¿Por qué Pablo Neruda inspiró uno de los discos más emblemáticos del rock canadiense?

Neruda y Red Rider.
Neruda y Red Rider.

El álbum, que lleva el apellido del poeta nacional, en su momento escaló en la lista Billboard y consolidó a un joven conjunto en el mercado norteamericano. Tom Cochrane, su vocalista y compositor alguna vez explicó que utilizó a Neruda como “metáfora del personaje” que atraviesa las canciones del disco, pero que también pudo haber otra historia detrás.

A Pablo Neruda —fallecido prácticamente una década antes, a poco menos de dos semanas de haberse iniciado la dictadura en Chile— lo habían reconocido con el Nobel de Literatura y el grado de Doctor Honoris Causa en la Universidad de Oxford. Gabriel García Márquez años más tarde lo definió “el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma” y Harold Bloom, destacado crítico literario, convalidó ese dictamen. Dijo que “ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él”. A esas alturas, sus versos habían inspirado cinco o seis homenajes en clave musical y ese número pronto se multiplicó por dos, por tres o por más. Ha sido personificado en el cine y el teatro, sus poemas decoran murales en todos lados. Incluso se concedió su nombre a varias decenas de recintos educacionales.

Digamos, el insigne poeta nacional tenía motivos de sobra, pero de todos modos el periodista canadiense Steve Newton se propuso descubrir los estímulos de Red Riderbanda procedente de Toronto, a unos ocho mil novecientos kilómetros del Parral donde nació Neruda— para decantarse por él como figura de su último álbum, publicado apenas tres meses antes.

Entonces le preguntó a Tom Cochrane, líder de la banda, en una entrevista que se publicó originalmente el 15 de abril de 1983 en plena gira del disco:

“¿Qué autores han influido en el estilo lírico que utiliza en Red Rider?”, lo buscó Newton en su segunda o tercera intervención.

Cochrane le hizo saber: “Este disco lleva el nombre de Pablo Neruda, y yo diría que probablemente él influyó en la mayor parte. Es un poeta chileno”. Y por si quedaba alguna duda, a continuación sostuvo que “el álbum no se basa directamente en su obra, pero muchos de los ambientes y texturas, y algunos de los ideales del álbum tienen fuertes paralelismos con su obra”.

“Lo utilicé como metáfora del personaje que va dando tumbos por el álbum”, concluyó.

La portada del disco que lleva el nombre del poeta nacional.
La portada del disco que lleva el nombre del poeta nacional.

Cochrane, parte del Salón de la fama de la música canadiense, se unió a Red Rider en 1978 tan pronto como Capitol Records le sugirió a los integrantes de la banda brindarle una oportunidad. Después de tocar juntos durante algún ensayo, Peter Boynton, Ken Greer y Rob Baker se convencieron que Cochrane era lo que necesitaban para echar a correr el proyecto. Arvo Lepp y Jon Checkowski, en desacuerdo, lo dejaron. Pero a cambio, la nueva formación firmó con el sello discográfico, alcanzó el status de oro con su primer trabajo Don’t fight It (1978) y luego, con As far as siam (1981) y su “Lunatic fringe”, ganó la notoriedad que pretendía en el mercado estadounidense.

Naturalmente, su siguiente placa debía consolidar esa posición y, de buenas a primeras, lo logró: con sencillos como “Crack the sky (Breakaway)” o “Power (Strength in numbers)”, ocupó el número 66 en la lista Pop Albums de Billboard en 1983, y su “Human race” se asentó undécimo en el Mainstream Rock de Billboard. A nivel nacional, de hecho, la popular revista Records, Promotion, Music (RPM) ubicó el tercer álbum de Red Rider 11 en el escalafón, por encima de los célebres Dire Straits, Duran Duran, Phil Collins, Eric Clapton o Def Leppard.

Neruda, aunque no es una gran declaración musical, sigue siendo un álbum agradable y melódico, repleto de la mezcla de Red Rider de crujido AOR (album-oriented rock) y textura new wave”, lo definió el crítico musical y editor de Allmusic Tom Demalon. De igual modo, destacó que algunos cortes del disco “ayudan a este quinteto de carne y hueso liderado por Tom Cochrane a elevarse por encima de muchos grupos similares”.

Por caso, “la musculosa ‘Power (Strength in numbers)’ explora la mentalidad de la mafia, y sólo se ve empañada por la presencia de teclados de principios de los 80, mientras que ‘Human Race’ presenta una melodía de latidos rápidos y una línea de guitarra sencilla y vacía que se suma al tono solitario pero resistente de las letras de Cochrane”.

En contexto, esto último que menciona Demalon se puede relacionar con el “estilo lírico” del que hablaba el periodista Steve Newton cuando interrogó a Cochrane, por allá, en abril de 1983.

El vocalista, que admitió haberse valido de Pablo Neruda como metáfora del personaje “que va dando tumbos por el álbum”, luego profundizó sobre el leit motiv de su último lanzamiento: “Hay un tema general, que es la supervivencia del individuo en momentos en que todo en la sociedad está socavando esa individualidad. Se trata de defender tus convicciones a pesar de las adversidades. Creo que en la era de la informática, en la que la amenaza de una guerra nuclear pende continuamente sobre nuestras cabezas como una nube negra, es fácil sentirse abatido, y creo que una de las cosas que el rock and roll siempre ha defendido es la supervivencia del individuo y la libertad de pensamiento. Muchos de esos temas se exploran en este disco”.

Rebobinó, a modo de cierre: “Utilicé a Neruda como metáfora porque Pablo Neruda fue castigado por ser el tipo de persona que escribía lo que sentía que tenía que escribir. Fue expulsado de su patria por sus creencias”.

Cochrane seguiría con su carrera musical como solista y se adaptaría a la llegada de los 90, sacando el single “Life is a Highway”, con tonos más en la tradición de cantantes como John Mellencamp o Tom Petty. El single fue número 1 en Canadá y llegó al número 6 en el ranking estadounidense de Billboard en 1992.

Con el paso del tiempo, Tom Cochrane se enteró de que Pablo Neruda y él tenían mucho más en común de lo que creía inicialmente. En rigor, supo que el formidable poeta nacional admiraba al navegante británico Thomas Cochrane, a quien dedicó el poema “Cochrane de Chile”, uno de los once episodios de su obra La Barcarola, para agradecer su contribución a la liberación de nuestro país un siglo antes.

Del “Caballero de las olas” —como llamaron a Cochrane en una exhibición para homenajearlos a ambos—, Neruda fantaseaba con su ingenio y creatividad, pero sobre todo, sus posturas políticas radicales. De cuna aristocrática, el escocés se esmeró en desafiar a las clases dominantes británicas de la época y denunciar los abusos que cometían. Por lo demás, en el campo de batalla su contribución resultó crucial para proteger el desembarco del Ejército Libertador en Paracas y someter el dispositivo fortificado de Valdivia. Que en La Sebastiana, su casa de Valparaíso, Neruda conservara dos retratos de Lord Cochrane colgados en sus muros, es una prueba palpable del reconocimiento a su labor.

¿Qué relación guarda Tom, vocalista de Red Rider, con esto? En su cuenta de Twitter, hace cerca de siete años, él lo explicó así:

“El último libro de poesía de Neruda estaba dedicado a Thomas Cochrane, ‘Lobo de mar’, que ayudó a Chile a ganar su independencia. Un gran antepasado mío, acabo de enterarme de esto hace poco... ¡me ha dejado sin palabras!”.

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