me siento una periodista temida? (Pregunta reportero)... ¡Oh! No, respetada ojalá, pero ojalá no temida... Creo que a todos los periodistas les pasa que hay entrevistados que no quieren ir (a su programa). Lo que sí, creo que ya se sabe que no hay temas vetados: que hay un trato justo, pero que tampoco se evade ningún tema, y que no se negocia ninguna pauta, nunca. Espero que eso no le genere temor a nadie, espero, jeje. Creo que el periodismo no son relaciones públicas, con todo respeto que le tengo a las relaciones públicas. En algún momento incomodas al poder, me imagino; pero es el rol de fiscalización que tiene el periodismo.

“Hay que estudiar al personaje y según la situación y los matices, las cosas funcionan, a veces incluso hay una cierta complicidad. Cierto coqueteo”, dije una vez, jaja. Yo creo que con Chayanne, por ejemplo, hubo un poquito de coqueteo, jajaja... o mío yo creo. Pero es un coqueteo sano. Más que coquetear me refiero a la complicidad, de repente, una frase, una mirada, captar un estado de ánimo o recordarle algo de su infancia. O con el dolor: probablemente si entrevisto a una persona que perdió un hijo (viví lo mismo) hay empatía y lazo inevitable que se establece entre las dos personas.

Tengo más madurez, seguridad y libertad teniendo más horas de vuelo. Empecé reporteando y mi escuela es el reporteo en la calle, y eso te da probablemente más soltura y menos rigidez que si naces conduciendo en un estudio. Creo que he evolucionado naturalmente a tener también más matices y más herramientas. Entiendo que de repente la confrontación te sirve, pero de repente la sonrisa y un chiste también sirve para para sacar más información, si es el objetivo.

"Entiendo que de repente la confrontación te sirve, pero de repente la sonrisa y un chiste también", plantea Rincón. Foto: Andres Perez Andres Perez

No he vuelto a celebrar mi cumpleaños. Es cercano a la fecha en que falleció mi hija... Algún día tendré ganas de celebrarlo de nuevo. Lo celebro pero de forma privada, chiquitita, acotada.

La pérdida o la muerte de un niño no tiene ningún sentido nomás. Uno tiene que elegir ser feliz para ser feliz, y uno elige darle un sentido a algo que no tiene sentido como la pérdida de un hijo. Y así aprendes a vivir con esa pena para siempre. No tiene ningún sentido. Uno le da un sentido, y en mi caso fue tratar de trabajar con las personas en situación de discapacidad y tuve un programa que es un homenaje a mi hija, Clara (Conciencia Inclusiva).

Cuando uno tiene una alguien muy querido y cercano con una discapacidad, digo: tengo síndrome de Down para siempre, que quiere decir que para mí nunca será indiferente la discriminación a las personas en situación de discapacidad, porque de todas las personas que pueden no tener voz en una sociedad, las que menos tienen voz son las con discapacidad, que se les vulneran sus derechos humanos todos los días. Hemos avanzado mucho, pero falta muchísimo; o sea, por ejemplo, la cuota, cuando entre en vigor la nueva ley, de personas en situación de discapacidad será 2% para las empresas.

El derecho a la salud, a la educación, encontrar colegios, coberturas médicas, el derecho al ocio y a la sexualidad: a una vida plena, adulta. No lo tienen garantizado las personas en situación discapacidad en Chile. Encuentro que se habla mucho más que antes, y además en una forma mucho menos paternalista, entendiendo que no son sujetos de favores, sino que de derecho.

El otro día vi en Instagram la historia de una mamá que contaba que a su hijo en una silla rueda, cuando va un mall, lo tiene que mudar en el suelo, porque los mudadores son sólo “para guaguas”. Nadie ha pensado en las personas con movilidad reducida que usan pañales, que no pueden ir al baño y que necesitan que los muden. Decía que le da mucho pudor, que lo había pensado mucho antes de contarlo al público. Y yo decía en un “Minuto de confianza” que “la vergüenza cambie de lado”. A nosotros nos debería dar vergüenza que esa mamá y papá tengan que mudar a su hijo en el suelo de un baño público. No me da lo mismo. Me parece que es indignante. Y como ese hay hartos ejemplos más.

Tengo más de una amiga que ha tenido hijos con discapacidad y que les dieron el pésame cuando les anunciaron que venían con una discapacidad, en vez de felicitarlas porque estaban embarazadas. Ha cambiado. Siempre hay que mirar para atrás para ver lo que hemos avanzado, pero también para adelante y ver qué falta, y lo que falta es MUCHO. Se les trata todavía como ciudadanos de segunda clase. Y es muy doloroso. Creo que es una fractura social todavía muy fuerte en Chile: el trato que se da a las personas en situación de discapacidad.

Los temas que especialmente me importan tienen que ver, en general, con los desbalances de poder, por ejemplo, con el feminismo, que como yo lo entiendo es un ejercicio de libertad y de emparejar la cancha entre hombres y mujeres. La discapacidad, también. Eso de “Queen” también tiene mucho que ver con la discapacidad, porque son las personas que menos tienen voz en CUALQUIER país. Tiene que ver también con mi historia personal, con mi hija, Clara. Y tiene que ver, probablemente, con los temas que me mueven.

La moción de “Escucha su corazón” me parece cruel y una mala técnica legislativa. Cuando uno lee el proyecto, dice que es obligación del doctor ofrecerle escuchar los latidos del corazón a la mujer que ha decidido abortar en las únicas tres causales que es permitido en Chile (riesgo de vida de la madre, inviabilidad fetal y violación). Son tres situaciones tan extremas que me parece cruel hacer que la mujer tenga que escucharlo (otra cosa es si la mujer quisiera). Pero, a reglón siguiente, se dice que la mujer libremente puede negarse a escuchar los latidos del corazón. Y a reglón siguiente se dice que el doctor no puede realizar el aborto. Y dice que la mujer libremente puede decidir que no va a escuchar los latidos del corazón... ¿Qué libertad hay para decir “no” si a cada uno de los médicos que le diga que “no” le va a tener que decir de vuelta que no le realizará el aborto?

No tengo idea cuál es la mujer más joven que ha recurrido a la Ley de Aborto en Chile, pero hay niñas de 12 o 13 años; de hecho la primera vez, si no me equivoco, que que se recurrió a la ley fue una niña de 12. Si fuera obligación para esa niña tener que escuchar los latidos del corazón, me parece terrible (...) Si lo que no quieren es que exista la Ley de Aborto, vayan por el camino de derogarla; pero esto me parece que es una manera encubierta de impedir que que se aborte. (Más allá de las tres causales, ¿qué postura tengo sobre el aborto?) No quiero ver tras las rejas ni ninguna mujer que haya abortado.

"¿Qué libertad hay para decir “no” si a cada uno de los médicos que le diga que “no” le va a tener que decir de vuelta que no le realizará el aborto?", cuestiona Rincón. Foto: Andres Perez Andres Perez

Poco después de la muerte de Clara, vino la de mi padre, Ricardo... Hablo muy poco de mi vida privada porque siempre hemos tenido conciencia con mi familia que la que tiene un rol público soy yo y no el resto de mi familia... Pero en general los duelos son momentos —como dice su nombre— muy tristes, y creo que uno tiene que hacer el ejercicio de elegir ser feliz y saber que la pena estará siempre. Uno vive con esa pena nomás. Pero hay muchas razones también por las cuales ser feliz y honrar al que ya no está, a través de elegir ser feliz.

En esa época llegó mi perrita “Chepa”. No fue anecdótico. Creo que los animales en general, las mascotas, sin tener que humanizarlos, son seres que la forma en que los tratemos da cuenta mucho de qué sociedad somos. La “Chepita” fue una gran compañía, que ayudó a varios de mi familia a volver a sonreír. Una gran compañera durante doce años. Ahora tenemos otra, “Bamba”, que llegó después de la “Chepita”. Creo, además, que los animales le enseñan a las personas a compartir, y a los niños además hacerse cargo de otro, a ser generosos y responsables. Son lo máximo. No me imagino mi casa sin un perrito.

Como mamá creo que soy una mezcla de cosas: aprensiva, relajada, severa, chistosa a veces... Creo que soy todo eso. También soy exigente. Espero ser una buena mamá y creo que tengo un modelo de mamá increíble. Si llego a hacer la mitad de lo que fue mi mamá conmigo, me voy a sentir muy satisfecha. Vicente ya tiene quince años. Es el mejor hijo.

Cumplí 50 años en diciembre. No me provocó mucho. No lo sentí como un hito muy especial. Me siento, además, muy agradecida de la vida, no solo de la vida que tengo, sino de la que he construido con mi familia y mis amigos. Encuentro que de las principales riquezas que tengo son mis amigos y mi familia, ¡por lejos! Trabajar en lo que uno le gusta es un privilegio y una suerte, viajar, leer, estar sana, tener cerca a la gente que quiero y conocer otros países. Es mucho más de lo que jamás podría haber soñado como vida. Estoy muy agradecida y no siento culpa, pero siento una responsabilidad de tratar de volver la mano a otros y otras que me han ayudado. Me siento muy afortunada porque me han formado grandes personas, en el trabajo y mi familia. Y me siento muy agradecida de muchas periodistas mujeres, de colegas de más y menos edad.

"Me siento muy agradecida de muchas periodistas mujeres, de colegas de más y menos edad", expresa Rincón. Foto: Andres Perez Andres Perez

Creo que en lo único que el periodismo no puede ser neutral es respecto de las dictaduras de izquierda o de derecha y los derechos humanos. En cualquier país en que haya una dictadura, sea Chile de Pinochet o Cuba de Castro, el periodismo es opositor, evidentemente... ¿Cómo no va a ser opositor a una dictadura que confisca las libertades más básicas para ejercer el periodismo? Eso no tiene color político.

Jamás, nunca militaría en un partido político. Creo que es incompatible militar en un partido político con hacer periodismo, a menos que seas el periodista de cierto partido político, jaja.

Si las críticas de “eres de izquierda” y “eres de derecha” vienen de ambos sectores políticos, está todo perfecto, no me complica. Si empiezan a venir solo de un lado, ahí me complicaría un poco más. Creo que lo único importante al final es dormirte con la conciencia tranquila de que hiciste bien tu trabajo.

Soy periodista, y por lo tanto no soy activista de ninguna causa. Pero si tuviera que elegir alguna sería alguna, jaja, sería por la discapacidad.

Nunca me ha llegado una amenaza que de verdad me preocupe. Y yo creo que hay que tener conciencia de lo que es una amenaza. Amenazas es lo que vivieron los periodistas en la dictadura en Chile, y lo que viven hoy día los periodistas en Venezuela, Cuba o las mujeres en Afganistán, bajo amenaza. Lo otro son las agresiones digitales, y me preocupa más por los chicos más jóvenes, por los niños y adolescentes, esa violencia digital, que es —mira qué curiosidad— más fuerte contra las mujeres.

Las mujeres cuando entran al espacio público reciben mucha más agresividad de vuelta. Uno lo puede ver en las mujeres políticas de izquierda y derecha reciben mucho más maltrato que los hombres políticos, y muchas más alusiones a su físico. Es triste, porque refuerza que no entren al espacio público. La historiadora Mary Bird dice que la primera vez que una mujer fue restringida en el espacio público fue Penélope cuando su hijo Telémaco la mandó a callar, y está en los libros de Homero, o sea, desde esa época vemos testimonios.

No reviso los comentarios que me hacen en redes sociales. De repente, cada cierto tiempo, empleo ciertas críticas para entregar algún mensaje que me parece relevante. Por ejemplo, la otra vez alguien me dijo “tortillera”. Agarré ese comentario y le dije: “¿Y dónde está el insulto?”. Primero, ¿por qué tengo que decir yo cuál es mi orientación sexual? Además me parece súper fuera de lugar que alguien intente “atacar” a alguien con su orientación, o sea, ¿cuál es el insulto? Pretender insultar con eso me parece tan retrógrado. Y no daba el nombre obviamente. Me pareció tan absurdo. De repente encuentro divertido usar la ironía, y a veces con crítica directa.

Me molesta profundamente que le cambien el sentido a algo que digo. Soy súper culposa y autoexigente, pero soy capaz de vivir con mis errores, pedir disculpas e incluso emitir opiniones que sé que serán impopulares; no es que me agrade ser impopular, pero convivo con eso. Pero lo que me molesta es cuando, con mala intención, se tergiversa algo que dije, se inventa algo o me dicen que no hice algo que sí hice, por ejemplo, cuando me dicen: “¿Por qué no le preguntaste? ¡Es el colmo!”, y vieron un pedacito de la entrevista. O “es una prueba de que eres de izquierda (o de derecha) que no le preguntaste eso”; y la pregunta estuvo. La distorsión, o que inventen, me cuesta.

Con la crítica no tengo ningún problema, de hecho, creo que hay que ponerle más atención a las críticas que a las alabanzas. Es un buen ejercicio. Las alabanzas me generan cariño, alegría y orgullo, sano, y siempre como reconocimiento al equipo. Pero digo que hay que ponerle más atención a las críticas porque tienes cosas que corregir, que es importante.

El tener una hermana de alta connotación pública (Ximena, hoy ministra de Energía) a estas alturas no me repercute a nivel profesional. Creo que siempre los límites han estado muy claros: no reporteo con mi familia o amigos-amigos, porque considero que es información privilegiada: ¿Con qué derecho diría que “un empresario utilizó información privilegiada para un negocio” si yo tuve acceso a una información de manera privilegiada? Otra cosa es que uno tenga un amigo doctor y me explique de qué se trata una enfermedad. Por eso creo que al final el trabajo habla por ti.

Del caso de violencia intrafamiliar mi hermano Ricardo Rincón (Pregunta reportero en alusión a denuncia que data del 2002, pero que se dio a conocer en el 2017)... me remito a lo que dije en Tolerancia cero ese día. Creo que uno siempre tiene que informar y no opinar cuando tiene conflictos de interés.

Hacer periodismo y publicidad son cosas incompatibles, ¿trabajo con alguna marca? (Pregunta reportero) No. Nunca. No juzgo a nadie, me parece que cada uno con lo suyo. Pero me pasa que hay ciertos conflictos de interés complicados. La cosa no es que no vas a informar, ¡jamás! De ningún colega pensaría que dejará de informar una noticia porque le ha hecho publicidad a una marca. Pero creo que es complejo, porque todos somos, de alguna manera, depositarios del derecho de la información de TODA la sociedad y somos quienes le hacemos las preguntas y ejercemos ese derecho de las personas, entonces, ¿a quién le creerían? ¿Al periodista cuando está diciendo que una empresa es “la mejor del planeta”? ¿O al periodista cuando tiene que dar la información de que no era la que tenía “las tasas más bajas del mercado”?

Recomiendo cosas, pero de modo propio, y que me parecen buenas o ricas, como un restaurante, una picada o un lugar. Encuentro que eso es más virtuoso, súper bueno. Es algo bueno que tienen las redes, que es poder dar datos. Y yo sigo una cantidad de gente que dan datos, y me encanta la gente que cuenta, por ejemplo: “Cafés a lo largo de Chile”, o de remedios, comidas y hoteles. Me encanta. No tengo tanto tiempo para scrolear en redes sociales. Prefiero leer.

"Me molesta profundamente que le cambien el sentido a algo que digo", asegura Rincón. Foto: Andres Perez Andres Perez

El 1 de agosto parte mi primer programa con CNN en Español, Conexión Global, en que estaremos con dos entrevistados cada semana, uno en el estudio y otro en el país del cual vayamos a hablar, y nos tiene súper entusiasmados como equipo en Chile porque es un salto importante, una apuesta y un gesto de confianza desde CNN en Español. Es una posibilidad de llegar y de aprender de otras audiencias, informar con la calidad que creemos que lo hacemos a otros países, y de tocar un tema que me apasiona desde siempre: la política internacional, y le he dedicado gran parte de mi carrera a hablarlo y estudiarlo. Proyectos como este me han revitalizado.

Conexión global me provoca mucho nervios, alegría y que tengo mucho que estudiar, jaja. Hay mucho que estudiar. Me entretiene. Me gusta mucho mi trabajo. Los temas los definiremos semana a semana. Ahora yo pensaría que el primer capítulo puede ser Perú. Pero no lo sé.

Hay cosas que intuyo de cómo será Conexión global, como usar un lenguaje neutro, no apelar a experiencias o ejemplos que sean sólo entendibles en un país y no en otro, tratar de hablar lento y pronunciar bien, y buscar los puntos de conexión, temas que nos parezcan a todos que pueden ser relevantes y hacer sentido.

He conducido noticieros en televisión abierta y cable con estilos bastante parecidos. Lo que cambia mucho más la pauta, porque puedes efectivamente hacer apuestas en el cable que no necesariamente se van a sustentar en la televisión abierta. Si salimos a la calle y le preguntamos a la gente qué es lo que quiere ver en un noticiero, te dirá “noticias internacionales”, “más coberturas de los temas positivos” y “menos policial”; y cuando ves el rating, normalmente en la cotidianidad, si abres hablando de la crisis en Yemen no vas a reventar el rating.

El periodismo requeriría que la gente se suscriba más a medios y premie con su sintonía las apuestas por temas que ellos dicen querer ver en pantalla. Y cuando lo hacen es súper gratificante. La cultura entretenida lideraba las tardes de los domingos y tenía 20 puntos de rating, y era un regalo ver que se puede, y creo que se puede; pero requiere también que los ejecutivos y los auspiciadores de la televisión apuesten. Y cuando hay crisis económica todo es más difícil en general, porque se reducen los presupuestos y publicidad.

¿Hoy cuántos equipos equipos o programas de investigación periodística hay?... El periodismo de investigación es complejo, caro, requiere tiempo y no vas a tener los resultados en un día. Un esfuerzo como Ciper requiere, entre otras cosas, que te suscribas y seas socio. Si quieres periodismo de investigación y fiscalización al poder, haz algo también como ciudadano. Me parece que también la gente tiene algo que aportar. Y además, en medio de todo, entras a competir con redes sociales, plataformas y streaming. Es complicado.

Soy en general bien busquilla, inquieta, me gusta estar haciendo cosas nuevas, inventando proyectos, incluso dentro del medio donde trabajo. Y hace tiempo que veían en los podcasts un formato del que quería aprender y explorar. Y en un viaje a Nueva York, cubriendo una gira del expresidente Sebastián Piñera en la ONU, conocí a Paula Catena, encargada de Política de La Tercera, y nos pusieron en la misma pieza. Nos hicimos amigas. Nunca, desde el 2019, dejamos de conversar, y nos juntábamos a almorzar. De repente yo tenía una entrevista y le decía, porque tiene un excelente ojo político y es de las más talentosas de Chile: “Paula, ¿qué te parece que pregunte?”. O ella me decía lo mismo. Y seguimos compartiendo inquietudes periodísticas y juntándonos como amigas. Y un día las dos llegamos como: “Te quiero contar un proyecto”, y nos dijimos “quiero hacer un podcast político” y “yo también”. Se alinearon los astros y lo comenzamos en sociedad con La Tercera. Lo realizamos, editamos y producimos las dos.

El podcast es “Cómo te lo explico” porque queríamos analizar la política de una manera en que le explicáramos a la gente los procesos, las noticias y proyecciones; pero también aprovechar que las dos reporteamos mucho y tenemos datos, de lo que hay detrás del poder, que podíamos entregar a la gente. Le sirve a un público no tan al tanto de las noticias, pero también uno súper informado, que todos pudieran escucharlo y que algo les pudiera aportar. Además tenemos entrevistados de contingencia y también analistas. Requiere harto tiempo, leer, estudiar, reportear, producir y decidir a los invitados.

Así como en algún momento pensé que el futuro del periodismo de noticias estaba en los canales de noticias, creo que otras de las nuevas puertas son los podcasts y los formatos digitales. Las redes sociales las ocupo harto y me parece que, bien usadas, pueden ser súper beneficiosas: te sirven para expandir los contenidos que estás haciendo, para poner temas en carpeta, replicar a nuevas audiencias y atraerlas a tu medio. Las veo como puentes.

"Las redes sociales las ocupo harto y me parece que, bien usadas, pueden ser súper beneficiosas", declara Rincón. Foto: Andres Perez Andres Perez

La idea es hacer tantas cosas como puedas hacerlas bien. No creo en eso de “en cinco años más viviré de una manera en que esté contenta con la forma en que vivo”. A mí me gusta tratar de que sea más o menos equilibrada, dentro de lo que se puede, una vida que es intensa.

El periodismo es una maratón infinita en que no hay meta. Es la gracia. Es como el horizonte, ¿para qué sirve el horizonte? Para avanzar: siempre se aleja, pero ya sabes hacia dónde; porque si llegaste a algún lado, ¿qué haces después? Es lo mismo que ser “promesa” o “consagrado”. Si el periodismo tiene meta, cuando llegas, ¿qué haces después? ¿Te retiras? Es una opción. Pero encuentro que no tiene meta. Siempre trabajando. Sabes cómo empieza tu día y no tienes idea cómo termina. Hay gente a la que capaz le puede parecer angustiante. Yo lo encuentro apasiontante.

He dicho que el periodista no puede descansar. Me daría vergüenza quejarme, absolutamente, porque tengo la posibilidad de estar con mi familia, amigos y excelente calidad de vida. Me refiero a que uno nunca se desconecta. Uno siempre está informándose, reporteando, escuchando noticias, leyendo, escuchando radio y viendo un podcast. La información y la curiosidad sigue fluyendo alrededor tuyo. Si me toca un terremoto, y estoy en otro lugar de vacaciones, transmitiré desde donde esté.

Me desconecto viajando, leyendo, estando con mis amigos, bailando y cocinando. Estaba de vacaciones cuando murió el Expresidente Piñera y obvio que hice mis bolsos y me volví desde San Fabián de Alico (Ñuble) a Santiago, de inmediato, y llegué a leer el noticiero, mientras iba escuchando las radios en el camino, a pesar de uno ya conocía la trayectoria de él.

Hago hoy mucho más deporte que el que hacía cuando era más joven. De chica hacía gimnasia olímpica. Igual que muchas niñas soñé con ser Nadia Comăneci; no tenía ni de cerca el talento, pero estuve mucho tiempo haciendo. Después hice mucho tiempo, desde los hasta los dieciocho años más o menos, baile español, o sea, flamenco, fandango, bulería y de todas las regiones. Después hice mucho natación y yoga.

Llevo dos años y medio haciendo pilates, y tengo un un personal trainer con quien entreno dos veces por semana, trote, pesas y TRX. Por lo menos unas cinco veces a la semana hago deporte. Me gusta mucho y me distrae. Creo, además, que es súper importante, de alguna manera, cuidarte porque te permite estar mucho más sano y energética. O sea, ahora me gusta, jaja, antes me costaba más. Es por estar sano, te relaja y despeja. Increíblemente me ha llegado a gustar. Y pilates me sorprende que me llegó a encantar. Sufro porque igual de repente es rudo de hacer, o sea; sobre todo a los hombres: no subestimen, salen tiritando, jajaja.

Tengo una debilidad importante por los suflitos de maní. Me puedo comer un paquete grande. Hubo años en que no se produjeron los suflitos de maní, un par de décadas, en que no había suflitos de maní en Chile. Y cuando reaparecieron para mí fue como una bendición, y empecé a comprar y compro mucho. De verdad me puedo comer una una bolsa. Los churros también me encantan, y los chocolates y los helados.

Me gusta cocinar. Cocino pastas, risotto, pescados, carnes y muchos postres. Tengo un gran pie de limón. Tengo una receta de pie de limón... Gran, gran pie de limón... De verdad podría competir con mi país de limón. Lo he pensado: en MasterChef podría competir con mi pie de limón.

Me han ofrecido programas de cocina, de otras cosas también y de baile, ¿de Fiebre de baile? (Pregunta reportero). No diré cuál, pero en el pasado me han ofrecido. ¿Nunca aceptaría algo así? No, me da planchita, no por desperfilarme; encuentro que hay que tener tiempo y talento, ¡Y no hay tiempo!... ¿En qué minuto estaré haciendo una coreografía?

"Encuentro que hay que tener tiempo y talento", dice sobre los ofrecimientos para programas de baile. Foto: Andres Perez Andres Perez

¿Me proyecto alejándome de la tele?... Lo único que tengo más o menos claro es que quiero seguir siendo periodista hasta que pueda trabajar, ¿dónde? No me parece tan relevante. También me encantaría y echo mucho de menos hacer radio, por ejemplo, que no he hecho porque no han coincidido las ofertas con las posibilidades de tiempo real. También me gustaría volver a escribir columnas.

Hasta que sientan que soy útil siendo periodista me gustaría trabajar en esto, salvo que descubriera... cosa que no descubriré, lamentablemente lo sé... Tengo un sueño: por lo único que me plantearía cambiar de carrera sería si descubriera que tengo un talento para ser novelista. Y sé que no. Sé que pasará, por lo tanto, trabajaré en esto. La vida de un escritor: escribir, leer, viajar por el mundo imaginando temas y hacer crónicas. Me ha tocado presentar libros de la Julia Navarro e Isabel Allende —que ha sido un honor además que me que me pidan presentarlas—, y ellas cuentan todo lo que investigan para sus libros. Es fantasía, pero encontraría apasionante viajar por el mundo investigando y presentando mis libros... sería súper cansador, pero lo veo desde una romantización absoluta.

Nunca me he animado a escribir un libro. Mi principal problema es que no encuentro el tema. Hay una mezcla entre que nunca he logrado encontrar un tema para un libro periodístico, que encuentro que es un problema fatal, porque es el comienzo de todo, jaja. O los que he encontrado son temas muy personales y no los escribiría. Y para la novela me falta el talento. Mi sueño será sólo un sueño.

Escribir en general me da pudor, como que digo: “¿A quién le va a interesar?”. Me da pudor la escritura. Casi me obligó la Mónica González a que escribiera columnas en Ciper, y ella me impulsó. Me daba una vergüenza cuando la entregaba la columna a una Premio Nacional de Periodismo, que me iba a revisar la columna, y es una gran editora: no se le pasa ni una, ni falta ortografía ni problemas de datos.

¿Por qué me da más pudor hacer una columna que “Un minuto de confianza”? No tengo la más mínima idea, pero la palabra escrita me genera mucho respeto. Tal vez —lo estoy pensando ahora— como admiro tanto a los escritores, y me gusta tanto leer. Está tan ligado a lo que me enseñaron mi papá y mi mamá, lo tengo en tan alta estima que este país se va a perder a una novelista, jaja.

La base laboral mía y de mi familia está en Santiago, entonces veo complicado... Tal vez cuando sea novelista pueda vivir en otro país... Si tuviera que elegir otro país, España, México y Alemania me gustan. ¿Pero otra parte de Chile? (Pregunta reportero) Concepción sería uno de los lugares muy bonitos para vivir.

“Estoy invirtiendo en una vejez sana”, dije en otra entrevista, ¡no!, cuándo dije eso, jaja. Bueno, capaz que sí lo dije. Lo pienso sobre todo en que creo que la forma de tener una vejez sana es una vida sana, o sea, ejercicio, comer bien y a las horas, y tener una vida relativamente equilibrada; y bailar, gozar y tener amigos. Una de las formas de salud mental más importante es tener vida social, conversar con otros, relacionarse. Y leer es súper preventivo.

¿En qué momento personal-profesional me siento? Contenta, plena y, puede sonar raro, pero curiosa, siempre, expectante. Siempre tengo curiosidad de qué es lo qué es lo que está por venir, y qué también es lo nuevo que puedo hacer yo que esté por venir. Me gusta tanto esa sensación de sentir que no he llegado a ningún lado: el viaje permanente.

Cuestionario Pop

Si no hubiera sido periodista, habría sido arqueóloga o fiscal. En algún momento pensé ser abogada, y fue una de mis postulaciones, con Antropología y Teatro... Tengo la esperanza de que alguien se fije en mí y me llame para una especie de radioteatro o podcast.

Un apodo es “Momo”, que mis sobrina Valentina cuando chica me decía así, porque no podía ser al principio “Mónica”. También me decían, de chica, “Piolín”, porque era media cabezona, ojos grandes y pelo rubio, jaja, como el monito “Piolin”. No me molestaba tanto, si cabezona soy, qué vamos a hacer. También me decían “Et”, que sí me molestaba; pero me reconcilié, y tanto que hasta tengo hasta polera de “Et”. Y “Monita” me dice mi prima.

Un sueño pendiente es, por un lado, entrevistas que quiero hacer a varios; me encantaría entrevistar a Putin, a Obama, a Chayanne en persona y a varios autores. Y lugares que me gustaría conocer, y tengo muchos: quiero ir a Egipto, Japón, Vietnam, Zanzibar, Madagascar...

Una cábala es que no paso la sal en la mano y estudio mucho, mucho, mucho.

Una frase favorita es “rasca donde no pica” (Eduardo Galeano).

Un trabajo mío que no se conoce es que vendí ropa.

Mi primer sueldo lo gasté en el arriendo de mi departamento.

Algo de lo que me arrepiento es de no haber escrito aún un libro.

"Me decían, de chica, 'Piolín', porque era media cabezona, ojos grandes y pelo rubio", recuerda. Foto: Andres Perez Andres Perez

¿Una periodista chilena que admire?... Chuta, son muchas, pero: Pilar Bernstein y Mónica González.

¿Un periodista famosillo que sea mi amigo? Pucha, hartos, desde la Mati (Burgos), la Mónica (Pérez), la Cony (Santa María).

Un talento o pasatiempo oculto es la cocina y bailar salsa.

Un libro favorito... El último que me leí fueron los cuatro libros de Los años gloriosos, de (Pierre) Lemaitre. Muy bueno.

Una película que me hace llorar es desde Bambi, La vida es bella hasta El camino del samurai, ¡que esa nadie la conoce! La encuentro gloriosa.

Un miedo, el principal, es que le pase algo a mi hijo. Uno es mamá y quedaste vulnerable para siempre.

No creo en el horóscopo, pero me encanta leerlo. Soy Sagitario. Alguna vez leí el tarot. Lo encontraba entretenido. Esta es mi tesis, desde la ignorancia absoluta: pero encuentro que es una forma de interpretación. Puede ser una herramienta... Pero ojo: leí el tarot con un libro po’, no me sabía nada de memoria.

Si pudiera tener un superpoder... ¡Leer la mente! Lo encuentro muy entretenido y me serviría mucho, jaja. Tendría que elegir entre teletransportarme y leer la mente, que ser puede ser medio terrible. No sé si me gustaría tanto. Elijo teletransportarme.

Un placer culpable son todas las comidas y chanchadas.

Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado serían Gabriela Mistral, Juana de Arco y Virginia Woolf… Violeta Parra si puedo invitar a una cuarta.

Mónica Rincón es una periodista haciendo su pega nomás, y una mamá orgullosa.

Más sobre:La FirmeMónica RincónConexión globalCNNDaniel MatamalaTVNCómo te lo explicóTelevisiónPeriodismo

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