La sádica historia de las empanadas con carne humana: revelan detalles del horror ocurrido en Semana Santa

Autor: La Cuarta

En marzo de 1996, en una cárcel argentina, un grupo inició un motín que duró poco más de una semana. Ahí, los sujetos iniciaron una suerte de “justicia por cuenta propia” contra otros internos. Lo que sucedió adentro cambió para siempre la vida de seis de los protagonistas.


Todo se salió de control hace exactos 25 años, un sábado 30 de abril de 1996. Era Semana Santa. Por eso, desde entonces, les dicen “Los doce apóstoles”. Aunque eran más, cerca de veinte presos los que llevaron a cabo el siniestro motín que ocurrió en la cárcel de Sierra Chica, una pequeña localidad ubicada en la provincia de Buenos Aires.

Lo que pasó dentro del recinto penitenciario, remeció a toda la Argentina.

Cuatro años después del horror, en abril de 2000, seis de los protagonistas fueron condenados a cadena perpetua, quienes lideraron lo que ocurrió dentro del penal, como Jorge Pedraza y Miguel “Chiquito” Acevedo. Los demás, debieron extender su paso por la cárcel, algunos por seis meses, y otros por doce y quince años.

Claro, lo que había sucedido ahí dentro parecía una broma de pésimo justo.

«¿Estaban ricas?»

Durante el juicio se confirmaron versiones atroces.

Los inculpados, como animales, presenciaron y declararon en el juicio dentro de jaulas. Ahí se confirmaron distintos hechos. En el motín, ocho presos fueron asesinados y, en los hornos que tenía la panadería del recinto, se cocinaron los cuerpos para borrar la evidencia. Pero no solo eso. Algunas partes las usaron para hacer relleno de empanadas, las cuales se las dieron de comer a los rehenes, entre los que se encontraban guardias, presidiarios y una jueza.

El guardia Oscar Iturralde, con un gesto de asco, admitió que había comida una de estas preparaciones —relató La Nación en un reportaje el 2018—. Miguel «Chiquito» Acevedo le ofreció dos empanadas. En ese entonces, luego de comer la preparación, el presidiario “Chiquitito” le preguntó:

—¿Estaban ricas?

—Un poco dulces, pero ricas —le contestó Iturralde.

Acevedo lo miró, se rio y exclamó: «¡Te comiste un rocho!».

También, en el juicio, uno de los presos dijo haber visto los asesinatos y que «todo el que se rebelaba contra los líderes» terminaba en la panadería. Otro relató que había visto cómo algunos internos jugaban al fútbol con las cabezas de los muertos.

Pero era un hito atroz y, por lo tanto, se volvió extremadamente mediático. Aparecieron múltiples versiones y rumores de lo que ocurrió ahí dentro.

«Viví muchos infiernos»

A Ariel “El Gitano” Acuña (49) le faltaban solo cinco meses para quedar libre cuando decidió participar en el motín del 96′. Se arrepiente, porque ello le significó pasar quince años más recluido.

Para una conversación con Infobae, el expreso fue citado por el medio para entrar en la Unidad Penitenciaria N° 2 de Sierra Chica, donde ocurrió el horror hace ya 25 años. Pero no. Ni siquiera le permitieron dar una entrevista frente al recinto.

FOTO: Infobae

Cuando le preguntaron qué había sentido al volver a ese lugar, Acuña dijo que “me temblaron las piernas”. Ahí estuvo muchas veces cerca de morir. “Viví muchos infiernos”, declaró. “Dentro de esa cárcel casi me crie”.

Tras quedar en libertad, se reinventó. Actualmente tiene éxito como youtuber y cuenta con más de 13 mil suscriptores. Algunos de sus videos superan las cien mil visualizaciones.

Verdades y desmentidos

En la entrevista con el medio argentino, Acuña aseguró que todo partió como una revancha contra presos que seguían delinquiendo aun en la cárcel: “Lo que hicimos fue justicia por mano propia porque seguían cometiendo delitos estando presos. Eran violines y buchones. Y asesinos. Hubo mucha sangre, mucho descuartizamiento”.

Algunas versiones han mencionado que, con los restos de los presos asesinados, se hizo guiso, pastel de papa e incluso albóndigas. El exrecluso negó estos hechos. Pero:

—Se cortaron las nalgas y se cocinaron unas diez empanadas —relató—. Se las dimos a probar a un par de guardias. Y les dijimos: “¿Sabés gusto a qué tienen? Gusto a chorro”. Porque el ladrón es otra cosa. El chorro es rastrero, tan rastrero que roba al pobre y roba adentro de la cárcel.

El periodista también le preguntó si era verdad que habían jugado a la pelota con la cabeza de uno de los presos.

—Es mentira —aseguró Acuña—. Eso es otra cosa que se dijo. Ni al fútbol ni al golf, como dice el guardia tomado como rehén. Una cabeza pesa muchísimo. Tampoco jugamos a la bolita con los ojos de uno. ¿Ustedes creen que era lindo ver todo eso macabro?

Fotos

—Más adelante, el periodista le preguntó por qué habría que creerle a su versión, y Acuña respondió:

—Porque llevo siete años libre, tengo trabajo, me aferro a mi familia. Y quiero aprender a vivir. Pagué mis errores. Mis graves errores.

Y luego, aseguró que no teme volver a delinquir, que ese es “asunto terminado”. Y luego agregó: “Busco cambiar. A veces muevo la boca o hago un gesto tocándome la nariz. Es un tic de alguien que tomó merca, mucha merca pura. Pero eso me quedó de antes. No quiero volver a drogarme. Ya no huelo a tumba. Volví a oler a calle”.

Mientras la con Infobae transcurría, pasó un camión y dos personas le gritaron:

—¡Aguante, “Gitano”! ¡Somos fans!— le gritaron dos personas desde arriba. Era una pareja que luego se bajo y le dijo que admiraban sus videos de YouTube, en los cuales cuenta anécdotas de sus tiempos en la cárcel, con el fin de que la gente no imite su pasado.

Luego, cuando Acuña fue a comprar un pasaje para volver Mar del Plata, ciudad donde vive, le pasó algo parecido. El vendedor le pidió una selfie juntos.

—Justo estaba viendo un video tuyo —le dijo el funcionario—. ¿Me puedo sacar una foto con vos?

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